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		<title>¡Y a mucha honra!</title>
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		<pubDate>Tue, 11 Dec 2012 18:23:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Blogueros de Plasencia</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/colindantes/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/funcion.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-medium wp-image-175" title="CONCENTRACIÓN FUNCIONARIOS EN LA PUERTA DEL SOL" src="/colindantes/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/funcion.jpg" alt="" width="300" height="200" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/funcion.jpg 3264w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/funcion-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/funcion-768x512.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/funcion-1024x683.jpg 1024w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cuándo hemos pasado de ser<strong> unos pringados</strong> en nuestra sociedad a ser los <strong>chivos expiatorios</strong> de esta crisis? Se me escapa esto. <strong>Soy funcionario, ¡y a mucha honra!</strong> Me costó <strong>mucho esfuerzo, mucho sacrificio y varios exámenes</strong> conseguir mi plaza, primero como<strong> interino</strong> y, otra<strong> <em>jart</em><em>á</em> de horas</strong> de estudio después, para llegar a <strong>ser funcionario de carrera</strong>. Nadie me <strong>colocó a dedo,</strong> de hecho, sé que <strong>a ninguno de mis compañeros</strong> nadie les tocó <strong>con el dedo para ofrecerles un puesto de por vida</strong>. Desde mi ingreso y hasta hoy sigo <strong>formándome</strong> para mantener al día <strong>mis conocimientos</strong> a fin de dar el servicio que nuestro conciudadanos merecen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Durante <strong>la etapa de bonanza</strong> hemos tenido que soportar que<strong> cualquier criajo</strong> que no había terminado ni siquiera el instituto, nos adelantase en su <strong>flamante y tuneado coche nuevo</strong>, que se mofasen de nosotros por <strong>cobrar un sueldo muy inferior</strong> a los suyos aunque no supiesen hacer <strong>la O con un canuto</strong>, que cualquier <strong>analfabeto se pegase unas vacaciones dignas de un Maharajá</strong>, o que <em>todo el mundo </em>tuviese una<strong> segunda residencia.</strong> No quiero malas interpretaciones, no estoy en contra de nada de esto. Me gustaría que a todo el mundo le fuese bien y <strong>ojalá nada hubiese cambiado</strong>. A todos nos iría mejor. Pero mientras todo esto ocurría, <strong>nosotros hemos aguantado con nuestro sueldo</strong> no muy superior a los mil euros -en la escala más básica de la Administración, escala en la que está la mayoría del funcionariado-,  y muchos<strong> han seguido estudiando</strong> para conseguir escalar algún puesto y, con ello,<strong> mejorar su economía,</strong> aunque una subida en nuestro mundo funcionarial, suponga <strong>200 € mensuales</strong>. Obvio es que en esa <strong>España de la burbuja</strong>, de beneficios y sueldos estratosféricos éramos <strong>unos pringados.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahora, de repente, nos hemos vuelto <strong>unos privilegiados</strong> porque tenemos <strong>un puesto de trabajo</strong> (que ya hemos visto que puede no ser para siempre), con un sueldo<strong> muy por debajo</strong> del nivel de vida. Sueldo <strong>que año tras año</strong>, hemos visto que <strong>no crecía ni el IPC</strong>, cuando no nos lo congelaban. Sueldo que<strong> hemos vuelto a ver</strong> cómo este año <strong>se quedaba congelado</strong> y cómo, nos quedábamos<strong> sin una paga extra que, por Ley, nos pertenece.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>No os hagáis líos</strong>. Siempre nos hemos considerado <strong>unos privilegiados</strong>, no sólo ahora, sino desde el momento en que <strong>empezamos a trabajar en lo que nos gustaba</strong>, ya sea médico, bombero, policía, o en mi caso,<strong> atendiendo al público en un Ministerio</strong>.  Tratando de quitarnos de encima<strong> la manida imagen del funcionario del &#8220;vuelva usted mañana&#8221;<em>.</em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En época de<strong> vacas gordas</strong> nosotros hemos estado ahí,<strong> calladitos</strong>, y a nadie le daba <strong>ninguna pena</strong> nuestra situación. No hemos <strong>insultado a los encofradores, soldadores, peones o electricistas por llevarse en crudo 3.000 euros mensuales</strong> que dilapidaban, muchos de ellos, con la misma alegría que los ganaban,<strong> haciendo alarde</strong> en tantos casos de su<strong> &#8220;éxito&#8221;</strong>. Los mismos que ahora<strong> nos gritan</strong> porque la <strong>ayuda de 400 €</strong> que les damos entre todos, -parte de ellos de mi paga extra de Navidad que no cobraré-, <strong>les parece insuficiente</strong>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues<strong> lo siento</strong>, pero <strong>no es nuestra culpa su situación</strong>. Nosotros también <strong>estamos jodidos,</strong> y mucho, pero <strong>no culpamos al resto del mundo</strong> por ello. <strong>Los culpables han sido los políticos irresponsables y egoistas y los banqueros codiciosos</strong> designados por los anteriores, que nos hicieron creer <strong>para su propio beneficio</strong>, que vivíamos en<strong> &#8220;los mundos de Yupi&#8221;</strong> donde todo valía. Un mundo en donde <strong>el despilfarro y el derroche</strong> era el modo de vida. Un carro al que se subió <strong>todo el mundo</strong>. Todos <strong>menos nosotros</strong>, que entonces teníamos <strong>los mismos sueldos que ahora</strong>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con todo y con eso, sí, <strong>somos privilegiados</strong>: hacemos lo que nos gusta, <strong>¿hay algo mejor?</strong> Y si no, que se lo pregunten a los funcionarios <strong>a los que dedico este post, en especial a mis compañeros</strong>, con los que comparto mi día a día y entre los que veo a <strong>alguno que lo está pasando realmente mal</strong>. Y sin comerlo ni beberlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>s</p>
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		<title>Olor a naftalina</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Nov 2012 19:37:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Blogueros de Plasencia</dc:creator>
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<p>Os puede sonar <strong>raro</strong> o a lo mejor, con un cierto <strong>olor a rancio</strong>, pero la cosa discurrió tal cual la cuento <strong>(palabra de bloguero)</strong>. Ocurrió la semana pasada, aunque pudiera parecer más propia <strong>del pasado siglo</strong>: Salía de casa a cumplir con<strong> la feliz obligación</strong> de pasear a mi perro <strong>Micco</strong>. Nada más pisar la calle <strong>me paró una señora</strong>  que por su aspecto podía ser la abuela de cualquiera de nosotros. <strong>Muy maquillada pero de informal atuendo</strong>, iba de paseo con su acompañante<strong> sudamericana.</strong> (Por cierto, ¡qué gran labor hacen estas personas para con nuestros mayores!)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&#8211;<strong>&#8220;¿Quién vive aquí ahora?</strong>&#8221; Me espetó la señora. &#8211;<strong>&#8220;Yo&#8221;</strong>, le dije ciertamente sorprendido. Tras volverme la cabeza loca con<strong> su frondoso árbol genealógico</strong>, me preguntó: -&#8220;pero, <strong>¿sois de buena familia?&#8221;</strong> -&#8220;Hombre, contesté <strong>un poco flipad</strong>o, pues sí, somos de buena familia: <strong>somos gente trabajadora</strong>, ninguno ha tenido <strong>problemas de convivencia</strong> ni ha estado en la cárcel&#8230;&#8221; -&#8220;No, me refiero a que si tenéis <strong>apellido</strong>, porque antes los que teníamos apellido <strong>nos conocíamos todos</strong>, pero ahora&#8230;&#8221; Me quedé <strong>perplejo</strong>. Rápidamente caí en la cuenta.  A esta señora -pensé- le ocurre lo mismo que a otros muchos personajillos aquí <strong>en Plasencia</strong>: sufre de <strong><em>apelliditis</em></strong>. Esta <strong>singular patología</strong> consiste en creerse<strong> superior al resto</strong> de sus congéneres por tener un apellido <strong>altisonante, raro, largo</strong> o compuesto (de esos con guiones). Difícil de creer que  siga siendo un<strong> mal endémico</strong> en pleno siglo XXI.</p>
<p><a href="/colindantes/wp-content/uploads/sites/33/2012/11/nostalgia3.jpg"><img loading="lazy" title="nostalgia3" src="/colindantes/wp-content/uploads/sites/33/2012/11/nostalgia3.jpg" alt="" width="300" height="300" /></a></p>
<p>Entiendo y respeto que <strong>te enorugullezcas de tu apellido</strong>. Ya lo dice el refranero español, sabio donde los haya: &#8220;Quien a lo suyo se parece, <strong>honra merece&#8221;</strong>. Pero vamos a usar la cabeza.  Si echamos la vista atrás, todos podemos encontrar <strong>algún indicio</strong> que nos haga creer que descendemos de<strong> la pata del Cid</strong>;  en mi caso, si me pongo, puedo heredar América enterita, y no por eso pienso que corra <strong>sangre azul por mis vena</strong>s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Está claro que<strong> no todos somos iguales</strong>, afortunadamente. <strong>Ni queremos serlo</strong>. Pero creerte mejor, o pensar que el resto es peor por llevar un apellido u otro, <strong>es una autentica gilipollez</strong>, al menos hoy en día. Antiguamente un apellido iba ligado<strong> a un linaje</strong>, a unas propiedades, a <strong>unos privilegios</strong>. A principios del siglo pasado había<strong> placentinos</strong>, de esos con un &#8220;ilustre&#8221; apellido, que podían ir hasta Béjar<strong> a caballo</strong> sin salirse de sus propiedades. Hoy en día parte de esas tierras pertenecen a<strong> los herederos</strong> de los antiguos guardeses, apellidados simplemente Gil.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como esas, muchas de las antiguas propiedades <strong>han cambiado varias veces de manos</strong>, debido a las sucesivas <strong>herencias y a la alergia al trabajo</strong> de muchos de los distintos herederos, que les<strong> obliga a deshacerse</strong> poco a poco de sus posesiones para poder seguir haciendo <strong> vida contemplativa en las terrazas de la plaza</strong>. Sus padres les dejaron en herencia<strong> una forma de vida anticuada</strong>, más propia del siglo XIX, y ellos dejarán a sus hijos la <strong>obligación de trabajar</strong> para pagar<strong> las deudas</strong> de las fincas cuando pasen a sus manos. Afortunadamente, <strong>una parte de estas familias fue vacunada</strong> contra la apelliditis, estudiando y formándose, <strong>trabajando duro y viajando</strong>, saliendo de aquí y viendo mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El devenir de la vida te da o te quita, y<strong> hay que saber adaptarse a los tiempos</strong>. Hoy en día no se genera riqueza <strong>montando a caballo y yendo de caza</strong>. Las fortunas se consiguen <strong>trabajando.</strong></p>
<p><a href="/colindantes/wp-content/uploads/sites/33/2012/11/nostalgia-22.jpg-e1354217433364.jpg"><img loading="lazy" title="nostalgia 22.jpg" src="/colindantes/wp-content/uploads/sites/33/2012/11/nostalgia-22.jpg-e1354217433364.jpg" alt="" width="179" height="300" /></a></p>
<p>Los actuales <em>arist</em><em>ó</em><em>cratas </em>son <strong>los empresarios</strong> y alguno de los más destacados del panorama nacional &#8220;sólo&#8221; se apellida <strong>Pérez.</strong> Son ellos los que ahora<strong> dan trabajo e ingresos a sus vecinos.</strong> La vida ha cambiado, afortunadamente. Como es natural, sigue habiendo <strong>diferencias sociales</strong> entre personas. Pero <strong>intentar aferrarte a un apellido</strong> para estar en un determinado escalón u otro,<strong> es absurdo</strong>. La clase se gana trabajando, siendo<strong> una buena persona</strong> con tus semejantes y luchando, ¿por qué no?, por <strong>defender honradamente</strong> lo tuyo, no por llamarte de una u otra manera. <strong>¡Cuanta tontería, por Dios!</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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