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	<title>En pocas palabrasJorge Márquez &#8211; En pocas palabras</title>
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	<description>Blog de la sección dominical de HOY</description>
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	<title>Jorge Márquez &#8211; En pocas palabras</title>
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		<title>La venezolana</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Jun 2026 09:17:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Márquez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[ESTE BARRIO YA NO ES LO QUE ERA —cabecea nostálgico—. Ni los vecinos, ni las tiendas, ni los bares… Ya no queda nada de aquellos tiempos». Ella sonríe, intenta no desconcentrarse mientras le prepara las pastillas del mediodía y las apila entre la copa de vino tinto y el plato de exquisitas alubias con chorizo [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400;">ESTE BARRIO YA NO ES LO QUE ERA —cabecea nostálgico—. Ni los vecinos, ni las tiendas, ni los bares… Ya no queda nada de aquellos tiempos». Ella sonríe, intenta no desconcentrarse mientras le prepara las pastillas del mediodía y las apila entre la copa de vino tinto y el plato de exquisitas alubias con chorizo que ha guisado para él. Una tarde, doblando ropa recién planchada, la venezolana comentó que estaba pensando volverse a su país. Él respondió que era lógico que lo echara de menos. Pero aquella noche la angustia lo despertó a las tres de la madrugada. Al amanecer aún estaba sentado en la cocina, haciendo números. En cuanto ella abrió la puerta, le preguntó ansioso: «¿Cuánto dinero necesitas para quedarte?». Ella sonrió enternecida, contuvo el impulso de acariciarle la cara y le dijo: «No se me apure, mi viejito, ya verá cómo en este barrio encuentra enseguida a alguien que lo cuide».</span></p>
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		<title>Siete deseos</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Jun 2026 10:28:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Márquez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[EL VERANO DEL AÑO PASADO decidió que sería el mejor de su vida. En la noche de San Juan encendió siete velas sobre un tapiz rojo y quemó la hoja de papel donde había escrito sus siete grandes deseos, se frotó el cuerpo con una rama de romero y se lavó la cara con agua [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>EL VERANO DEL AÑO PASADO decidió que sería el mejor de su vida. En la noche de San Juan encendió siete velas sobre un tapiz rojo y quemó la hoja de papel donde había escrito sus siete grandes deseos, se frotó el cuerpo con una rama de romero y se lavó la cara con agua de lavanda bendecida por la luna llena. A la mañana siguiente se subió a una banqueta para bajar del altillo la sombrilla de la playa y se cayó. Fractura de cadera, quirófano de urgencia y tres meses de reposo. Vio pasar el verano desde la ventana. Le dieron el alta el mismo día que entraba el otoño. Anoche rescató la libreta y empezó a escribir sus siete grandes deseos para este verano. Se detuvo, sonrió, arrancó la página y la tiró a la papelera. En la nueva hoja escribió: «Tomarme un enorme helado de pistacho», y lo subrayó tres veces. Al salir de casa a cumplir su propósito se le cruzó en el camino un gato negro.</p>
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		<title>Su turno</title>
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		<pubDate>Sat, 13 Jun 2026 09:27:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Márquez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[ENTRÓ ENVUELTA EN MIRADAS Y pensamientos inconfesables, exhalando una serenidad que volvía aún más ruidoso el silencio con que la desnudaban. En realidad, nadie esperaba oír nada interesante de aquella especie de adorno en medio de una tertulia de rostros desenfocados y ceños solemnes. Pero cuando llegó su turno, su voz inundó el estudio y [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>ENTRÓ ENVUELTA EN MIRADAS Y pensamientos inconfesables, exhalando una serenidad que volvía aún más ruidoso el silencio con que la desnudaban. En realidad, nadie esperaba oír nada interesante de aquella especie de adorno en medio de una tertulia de rostros desenfocados y ceños solemnes. Pero cuando llegó su turno, su voz inundó el estudio y empezó a desgranar argumentos con una sagacidad incómoda. Los tertulianos dejaron de admirar su belleza y prestaron oído, suspicaces y nerviosos, a cómo desmontaba tópicos con una facilidad irritante y dejaba al descubierto miserias del oficio que los demás llevaban décadas intentando ocultar. Hasta que llegó el momento por el que realmente había aceptado la invitación a la tertulia: revelar al mundo el precio de su éxito. Cuando terminó, abandonó el estudio corriendo entre lágrimas. Los tertulianos bajaron la mirada. Y respiraron aliviados.</p>
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		<title>Recargar las pilas</title>
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		<pubDate>Sat, 06 Jun 2026 10:16:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Márquez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[LLEVABA TODA LA VIDA SENTÁNDOSE CADA TARDE en el mismo banco del parque. De niño, para recargar las pilas entre juego y juego. De mayor, al salir del trabajo para recargar las pilas y congraciarse con la jornada. Ahora, ya jubilado y solo, para recargar las pilas tras la larga caminata diaria que le ayuda [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>LLEVABA TODA LA VIDA SENTÁNDOSE CADA TARDE en el mismo banco del parque. De niño, para recargar las pilas entre juego y juego. De mayor, al salir del trabajo para recargar las pilas y congraciarse con la jornada. Ahora, ya jubilado y solo, para recargar las pilas tras la larga caminata diaria que le ayuda a mantener a raya el colesterol. Desde ese banco ha visto plantar acacias y talarlas cincuenta años después, cambiar los columpios diez o doce veces y pasar generaciones de perros, al principio brincando atolondrados y al final sin apenas poder caminar. Ayer le quitaron el banco. Se desorientó, no supo adónde ir. Se sintió como si un tironero acabara de robarle las tardes y los recuerdos. En su lugar, el ayuntamiento había instalado una columna metálica. La miró con desconfianza durante unos segundos y se acercó para leer un letrero que decía: «Recarga aquí tu patinete eléctrico».</p>
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		<title>El velatorio</title>
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		<pubDate>Sat, 30 May 2026 10:25:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Márquez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[LLEGÓ, SE ASOMÓ PLAÑIDERA A LA PECERA DE LA CAPILLA ARDIENTE y tomó asiento con cuidado de ocultar su mirada fiscalizadora tras una careta de resignación. En menos de un minuto localizó entre los deudos a la nuera embarazada, otra vez, y a la vecina adúltera de siempre. Echó en falta al primo, «que no [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>LLEGÓ, SE ASOMÓ PLAÑIDERA A LA PECERA DE LA CAPILLA ARDIENTE y tomó asiento con cuidado de ocultar su mirada fiscalizadora tras una careta de resignación. En menos de un minuto localizó entre los deudos a la nuera embarazada, otra vez, y a la vecina adúltera de siempre. Echó en falta al primo, «que no habrá venido porque todos saben ya lo suyo». Se santiguó, se sirvió un café del termo del cáterin y atacó sin piedad la bandeja de las medialunas. Entre sorbo y sorbo repitió cinco veces «Qué lástima, tan joven, siempre se van los mejores, esta vida es una tómbola», sin apartar la mirada de la minifalda de la viuda, que «ni que se fuera de fiesta». Cuando el cortejo enfilaba la capilla, aún le espetó a una desconocida: «Esto ya no es lo que era. Antes se comía menos y se lloraba más». Y salió, dignísima, con tres bombones en el bolso para su nieta y una conciencia resplandeciente.</p>
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		<title>Hécuba en el desfile</title>
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		<pubDate>Sat, 23 May 2026 10:24:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Márquez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[EL EJÉRCITO MARCHA BAJO LAS VIEJAS BANDERAS envanecidas de las últimas victorias y las próximas conquistas. Al terminar el desfile, las troyanas pliegan en silencio las sillas de madera, recogen los vasos de plástico chafados por las pisadas y barren las cáscaras de pipas de girasol y las colillas acumuladas al pie del monumento a [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>EL EJÉRCITO MARCHA BAJO LAS VIEJAS BANDERAS envanecidas de las últimas victorias y las próximas conquistas. Al terminar el desfile, las troyanas pliegan en silencio las sillas de madera, recogen los vasos de plástico chafados por las pisadas y barren las cáscaras de pipas de girasol y las colillas acumuladas al pie del monumento a los caídos, en cuyo pedestal luce una placa de mármol labrada con nombres que los dedos de una anciana de negro acarician mientras repite sin cesar: «Todos los muertos tienen la edad de sus fotografías». Otra Hécuba, sentada a la sombra, teje patucos para un nieto demasiado pequeño para jugar a matar o morir. Su coro de lágrimas mudas maldice a los gobernantes y exige paz y desarme: se niegan a seguir identificando cadáveres por los zapatos vacíos. Y al fin parten silenciosas, desorientadas, desparramadas, mientras los hombres planean la próxima guerra.</p>
<p style="text-align: right;"><em>24 de mayo. Día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme.</em></p>
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		<title>La vida usada</title>
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		<pubDate>Sat, 16 May 2026 09:45:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Márquez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[NO LE QUEDABA ILUSIÓN PARA MÁS REGALOS. Sobres con mucho dinero y ningún esfuerzo, un rosario de Swarovski, un patinete eléctrico, un bebé hiperrealista de edición limitada que lloraba y movía la boca buscando el pezón. «¡Mírala, qué madraza va a ser!», se emocionaba la tita escupiendo perdigones de langostino y garnacha sobre los manteles [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>NO LE QUEDABA ILUSIÓN PARA MÁS REGALOS. Sobres con mucho dinero y ningún esfuerzo, un rosario de Swarovski, un patinete eléctrico, un bebé hiperrealista de edición limitada que lloraba y movía la boca buscando el pezón. «¡Mírala, qué madraza va a ser!», se emocionaba la tita escupiendo perdigones de langostino y garnacha sobre los manteles del lujoso restaurante, venta con ínfulas. La aprendiz de novia, fermentando por el calor dentro del vestido aún inmaculado, zarandeaba al muñeco con la brusquedad de una criatura consentida, le embutía el chupete, lo ametrallaba a besos de abuela, se lo acercaba a su pecho infantil. Parecía una madre cansada de jugar a ser cría. Mientras los adultos bailaban reguetón y pasodobles, la vi perderse camino del baño cargando con el muñeco. Y durante un instante tuve la sensación de estar viendo no a una niña, sino una vida usada ya antes de empezar.</p>
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		<title>La trastienda</title>
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		<pubDate>Sat, 09 May 2026 09:29:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Márquez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[PASABA POR LA TIENDA DESAHUCIADA y veía cómo la mugre y la indolencia empañaban el escaparate, el toldo era una lengua deshilachada y los gamberros vandalizaban el cierre con firmas de aerosol garabateadas sólo para dejar constancia de que cualquiera podía profanar al moribundo. Aquel comercio fue un rincón de mi infancia. Me habría aliviado [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>PASABA POR LA TIENDA DESAHUCIADA y veía cómo la mugre y la indolencia empañaban el escaparate, el toldo era una lengua deshilachada y los gamberros vandalizaban el cierre con firmas de aerosol garabateadas sólo para dejar constancia de que cualquiera podía profanar al moribundo. Aquel comercio fue un rincón de mi infancia. Me habría aliviado conocer antes el secreto que luego me contaron: que en la trastienda la casa sigue iluminada, que hay una mesa puesta cada mediodía entre risas contenidas, un dormitorio donde los niños leen libros, ajenos al resplandor de las pantallas, y unos padres que decidieron bajar la persiana e ignorar al mundo no por rendirse, sino por proteger del ruido y de la furia lo poco que aún conservaban: el futuro de sus hijos. Lástima que quien me lo contó no lograra explicarme de qué viven, ahora que la tienda está cerrada. Necesitaba creerme el cuento.</p>
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		<title>Flores de mayo</title>
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		<pubDate>Sat, 02 May 2026 08:24:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Márquez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[LLAMAN AL TIMBRE, COMO CADA PRIMER DOMINGO DE MAYO a la misma hora. Cierra la novela en la que no logra concentrarse y corre a abrir la puerta antes de que se marchen llevándose su ansiado regalo. Nunca es el mismo repartidor, nunca es distinto el ramo: flores blancas, inmaculadas, sin aroma. La tarjeta, a [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>LLAMAN AL TIMBRE, COMO CADA PRIMER DOMINGO DE MAYO a la misma hora. Cierra la novela en la que no logra concentrarse y corre a abrir la puerta antes de que se marchen llevándose su ansiado regalo. Nunca es el mismo repartidor, nunca es distinto el ramo: flores blancas, inmaculadas, sin aroma. La tarjeta, a bolígrafo, con los renglones torcidos, como escribía de pequeña. «Te echo de menos, mamá. Te echo mucho de menos». El primer año, hace ya tantos, pensó que era una broma despiadada; el segundo, que un error; el tercero fue a la floristería exigiendo explicaciones; no supieron decirle nada. Pone el ramo en un jarrón al lado del portarretrato con la única foto que conserva de ella. Pasa el dedo por su mejilla. «Yo también te echo mucho de menos», susurra, como si aún hubiera alguien que necesitara oírlo. Y vuelve a sentarse a leer, a la espera del próximo primer domingo de mayo.</p>
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		<title>Nido de abubilla</title>
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		<pubDate>Sat, 25 Apr 2026 10:04:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Márquez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[VIVÍA SOLITARIA EN LA COPA DE LA ENCINA más alta de la dehesa. Una mañana divisó a un cuco revoloteando sobre ella y desplegó las plumas de su cresta para cortejarlo. El cuco, tan cuco, se dejó seducir, se instaló en el nido y entre arrumacos tiró al suelo todos los huevos. La abubilla juró [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>VIVÍA SOLITARIA EN LA COPA DE LA ENCINA más alta de la dehesa. Una mañana divisó a un cuco revoloteando sobre ella y desplegó las plumas de su cresta para cortejarlo. El cuco, tan cuco, se dejó seducir, se instaló en el nido y entre arrumacos tiró al suelo todos los huevos. La abubilla juró que no volvería a confiar en quien así la traicionaba no solo a ella, sino a todo un pueblo que, llegado el momento, halló polluelos de cuco donde esperaba encontrarlos de abubilla. Al año siguiente volvió a sentir la comezón del celo en la cúspide de la encina, y de nuevo moñeó con el cuco para atraerlo, aunque le hizo prometer por las plumas de su escápula derecha que respetaría los huevos propios. El cuco lo hizo, pero cruzando en secreto las garras, y volvió a repetirse la triste historia. Por su celo alojó la abubilla a un traidor en un nido okupado que apestaba como nido de abubilla.</p>
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