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	<title>Escuela de Padresayudar &#8211; Escuela de Padres</title>
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	<description>La tarea de ejercer de padres</description>
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	<title>ayudar &#8211; Escuela de Padres</title>
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		<title>¿Sabes por qué suspenden tus hijos?</title>
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		<pubDate>Sun, 21 Dec 2014 18:24:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Pajuelo</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Adolescentes]]></category>
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		<description><![CDATA[Porque no estudian lo suficiente. Es obvio, lo sabes tú, lo saben sus profesores, lo saben ellos. Estudiar es la solución. Pero no basta con repetir hasta la saciedad ¡estudia!, porque si fuera por decírselo, todos los hijos obtendrían un buen puñado se sobresalientes. Ayer pasé un par de horas con un grupo de adolescentes [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_406" style="width: 650px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://blogs.hoy.es/escuela-de-padres/2014/12/21/sabes-por-que-suspenden-tus-hijos/ninosuspenso-2/" rel="attachment wp-att-406"><img aria-describedby="caption-attachment-406" class=" wp-image-406 " title="niñosuspenso" src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2014/12/niñosuspenso1.jpg" alt="" width="640" height="414" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2014/12/niñosuspenso1.jpg 640w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2014/12/niñosuspenso1-300x194.jpg 300w" sizes="(max-width: 640px) 100vw, 640px" /></a><p id="caption-attachment-406" class="wp-caption-text">la indefensión aprendida: otra manera de entender los suspensos</p></div>
<p>Porque no estudian lo suficiente. Es obvio, lo sabes tú, lo saben sus profesores, lo saben ellos.</p>
<p>Estudiar es la solución. Pero no basta con repetir hasta la saciedad ¡estudia!, porque si fuera por decírselo, todos los hijos obtendrían un buen puñado se sobresalientes.</p>
<p>Ayer pasé un par de horas con un grupo de adolescentes de esos que son expertos en suspender, un grupo de 16 chicos y chicas que asisten al programa REMA (Refuerzo, Estímulo y Motivación del Alumnado) alumnos que, con apenas 14 o 15 años, están empezando a dejar de creer en que puedan hacer algo que cambie su destino académico.</p>
<p>Son capaces de decir &#8220;<em>si estudio podré aprobar</em>&#8220;, pero lo dicen como el que expresa un deseo, un sueño en voz alta, como algo difícil de alcanzar. “S<em>i estudio podré aprobar</em>” repiten como una letanía con la que ahuyentar los negros presagios de la incompetencia.</p>
<p>Les decimos que, si quieren pueden aprobar, pero a veces se lo decimos con la misma poca confianza con la que se lo dicen ellos. &#8220;<em>Si quieres puedes</em>&#8221; es para nosotros la fórmula rápida de ayudar y, para ellos, palabras vacías que pierden su significado nada más  pronunciarse.</p>
<p>Durante mi encuentro con ellos les hablé de la <strong>indefensión aprendida. </strong> “¿<em>Eso qué es</em>?”, me preguntan. Y les explico que, a veces, los alumnos <strong>aprenden</strong> a <strong>comportarse de forma pasiva en los temas académicos, y tienen</strong> <strong>la sensación de no poder hacer nada,  </strong>y de <strong>que no son capaces de cambia</strong>r  <strong>a pesar de que existen oportunidades reales de modificar esa situación</strong>. Les respondo que esa es la razón por la que muchos de ellos suspenden, la razón por la que los libros dejaron de ser un reto para convertirse en un muro.</p>
<p>La indefensión se aprende, pero también se enseña, y la enseñamos todos:</p>
<p><strong>La enseñan los padres</strong> cuando dejan de creer en las capacidades de sus hijos para resaltar sus defectos, padres que al grito de <em>te lo dije</em>, <em>te lo dije</em>, graban en sus hijos todas y cada una de sus equivocaciones. Padres desanimados, padres desolados por no saber qué hacer o qué decir a los hijos y se refugian en los: &#8220;<em>Tu sigue así&#8221;, &#8220;vas a ser un desgraciado&#8221;, &#8220;eres un sinvergüenza&#8221;, “un fresco”, “nos estás destrozando la vida</em>”, etc.</p>
<p><strong>La enseñan los profesores y maestros</strong> cuando dejan de creer en sus alumnos para fijarse en sus limitaciones, profesores que al grito de <em>te lo dije</em> esculpen en sus alumnos las cruces que señalan todo lo que les queda por aprender. Profesores desanimados, desolados, presionados  por un curriculum que no cabe en la jornada escolar. Profesores que se sienten solos frente al peligro, solos frente a sus alumnos disfrazados de rebeldía, de osadía y desinterés.</p>
<p><strong>La enseñan los propios alumnos</strong> cuando dejan de creer en sí mismos y, faltos de confianza, se refugian bajo una capa de dureza como si así estuvieran blindando sus sentimientos. Alumnos que se susurran continuamente los &#8220;no puedo&#8221; que cercenan cualquier posibilidad de avance. Alumnos desanimados, abatidos, resentidos contra todo. Pidiendo socorro en un idioma que nadie entiende. Solos y asustados dentro de un traje de rebeldía. Con ganas de huir no se sabe a dónde.</p>
<p>¿<strong>Buscar culpables</strong>? es tarea estéril. Todos somos responsables, todos tenemos algo nuevo, algo diferente, algo más que poder hacer y mientras no nos sintamos responsables, capaces, con fuerzas y convencidos de ello, los 16 suspendedores, arrojados a su suerte,  seguirán en el pabellón de los desahuciados esperando que el tiempo confirme los aciagos presagios.</p>
<p><strong>¿Se puede hacer algo?</strong></p>
<p>Sí que se puede, claro que se puede pero <strong>tenemos que esforzarnos todos</strong> ¿Qué sabemos de ellos, de sus vidas, además de que suspenden?, ¿qué les decimos?, es más tranquilizador suponer que son unos consentidos, mal criados, que si la sociedad es un asco, que si los móviles, que si los padres, que si los maestros, etc.? La avería es de la calle. Así nos quedamos todos más tranquilos.</p>
<p>A veces cuando uno se está ahogando no basta con decirle: “nada, nada hasta la orilla”, hay que ofrecerle la mano, echarle un cabo, agarrarlo y llevarlo a lugar seguro. ¿Estamos dispuestos?</p>
<p>Claro que se puede, pero ellos solos no pueden, necesitan nuestra ayuda, toda nuestra ayuda. Una y otra vez la ayuda de sus padres :(animando, guiando, poniendo límites y siempre confiando) y la imprescindible ayuda de sus profesores y maestros (necesitan sobre todo experiencias de éxito y reconocimiento de su esfuerzo. A veces se intenta motivar a un alumno poniéndole un cuatro &#8220;para que no se relaje&#8221; y lo que necesitan es un cinco para coger impulso.)</p>
<p>Para todos los alumnos que pueblan las aulas del programa REMA (Refuerzo, Estímulo y Motivación para el Alumnado) y, en especial, para los profesores de este programa que realizan una tarea de un valor incalculable.</p>
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		<title>Cómo convertirse en un padre masoquista</title>
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		<pubDate>Mon, 17 Mar 2014 10:21:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Pajuelo</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Adolescentes]]></category>
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		<description><![CDATA[A raíz del post sobre el Síndrome del Niño Cabrón he recibido algunos correos en los que padres y madres “desesperados” me muestran su paralización ante el comportamiento de sus hijos. Padres que creen que “ya no saben qué más hacer” y lo que es peor, padres que sufren porque piensan que están fracasando como [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_260" style="width: 560px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2014/03/PADRESMASOQUISTAS.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-260" loading="lazy" class="size-full wp-image-260" title="Si piensas que estás fracasando como padre o como madre, te estás convirtiendo en un progenitor masoquista." src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2014/03/PADRESMASOQUISTAS.jpg" alt="Si piensas que estás fracasando como padre o como madre, te estás convirtiendo en un progenitor masoquista." width="550" height="550" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2014/03/PADRESMASOQUISTAS.jpg 550w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2014/03/PADRESMASOQUISTAS-150x150.jpg 150w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2014/03/PADRESMASOQUISTAS-300x300.jpg 300w" sizes="(max-width: 550px) 100vw, 550px" /></a><p id="caption-attachment-260" class="wp-caption-text">Si piensas que estás fracasando como padre o como madre, te estás convirtiendo en un progenitor masoquista.</p></div>
<p>A raíz del post sobre el <a href="https://blogs.hoy.es/escuela-de-padres/2014/03/05/el-snc-el-sindrome-del-nino-cabron/"><em>Síndrome del Niño Cabrón</em> </a>he recibido algunos correos en los que padres y madres “desesperados” me muestran su paralización ante el comportamiento de sus hijos. Padres que creen que “<em>ya no saben qué más hacer</em>” y lo que es peor, padres que sufren porque piensan que están fracasando como educadores.</p>
<p>¿Has pensado tú alguna vez esto? Si la respuesta es afirmativa,<strong> te informo de que te estás convirtiendo en un/a padre/madre masoquista,</strong> así que haz el favor de leer lo que viene a continuación para intentar evitarlo (y procura, mientras lees, no pensar, “<em>este Carlos lo ve todo muy facilito, aquí lo querría ver yo</em>”).</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><strong>Cómo no convertirse en padres masoquistas</strong></span>:</p>
<p>1º Deja de una vez de creer que <strong>no puedes hacer nada para ayudar a tus hijos</strong>, deja de pensar que las dificultades que presentan tus hijos o que puedan presentar se deben a que algo has hecho mal o no has sabido hacer como padre. Si piensas que eres un “inútil” te comportarás como un “inútil”, y lo que es peor, se te pondrá cara de inútil.</p>
<p>2. Deja <strong>de hablar de la relación que mantienes con tus hijos como algo insatisfactorio, tipop</strong> “<em>vivo en un infierno</em>” porque entonces creerás que tus hijos son hermanos o primos de la niña del exorcista. Habla de las dificultades reales que existen, pero introduce siempre pensamientos e ideas que muestren tu competencia, confía en tu trabajo  y, sobre todo, hay que tener muy claro que lo que menos  necesitan los hijos cuando “modorrean” es a unos padres desmoralizados.</p>
<p>3. Deja <strong>de buscar culpables alrededor de tus hijos</strong>. No eres tú, ni tu pareja, ni los profesores, ni los amigos, ni la televisión, ni la sociedad. Ya he repetido varias veces este proverbio africano: “<strong>para educar a un niño hace falta toda la tribu</strong>”, así que dejemos de buscar culpables porque todos somos corresponsables. Educar es actuar, y los padres ante las conductas de los hijos nos tenemos que posicionar sobre qué conductas son tolerables y cuáles son intolerables, y luego actuar.</p>
<p>4. Deja de <strong>pensar que  “todo es un asco”</strong> porque este tipo de pensamiento lo que hace es que te encierres en ti mismo y aísles (“<em>no tengo ganas de ná</em>”). Con el “<em>cagapenismo</em>”, además de ofrecer a nuestros hijos un modelo en el que le enseñamos que, ante los problemas, nos  hundimos, nos estamos perdiendo la oportunidad de obtener ayuda para afrontar los problemas, ayuda para recibir información positiva de nosotros mismos. Los amigos, los compañeros de trabajo, la familia son más que necesarias cuando hay problemas.</p>
<p>5. <strong>No dejes que tus emociones sean guiadas por las conductas de tus hijos.</strong> Está claro que el comportamiento de nuestros hijos hace mella en nosotros, pero si vinculamos nuestras emociones a las de nuestros hijos, puede que nos ahoguemos en esas emociones.  Aprovecha las conductas de los hijos  para enseñarles modelos de comportamiento, y qué mejor modelo que el de padres seguros y tranquilos frente a la tempestad, padres que,  en las turbulencias, ofrecen a los hijos sus manos cariñosas pero firmes.  Ese es tu trabajo: el de ser padres.</p>
<p>6º) Y por último: <strong> cada noche cuando te vayas a la cama  </strong><strong>deja de pensar</strong><strong> en lo desgraciado que va a ser tu hijo &#8220;<em>como siga así</em>&#8220;</strong>, (te recuerdo que, mientras tanto, el modorro duerme a pierna suelta) y piensa  que tú  vas a seguir con la brega <strong>porque  los padres no arrojamos nunca la toalla</strong>.</p>
<p>Como canta<strong><a href="http://www.youtube.com/watch?v=q5BTxMjgxVU"> Luz Casal</a>,</strong> <em>es cuestión de suerte ser féliz</em>. Educando es como adquirimos más papeletas del sorteo de la suerte pero es necesario que nuestros hijos también adquieran sus papeletas.</p>
<p><strong>Y si necesitas ayuda, búscala</strong>. Hay estupendos profesionales para ello.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Cinco cosas importantes que debemos enseñar a los hijos</title>
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		<pubDate>Thu, 16 May 2013 09:09:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>carlospajuelo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Algunas veces he escuchado a algunos padres decir “he fracasado como padre”, y esto lo dicen padres de niños, de adolescentes, padres de jóvenes y, a veces, hasta padres de adultos. Ante  esa afirmación siempre pregunto lo mismo: ¿por qué dices eso?  La respuesta, curiosamente,  suele incluir esta idea: “no he sabido inculcarle“. Este sentimiento [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_137" style="width: 610px" class="wp-caption alignright"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/05/padresenseñanblog.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-137" loading="lazy" class="size-full wp-image-137" title="Hay cinco cosas que debemos enseñar a nuestros hijos, y no olvidar nosotros." src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/05/padresenseñanblog.jpg" alt="Hay cinco cosas que debemos enseñar a nuestros hijos, y no olvidar nosotros." width="600" height="400" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/05/padresenseñanblog.jpg 600w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/05/padresenseñanblog-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a><p id="caption-attachment-137" class="wp-caption-text">Hay cinco cosas que debemos enseñar a nuestros hijos, y no olvidar nosotros.</p></div>
<p style="text-align: left;">Algunas veces he escuchado a algunos padres decir <strong>“he fracasado como padre”,</strong> y esto lo dicen padres de niños, de adolescentes, padres de jóvenes y, a veces, hasta padres de adultos. Ante  esa afirmación siempre pregunto lo mismo: <strong>¿por qué dices eso?</strong>  La respuesta, curiosamente,  suele incluir esta idea: <strong><em>“no he sabido inculcarle“.</em></strong></p>
<p style="text-align: left;">Este <strong>sentimiento de fracaso</strong>, además de restar confianza a los padres, sirve a menudo para <strong>culpabilizar a los hijos</strong>. Y el coctel “falta de confianza” más “culpabilización” genera resacas de larga, muy larga duración.</p>
<p style="text-align: left;"> La tarea de ser padres <strong>no es  construir hijos</strong> sino <strong>ayudar a que los hijos se construyan a sí mismos. </strong>Desde esta perspectiva,<strong> </strong>realmente ¿fracasan los padres?  <strong>La vida de nuestros hijos les pertenece a ellos,</strong> y los padres no podemos vivir la vida de nuestros hijos porque, si lo hiciéramos, quizás no se equivocaran, pero lo que es seguro es que <strong>los privaríamos de vivir su vida</strong> que, por cierto, es una forma de ser desgraciado/a.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>El fracaso </strong>como padres, no reside en lo que nuestros hijos hacen, o dejan de hacer,  ni en lo que los padres olvidamos que hemos hecho. En todo caso, <strong>reside en no dejar que nuestros hijos sean los dueños de sus aciertos y de sus errores</strong>.</p>
<p style="text-align: left;">Por otro lado, algunos padres vamos olvidando mientras nuestros hijos se van haciendo mayores las  cosas que les hemos enseñado con tanto esfuerzo y con tanto cariño en su infancia y adolescencia.  <strong>El olvido </strong>nos puede volver rígidos, incluso resentidos y el resentimiento<strong> conlleva el peligro  de “perdernos” la vida que nuestros hijos adultos  han decidido, libremente, vivir</strong>. Pero olvidar no es fracasar.</p>
<p style="text-align: left;">         <span style="text-decoration: underline; font-size: large;">   ¿<strong>Y qué cosas son las que debemos enseñar a los hijos, y que los padres no debemos olvidar</strong>?</span></p>
<p style="text-align: left;">1)  <strong>Les enseñamos a decir te quiero</strong>.  Querer es para toda la vida y se quiere a los hijos porque son nuestros hijos, y no por lo que hacen, ya que lo que hacen es parte de la vida de nuestros hijos: <strong>Su propia vida</strong>.  Nuestros hijos <strong>no son nuestras ilusiones ni nuestras metas</strong>.  Escuchar a adolescentes decir que se sienten mal porque no han sido capaces de satisfacer las expectativas que sus padres tenían depositados en ellos es algo habitual en estos días de búsqueda de nota media en la cercana Selectividad.</p>
<p style="text-align: left;">2)  <strong>Les enseñamos el valor que tiene guiar</strong>. Los guiamos  cuando son pequeños y, cuando son adultos, nuestra  luz sigue ahí dispuesta a guiar.  <strong>Los padres somos faros,</strong> no para evitar que nuestros hijos se pierdan, sino porque sabemos que <strong>es posible que se puedan perder</strong> y, en ese momento,  es cuando más necesitan que nuestra luz brille. <strong>La luz dice dónde estamos los padres</strong> para que nuestros hijos siempre lo tengan en cuenta. No indica hacia dónde tienen que ir, porque <strong>el camino que escogimos los padres es sólo nuestro camino</strong>.</p>
<p style="text-align: left;">3) <strong>Les enseñamos qu</strong>e <strong>los aceptamos tal y como son.</strong>  Nuestra  imperfección nos ayuda a ser<strong> comprensivos</strong> con las imperfecciones de los que nos rodean. Les <strong>apoyamos y confiamos en su capacidad para tomar decisiones</strong> en función de su edad. Confiamos en que educamos para que nuestros hijos sean capaces de vivir su vida y tomar sus propias decisiones.  Confiamos  en su capacidad para afrontar los reveses que, sin duda alguna, les acarreará tomar determinadas decisiones.</p>
<p style="text-align: left;"> 4) <strong>Les enseñamos el valor del  respeto</strong>, respetando sus ideas, sus creencias. <strong>Respetar no es sinónimo de compartir</strong>. Aceptamos y valoramos que nuestros hijos piensen, aunque sea de forma diferente a nosotros, o que tengan creencias y gustos diferentes a las nuestros.  Las parejas de nuestros hijos, sus creencias, sus opciones políticas no deberían de ser nunca una frontera.</p>
<p style="text-align: left;"> 5) <strong>Les enseñamos la disponibilidad</strong> que los padres tenemos siempre para nuestros hijos, que siempre seremos menos rencorosos, <strong>siempre tendremos los brazos abiertos,</strong> que no nos cansaremos de dar pasos que nos acerquen a ellos, que aceptamos, por ser padres, que nos corresponde siempre la tarea de construir puentes.</p>
<p style="text-align: left;"> <strong>La vida es fugaz</strong>, los hijos nos gastan las hojas del calendario a un ritmo vertiginoso. ¿De verdad crees que has fracasado como padre?, <strong>¿no será que has olvidado todo lo que les has enseñado?</strong></p>
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		<title>Mi hijo tiene una rabieta ¿qué hago con él?</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Apr 2013 09:08:42 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_116" style="width: 610px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/04/RABIETASFETEN.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-116" loading="lazy" class="size-full wp-image-116" title="Dos gemelos con rabieta." src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/04/RABIETASFETEN.jpg" alt="Dos gemelos con rabieta." width="600" height="349" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/04/RABIETASFETEN.jpg 600w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/04/RABIETASFETEN-300x175.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a><p id="caption-attachment-116" class="wp-caption-text">Dos gemelos con rabieta.</p></div>
<p>Aurora y Juan son unos estupendos padres con los que estuve charlando hace unas semanas en un centro infantil y, nada más comenzar la conversación, Juan me espetó: Carlos, yo no sé si necesitamos ayuda de <strong>un psicólogo o de un exorcista</strong>. Laura, nuestra hija, es una niña encantadora, divertida, alegre, habladora… pero últimamente, y con más frecuencia,  cada vez que le decimos que no a algo que pide, se convierte en <strong>una especie de “posesa”</strong> que grita, se tira al suelo, berrea más que llora. En ese momento Aurora dejó resbalar dos lágrimas mientras decía “No sabemos cómo ayudarla. No podemos con ella”, “voy a esperarla al colegio con miedo por si me monta el numerito”.<br />
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<p>Para empezar, les dije, tengo una buena noticia, <strong>vamos a descartar el exorcismo</strong> y, en segundo lugar, vamos a intentar entender las rabietas como un comportamiento “normal de niños normales” pero que requieren por parte de los padres una manera de actuar clara y sistemática. <strong>Las rabietas son una oportunidad para que nuestros hijos aprendan a tolerar la frustración.</strong></p>
<p>Las rabietas son una conducta que se presentan fundamentalmente en dos tipos de situaciones: la primera,  <strong>cuando un niño no obtiene algo que desea</strong>. La segunda, <strong>cuando un niño está muy cansado</strong> (esto que los padres llamamos “pasado de rosca”).</p>
<p>Si echas un vistazo por el cuarto de tu hijo podrás ver que tienen de todo, los hijos de los psicólogos también tienen un cuarto como el de tu hijo. Y no sólo es que tengan de todo, sino que además <strong>les hemos acostumbrado</strong>:</p>
<p>&#8211;<strong>A mercadea</strong>r, con frases del tipo  “si haces esto te doy lo otro”. Así, es normal escuchar a los niños contestar a sus padres cuando les piden algo: “qué me vas a dar a cambio”.</p>
<p>&#8211; <strong>A ofrecerles regalos</strong>, muchas veces, sin necesidad de que los pidan. Os recuerdo que, a veces, nos sentimos culpables por no dedicar el tiempo suficiente a nuestros hijos y mediante la “cartera” intentamos calmar nuestra culpa. A las 14 horas en las puertas de cualquier colegio, público o concertado, padres y madres llevan guardado en el bolso lo que yo denomino <strong>un “kit anti-pollo”</strong> y que se usa en cuanto el niño amaga con montar un numerito: ”Mira lo que te he traído”.</p>
<p>Cuando un niño quiere algo, en cuanto lo está pensando, lo está pidiendo. <strong>Lo único que tiene el niño en su cabeza “dame eso”, o “quiero eso”</strong>. Y mientras, <strong>los adultos solemos tener “verás tú el niño ahora”</strong>, “a que me monta un pollo antes de comer”, “mira lo que te he traído (kit anti pollo)“ a que no va a comer con el berrinche”, “otra vez no, hijo mío”, etc., etc.  Toda esta serie de pensamientos van a ser fundamentales a la hora de determinar qué comportamiento vamos a desarrollar.</p>
<p><strong>Mi recomendación es sencilla</strong>, si crees que no debes atender su petición, los padres sólo tienen que pensar una cosa, en que van a decir: <strong>“No”</strong>.</p>
<p>Cuando los padres me dicen que hay que razonar con los hijos, les contesto que claro que sí. Pero, creedme, llega un momento en el que no se puede seguir razonando cuando los niños entran en estado de rabieta. La postura más efectiva es la de <strong>mantenernos</strong> en nuestra decisión.</p>
<p><strong>No te enfades cuando tu hijo tiene una rabieta</strong> y, si te enfadas, que no se dé cuenta. ¿Por qué nos vamos a enfadar nosotros si estamos actuando como padres, si estamos educando? Cuando, por ejemplo,  le decimos a nuestro hijo que no va a tomar una chocolatina antes de comer, entiendo que el niño se mosquee porque prefiere el chocolate al arroz.</p>
<p>Pero si le has dicho ‘<em>No’,</em> sólo tienes que repetírselo un par de veces, con suavidad (<em>no, ahora no puede ser</em>) dale un porqué tranquilamente (<em>ahora vamos a comer), </em>incluso ofrécele una alternativa<em> (ahora vas a comer la chocolatina después o para la merienda</em>) y, a partir de ahí, <strong>un poco de sordera transitoria es un buen método</strong>.</p>
<p>Al comienzo, cuesta mucho, pero si tú, como padre perseveras en tu decisión, aunque tu hijo piense “prepárate para la que te voy a montar”, te darás cuenta progresivamente de que tu hijo cada vez utilizará rabietas cada vez menos porque <strong>no les sirven para obtener nada</strong>. Las rabietas de la infancia, si no se educan, pueden convertirse en <strong>conductas más indeseables en la adolescencia</strong>.</p>
<p>Las rabietas de nuestros hijos suelen acompañarse de una <strong>serie de “efectos especiales”</strong> que les dan un carácter más “dramático”. Hay niños que se dan cabezazos, los hay que se congestionan tanto que parecen explotar, los hay que se provocan vómitos, y a veces el miedo a que les pueda pasar algo hace que aflojemos en nuestra decisión. <strong>Cuanto más se descomponga</strong> la criatura, más <strong>necesita que sus padres estén tranquilos</strong> y serenos.</p>
<p>Los berrinches y rabietas suelen generar mucho malestar a los padres y, a nuestros hijos, además les gusta montar esos espectáculos delante de amigos y público en general.</p>
<p>Cuando ves a un niño con rabieta, a uno que no sea tuyo, ¿qué piensas?: “<em>Ese niño, si fuera mioooo,  tiene una torta en todo lo alto</em>” y hay hasta quién piensa: “<em>mira qué padres, si es que tienen una torta en tó lo alto</em>”.</p>
<div id="attachment_119" style="width: 610px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/04/PADREEDUCANDO_OKFETEN.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-119" loading="lazy" class="size-full wp-image-119" title="Padre avisando al resto que está educando a su hijo, no pasando de su rabieta. / Marcos Ripalda" src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/04/PADREEDUCANDO_OKFETEN.jpg" alt="Padre avisando al resto que está educando a su hijo, no pasando de su rabieta. / Marcos Ripalda" width="600" height="381" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/04/PADREEDUCANDO_OKFETEN.jpg 600w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/04/PADREEDUCANDO_OKFETEN-300x191.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a><p id="caption-attachment-119" class="wp-caption-text">Padre avisando al resto que está educando a su hijo, no pasando de su rabieta. / Marcos Ripalda</p></div>
<p>Voy a proponer <strong>que el periódico HOY regale</strong> con el suplemento semanal <strong>un chaleco reflectante</strong> de esos que hay que llevar en el coche. En el chaleco se leerá la leyenda “PADRES EDUCANDO”. Así, cuando un niño monte el berre, sus padres se colocan el chaleco, y el resto de padres, cuando pasen alrededor del espectáculo, en vez de pensar eso de “qué torta”, animosamente dirán a los padres del de la rabieta, <strong>“ánimo”, “aguantar”</strong>.</p>
<p>Cuando los padres, ante una rabieta,  se mantienen firmes en sus decisiones y logran que su decisión no cambie, y se mantienen tranquilos,<strong> ese día los padres empiezan a confiar más en sus destrezas como padres</strong>. ¡Así que, <span style="text-decoration: underline;">ánimo</span>!</p>
<p>P.D. Un cuento para leer con niños que tiene rabietas: <a href="http://m.casadellibro.com/libro-vaya-rabieta/9788484701477/974694" target="_blank">http://m.casadellibro.com/<wbr>libro-vaya-rabieta/<wbr>9788484701477/974694</wbr></wbr></a></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Cómo ayudar a nuestros hijos a superar sus miedos</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Apr 2013 17:41:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>carlospajuelo</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Los Padres Preguntan]]></category>
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<p><em>“Carlos, mi hija Marieta lleva unos días en los que en mitad de la noche se despierta muy asustada y llorando, se abraza a mí y, entre sollozos, me cuenta que si unos perros la perseguían y querían morderle, que si estábamos en la playa y se perdía, que si unos monstruos…, y yo ya no sé qué hacer. Le digo que son sueños y que no tiene importancia, y que hay que ser valiente, le hago que se levante y que vea que no hay perros en la habitación,  ni monstruos, me tiene un poco agobiada y no sé qué hacer”.</em></p>
<p><strong>Los miedos juegan un papel importante en el desarrollo de las personas</strong>. El miedo es un mecanismo de protección y supervivencia, el miedo hace que las personas sean precavidas que valoren riesgos y por eso hay que tener una <strong>actitud de tranquilidad ante las manifestaciones de miedo de nuestros hijos</strong> y, sobre todo, <strong>un especial cuidado a la hora de utilizar los miedos como estrategia de educación.</strong></p>
<p><strong> </strong>Cuando los niños tienen conciencia de “los fantasmas”, “el lobo”, “las brujas”, etc.,  es <strong>NORMAL</strong> que se asusten, y que se puedan mostrar temerosos. El papel de los padres es el de mostrarnos tranquilos, darles confianza, y no el de “echar leña al fuego” diciendo eso de ¡cuidado con el lobo!.</p>
<p>Cuando hacemos esto, los miedos normales pueden llevar a que aparezcan otros miedos que <strong>se enseñan y se aprenden. </strong>Por ejemplo, <strong>los padres miedosos suelen tener hijos miedosos</strong>. Por eso, los padres jugamos un papel importante en la manera en que nuestros hijos desarrollan y afrontan sus temores.</p>
<p>Los miedos infantiles, por lo general, son frecuentes y normales y, de la misma manera que aparecen, se van. Así que, ante esos miedos, la mejor actitud de los padres ante ellos es  mostrarnos como un modelo de referencia, y que vean en nosotros un modelo de seguridad, de comprensión, de tranquilidad.</p>
<p>Ante las pesadillas de los niños, la actitud de los padres ha de ser de <strong>absoluta tranquilidad</strong> (claro que, a las 4 de la mañana, la paciencia y tranquilidad a veces también está durmiendo), <strong>tranquilidad para ir a su cuarto</strong> y decirles ¿qué te pasa?, y <strong>dejarlos que nos cuente su sueño</strong>, y cuando termine decirle, “<em>claro, hijo, si sueñas esas cosas es normal que tengas miedo. Ha sido un sueño. Tranquilízate (beber un poco de agua viene bien) y a seguir durmiendo</em>”. <strong>Abrácelos</strong>, cuando se tiene miedo el contacto físico calma mucho, y <strong>no enciendas muchas luces</strong> y así  evitaremos  que se espabilen.</p>
<p>Algunos padres, como la madre de Marieta, se ponen a buscar los perros y los monstruos por la habitación de sus hijos creyendo que esa es la demostración palpable de que lo que les asusta no está en el cuarto y, sin embargo, con este comportamiento  los hijos piensan, <em>¡madre mía! si mi madre los está buscando eso significa que ¡pueden estar aquí.!</em></p>
<p>A las 4 de la mañana <strong>no es buena hora para ponerse a razonar</strong> (al razonamiento le pasa como a la paciencia, está durmiendo). Así que es mejor dejar los razonamientos para el día siguiente.</p>
<p>A la hora del desayuno puede preguntarle, y darle <span style="text-decoration: underline;"><strong>alguna estrategia para intentar afrontarlos</strong></span>, del tipo:</p>
<p>&#8211; <strong>No le hagas sentir que es un miedoso, no lo ridiculices</strong>. No le llames cobarde, ni le hagas sentir como tal.  Los miedos les hacen sentir muy inseguros y <strong>necesitan comprensión</strong>.</p>
<p><strong>-No te empeñes en obligarlo a afrontar su miedo en solitario</strong>. Hay padres que intentan ayudar a superar los temores de sus hijos obligándoles a enfrentarse a ellos en solitario. Como si tuvieran que ser una especie de “legionarios”.  <strong>Este es otro tremendo error</strong> que lo que suele acarrear es un sentimiento de no ser capaz de afrontar el miedo y, por lo tanto, no tendrá oportunidad de sentirse orgulloso de sí mismo.</p>
<p><strong>Los miedos afrontados con ayuda son más fáciles de afrontar</strong>. Esto no significa que te tengas que acostar en la cama con el niño, ni que le tengas que acompañar continuamente por la casa, si le da miedo la oscuridad. De lo que se trata es de <strong>hacer sentir al niño que estás con él</strong>, pero tú en tu cuarto, y él en el suyo, o cuando tiene miedo a la oscuridad, acompañarles una parte del pasillo, y dejar que ellos solos hagan otra parte, e ir restringiendo paulatinamente el acompañamiento.</p>
<p><strong>-Y sobre todo no ignores sus miedos</strong>. Si ignoras por completo sus temores se sentirá perdido y solo. No encontrará la forma de enfrentarse con el problema y percibirá por tu parte desinterés y falta de cariño.</p>
<p><strong>-Ofrécele alternativas</strong>:   por ejemplo, cuando te despiertes asustado, <strong>puedes encender una pequeña luz</strong> que tengas en la mesilla, y puedes decir en voz alta “Sólo ha sido un mal sueño”, “estoy a salvo en casa”, etc., <strong>la idea es que no le dé vueltas a la cabeza al sueño que le ha  originado el temor</strong>. Con niños más pequeños un peluche puede ser una buena alternativa.</p>
<p>Otro aspecto a tomar muy en cuenta es la <strong>utilización que los padres hacemos del miedo como estrategia educativa</strong>. Muchos de los miedos que presentan nuestros hijos los han aprendido porque nosotros se los hemos enseñado.  ¿<strong>Os suena lo del coco</strong>?, y ¿del sacamantecas? Pues, en la actualidad, muchos padres siguen utilizando estrategias parecidas que tienen como efecto directo <strong>lograr un cierto control de la conducta del niño</strong> pero que, a la larga, <strong>lo único que logran es aumentar el número de miedos de nuestros hijos</strong>.</p>
<p>Hace unos días vi a un niño de unos dos años, que iba paseando unos metros por delante de sus padres,  y se dirigió hacia un perro. <strong>En ese momento los padres comenzaron a gritarle al niño como desesperados ¡cuidado!</strong>, y se interpusieron entre el perro y el niño bruscamente mientras le decían asustados, ¡cuidado con los perros!. <strong>Con tal escándalo el niño comenzó  a llorar asustado</strong> y no me extraña que hasta el perro le cogiera miedo también a los perros.</p>
<p>Así que, procuremos no asustar a los hijos mientras los educamos, porque asustando a los hijos, nos asustamos los padres. <strong>Y el círculo del miedo se va haciendo cada vez más intenso</strong>.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><strong>Tranquilidad y confianza</strong></span>.</p>
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		<title>Cómo potenciar la autoestima en nuestros hijos</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Mar 2013 12:25:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>carlospajuelo</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Adolescentes]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_92" style="width: 610px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/03/dosniñosautoestima1.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-92" loading="lazy" class="size-full wp-image-92" title="Dos niños felices flotando en una piscina. / Dimitry Naumov" src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/03/dosniñosautoestima1.jpg" alt="Dos niños felices flotando en una piscina. / Dimitry Naumov" width="600" height="600" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/03/dosniñosautoestima1.jpg 600w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/03/dosniñosautoestima1-150x150.jpg 150w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/03/dosniñosautoestima1-300x300.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a><p id="caption-attachment-92" class="wp-caption-text">Dos niños felices flotando en una piscina. / Dimitry Naumov</p></div>
<p><strong>Juan es un amigo</strong>,  una bellísima persona, <strong>tan bueno que de jovencito le llamabamos Juan XXIII</strong>. El otro día mientras tomabamos una caña me dijo: &#8220;mira Carlos yo, desde que era pequeñito, recuerdo a mi familia, a mis vecinos, a mis maestras  diciendo, <em>qué bueno es Juanito</em>, <em><strong>qué niño más bueno</strong></em>, y, a la vez que decían eso, escuchaba decirles respecto a mi hermano José, &#8220;<em>y Joselito ¡qué guaaaaapo!</em>&#8220;.</p>
<p>&#8220;Así que yo he sido bueno, porque eso era lo que la gente esperaba de mí&#8221;-, continuó. &#8220;Mira hasta qué punto me influía lo que me decían que una Semana Santa, cuando éramos adolescentes, el Jueves Santo estrenábamos ropa, así que unos días antes abríamos las huchas.  Joselito se compró un Lacoste rojo que causó furor, &#8220;<em>¡que guaaaapo Josselito!&#8221;</em>,  así el Joselito cada día estaba más guapo. Yo, sin embargo, entregué todo el dinero a los pobres, &#8220;<em>qué bueno el Juanito!</em>&#8220;, así yo cada día más bueno. Y te digo una cosa Carlos, yo lo que quería de verdad era ser guapo!<em>&#8220;.<br />
</em></p>
<p>L<strong>a autoestima es un juicio de valor, una autoevaluación</strong>, es la respuesta a la <strong>pregunta</strong> <strong>¿me gusta como soy?</strong>  Dependiendo de la respuesta que nos damos, nos sentimos más o menos competentes para hacer frente a las demandas de la vida.</p>
<p>Pero os recuerdo que <strong>la autoestima no es un producto terminado</strong>, la autoestima es una construcción que necesita de tiempo y de experiencias, <strong>y los padres jugamos un papel importante en esa construcción</strong>, no sólo porque podemos favorecer el desarrollo de una autoestima positiva en nuestros hijos, sino porque también por nuestra manera de educar vamos a ir desarrollando una autoestima como padres. <strong>¿Puedo ayudar a mis hijos a desarrollar una buena autoestima si yo como padre o madre no la tengo?</strong></p>
<p>Desde que nacemos y a lo largo de nuestra vida vamos generando el <strong><span style="text-decoration: underline;">autoconcepto</span></strong>, que es <strong><span style="text-decoration: underline;">la imagen que tenemos a cerca de nosotros mismos</span></strong>, y que se va configurando a través de los pensamientos, sentimientos y experiencias que sobre nosotros mismos vamos recopilando durante nuestra vida.</p>
<p>Nuestros hijos <strong>configuran el autoconcepto en la medida que van recibiendo información del exterior</strong> (en los primeros años fundamentalmente de padres y madres)  respecto a qué hacen, sobre cómo lo hacen, sobre el impacto que sus conductas tienen en nosotros y sobre nuestras expectativas respecto a ellos.</p>
<p>Así, por lo que nos dicen los demás es que nos creemos listos o torpes, que nos sentimos simpáticos o antipáticos, trabajadores o vagos,  útiles o inútiles, capaces o incapaces, etc.  A lo largo de la vida <strong>vamos definiendo lo que creemos que somos</strong>, vamos estableciendo nuestra identidad y, junto a nuestra identidad, <strong>vamos decidiendo si nos gusta o no nos gusta lo que somos</strong>.</p>
<p><strong>La autoestima</strong>, en los primeros años de vida de nuestros hijos, <strong>está muy condicionada a la información que nuestros hijos reciben de nosotros</strong>. A la información que les llega a través de nuestras conductas, nuestras actitudes y sobre todo de nuestras palabras. <strong>El poder de las palabras que construyen frente al poder de las palabras que destruyen. </strong></p>
<p>Conchita, una abuela estupenda, le dice a su hija Alicia:<strong> &#8220;si quieres que tu hija sea una antipática, dile todos los dias lo antipática que es&#8221;</strong>.</p>
<p>Nuestros hijos, pequeños y adolescentes, son personas en formación. No están “terminados” de hacer, están aprendiendo y, como buenos aprendices, se equivocan. Y todo este proceso de educación va <strong>acompañado de palabras que son los ladrillos con los que los hijos van configurando su autoconcepto</strong>: “<em>bien hecho</em>”, “<em>formidable</em>”, “<em>Sé que puedes hacerlo</em>”, “<em>estoy orgulloso de ti</em>”, “<em>me gusta cómo lo haces</em>”, “<em>eso es una buena idea</em>”, “<em>inténtalo</em>”, “<em>inténtalo de otra manera</em>”, “<em>te quiero</em>”, “ <em>es una suerte quererte</em>”, “<em>no tienes ni idea</em>”, “e<em>res un vago</em>”, “<em>vas a ser un desgraciado</em>”, “<em>desagradecido</em>”, “<em>qué decepción</em>”, “<em>no me esperaba esto de ti</em>”, “<em>eso que dices es una estupidez</em>”, etc.</p>
<p>A los hijos <strong>no hay que mentirles</strong>, no hay que decirles que son los mejores, los más altos y los más guapos,<strong> hay padres que creen que la autoestima es hacer a sus hijos “engreídos”</strong>. Es más sencillo,  es hacerles ver que, <strong>cuando las cosas les salen bien, nos alegramos y les animamos a que perseveren</strong> y que, <strong>cuando les salen mal, les alentamos para que vuelvan a intentarlo</strong>, les demostramos que <strong>tenemos confianza en que pueden lograrlo</strong>.</p>
<p>Para que nuestros hijos desarrollen autoestima necesitan unos padres que confíen en ellos, porque <strong>si no confiamos en ellos ¿cómo van a ser capaces ellos de confiar en sus posibilidades?</strong></p>
<p>Mediante las palabras, aprendemos a valorarnos y a desvalorizarnos;  mediante las palabras valoramos o desvalorizamos a nuestros hijos.</p>
<p><strong>Cuida las palabras que utilizas a la hora de educar porque las verdades como puños dan puñetazos.</strong></p>
<p>No olvidemos que <strong>el que nos valoren positivamente  es una buena manera de sentirnos bien</strong> ,y  que <strong>nos desvaloricen es un lastre</strong>, un importante lastre, que hace que no disfrutemos de lo que hacemos, de lo que tenemos, de lo que somos.</p>
<p><strong>En próximos posts </strong>iremos hablando de <strong>más herramientas</strong> para favorecer el desarrollo de la autoestima<strong>, </strong>como son la<strong> aceptación incondicional,  la manera de valorar a los hijos y a nosotros mismos, el esfuerzo,  la autonomía y  cómo enseñar a tener éxito y cómo aprender a tolerar el fracaso.<br />
</strong></p>
<p>Queridos lectores, si estáis leyendo esto os deseo que os contagiéis por el  “<strong>Síndrome  L’Oreal”</strong>:  ¡Porque tú lo vales!.  Y si tú lo vales ¿no lo va a valer tu hijo?</p>
<p><strong>                ¡¡¡A la tarea!!!</strong></p>
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