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	<title>Escuela de Padrescarlos pajuelo &#8211; Escuela de Padres</title>
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		<title>Cinco consejos para afrontar los agobios de los exámenes</title>
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		<pubDate>Tue, 21 May 2013 19:10:44 +0000</pubDate>
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<div id="attachment_140" style="width: 610px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/05/EXAMENESFETEN.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-140" class="size-full wp-image-140" title="Jóvenes con cara de agobio durante un examen." src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/05/EXAMENESFETEN.jpg" alt="Jóvenes con cara de agobio durante un examen." width="600" height="401" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/05/EXAMENESFETEN.jpg 600w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/05/EXAMENESFETEN-300x201.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a><p id="caption-attachment-140" class="wp-caption-text">Jóvenes con cara de agobio durante un examen.</p></div>
<p>Luis tiene 16 años y, desde que empezó la Educación Secundaria, cada vez que se acercan las fechas de los exámenes cambia su carácter y se convierte en una <strong>especie de agonía andante</strong> que no hace otra cosa que repetir, generalmente delante de los padres: “<strong>no me lo sé, no me lo sé</strong>,” “se me olvida todo”, “yo no voy al examen”, acompañado todo esto de suspiros, angustia, llanto , dificultad para conciliar el sueño, irritación, molestias estomacales, etc.</p>
<p>Cuando vemos a nuestros hijos así de agobiados los padres tenemos una <strong>tendencia a terminar contagiados</strong> y entregados, la familia entera, al consumo de tilas. Padres e hijos suspirando por los pasillos, los hijos atenazados por el temor al fracaso, los padres paralizados por no saber cómo actuar.</p>
<p><strong>¿Por qué ocurre esto? </strong></p>
<p>Esto le ocurre fundamentalmente a <strong>hijos muy exigentes, muy perfeccionistas,</strong> hijos a los que les podríamos llamar Isidros o Isidras porque siempre están, ¿Y si no apruebo? ¿Y si no saco la nota? ¿Y si no le gusta?&#8230;¿ Y SI..? ¿Y SI? ¿Y SI?&#8230;  siempre están pensando en la peor de las posibilidades.</p>
<p>Ocurre porque <strong>los hijos tienen la buena costumbre de parecerse a sus padres</strong> y los niños agobiones suelen tener <strong>padres agobiones</strong>. Padres que viven los exámenes como si el destino de sus hijos se jugara en cada uno de ellos. Como si el futuro de los hijos dependiera de la nota media y, <strong>de la nota media lo que depende es el futuro académico</strong>, pero nada más que eso.</p>
<p>Los agobios llegan también porque también hay <strong>padres que hacen de las notas un tema de conversación recurrente,</strong> y desde que los niños son pequeños escuchan eso de “tú eres de sobresaliente!!!!!”, “las notas son muy importantes”, “tu única preocupación ahora deben de ser tus estudios”, etcétera.</p>
<p>Los hijos, desde pequeños, comienzan a intuir que lo que pone a sus padres como locos es el boletín de notas, y que si éste va lleno de “nuevedieces” les brillan los ojos, llaman por teléfono a las abuelas y tíos, y hacen fiestas, y son felices al grito de “hemos aprobado”, mientras que si el boletín va lleno de regulares notas todo se circunscribe a un simple “has vuelto a suspender”.</p>
<p>El éxito escolar se comparte por la familia mientras que el fracaso, como las hemorroides, se sufre en silencio y soledad.</p>
<p>Ocurre porque también <strong>se utilizan las notas como medida de comparación,</strong> más nota que…, menos nota que…; igual nota que tu hermano, tu primo, tu vecino. Y <strong>las comparaciones, además de ser odiosas, son tremendamente injustas.</strong> De hecho, cuando nuestros hijos nos comparan con otros padres nos molesta. Y mucho.</p>
<p>Algunos chicos, <strong>son además prisioneros de presiones poco realistas,</strong> y se ven inmersos en una batalla que les supera. <strong>Ser como papá o como mamá, seguir la “dinastía” familiar</strong>, etc. Ser lo que los demás creen que debes de ser.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><strong>¿Qué podemos hacer los padres?</strong></span></p>
<p><strong>“Los hijos son más que las notas que obtienen” </strong>dice mi amigo Pedro Pérez, y tiene más razón que un santo.</p>
<p><strong>1)</strong>  Cuando nuestros hijos comienzan a agobiarse por el tema exámenes, además de las tilas y  los complementos vitamínicos, lo que más necesitan nuestros hijos son <strong>unos padres tranquilos</strong>: Tranquilos para hacerles ver que eso que les está ocurriendo es normal, que eso que nos están diciendo, ya nos lo dijeron la evaluación pasada, y la anterior, y la anterior, etc. y recordarles cómo lo afrontaron, y la nota que obtuvieron.</p>
<p><strong>2)</strong> Tenemos que hacer ver a nuestros hijos, que nosotros, los padres,  lo <strong>que valoramos es el trabajo que han hecho durante el curso, </strong>y que lo importante es lo que se ha trabajado.</p>
<p>Debemos hacerles entender que sólo suspenden los que se examinan y c<strong>uando nos dan un revés, por injusto que sea,  uno se levanta y sigue luchando. </strong>Valoramos la constancia. Y les hacemos ver que tropezarse, que tener fracasos, es algo natural de los que intentan hacer cosas.</p>
<p><strong>3)</strong> También tenemos que esforzarnos en que entiendan que <strong>sus pensamientos regulan su conducta,</strong> y que si piensan “me voy a quedar en blanco”, se están entrenando para eso. Cuando te digan que se han quedado en blanco, pídeles que se sienten, que se tranquilicen, que cojan un lápiz y un papel, y que esperen hasta que se acuerden.</p>
<p><strong>4)</strong> También debemos enseñarles <strong>que para poder afrontar un examen con éxito hay que estar “activados</strong>” para que nuestra memoria funcione mejor.</p>
<p>Los únicos que van tranquilos a los exámenes son los que no han dado ni golpe (que tendría delito que, encima, fueran nerviosos) y van al examen a ver si hay suerte. Los hijos <strong>deben de reconocer los síntomas del estrés como algo necesario</strong> para poder rendir más y mejor.</p>
<p><strong>5)</strong> Y sobre todo, tienen que saber que <strong>el mundo no se termina nunca después del examen</strong>. Que, pase lo que pase, siempre hay un plan B o plan C que podemos ejecutar.</p>
<p>Es fundamental <strong>ayudarles, y ayudarnos a distinguir que una cosa son los deseos, ilusiones y las fantasías y otra cosa lo que es posible</strong>.</p>
<p>Otro día hablaremos de lo que podemos hacer con los que no se agobian porque no estudian.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><strong>Los hijos, nuestros hijos, ¡hay que ver lo que entretienen!</strong></span></p>
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		<title>Cinco cosas importantes que debemos enseñar a los hijos</title>
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		<pubDate>Thu, 16 May 2013 09:09:54 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_137" style="width: 610px" class="wp-caption alignright"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/05/padresenseñanblog.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-137" loading="lazy" class="size-full wp-image-137" title="Hay cinco cosas que debemos enseñar a nuestros hijos, y no olvidar nosotros." src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/05/padresenseñanblog.jpg" alt="Hay cinco cosas que debemos enseñar a nuestros hijos, y no olvidar nosotros." width="600" height="400" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/05/padresenseñanblog.jpg 600w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/05/padresenseñanblog-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a><p id="caption-attachment-137" class="wp-caption-text">Hay cinco cosas que debemos enseñar a nuestros hijos, y no olvidar nosotros.</p></div>
<p style="text-align: left;">Algunas veces he escuchado a algunos padres decir <strong>“he fracasado como padre”,</strong> y esto lo dicen padres de niños, de adolescentes, padres de jóvenes y, a veces, hasta padres de adultos. Ante  esa afirmación siempre pregunto lo mismo: <strong>¿por qué dices eso?</strong>  La respuesta, curiosamente,  suele incluir esta idea: <strong><em>“no he sabido inculcarle“.</em></strong></p>
<p style="text-align: left;">Este <strong>sentimiento de fracaso</strong>, además de restar confianza a los padres, sirve a menudo para <strong>culpabilizar a los hijos</strong>. Y el coctel “falta de confianza” más “culpabilización” genera resacas de larga, muy larga duración.</p>
<p style="text-align: left;"> La tarea de ser padres <strong>no es  construir hijos</strong> sino <strong>ayudar a que los hijos se construyan a sí mismos. </strong>Desde esta perspectiva,<strong> </strong>realmente ¿fracasan los padres?  <strong>La vida de nuestros hijos les pertenece a ellos,</strong> y los padres no podemos vivir la vida de nuestros hijos porque, si lo hiciéramos, quizás no se equivocaran, pero lo que es seguro es que <strong>los privaríamos de vivir su vida</strong> que, por cierto, es una forma de ser desgraciado/a.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>El fracaso </strong>como padres, no reside en lo que nuestros hijos hacen, o dejan de hacer,  ni en lo que los padres olvidamos que hemos hecho. En todo caso, <strong>reside en no dejar que nuestros hijos sean los dueños de sus aciertos y de sus errores</strong>.</p>
<p style="text-align: left;">Por otro lado, algunos padres vamos olvidando mientras nuestros hijos se van haciendo mayores las  cosas que les hemos enseñado con tanto esfuerzo y con tanto cariño en su infancia y adolescencia.  <strong>El olvido </strong>nos puede volver rígidos, incluso resentidos y el resentimiento<strong> conlleva el peligro  de “perdernos” la vida que nuestros hijos adultos  han decidido, libremente, vivir</strong>. Pero olvidar no es fracasar.</p>
<p style="text-align: left;">         <span style="text-decoration: underline; font-size: large;">   ¿<strong>Y qué cosas son las que debemos enseñar a los hijos, y que los padres no debemos olvidar</strong>?</span></p>
<p style="text-align: left;">1)  <strong>Les enseñamos a decir te quiero</strong>.  Querer es para toda la vida y se quiere a los hijos porque son nuestros hijos, y no por lo que hacen, ya que lo que hacen es parte de la vida de nuestros hijos: <strong>Su propia vida</strong>.  Nuestros hijos <strong>no son nuestras ilusiones ni nuestras metas</strong>.  Escuchar a adolescentes decir que se sienten mal porque no han sido capaces de satisfacer las expectativas que sus padres tenían depositados en ellos es algo habitual en estos días de búsqueda de nota media en la cercana Selectividad.</p>
<p style="text-align: left;">2)  <strong>Les enseñamos el valor que tiene guiar</strong>. Los guiamos  cuando son pequeños y, cuando son adultos, nuestra  luz sigue ahí dispuesta a guiar.  <strong>Los padres somos faros,</strong> no para evitar que nuestros hijos se pierdan, sino porque sabemos que <strong>es posible que se puedan perder</strong> y, en ese momento,  es cuando más necesitan que nuestra luz brille. <strong>La luz dice dónde estamos los padres</strong> para que nuestros hijos siempre lo tengan en cuenta. No indica hacia dónde tienen que ir, porque <strong>el camino que escogimos los padres es sólo nuestro camino</strong>.</p>
<p style="text-align: left;">3) <strong>Les enseñamos qu</strong>e <strong>los aceptamos tal y como son.</strong>  Nuestra  imperfección nos ayuda a ser<strong> comprensivos</strong> con las imperfecciones de los que nos rodean. Les <strong>apoyamos y confiamos en su capacidad para tomar decisiones</strong> en función de su edad. Confiamos en que educamos para que nuestros hijos sean capaces de vivir su vida y tomar sus propias decisiones.  Confiamos  en su capacidad para afrontar los reveses que, sin duda alguna, les acarreará tomar determinadas decisiones.</p>
<p style="text-align: left;"> 4) <strong>Les enseñamos el valor del  respeto</strong>, respetando sus ideas, sus creencias. <strong>Respetar no es sinónimo de compartir</strong>. Aceptamos y valoramos que nuestros hijos piensen, aunque sea de forma diferente a nosotros, o que tengan creencias y gustos diferentes a las nuestros.  Las parejas de nuestros hijos, sus creencias, sus opciones políticas no deberían de ser nunca una frontera.</p>
<p style="text-align: left;"> 5) <strong>Les enseñamos la disponibilidad</strong> que los padres tenemos siempre para nuestros hijos, que siempre seremos menos rencorosos, <strong>siempre tendremos los brazos abiertos,</strong> que no nos cansaremos de dar pasos que nos acerquen a ellos, que aceptamos, por ser padres, que nos corresponde siempre la tarea de construir puentes.</p>
<p style="text-align: left;"> <strong>La vida es fugaz</strong>, los hijos nos gastan las hojas del calendario a un ritmo vertiginoso. ¿De verdad crees que has fracasado como padre?, <strong>¿no será que has olvidado todo lo que les has enseñado?</strong></p>
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		<title>Mi hijo tiene una rabieta ¿qué hago con él?</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Apr 2013 09:08:42 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Aurora y Juan son unos estupendos padres con los que estuve charlando hace unas semanas en un centro infantil y, nada más comenzar la conversación, Juan me espetó: Carlos, yo no sé si necesitamos ayuda de un psicólogo o de un exorcista. Laura, nuestra hija, es una niña encantadora, divertida, alegre, habladora… pero últimamente, y [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_116" style="width: 610px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/04/RABIETASFETEN.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-116" loading="lazy" class="size-full wp-image-116" title="Dos gemelos con rabieta." src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/04/RABIETASFETEN.jpg" alt="Dos gemelos con rabieta." width="600" height="349" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/04/RABIETASFETEN.jpg 600w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/04/RABIETASFETEN-300x175.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a><p id="caption-attachment-116" class="wp-caption-text">Dos gemelos con rabieta.</p></div>
<p>Aurora y Juan son unos estupendos padres con los que estuve charlando hace unas semanas en un centro infantil y, nada más comenzar la conversación, Juan me espetó: Carlos, yo no sé si necesitamos ayuda de <strong>un psicólogo o de un exorcista</strong>. Laura, nuestra hija, es una niña encantadora, divertida, alegre, habladora… pero últimamente, y con más frecuencia,  cada vez que le decimos que no a algo que pide, se convierte en <strong>una especie de “posesa”</strong> que grita, se tira al suelo, berrea más que llora. En ese momento Aurora dejó resbalar dos lágrimas mientras decía “No sabemos cómo ayudarla. No podemos con ella”, “voy a esperarla al colegio con miedo por si me monta el numerito”.<br />
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<p>Para empezar, les dije, tengo una buena noticia, <strong>vamos a descartar el exorcismo</strong> y, en segundo lugar, vamos a intentar entender las rabietas como un comportamiento “normal de niños normales” pero que requieren por parte de los padres una manera de actuar clara y sistemática. <strong>Las rabietas son una oportunidad para que nuestros hijos aprendan a tolerar la frustración.</strong></p>
<p>Las rabietas son una conducta que se presentan fundamentalmente en dos tipos de situaciones: la primera,  <strong>cuando un niño no obtiene algo que desea</strong>. La segunda, <strong>cuando un niño está muy cansado</strong> (esto que los padres llamamos “pasado de rosca”).</p>
<p>Si echas un vistazo por el cuarto de tu hijo podrás ver que tienen de todo, los hijos de los psicólogos también tienen un cuarto como el de tu hijo. Y no sólo es que tengan de todo, sino que además <strong>les hemos acostumbrado</strong>:</p>
<p>&#8211;<strong>A mercadea</strong>r, con frases del tipo  “si haces esto te doy lo otro”. Así, es normal escuchar a los niños contestar a sus padres cuando les piden algo: “qué me vas a dar a cambio”.</p>
<p>&#8211; <strong>A ofrecerles regalos</strong>, muchas veces, sin necesidad de que los pidan. Os recuerdo que, a veces, nos sentimos culpables por no dedicar el tiempo suficiente a nuestros hijos y mediante la “cartera” intentamos calmar nuestra culpa. A las 14 horas en las puertas de cualquier colegio, público o concertado, padres y madres llevan guardado en el bolso lo que yo denomino <strong>un “kit anti-pollo”</strong> y que se usa en cuanto el niño amaga con montar un numerito: ”Mira lo que te he traído”.</p>
<p>Cuando un niño quiere algo, en cuanto lo está pensando, lo está pidiendo. <strong>Lo único que tiene el niño en su cabeza “dame eso”, o “quiero eso”</strong>. Y mientras, <strong>los adultos solemos tener “verás tú el niño ahora”</strong>, “a que me monta un pollo antes de comer”, “mira lo que te he traído (kit anti pollo)“ a que no va a comer con el berrinche”, “otra vez no, hijo mío”, etc., etc.  Toda esta serie de pensamientos van a ser fundamentales a la hora de determinar qué comportamiento vamos a desarrollar.</p>
<p><strong>Mi recomendación es sencilla</strong>, si crees que no debes atender su petición, los padres sólo tienen que pensar una cosa, en que van a decir: <strong>“No”</strong>.</p>
<p>Cuando los padres me dicen que hay que razonar con los hijos, les contesto que claro que sí. Pero, creedme, llega un momento en el que no se puede seguir razonando cuando los niños entran en estado de rabieta. La postura más efectiva es la de <strong>mantenernos</strong> en nuestra decisión.</p>
<p><strong>No te enfades cuando tu hijo tiene una rabieta</strong> y, si te enfadas, que no se dé cuenta. ¿Por qué nos vamos a enfadar nosotros si estamos actuando como padres, si estamos educando? Cuando, por ejemplo,  le decimos a nuestro hijo que no va a tomar una chocolatina antes de comer, entiendo que el niño se mosquee porque prefiere el chocolate al arroz.</p>
<p>Pero si le has dicho ‘<em>No’,</em> sólo tienes que repetírselo un par de veces, con suavidad (<em>no, ahora no puede ser</em>) dale un porqué tranquilamente (<em>ahora vamos a comer), </em>incluso ofrécele una alternativa<em> (ahora vas a comer la chocolatina después o para la merienda</em>) y, a partir de ahí, <strong>un poco de sordera transitoria es un buen método</strong>.</p>
<p>Al comienzo, cuesta mucho, pero si tú, como padre perseveras en tu decisión, aunque tu hijo piense “prepárate para la que te voy a montar”, te darás cuenta progresivamente de que tu hijo cada vez utilizará rabietas cada vez menos porque <strong>no les sirven para obtener nada</strong>. Las rabietas de la infancia, si no se educan, pueden convertirse en <strong>conductas más indeseables en la adolescencia</strong>.</p>
<p>Las rabietas de nuestros hijos suelen acompañarse de una <strong>serie de “efectos especiales”</strong> que les dan un carácter más “dramático”. Hay niños que se dan cabezazos, los hay que se congestionan tanto que parecen explotar, los hay que se provocan vómitos, y a veces el miedo a que les pueda pasar algo hace que aflojemos en nuestra decisión. <strong>Cuanto más se descomponga</strong> la criatura, más <strong>necesita que sus padres estén tranquilos</strong> y serenos.</p>
<p>Los berrinches y rabietas suelen generar mucho malestar a los padres y, a nuestros hijos, además les gusta montar esos espectáculos delante de amigos y público en general.</p>
<p>Cuando ves a un niño con rabieta, a uno que no sea tuyo, ¿qué piensas?: “<em>Ese niño, si fuera mioooo,  tiene una torta en todo lo alto</em>” y hay hasta quién piensa: “<em>mira qué padres, si es que tienen una torta en tó lo alto</em>”.</p>
<div id="attachment_119" style="width: 610px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/04/PADREEDUCANDO_OKFETEN.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-119" loading="lazy" class="size-full wp-image-119" title="Padre avisando al resto que está educando a su hijo, no pasando de su rabieta. / Marcos Ripalda" src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/04/PADREEDUCANDO_OKFETEN.jpg" alt="Padre avisando al resto que está educando a su hijo, no pasando de su rabieta. / Marcos Ripalda" width="600" height="381" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/04/PADREEDUCANDO_OKFETEN.jpg 600w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/04/PADREEDUCANDO_OKFETEN-300x191.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a><p id="caption-attachment-119" class="wp-caption-text">Padre avisando al resto que está educando a su hijo, no pasando de su rabieta. / Marcos Ripalda</p></div>
<p>Voy a proponer <strong>que el periódico HOY regale</strong> con el suplemento semanal <strong>un chaleco reflectante</strong> de esos que hay que llevar en el coche. En el chaleco se leerá la leyenda “PADRES EDUCANDO”. Así, cuando un niño monte el berre, sus padres se colocan el chaleco, y el resto de padres, cuando pasen alrededor del espectáculo, en vez de pensar eso de “qué torta”, animosamente dirán a los padres del de la rabieta, <strong>“ánimo”, “aguantar”</strong>.</p>
<p>Cuando los padres, ante una rabieta,  se mantienen firmes en sus decisiones y logran que su decisión no cambie, y se mantienen tranquilos,<strong> ese día los padres empiezan a confiar más en sus destrezas como padres</strong>. ¡Así que, <span style="text-decoration: underline;">ánimo</span>!</p>
<p>P.D. Un cuento para leer con niños que tiene rabietas: <a href="http://m.casadellibro.com/libro-vaya-rabieta/9788484701477/974694" target="_blank">http://m.casadellibro.com/<wbr>libro-vaya-rabieta/<wbr>9788484701477/974694</wbr></wbr></a></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Compartir tareas en casa también es educar</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Jan 2013 07:39:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>carlospajuelo</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Adolescentes]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_37" style="width: 624px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-37" loading="lazy" class=" wp-image-37 " title="Mujer agotada rodeada de pilas de platos pendientes de lavar. / Jesús Ferrero" src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada.jpg" alt="Mujer agotada rodeada de pilas de platos pendientes de lavar. / Jesús Ferrero" width="614" height="614" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada.jpg 1476w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada-150x150.jpg 150w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada-300x300.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada-768x768.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada-1024x1024.jpg 1024w" sizes="(max-width: 614px) 100vw, 614px" /></a><p id="caption-attachment-37" class="wp-caption-text">Mujer agotada rodeada de pilas de platos pendientes de lavar. / Jesús Ferrero</p></div>
<p>Nada más acordarme de<strong> mi amiga Paqui</strong>, con la que había hablado unos 15 días antes sobre qué hacer para ayudar a <strong>su hija pequeña que vomitaba todas las mañanas, de lunes a viernes, justo en el momento de salir de casa dirección al colegio</strong>, cogí el teléfono y la llamé para interesarme por cómo iba la niña.</p>
<p>“¿Paqui? Hola, soy Carlos, ¿cómo estás?”. Hizo un ruido gutural de esos que hacemos a veces para contestar que más o menos bien. Entonces le pregunté: <em>“<strong>¿Tomamos un café  y hablamos de tu niña?”</strong></em></p>
<p>Ella me contestó: “¿Un café?, ¿que nos tomemos un café?<strong> ¡qué gracioso eres!. Cómo se nota que tus hijos  ya son mayores</strong>. Mira Carlos, desde que llegué a casa a las tres y cinco, justo un momento antes de que Tomás llegara después de recoger a los niños del comedor del colegio, me he puesto a <strong>ultimar nuestra comida, a recoger los abrigos de los niños</strong>, que sabes tú les encanta <strong>hacer lo mismo que su padre</strong>: dejarlos sobre la silla en la entrada, y yo les digo que lo recojan, y ellos me dicen que ahora, pero ya sabes tú lo que significa ese ‘ahora’. Así que venga a recoger abrigos. Pues lo que te iba diciendo, <strong>recoger sus abrigos, y pensar que el mayor esta tarde va a catequesis</strong>. Le doy un grito, <em>¡¡¡Tomás!!!</em> Y contesta el padre: <em>¡¡¡qué!!!</em> Y yo, “<em>a ti no es</em>”. Y más fuerte, <em>¡¡¡Tomás!!!</em> y el padre otra vez más fuerte <em>“que quéee</em>” y yo más fuerte: <em>“que a ti no eees”</em>. Claro, hasta que no voy al salón el niño no contesta. Y le digo: “<em>Tomás tú no te cambies de ropa que esta tarde tienes catequesis y tú Antonio ponte el kimono. Y tú, Rocío, deja de hurgarte la nariz y lavaos los dientes</em>. Y mientras su padre pone la mesa, el mayor va y se cambia tres veces, y el mediano está parado en medio del pasillo, como un pasmarote, <em>“¿Qué haces?</em>”, le pregunto. “<em>Es que no sé dónde está el kimono</em>”, me contesta. “<em>Está en su sitio</em>”, le digo. <em>“¿Y cuál es su sitio?</em>”, ¡el de todos los días!, le grito. Carlos si es que <strong>las madres parecemos el mago Juan Tamarit, haciendo con nuestra sola presencia que los calcetines, los kimonos, los lápices…aparezcan en su sitio</strong>. A Rocío la ha vestido su padre con una falda de cuadros por abajo y camisa de flores por arriba. Y yo: ¡¡¡Tomás!!! <strong>¡Que la niña parece la Duquesa de Alba!</strong>. Y por fin, nos ponemos a comer tranquilos Tomás, Ana Blanco y yo. Mientras comemos llega el mayor enfadado porque el mediano le ha dicho “<em>caraculo</em>”, y yo le digo: <em>“hazte el sordo”</em>, y él: “<em>no, no me hago el sordo, le voy a pegar</em>”, y yo: “<em>ni se te ocurra”</em>. <strong>Tomás padre sigue comiendo tan tranquilo, ensimismado con Ana Blanco</strong>. Y la pequeña que viene  y me dice: “<em>mamá ¿y mi coletero?</em>” ¡Madre mía!, ¡que se está perpetrando un peinado ella sola!. “<em>Mamá</em>”, me dice, “<em>me voy a hacer dos coletas</em>”. Pero yo sólo veo una y cerca de la frente. Y yo: “<em>que te esperes, que ahora te peino</em>”. <strong>Y entonces se pone a llorar</strong> y yo: “<em>que no llores por eso</em>” y ella sigue llorando y el mediano también viene llorando porque el mayor le ha dicho gili y lo que sigue y yo: “<em>Tomás, haz algo</em>”,<strong> y Tomás que está pendiente de Ana Blanco, sin mirar a los niños, les suelta “<em>castigados sin ver la tele</em>”</strong>. Y el mediano dice <em>“¿yo?, ¿por qué?, ¡qué injusticia!”</em> .Y <strong>termino de comer, de recoger la cocina, y me siento en el sofá diez minutos, Carlos, diez minutos para descansar un ratito y ¿qué te crees?, que en el mejor sueñecito me llaman los de Jazztel</strong>, ¡la madre que los parió! y nada más colgar los de Jazztel me llama mi suegra, ¡la madre que parió a mi marido! y me dice con voz baja ¿no estarías dormida no? Y yo: Tomás ¡¡¡¡tu madre!!!!. Y antes de que la yugular me explote, voy y cojo a los niños. Venga que nos vamos y <strong>hasta que no doy un grito los niños no acuden y entonces se pelean</strong>, se pelean por salir el primero, se pelean por darle al botón del ascensor, se pelean por quién se monta delante. Y cuando vas a montarte en el coche ves que te has dejado las llaves en casa y <strong>sube para casa y como no vas a dejar a los niños solos en el garaje</strong> porque mi vecina me dijo un día: “<em>Paqui hija hay que tener cuidado en el garaje porque puede venir algún depravado de esos que los raptan</em>”, así que venga los niños para arriba y otra vez pelea por entrar primero, pelea por darle al botón, llanto porque el coletero que intentaba sostener el proyecto de coleta ha salido disparado, y la coleta que se había perpetrado, lógicamente, se acaba de convertir en el caracol de Estrellita Castro y, cuando vuelves a subir, <strong>Tomás va y te dice: “</strong><em><strong>tranquilízate Cari, ¿quieres que te ayude?</strong> A ver, ¿qué hago?”.</em> Y yo me acuerdo de Jazztel y de su madre, y le digo <strong>“</strong><em><strong>sabes que no me gusta que me digas que me ayudas, esta casa es TU casa</strong>. Anda pon la lavadora y, cuando termine, tiende”</em>. Coges las llaves del coche, bajas al garaje, pelea por entrar, pelea por botón, pelea por salir y pensando <strong>por Dios que Tomás tienda bien porque Tomás tiende sin un orden lógico. ¡Claro, como él no plancha!</strong> Y cuando te montas en el coche haces el último repaso: el de la catequesis va bien, el del judo va con las botas de futbolista, va mal, pero hoy va a ir así. Y la de la coleta sigue retorciéndose los cuatro pelos intentado sujetarlos con un kiki, y sin dejarse ayudar, la miro y me dice: “Yo sola”. Todos, por fin, metidos en el coche y, a las cinco, Carlos <strong>a las cinco, están las calles llenas de coches, de coches llenos de niños que van con sus kimonos</strong>, que te empiezas a preguntar cuántas medallas de oro en judo hemos ganado en las olimpiadas para que tantos niños practiquen el judo, o lo que es peor, cuántos niños pánfilos como el mío van a judo a ver si espabilan, y más coches llenos de niños que van al conservatorio o a danza, y coches llenos de niños que van al logopeda porque no saben decir frigorífico, y de niños que van a clases particulares de todo, y de niños que van al dentista, y de <strong>padres que parecen cabreados, desfogándose con la bocina del coche</strong>. Y dejas a uno, y dejas al otro, y <strong>mientras esperas a que terminen te vas al Mercadona</strong> y allí recorro los pasillos a lo Fernando Alonso intentando dar respuesta <strong>al interrogante de mi vida: ¿</strong><em><strong>y mañana qué comemos?</strong>.</em> Carlos, y cuando recojo al de la catequesis me llega con tres invitaciones de cumpleaños para el próximo sábado, y el del judo con una nota porque van a hacer una demostración en un pueblo a 40 kilómetros, justo a la hora que me llaman los de Jazztel y la pequeña con un cabreo porque la coleta no se queda en su sitio y yo con unas ganas de entrar en una papelería, y pegársela con tesafilm. Y llego a casa y mientras su padre les pone la merienda <strong>me asomo al tendedero y, ¡Santa Madre del Amor Hermoso!, me encuentro un panorama desolador:</strong> un pantalón tendido por la pernera, una camisa por el cuello… ¡¡¡Tomás!!!! ¡has tendido la ropa que estaba en la lavadora!. Y Tomás ¡¡¡no ves que siiii !!!. Tomás, pero <strong>no te has dado cuenta que antes de tender hay que poner la lavadora en marcha!!!!</strong> Y claro Carlos, para que pediré yo nada, si <strong>tardo menos en hacerlo yo sola</strong>. Si es que ya me lo dijo mi madre que un hombre que escurre los spontex con una sola mano no está llamado para las tareas domésticas. ¿Un café Carlos?, ¿un café?, tú crees que yo tengo tiempo para un café?”</p>
<p>Y yo, anonadado, le contesté: <strong></strong><em>&#8220;<strong>No. Un café no. “Mejor nos tomamos una tila</strong></em><strong>”</strong></p>
<p>P.D.- <span style="text-decoration: underline;"><strong>Lo que nuestros hijos ven, nuestros hijos hacen</strong></span>.</p>
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		<title>Enseñar a obedecer aprendiendo a dar órdenes</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Jan 2013 10:22:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>carlospajuelo</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Adolescentes]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"> <strong><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/obedecer-2.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-32" title="obedecer (2)" src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/obedecer-2.jpg" alt="" width="300" height="195" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/obedecer-2.jpg 450w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/obedecer-2-300x195.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></strong></p>
<p>Ayer estando esperando a que un semáforo se pusiera en verde, me abordó  una señora y me dijo: &#8220;he visto que estás escribiendo un blog en el Hoy digital&#8221; yo asentí con la cabeza y sin pausa me espetó:  <strong>“pues a ver si escribes algo para hacer que los niños obedezcan de una puñetera vez”</strong>. Y me lo lanzó a la cara así como si yo fuera un  <strong>San  Judas Tadeo pero por lo civil</strong>, mientras se saltaba el semáforo en rojo.</p>
<p>Allí me quedé yo, esperando obedientemente a que la lucecita verde  me dijera que podía seguir,  pensando en <strong>lo complicado que es para algunos niños y adolescentes ser obedientes, </strong>pensando en<strong> lo complicado que es para los padres enseñar a ser obedientes</strong>.  La obediencia, al igual que otros muchos aprendizajes necesarios para la vida, requiere su tiempo.</p>
<p>Es una realidad que <strong>una de las situaciones que más conflictos genera en el ámbito familiar y que a los padres nos causa más malestar, ejerciendo la tarea de ser padres, es  la desobediencia de nuestros hijos</strong>. Nos asusta que  se ponga en tela de juicio nuestra competencia como padres, <strong>nuestra autoridad</strong>.</p>
<p>No existen las varitas mágicas en educación, ni recetas infalibles (por eso en mi blog el apartado recetas está vacío).  Todos los padres que estamos preocupados por el tema de la desobediencia de los hijos hemos leído libros y artículos donde nos dicen qué hacer para educar a niños obedientes. Pero, al final, todos terminamos diciendo eso de<strong> a la una, a las dos y a laaaaaaaas tres</strong>.</p>
<p><strong>Enseñar a obedecer y aprender a obedecer no es tarea sencilla,</strong> tiene su enjundia y no porque requiera de complejos  conocimientos ni  de complicadas técnicas. De hecho algunos hijos lo aprenden rápidamente pero otros no. Fijaos  que la propia definición de <strong>obedecer </strong>dice <strong>“cumplir la voluntad de quién manda”</strong> por lo tanto <strong>el hijo que obedece debe de someter su voluntad ante sus padres y este cumplimiento  puede ser o bien  por convicción, porque creemos que eso que se pide es justo, razonable, beneficioso socialmente, etc.,  o puede ser por temor, temor a un castigo, temor a perder afectos, temor a ser excluido, etc.</strong></p>
<p><strong>La obediencia está muy ligada al  concepto que los padres tenemos de autoridad</strong>, pero no es verdad que la autoridad de los padres se mida únicamente por la rapidez con la que los hijos obedecen.  <strong>La autoridad de los padres se mide fundamentalmente por la firmeza de nuestras convicciones a la hora de educar, por la seguridad que nos da saber el rumbo hacia dónde vamos. Para saber ejercer la autoridad eficazmente hay que saber mandar. Y para saber mandar hay que saber obedecer.     </strong></p>
<p>Enseñar a obedecer es complejo porque <strong>nuestros hijos tienen su personalidad, su forma de ser  y cuando uno está forjando su personalidad tiene mucha curiosidad por saber cuáles son sus límites </strong>y una buena forma de establecerlos es desafiando, echando pulsos, una manera de decir aquí estoy yo.</p>
<p>Enseñar a obedecer es complejo porque vivimos en una <strong>sociedad hedonista</strong>, <strong>una sociedad que prima &#8220;el estar bien&#8221; y creemos que estar bien es no tener problemas. N</strong>uestros hijos son desobedientes porque han aprendido, muchas veces con nuestra colaboración, a no desarrollar la capacidad para <strong>tolerar</strong> aquello que les resulta incómodo de hacer. Pero <strong>para eso estamos los padres para educar</strong>. <strong>Y cuando se educa hay</strong> <strong>que enseñar a obedecer, eso es irrenunciable.</strong> Y hay que hacerlo porque <strong>obedecer es un comportamiento que  nos enseña de manera progresiva  a escuchar a los demás, a entender a los demás, a  tener en cuenta a los demás, a ser menos egocéntricos, en fin, obedecer  es una conducta  que nos facilita la integración social.  </strong></p>
<p>Enseñando desde que son bien pequeñitos a ser obedientes podrán, conforme van creciendo, <strong>desarrollar sus propias convicciones, sus propias opiniones, asumiendo valores</strong> <strong>que les guiarán su rumbo  en esta sociedad.  Y no hay mejor rebeldía que aquella que nace de la defensa de esas convicciones, creencias y valores.</strong></p>
<p><strong>Enseñar a obedecer no es enseñar a que los niños respondan rápidamente a aquello que les solicitamos, enseñar a obedecer es hacerles ver que el mundo en el que vivimos está regulado por normas y  que el incumplimiento de esas normas conlleva consecuencias. Para poder obedecer hace falta por lo tanto que haya normas establecidas, claras, razonables y adecuadas a las diferentes edades</strong>. <strong>Y también hace falta que nuestros hijos sepan de antemano cuales son las consecuencias de cumplir las normas o de incumplirlas</strong>. <strong>Y que tenga la certeza de que siempre que se  incumplan las normas  va a tener que afrontar las consecuencias.</strong></p>
<p><strong>En estos tiempos de la rapidez, de la inmediatez</strong>, en los que podemos llegar en horas a cualquier parte del mundo,  compartir información nada más generarse la noticia, hacer la compra desde casa en un instante,  <strong>estamos contagiados por las prisas cuando educamos por eso es normal que queramos que nuestros hijos  obedezcan a la primera.</strong></p>
<p>Cada vez que les decimos a nuestros hijos para que obedezcan eso  de “¡Niño! a la  una;  ¡niño! a las dos,  ¡ea! a laaaaaas tres”,  les estamos ofreciendo la oportunidad de obedecer en tres segundos pero también  la de desobedecer desde el número tres hasta el infinito. <strong>El calendario que se utiliza para educar es de años de 365 días,  días de 24 horas y horas de 60 minutos.  Aprovechemos todo este tiempo que tenemos para educar.  </strong></p>
<p><strong>            Ánimo y a seguir con la tarea, y no lo olvidéis, para que los hijos obedezcan  hay que saber dar órdenes y los padres que saben dar órdenes  son los que saben lo complejo  que es aprender a obedecer. </strong></p>
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		<title>¿Estudiar con los hijos o ayudar a que los hijos estudien?</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Jan 2013 11:59:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>carlospajuelo</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Adolescentes]]></category>
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<div id="attachment_30" style="width: 357px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/niñasestudiando.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-30" loading="lazy" class=" wp-image-30 " title="Unas niñas haciendo sus deberes escolares." src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/niñasestudiando.jpg" alt="Unas niñas haciendo sus deberes escolares." width="347" height="216" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/niñasestudiando.jpg 1890w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/niñasestudiando-300x187.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/niñasestudiando-768x480.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/niñasestudiando-1024x640.jpg 1024w" sizes="(max-width: 347px) 100vw, 347px" /></a><p id="caption-attachment-30" class="wp-caption-text">Unas niñas haciendo sus deberes escolares.</p></div>
<p>Ahora que el curso vuelve a reiniciarse,  ahora que los lunes vuelven a ser lunes y las vacaciones de navidad pasan a ser las pasadas navidades, ahora  que el bullicio de las vacaciones deja paso a  la rutina de lo cotidiano, me estoy acordando de los padres que mientras recogen los adornos navideños, dejan escapar algún que otro suspiro  seguido de un “¿qué te pasa?”, “¿que qué me pasa?,  que mañana <strong>tenemos que estudiar</strong> el relieve de interior”</p>
<p>Es curioso ver como <strong>en estos últimos años entre los temas de conversación que tenemos entre los padres abundan los contenidos curriculares, </strong> los estudios de nuestros hijos. Así se puede escuchar a algunos disertando sobre las diferencias entre páramos, vegas y campiñas, esos padres son los que tienen a los hijos en 5º de Primaria.</p>
<p>Y si la conversación versa sobre la amplitud del ángulo resultante de dividir la circunferencia en 360 partes iguales, podrás escuchar a una madre, ufana, apostillar, “tú a lo que te refieres es a  los grados sexagesimales”, esa es madre de una de 2º de la ESO, y si los ves muy ansiosos y hablando de Pericles, los Sofistas y Platón, sin duda esos son padres de los de 2º Bachillerato.</p>
<p><strong><a href="http://elpais.com/diario/2009/04/24/sociedad/1240524005_850215.html">Está demostrado</a> que la implicación, el interés y la actitud de los padres ante los estudios de sus hijos influyen positivamente en la conducta de los hijos frente a los estudios.</strong></p>
<p><strong>            Implicación y actitud no deben de confundirse con padres haciendo de profesores particulares de sus hijos.</strong></p>
<p><strong>El dilema que se nos presenta a los padres es el siguiente: ¿Estudiar con los hijos o ayudar a que los hijos estudien? </strong></p>
<p>El tema de los estudios es una de las mayores preocupaciones que muchos padres tienen en estas edades, quizás <strong>porque el éxito académico de los hijos es un buen antídoto para calmar los temores por el futuro</strong>, y  por otra parte porque también creemos, erróneamente, que las notas van asociadas a la idea, al sentimiento, de ser buenos padres. <strong></strong></p>
<p><strong>Es como si las notas trimestrales realmente no evaluaran el trabajo realizado por nuestros hijos, sino nuestra pericia como educadores</strong>. Sea por lo que fuere el caso es que en muchas de nuestras casas se preparan “tardes toledanas” a costa de los páramos, los grados sexagesimales y Pericles, los Sofistas y Platón.</p>
<p><strong>Estudiar es un hábito</strong>, como lavarse los dientes después de comer o hacer la cama antes de irse al colegio. Un hábito no se adquiere de la noche a la mañana, requiere práctica y más práctica. Además, los hábitos están influidos por las características peculiares de la persona que lo realiza. <strong></strong></p>
<p><strong>El papel de los padres es el de inculcar ese hábito, el de señalar que es el momento de realizar ese hábito, el de facilitar que se pueda realizar y el de reforzar su ejecución. </strong></p>
<p><strong>Y dejar claras también cuales son las consecuencias que tienen para nuestros hijos</strong> <strong>la práctica, o no, de dichos hábitos</strong>. C<strong>onsecuencias que necesariamente tienen que ser de aquí y ahora</strong> y no esas vaguedades del futuro: “vas a ser un desgraciado”, “un fracasado”, un “don nadie” que, por lo general, asustan más a quién lo dice que al que lo escucha.</p>
<p><strong>¿Cuál es nuestro objetivo como padres?, ¿que nuestros hijos sean autónomos en el estudio o que aprueben el próximo examen?</strong>  Si queremos que sean autónomos tendremos que dar los pasos para que <strong>nuestros hijos se responsabilicen de que estudiar es una tarea que les compete, fundamentalmente, a ellos</strong>.</p>
<p>Si por el contrario lo que queremos e<strong>s que aprueben el examen cercano</strong>, pues entonces tendremos que <strong>ponernos a estudiar con ellos</strong>.</p>
<p>Hay muchos padres que han acostumbrado a sus hijos a que estudien en su compañía, de tal manera que son los hijos los que dicen eso de <strong>“mamá, venga a estudiar</strong>”, y los padres nos quedamos con unas ganas de decirles eso de “que me dejes”.  Pero allí estamos, sentaditos a su lado, leyendo la lección, explicándola, desmenuzándola , y de esta manera puede que nuestros hijos aprueben, o no,  pero no aprenden a estudiar. Aprenden a que les resumamos las ideas más importantes, aprenden a que les busquemos la información relevante, aprenden a aprobar,  pero también les enseñamos  que ellos solos no pueden, <strong>les enseñamos a ser dependientes</strong>, a sentirse un tanto incapaces.</p>
<p>Estudiar con los hijos también genera en numerosas ocasiones un montón de conflictos, “atiende”, “no te enteras”, “así no”, y la oportunidad de pasar unas tardes “de los nervios” inolvidables. Pero por otro lado nos permite en las conversaciones con vecinos, amigos y familiares, decir eso de “el fin de semana que viene igual nos vamos al páramo”. El saber no ocupa lugar.</p>
<p>Y <strong>muy relacionado con los estudios están las  notas</strong>, al final siempre vendrán las notas, y a veces nuestros hijos, <strong>que son mucho más que las notas que obtienen</strong>,  y que se han esforzado o no,  y que han estudiado o no, nos enseñan sus notas. Sus notas aprobadas, o notableadas y nosotros vamos y les soltamos eso de <strong>“está bien, PERO TU ERES DE SOBRESALIENTE”.</strong> ¡¡¡Toma ya!!!. Y nosotros como padres ¿somos de sobresaliente?.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Carta de los padres a los Reyes Magos</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Jan 2013 08:29:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>carlospajuelo</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sí, podemos]]></category>
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<div id="attachment_619" style="width: 310px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/reyesmagos.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-619" loading="lazy" class="size-medium wp-image-619" title="Los padres también escriben a los Reyes Magos." src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/reyesmagos.jpg" alt="Los padres también escriben a los Reyes Magos." width="300" height="200" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/reyesmagos.jpg 4752w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/reyesmagos-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/reyesmagos-768x512.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/reyesmagos-1024x683.jpg 1024w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-619" class="wp-caption-text">Los padres también escriben a los Reyes Magos.</p></div>
<p>Hoy no voy a hablaros de juguetes educativos, ni de compras excesivas, ni de qué es lo que debemos regalar a los niños. Voy a escribir <strong>una carta a los Reyes Magos  </strong>con la lista de lo que pido para nosotros  los padres y las madres, para los padres entregados, los asustados, los confiados y los inseguros, los abatidos y los luchadores, los que abandonaron y los que bregan<strong>.</strong></p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><strong>Queridos Reyes Mago</strong></span><strong>s</strong>:</p>
<p>Los padres sabemos que somos manifiestamente mejorables, eso quiere decir que no siempre tenemos la palabra precisa ni actuamos de la manera más correcta, pero nuestras intenciones siempre son buenas y nuestras obras se basan en esas intenciones, por eso creo que somos merecedores de regalarnos:</p>
<p>-Un saco de<strong> Paciencia</strong>, que no es pasividad, para no olvidar que nuestros hijos necesitan tiempo para “madurar”  y  que mientras “maduran” es posible que cometan  equivocaciones.  Paciencia para poder <strong>educar sin prisas</strong>, porque el paso del  tiempo no educa, educamos los padres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Un  escudo para<strong> Controlar los miedos</strong>.  El miedo es uno de los mayores enemigos de los padres.   Nuestro natural  instinto de protección puede ser desbordado por los miedos, y entonces corremos el peligro de educar para no estar asustados encerrando a nuestros hijos en una burbuja,  en vez de educar para que nuestros hijos aprendan a enfrentarse a las situaciones de peligro que puedan presentarse.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un mecano de <strong>Ilusión</strong>. La ilusión es necesaria para vivir y la ilusión se educa, se transmite, pero la ilusión no se circunscribe al ratoncito Pérez, a los Reyes Magos o en ir a Euro Disney. La ilusión se construye día a día, se contagia, se comparte. Nuestros hijos deben ver  ilusión en las cosas que hacemos los padres, en  las sencillas y cotidianas ilusiones como son los eventos familiares, salir con los amigos, ver juntos una película, hacer unas tortitas para merendar, jugar al parchís, ir a trabajar, volver a casa, etc.,</p>
<p>-Caramelos de <strong>optimismo</strong>. El optimismo es un valor necesario para educar. Unos padres optimistas son unos padres que saben que el mundo en el que vivimos  no es el mejor de los mundos posibles pero se esfuerzan en ocuparse para hacerlo un lugar mejor para ellos y para sus hijos.</p>
<p>&#8211;<strong>Pañuelos de papel. </strong>Educar conlleva también momentos amargos. El sufrimiento es algo natural en la vida de los seres humanos y los que más nos hacen sufrir son aquellos a los que más queremos.  El sufrimiento es inevitable y, sin embargo,  los padres a veces hacemos esfuerzos para que nuestros hijos no se enfrenten al sufrimiento. Y <strong>educar es también enseñar a nuestros hijos a afrontar los reveses</strong> con los que la vida nos sorprende.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Un camión-cisterna cargado de<strong> Sentido del humor,</strong> eso que dicen de aprender a reírse de uno mismo, y es que a veces los padres parecemos monologuistas  del <strong>“club de la Comedia</strong>” ¿no es para reírse cuando decimos eso  de  “te crees que mi cartera es el Banco de España”? o la de  “Una esclava, eso es lo que soy”, sin embargo, mi favorita es  la de “ten cuidado no te vayan a echar algo en la Coca-Cola”, etc.  Sentido del humor para mirar con otros ojos la tarea de ser padres.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p>-El disfraz de <strong>Fuerza y Constancia. </strong>Educar dura lo que dura una vida.  Y mientras educamos hay momentos muy buenos, buenos, momentos regulares, momentos malos y momentos que te dejan cicatrices para toda la vida. Para los momentos buenos no hace falta nada  ni nadie, pero para los malos y malísimos nos hace falta fuerza y constancia. A esa fuerza  se le llama <strong>resiliencia</strong>  (capacidad para hacer frente a las adversidades).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ya puesto,  podía pedir que nos tocara la Lotería del Niño o el Euromillón, pero el dinero sólo sirve para comprar cosas y <strong>EDUCAR NO TIENE PRECIO</strong>.</p>
<p><strong> </strong></p>
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		<title>¿Papá, puedo salir?, Pregúntaselo a tu madre. (Una historia de polis buenos y polis malos)</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Jan 2013 17:21:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>carlospajuelo</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Adolescentes]]></category>
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		<description><![CDATA[Marina es una niña de 5 años, espabilada, vivaz, de ojos grandes y muy curiosa por lo que ocurre a su alrededor, inquieta, o como diría su abuela, un rabo de lagartija.  Estaba yo una mañana en su clase, había ido para observar a un compañero, y todos los niños permanecían sentados en el suelo, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Marina es una niña de 5 años, espabilada, vivaz, de ojos grandes y muy curiosa por lo que ocurre a su alrededor, inquieta, o como diría su abuela, un rabo de lagartija.  Estaba yo una mañana en su clase, había ido para observar a un compañero, y todos los niños permanecían sentados en el suelo, en torno a su maestra que les preguntaba qué era lo mejor de sus padres… los niños comenzaron a responder: ”que nos quieren”, “que nos cuidan”, “que nos compran cosas”… y Marina dijo, con una rotundidad aplastante: “lo mejor de los padres es que son dos”. Su maestra acostumbrada a las respuestas sorpresivas que dan los niños en Educación Infantil, le preguntó ¿y por qué lo mejor es que sean dos?. Marina, contestó con rotundidad, “porque si uno te quita la televisión, el otro te puede dejar verla”. En ese momento, miré a la niña y  pensé, pobres padres…</p>
<p><img loading="lazy" class="alignleft" style="vertical-align: middle;" src="//img812.imageshack.us/img812/2702/polibuenopolimalo.jpg" alt="" width="271" height="163" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esos padres que probablemente se suscribieron a la revista “Ser Padres Hoy” nada más enterarse de la feliz noticia de que estaban embarazados, que se juraron una y mil veces, al estilo “lo que el viento se llevó” que no iban a cometer los fallos que otros padres cometen, y, sobre todo,  que iban a educar a su Marina como si fueran una sóla persona.</p>
<p>Todos los manuales de educación destacan como un principio básico el de que ambos progenitores deben de ir siempre en la misma dirección.  La mayoría de padres también suscribirían esta afirmación. Sin embargo la realidad cotidiana nos dice que Marina tiene razón, que las parejas solemos discrepar mientras educamos a nuestros hijos, aun sabiendo que esto no es bueno ni para los hijos ni para nosotros mismos.</p>
<p>Y es que es difícil, muy difícil, estar en completa y continua sintonía con la pareja. La razón es simple: <strong>Los padres</strong> <strong>somos diferentes</strong>. Diferentes  personalidades,  diferentes  gustos, diferentes  modos de hacer las cosas. Padres impulsivos conviviendo con padres reflexivos, padres  agobiados con padres tranquilos, padres ocupados con padres preocupados.  Nuestras parejas suelen ser, en muchos aspectos, diferentes a nosotros.</p>
<p>Nuestra forma de ser, nuestra forma de pensar, de sentir,  influye directamente en la forma de educar, en el modelo de padres que somos.  <strong>Cada padre cree que lo que él piensa y  siente, cuando educa,  es lo correcto.</strong> Y nuestros hijos tienen una gran facilidad para descubrir estas discrepancias y son capaces de determinar <strong>qué cosas pedir a quién, cuándo y dónde</strong>. Así se da origen a una de las situaciones que más conflictos crean en las familias: <strong>sentirnos desautorizados o cuestionados por nuestra pareja </strong>por decisiones referentes a la educación de nuestros hijos<strong>. </strong>Y, lo que es peor, en algunos casos con nuestros hijos de testigos<strong>.</strong></p>
<p><strong>         </strong>Los padres a veces parecemos un par de policías de esos de películas de serie B, uno el poli malo y otro el poli bueno. Y nos cambiamos de papel según el día que tengamos. Así que, a veces, cuando vemos a nuestra pareja reñir a nuestros hijos, empezamos a pensar, qué exagerado, se está pasando, y qué maneras, qué voces…, y, curiosamente, cuando somos nosotros los que estamos regañando a los hijos, es nuestra pareja la que piensa lo mismito. ¿Les suena esta película?,  la versión más retorcida es cuando el poli bueno, haciéndose el ofendido, amenaza con un…”cuando venga el poli malo os vais a enterar”.</p>
<p>Cuestionar y desautorizar a nuestra pareja conlleva un peligroso juego de poder entre los padres que puede terminar con la inhibición del progenitor cuestionado.</p>
<p>No es fácil que los padres actuemos al unísono, no es fácil que dos personas que son diferentes,  actúen de la misma manera. Por eso los padres tenemos que hacer un <strong>esfuerzo</strong>  ya que sólo reconociendo mutuamente  nuestras diferencias, y aceptándolas, podremos conseguir acercarnos a un modelo de <strong>educación compartido</strong>. Los padres no tenemos que ser idénticos al educar, tenemos que ser lo que somos, dos personas diferentes que tienen un objetivo común: <strong>educar</strong> a nuestros hijos.</p>
<p>Hay padres que intentan entre los dos ser un <strong>equipo unificado</strong>, donde el respeto de las opiniones mutuas y la toma de decisiones conjuntas es el camino utilizado. A veces, se toman decisiones que nuestra pareja no comparte y viceversa. Ese es el momento en el que es más necesario hablar tranquilamente y tras exponer nuestros puntos de vista, tomar una decisión. Y si consideramos que hay que revocar la decisión que se tomó, no pasa nada, se le hace saber a nuestros hijos. Y a aguantar el temporal.</p>
<p>Hay padres que <strong>delegan</strong> en su pareja la toma de decisiones. Si tú delegas en tu pareja entonces tienes que apoyar <strong>todas las decisiones  </strong>que tome, ¿no crees.?</p>
<p>Marina se enriquece con las diferentes formas de ser de sus padres, lo único que necesita saber es que, aun siendo tan diferentes<strong>, transmiten los mismos mensajes. </strong></p>
<p>Y conforme van creciendo nuestros hijos iremos dándonos cuenta de lo verdadero del proverbio africano, <strong>para educar a un niño hace falta toda la tribu</strong>, pero de esto hablaremos otro día.</p>
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		<title>el tiempo de las bofetadas a tiempo</title>
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		<pubDate>Sat, 29 Dec 2012 09:29:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>carlospajuelo</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Adolescentes]]></category>
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		<description><![CDATA[Hace ya unos años, cuando Carrefour se llamaba Pryca, estando realizando alguna compra,  me sobresaltó los gritos infantiles que procedían de un pasillo más allá del que yo me encontraba. La curiosidad me llevó a, con falso disimulo, a acercarme y ver el siguiente espectáculo, un niño de unos 4 años sentado sobre una cortadora [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace ya unos años, cuando Carrefour se llamaba Pryca, estando realizando alguna compra,  me sobresaltó los gritos infantiles que procedían de un pasillo más allá del que yo me encontraba. La curiosidad me llevó a, con falso disimulo, a acercarme y ver el siguiente espectáculo, un niño de unos 4 años sentado sobre una cortadora de césped a modo de cochecito, una madre de los nervios, un vendedor más apurado aún, y como 5 o 6 espectadores, todos tan curiosos como yo. Al niño que estaba sentado sobre la cortadora de césped, le salían fluidos por todos los orificio visibles, y entre gemido y gemido gritaba  “El coche es mío”, la madre, “Venga que nos tenemos que ir” acercaba su mano para coger al niño y cuando éste notaba que su madre le intentaba coger, lanzaba un alarido con su consiguiente “el coche es mío”. El dependiente,  “Si, es tuyo, luego te lo llevo yo a casa. Ahora ve con mamá”. El niño, cada vez que le hablaban, más alto chillaba lo del coche mío.  La cosa se iba calentando y a mí alrededor empecé a escuchar murmullos, in crescendo, del  tipo… “menuda bofetada tiene el niño”, “anda que si fuera mío”,  “ y la madre el papo que tiene”. Y que verdad es que para los hijos de los demás hay que ver lo resueltos y seguros que nos mostramos a la hora de educar. No sé cómo terminó la historia, yo me fui antes de que alguien dijera ¿tu no eres psicólogo?&#8230; pues venga!!!</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://imageshack.us/photo/my-images/22/relojantiguo.jpg/"><img loading="lazy" class="aligncenter" style="vertical-align: middle;" src="//img22.imageshack.us/img22/5530/relojantiguo.jpg" alt="reloj" width="480" height="360" /></a></p>
<p>            Muchas veces me han preguntado por las bofetadas a tiempo, hay muchas personas que creen en su valor educativo y consideran que muchos de los males que “asolan” a las familias hoy en día son debidos a la falta de una buena bofetada a tiempo.</p>
<p>El tiempo de las bofetadas surge en unos momentos y en unos espacios muy concretos, el de los conflictos, que como repetiré muchas veces, son situaciones normales en las que nos vemos inmersos padres e hijos mientras educamos. Y <strong>surgen porque llega un momento en el que creemos que ya no sabemos qué hacer o decir </strong>para que obedezcan, para que no falten al respeto, para que se callen, para que dejen de gritar, para que no nos miren con cara de perdonarnos la vida. <strong>El tiempo de las bofetadas surge cuando los padres estamos más asustados y perdidos. </strong> Ninguna bofetada se nos escapa educando mientras permanecemos  confiados, tranquilos, seguros y  convencidos de lo que hacemos.</p>
<p>Nuestros hijos necesitan normas y límites, y son esas normas y esos límites, presentes de forma sistemática, los que tienen que darnos seguridad a los padres. En esto reside nuestra fortaleza durante el tiempo de la educación, durante los conflictos, en que tenemos unos objetivos, una meta hacia la que nos dirigimos. ¡¡¡¡Estamos educando!!!! Y <strong>educamos con nuestras conductas, nuestras actitudes y con nuestras palabras</strong>.</p>
<p>Normas y límites son imprescindibles para educar, y se proponen y se defienden con la convicción que da  la razón y se mantienen por el cariño que sentimos por nuestros hijos. Las normas y los límites no necesitan apoyarse ni en la  fuerza ni en el miedo.</p>
<p>Yo me acuso que algunas, pocas,  bofetadas se me han escapado, y  tengo la certeza de que  todas ellas las di a destiempo, que ninguna llegó en el momento preciso, que en todas ellas estaba irritado. Entiendo muy bien que se escapen bofetadas, y entiendo la desesperación que a veces los padres sentimos ante el comportamiento de nuestros hijos.</p>
<p>Pero <strong>¿no creéis que cuando nuestros hijos están más perdidos, más desafiantes, más descontrolados es el momento en el que necesitan a unos padres más firmes, más seguros, más controlados?</strong></p>
<p>Para intentar que no se nos escapen las bofetadas debemos estar convencidos del valor de las normas y limites que hemos establecido, ser constantes, persistentes en la observancia de esas normas y límites. Aplicar, las consecuencias por no seguir esas normas y valorar la tarea de educar. Valorarnos como educadores.</p>
<p>Yo cuando algún padre, a pesar de otros argumentos, me insiste en las “bondades” de la bofetada a tiempo le digo, “tienes razón”. Y a continuación le digo, oye imagina que vas en tu coche, sólo, o con tu familia, con tus hijos y sobrepasas el límite de velocidad, vas a 70 kms/hora  por una carretera con límite de velocidad a 50. Y un poco más adelante te para la Guardia Civil de Tráfico y el agente te dice “Señor, esto me duele a mí más que a usted, lo hago por su bien, usted me lo agradecerá en el futuro”… y te diera dos bofetadas.</p>
<p>Yo prefiero la multa y la pérdida de puntos. Para mi y para mis hijos. ¿y tu?</p>
<p>Felíz Año Nuevo, os deseo salud, mucha salud, trabajo y mucho ánimo para seguir con la tarea de educar. Podemos.</p>
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		<title>Ser padres o ¿Ejercer de padres?</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Dec 2012 10:50:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>carlospajuelo</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Adolescentes]]></category>
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		<description><![CDATA[Es habitual que en reuniones en las que padres y madres hablan  sobre sus hijos alguien en algún momento lance esa especie de mantra:  “Qué difícil es educar a los hijos”. Y a partir de ahí… que si “no tienen manual de instrucciones”, que si “nadie te enseña a ser padre”, que “cuando son chicos [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es habitual que en reuniones en las que padres y madres hablan  sobre sus hijos alguien en algún momento lance esa especie de mantra:  <strong>“Qué difícil es educar a los hijos”</strong>. Y a partir de ahí… que si “<strong>no tienen manual de instrucciones</strong>”, que si “<strong>nadie te enseña a ser padre</strong>”, que “<strong>cuando son chicos tienes que estar todo el día pendiente, y cuando son grandes los problemas crecen</strong>”, que “l<strong>a sociedad cada día está peor</strong>”; también se escucha el consabido “<strong>antes era más fácil</strong>”, y la estrella es &#8221; <strong>una buena bofetada a tiempo</strong>&#8220;.  Otros que “<strong>si es que no puedo con él</strong>” para terminar con un esperanzado, pero pasivo, “<strong>a ver si pasa el tiempo y madura un poco…</strong>”.</p>
<p>No sé si estaréis de acuerdo conmigo en lo siguiente: existe una <strong>clara diferencia</strong> entre  cuando “<strong>somos padres</strong>” de cuando “<strong>ejercemos como padre</strong>s”</p>
<p><strong>Ser  padres</strong> consiste en esperar que, como eres el padre, l<strong>os hijos son  los que tienen que hacer el esfuerzo</strong> para ir aceptando  todo aquello que les  inculca en el ambiente familiar; en cambio,<strong> ejercer de padres</strong> supone aceptar el reto de que la educación de nuestros hijos requiere en muchos momentos de nuestra vida un esfuerzo constante, una brega, una lucha… en la que <strong>el protagonismo la tenemos los padres</strong>.</p>
<p>Personalmente creo que <strong>Educar</strong> consiste en mostrar a nuestros hijos cómo nuestras creencias, nuestras ideas, nuestros valores,  nuestras maneras de sentir, nos llevan a comportarnos de la manera en que lo hacemos. Y lo hacemos con el deseo que esto les ayudará a aprender comportamientos para integrarse en el mundo en el que estamos viviendo.</p>
<p>Los padres <strong>cuando educamos somos</strong>, por tanto, <strong>guías</strong> y, además, queramos o no queramos, y en todo momento, también somos <strong>modelos, </strong>modelos a imitar o modelos a criticar.</p>
<p>Nuestros hijos necesitan guías claras de comportamiento, necesitan ser guidados y para ello es imprescindible establecer unas reglas y unos <strong>límites </strong>en sus  comportamientos.</p>
<p>Igualmente <strong>necesitan tener claridad</strong> en lo que es tolerable y claridad en lo que no lo e,s y eso debemos proporcionárselo nosotros como padres y madres que ejercemos esa tarea. Esto no lo pone en duda nadie. Desde esta óptica, <strong>no es que educar sea difícil, lo difícil es que todos nuestros hijos acepten a rajatabla y a la primera, los modelos y las guías de conducta</strong> que configuran nuestro arsenal educativo.</p>
<p><a href="http://www.youtube.com/watch?hl=es&#038;v=u3ZvIp7hNEs&#038;gl=ES" target="_blank"><img loading="lazy" class="alignleft" style="vertical-align: middle;" src="//img4.imageshack.us/img4/5972/losniossiempreimitanalo.jpg" alt="" width="201" height="238" /></a><a href="http://www.youtube.com/watch?hl=es&#038;v=u3ZvIp7hNEs&#038;gl=ES" target="_blank"><img loading="lazy" class="aligncenter" style="vertical-align: middle;" src="//img141.imageshack.us/img141/6699/3555170imitandoamamacon.jpg" alt="" width="297" height="243" /></a></p>
<p style="padding-left: 30px;">Cuando los padres ponemos límites <span style="text-decoration: underline;">pueden pasar  dos cosas</span>:</p>
<p style="padding-left: 60px;">&#8211;  Que los hijos, más o menos convencidos,<strong> los acepten y los cumplan</strong>. Con lo cual nosotros entonces creemos que esto de educar “funciona” y que, además, nuestros hijos son unos estupendos hijos.</p>
<p style="padding-left: 60px;">&#8211;  <strong>Que los hijos los cuestionen, o directamente, los incumplan</strong>. Con lo cual nosotros creemos que esto de educar es difícil, y que hay que ver los hijos lo rebeldes que son, que carácter han heredado (por lo general de la parte contraria) , y que algo estamos haciendo mal.</p>
<p>            Los padres, cuando ejercemos de padres, solemos estar más preocupados por los <strong>resultados</strong> que ocupados en  mantenernos firmes, seguros, constantes y confiados en  lo que como padres estamos haciendo.</p>
<p>Los padres, cuando ejercemos de padres, educamos,  sabemos por qué hacemos lo que hacemos, y debemos de considerar como una consecuencia lógica, que algunos de nuestros hijos se resistan a seguir nuestras guías.</p>
<p><strong>Educar</strong> no sólo es una mera propuesta de intenciones, <strong> es una manera de actuar</strong>, una manera de relacionarnos con nuestros hijos, de comunicarnos con ellos. Y en todos los procesos de interacción y comunicación surgen <strong>conflictos</strong>.</p>
<p><strong>Y con los hijos se tienen conflictos</strong>, inevitables conflictos, numerosos conflictos, diversos conflictos. Los conflictos hay que entenderlos como algo <strong>natural</strong>, algo que forma parte de las relaciones con nuestros hijos. Y sobre todo, <strong>son una estupenda oportunidad de enseñar a nuestros hijos maneras eficaces de afrontarlos</strong>.</p>
<p>Nuestros hijos <strong>son y serán, en gran medida, lo que ellos decidan ser</strong>. Nosotros, como padres, con mucho amor, con normas y con límites, con confianza, y con mucha paciencia, les enseñamos todo aquello que creemos que les ayudará. Eso es ejercer de padre. Eso es lo que está en nuestras manos.  Y eso es lo que tenemos que preguntarnos… ¿Soy padre? y ¿Ejerzo de padre?, ¿qué modelo de padre?.</p>
<p>Hay una preciosa poesía de <strong>Kavaffis</strong>, que se llama <a href="http://www.pixelteca.com/rapsodas/kavafis/itaca.html" target="_blank">Ithaca</a>, que bien puede ser una metáfora de lo que supone educar, un viaje, donde el objetivo no es llegar pronto a la meta sino disfrutar del camino.</p>
<p>Pues a seguir con la tarea… y ¡¡¡Feliz Navidad!!!</p>
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