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	<title>Escuela de PadresCompartir &#8211; Escuela de Padres</title>
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	<description>La tarea de ejercer de padres</description>
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	<title>Compartir &#8211; Escuela de Padres</title>
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		<title>Los mejores Reyes: jugar más con los hijos</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Jan 2014 16:59:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Pajuelo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[A la hora de elegir un juguete adecuado para nuestros hijos, sobrinos, nietos, etc., parece que ponemos en marcha diferentes estrategias. La primera responde a la sencilla pregunta de ¿cuánto te vas a gastar? Y una vez decidida la cantidad, el mejor regalo es el que se aproxime a la cifra. Otra estrategia mucho más [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_228" style="width: 610px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2014/01/REYESMAGOS.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-228" class="size-full wp-image-228" title="Para los niños es más importante que sus padres jueguen con ellos que los regalos." src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2014/01/REYESMAGOS.jpg" alt="Para los niños es más importante que sus padres jueguen con ellos que los regalos." width="600" height="450" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2014/01/REYESMAGOS.jpg 600w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2014/01/REYESMAGOS-300x225.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a><p id="caption-attachment-228" class="wp-caption-text">Para los niños es más importante que sus padres jueguen con ellos que los regalos.</p></div>
<p><strong>A la hora de elegir un juguete adecuado</strong> para nuestros hijos, sobrinos, nietos, etc., parece que ponemos en marcha diferentes estrategias. La primera responde a la sencilla pregunta de <strong><em>¿cuánto te vas a gastar?</em></strong> Y una vez decidida la cantidad, el mejor regalo es el que se aproxime a la cifra.</p>
<p>Otra estrategia mucho más elaborada es el de<strong> la búsqueda del  juguete perfecto, aquel que entretenga, llame la atención del niño, sea educativo y divertido  a la vez y  que permita desarrollar los mejores valores. </strong>Buscando este juguete,  los padres terminamos diciendo eso de “<em>en mis tiempos con cualquier cosa nos entreteníamos</em>”, y embebidos por el <em>aroma Heno de Pravia</em> añoramos lo de <strong>¡un palooooo! </strong>Nostalgias aparte, os recuerdo que, hoy en día, un palo no cumpliría todas las directivas de juguetes seguros de la Unión Europea, por lo que habrá que buscar algo más acorde a los tiempos en los que vivimos.</p>
<p><strong>Otra estrategia</strong> es preguntar en google (que lo sabe todo) ¿Qué regalar a niños y niñas que tienen de todo? Pero corremos el peligro de que nos salgan miles de páginas con miles de juguetes.</p>
<p>Nuestros hijos están, como los estamos los padres, inmersos en un mundo donde la publicidad ejerce una fuerte influencia, y al grito de<strong><em> ¡me lo pido!</em></strong> hemos ido configurando una lista de cosas que regalar a los hijos. Un trámite que, este año, volveremos a  repetir aunque nos juremos que no vamos a comprar tantas cosas.</p>
<p>No pretendo crear problemas de conciencia a los padres que tienen ya escondidos sus juguetes, padres que estamos muy ilusionados por la ilusión de nuestros hijos, pero estaría bien recordar<span style="text-decoration: underline;"><strong> algunos consejos para elegir los mejores Reyes para nuestros hijos</strong></span>:</p>
<p>1.- Que<strong> los juguetes son una estupenda manera para pasar tiempo con nuestros hijos</strong>. <strong>Menos juguetes y más tiempo con los hijos</strong> es una buena ecuación. Pero no te abrumes por la falta de tiempo: <strong>el tiempo de jugar es más cuestión de calidad que de cantidad.</strong> Estar disponible para los hijos conlleva el que, alguna vez, dejemos lo que tenemos entre manos para ponernos a jugar con ellos si nos lo piden.</p>
<p>2.-<strong> Que el amor, el cariño no está en relación con el coste y cantidad de regalos.</strong> El cariño se siente,  no se compra, y lo sentimos porque notamos que <strong>los que nos quieren están disponibles</strong>. Aunque los niños a veces se comporten de manera más que interesada,  esto es pan para hoy y hambre para mañana, porque con el paso del tiempo los hijos valoran el cariño, la atención, y no lo que te gastaste en ellos.</p>
<p>3.- Que <strong>los juguetes sirven para entretener, para divertir</strong> y cada persona sabe qué le entretiene y nuestros hijos también. (Por eso para algunos niños <strong>leer es un gran juego</strong>).</p>
<p>4.- <strong>Que cuando uno tiene más de lo que necesita</strong>  (mira el cuarto de tu hijo, ¿anda bien surtido?) no sabe qué pedir. <strong>En ese momento es bueno aprender a compartir</strong>. Pero no esperes a que salga del niño, hazlo tú, <strong>enséñale a compartir</strong>, enséñale a prescindir de algo prescindible, a ser generoso. El precio de un juguete puede convertirse en vacunas, alimentos o juguetes para niños que de verdad carecen de lo más básico.</p>
<p>5.- <strong>Disfruta de la ilusión de tu hijo, pero con los ojos abiertos.</strong> Hay padres que, como sus recuerdos de la noche de Reyes están cargados de decepción, parece que quieren compensarlo ofreciendo a sus hijos la noche que ellos nunca tuvieron.</p>
<p>Así que, si tus hijos te invitan a jugar, juega con ellos pero<strong> ponte a su disposición, no les organices cómo jugar</strong>.<strong> Y sobre todo disfruta,</strong> los hijos crecen rápido y algunos momentos de juego sólo se pueden vivir en unos determinados años<strong>.</strong></p>
<p><strong>Feliz año 2014 amigas y amigos lectores. Este blog sigue disponible para todos vosotros.</strong></p>
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		<title>Cómo actuar ante los celos de los hijos</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Jun 2013 10:11:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>carlospajuelo</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Adolescentes]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_151" style="width: 610px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/06/hermanosfeten.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-151" loading="lazy" class="size-full wp-image-151" title="Dos hermanos compartiendo un rato juntos." src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/06/hermanosfeten.jpg" alt="Dos hermanos compartiendo un rato juntos." width="600" height="375" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/06/hermanosfeten.jpg 600w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/06/hermanosfeten-300x188.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a><p id="caption-attachment-151" class="wp-caption-text">Dos hermanos compartiendo un rato juntos.</p></div>
<p><em>Alejandra llegó a su casa después de salir del trabajo. Pasó por una tienda y pensó en llevar a los niños un “detallito”. Compró dos cochecitos  para sus hijos: uno rojo  y otro negro. Al llegar a casa los niños salieron a su encuentro por el pasillo y Alejandra le dio a cada uno un coche. A Juan, el mayor, el rojo y a Marcos, el pequeño. el negro.</em></p>
<p><em> Marcos sonrió y dijo ¡el coche fantástico! En ese momento Juan tiró el coche rojo con rabia contra el suelo y comenzó a gritar que él quería el coche negro.  Y no os cuento como siguió la tarde porque ya os lo imagináis. A los que estáis pensando que tenía que haber comprado los dos coches del mismo color os diré lo que le pasó tres semanas antes cuando su madre les compró dos pelotitas iguales:  la bronca fue parecida porque Juan le dijo a su madre, ¡así como voy a saber cuál es la mía! Y el resto de la tarde ya os la imagináis.</em></p>
<p>Cuántos padres y madres, cada vez que deben tomar una decisión respecto a alguno de sus hijos, tienen en su mente qué es lo que van a hacer para contentar a toda la prole. Pero al final, hagas lo que hagas,  el resultado es que, cuando no es ,uno es otro, u siempre terminan apareciendo las recriminaciones.</p>
<p>Así es frecuente escuchar quejas de los hermanos mayores “ del tipo: &#8220;claro, el pequeño es vuestro niño mimado”, y quejas de los pequeños diciendo: “claro, a mi hermano le dejáis hacer todo lo que quiere”.</p>
<p>A los padres <strong>nos suele perturbar que nuestros hijos demuestren conductas de celos</strong> porque consideramos que nuestra manera de comportarnos es<strong> “justa”  e “igualitaria”</strong>, y la presencia de celos en un hijo vendría a ser como un cuestionamiento de ese comportamiento justo e igualitario que nosotros creemos mostrar.</p>
<p>Debemos tener en cuenta que <strong>generalmente los celos infantiles no son provocados por las actuaciones de los padres</strong>, pero la forma en que afrontamos  esta situación puede ser determinante para que sean superados.</p>
<p><strong>Las relaciones que  surgen entre hermanos  son unas relaciones especiale</strong>s, únicas y diferentes al resto de relaciones interpersonales que se tienen a lo largo de la vida. Favorecen el desarrollo de unos <strong>vínculos muy fuertes</strong>, únicos y que les van a permitir unas relaciones únicas, eso que llamamos <strong>“nuestra sangre”</strong>, pero el desarrollo de estos vínculos puede requerir de un <strong>periodo de adaptación</strong> puesto que <strong>los niños</strong> por lo general <strong>no están preparados para compartir, y menos el amor de sus padres</strong>.</p>
<p>Los seres humanos <strong>construimos</strong> <strong>nuestra propia personalida</strong>d, además de por el aporte genético, mediante un <strong>proceso de comparación social</strong>. Nos comparamos con los demás para ver cómo somos, para validar si lo que pensamos, hacemos o sentimos se ajusta a lo que hacen aquellos que son iguales a nosotros  y <strong>fruto de esa comparación nos sentimos mejores, iguales o peores que los que nos rodean</strong>.</p>
<p>La presencia de más hermanos acrecienta la posibilidad de realizar estas comparaciones y fruto de ellas se puede generar el temor de perder algo que crees que es tuyo, y cuando se tiene miedo, puede surgir una <strong>rivalidad</strong>, directa o larvada. <strong>Y con la rivalidad surgen los celos</strong>.</p>
<p><strong>Los padres no podemos evitar la rivalidad entre los hermanos, los padres no podemos evitar los celos entre hermanos.</strong> Así que deberíamos <strong>gastar nuestras energías en lo que podemos hacer ante los celos y rivalidades</strong> que presenten nuestros hijos.</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Qué podemos hacer los padres</span>:</strong></p>
<p><strong> 1) Lo primero es <span style="text-decoration: underline;">entender que los celos son una respuesta emocional normal</span></strong> y muchas veces inevitables. <strong>Lo más normal es que los celos infantiles se resuelvan de manera natural con el transcurso de los años.</strong> Pero también nos encontramos con algunos niños que tienen mucha dificultad en poder controlar sus celos y, l<strong>os celos, a la larga, se pueden convertir en un lastr</strong>e para el desarrollo de las personas porque devoran nuestra autoestima generando rencor y resentimiento.</p>
<p><strong>2) <span style="text-decoration: underline;">Enseñar a compartir</span></strong> es una tarea muy compleja y, en la medida que los hijos son pequeños, más, ya que  <strong>los niños nacen siendo egocéntricos y desean que el mundo gire solo en torno a ellos</strong>. Para enseñar a compartir es recomendable que, progresivamente,  en vez de comprar, por ejemplo,  un  juguete  para cada hijo c<strong>ompráramos un juguete para los hijos así les daríamos la posibilidad de aprender a compartir</strong> (pero mientras aprenden esto  la van a liar parda). Además de enseñarle a compartir, proporcionémosle <strong>experiencias gratificantes mientras comparten</strong>. Estaremos reforzando que se sientan bien y que sean ellos mismos quienes busquen vivencias de ese tipo.</p>
<p><strong>3) <span style="text-decoration: underline;">Evitar las comparaciones entre los hijos</span>. </strong>Nuestros hijos no necesitan ser iguales, no necesitan parecerse a otros. Por ello, <strong>nuestros hijos necesitan saber que los queremos por lo que son,</strong> no porque son como a nosotros nos gustaría que fueran. Esto no está reñido con el cumplimiento de normas y límites.</p>
<p><strong>4) <span style="text-decoration: underline;">Dar explicaciones</span>: </strong>Es muy conveniente <strong>explicar la razón por la que en un momento dado se da un trato diferente a un hermano que a otro.</strong> Explicar las razones no deja al hermano “celoso” convencido  porque los celos no le dejan entender pero sí que <strong>nos ayuda a nosotros, a los padres, a reafirmarnos en que estamos actuando por el buen camino</strong>.</p>
<p><strong>5) <span style="text-decoration: underline;">Buscar momentos en los que hacer sentir a los hijos que son únicos</span></strong>. Llevarlos un día simplemente a merendar, a pasear, ir al cine, etc. Es como tener un momento de intimidad entre padre-hijo, exclusivo. <strong>Buscar la calidad más que la cantidad</strong> de tiempo.</p>
<p><strong>6) <span style="text-decoration: underline;">Procurar no dedicar más atención al hijo celoso</span></strong>. Porque entonces <strong>estaríamos reforzando sus conductas</strong>. Os recuerdo que los celos, por lo general, son una interpretación que el hijo hace.</p>
<p>Los niños celosos temen perder el amor de sus padres y por eso sufren. Y cuanto más temen esa pérdida, más sufren. <strong>Ayudar a los hijos a afrontar sus celos es ayudar a los hijos a desarrollar su autoestima</strong>, a aprender a valorarse, y sobre todo <strong><span style="text-decoration: underline;">A QUE APRENDAN A AMAR EN VEZ DE ESTAR SÓLO PENDIENTES DE QUE LOS AMEN</span>.</strong></p>
<p><em><br />
</em></p>
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		<title>Educar en tiempos difíciles</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Jan 2013 12:29:43 +0000</pubDate>
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		                		<category><![CDATA[Sí, podemos]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_52" style="width: 624px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/niñocrisis.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-52" loading="lazy" class=" wp-image-52 " title="Niño mirando al infinito en su pupitre. / John Moore." src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/niñocrisis.jpg" alt="Niño mirando al infinito en su pupitre. / John Moore." width="614" height="409" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/niñocrisis.jpg 3888w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/niñocrisis-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/niñocrisis-768x512.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/niñocrisis-1024x683.jpg 1024w" sizes="(max-width: 614px) 100vw, 614px" /></a><p id="caption-attachment-52" class="wp-caption-text">Niño mirando al infinito en su pupitre. / John Moore.</p></div>
<p>En  la actualidad estamos inmersos en una <strong>situación de crisis económica</strong> que, como todos los males, tiende a expandirse a otras esferas de nuestra vida. <strong>La educación en el ámbito familiar también se ve afectada por este escenario de crisis</strong>.</p>
<p>Los padres nos preocupamos mucho por aprender herramientas que faciliten la educación, herramientas que nos sirvan para dar respuesta a los problemas cotidianos en el ámbito familiar como son el aprendizaje de hábitos, la obediencia, las tareas escolares, etc. Pero pocas veces nos planteamos que también hay que <strong>educar a nuestros hijos para que sepan actuar ante la adversidad</strong>.</p>
<p>De hecho, los padres <strong>tendemos a “ocultar” a nuestros hijos las adversidades</strong>, al principio, porque <strong>creemos que son aún pequeños</strong>. posteriormente, porque “<strong><em>para qué vamos a preocuparlos</em>”</strong>.</p>
<p>De esta manera <strong>nuestros hijos crecen en una especie de burbuja</strong>, en un ficticio mundo feliz, a salvo de las preocupaciones.  Pero <strong>las adversidades forman parte de nuestra vida</strong>: las enfermedades graves,  la pérdida de trabajo, las rupturas sentimentales, la muerte, son parte de la vida común y, por eso, <strong>educar para hacer frente a la adversidad es una tarea ineludible</strong>.</p>
<p>¿<span style="text-decoration: underline;"><strong>Cómo se gestiona la educación en tiempos difíciles?</strong></span></p>
<p>En casi todas las familias, como en un país, <strong>hay un gobierno</strong>, por lo general un padre y una madre que se reparten  los papeles de <strong>presidente y vicepresidente del gobierno</strong> y que ejercen el mando, un <strong>Ministro de Economía</strong> (que distribuye los recursos), un <strong>Ministro de Interior</strong> (que pone orden), un <strong>Ministro de Justicia</strong> (que media en los conflictos y sanciona), un  <strong>Ministro de Asuntos Exteriores</strong>  (atento a todo lo que ocurre fuera), <strong>Ministro de Educación</strong> (que se preocupa de los temas escolares) y, además, <strong>Secretario de Estado de  Sanidad</strong> (surte de apiretal, paracetamol y se ocupa de la salud de la familia), <strong>Asuntos Sociales</strong> (lleva a los hijos al parque y a los cumpleaños, etc.),  <strong>Alimentación</strong> (que se encarga de todo lo relacionado con la comida), etc.</p>
<p>Aunque, también es verdad que<strong> hay algunas familias en las que uno de los padres actúa como Ministro Sin Cartera</strong>.</p>
<p><strong>En tiempos de crisis, en tiempos difíciles es cuando más se necesita un buen gobierno en el país y en nuestras casas</strong>.</p>
<p>En las situaciones adversas los padres podemos encontrar una oportunidad más para educar.  <strong>Nuestros hijos aprenden formas de responder a la adversidad observando nuestro comportamiento, nuestras palabras y nuestras emociones</strong>.</p>
<p><strong>El estilo</strong> con el que los padres afrontamos las  situaciones difíciles, y <strong>la manera</strong> en la que hacemos a nuestros <strong>hijos partícipes</strong> de estas situaciones adversas es una <strong>buena forma de prepararles</strong> a lo que, más tarde,  o temprano hay que enfrentarse. <strong>¿Cómo educar en tiempos difíciles?</strong></p>
<p>Los padres, cuando educamos en tiempos difíciles, <strong>no metemos miedo</strong> a nuestros hijos ni a nosotros mismos <strong>porque el miedo paraliza</strong> y necesitamos estar activos. Aprovechamos esta situación para, desde posiciones realistas, <strong>implicar a toda la familia en la búsqueda de respuestas eficaces y posibles</strong>. Enseñamos a nuestros hijos a responsabilizarnos y comprometernos todos, y cada uno, en las tareas. <strong>Responsabilizarse es la mejor manera de generar confianza en uno mismo</strong>.</p>
<p>Cuando educamos en tiempos difíciles, <strong>transmitimos confianza</strong> en todos y cada uno de los miembros de la familia. Confianza basada en que, si nos organizamos, si cada uno cumple sus cometidos, si cada uno se responsabiliza un poco, si cada uno prescinde de algún privilegio, entonces,  <strong>juntos, unidos,  se puede afrontar la tempestad</strong>.</p>
<p>Y aunque las tempestades dejan rotos que no se pueden coser, <strong><span style="text-decoration: underline;">los “rotos”, con apoyo de la familia, se sobrellevan mejor</span>.</strong></p>
<p>Cuando educamos en tiempos difíciles hacemos ver a nuestros hijos que <strong>la esperanza es un valor</strong>. La esperanza no es pensar que las adversidades son un mal sueño, y que todo pasará. <span style="text-decoration: underline;"><strong>La esperanza es confiar en nuestra capacidad de vivir día a día afrontando lo bueno, lo regular y lo malo.</strong></span> La esperanza es una fuerza que nos moviliza y nos hace protagonistas activos de nuestra vida.</p>
<p>Cuando educamos en tiempos difíciles <strong>mostramos apoyo incondicional</strong> a nuestros hijos porque sabemos que es difícil aprender a prescindir de lo prescindible. <strong>Es fácil derrumbarse ante la adversidad</strong>, por eso cuando nos sentimos abatidos por las adversidades, es cuando más “perdidos” nos solemos encontrar. Y <strong>cuando uno se siente perdido necesita sobre todo el apoyo de los que queremos</strong>, familia y amistades y, a veces, es necesario recurrir a ayuda especializada.</p>
<p>Educar en tiempos difíciles es entender que es <span style="text-decoration: underline;"><strong>imposible evitar que  nuestros hijos sufran</strong></span>.</p>
<p>El sufrimiento es parte de la vida. Y como es natural, l<strong>o mejor será que desde pequeños les enseñemos a tolerar las frustraciones</strong> a la que la vida nos somete, enseñarlos a que, generalmente,  las <strong>recompensas no se obtienen inmediatamente</strong>, enseñarlos a que, a veces, <strong>nos ocurren cosas que no nos merecemos</strong> pero que, a pesar de eso, nos ocurren.</p>
<p>En vez de ocultar el sufrimiento, en vez de evitárselo a los hijos ¿<strong>no será mejor que cuando tengan que afrontar el sufrimiento puedan sentir que estamos cerca?</strong> o ¿prefieres que tus hijos lo tengan que hacer solos?</p>
<p>Cuando educamos en tiempos difíciles, enseñamos a los hijos a <strong>que la familia</strong>, nuestra familia que no es perfecta, que a veces discute, que a veces se desespera, que otras ríe, que sufre, que se equivoca, que acoge, <strong><em>nuestra familia, tu familia y mi familia, si la cuidamos, sobrevive a todas las crisis</em>.</strong></p>
<p>En tiempos difíciles <strong>encontramos en familias que nos rodean estupendos ejemplos de fortaleza ante la adversidad</strong>. Madres y padres anónimos bregando día a día. <span style="text-decoration: underline;"><strong>Estupendos gobernantes. Los mejores</strong></span>.</p>
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		<title>Compartir tareas en casa también es educar</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Jan 2013 07:39:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>carlospajuelo</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Adolescentes]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_37" style="width: 624px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-37" loading="lazy" class=" wp-image-37 " title="Mujer agotada rodeada de pilas de platos pendientes de lavar. / Jesús Ferrero" src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada.jpg" alt="Mujer agotada rodeada de pilas de platos pendientes de lavar. / Jesús Ferrero" width="614" height="614" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada.jpg 1476w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada-150x150.jpg 150w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada-300x300.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada-768x768.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada-1024x1024.jpg 1024w" sizes="(max-width: 614px) 100vw, 614px" /></a><p id="caption-attachment-37" class="wp-caption-text">Mujer agotada rodeada de pilas de platos pendientes de lavar. / Jesús Ferrero</p></div>
<p>Nada más acordarme de<strong> mi amiga Paqui</strong>, con la que había hablado unos 15 días antes sobre qué hacer para ayudar a <strong>su hija pequeña que vomitaba todas las mañanas, de lunes a viernes, justo en el momento de salir de casa dirección al colegio</strong>, cogí el teléfono y la llamé para interesarme por cómo iba la niña.</p>
<p>“¿Paqui? Hola, soy Carlos, ¿cómo estás?”. Hizo un ruido gutural de esos que hacemos a veces para contestar que más o menos bien. Entonces le pregunté: <em>“<strong>¿Tomamos un café  y hablamos de tu niña?”</strong></em></p>
<p>Ella me contestó: “¿Un café?, ¿que nos tomemos un café?<strong> ¡qué gracioso eres!. Cómo se nota que tus hijos  ya son mayores</strong>. Mira Carlos, desde que llegué a casa a las tres y cinco, justo un momento antes de que Tomás llegara después de recoger a los niños del comedor del colegio, me he puesto a <strong>ultimar nuestra comida, a recoger los abrigos de los niños</strong>, que sabes tú les encanta <strong>hacer lo mismo que su padre</strong>: dejarlos sobre la silla en la entrada, y yo les digo que lo recojan, y ellos me dicen que ahora, pero ya sabes tú lo que significa ese ‘ahora’. Así que venga a recoger abrigos. Pues lo que te iba diciendo, <strong>recoger sus abrigos, y pensar que el mayor esta tarde va a catequesis</strong>. Le doy un grito, <em>¡¡¡Tomás!!!</em> Y contesta el padre: <em>¡¡¡qué!!!</em> Y yo, “<em>a ti no es</em>”. Y más fuerte, <em>¡¡¡Tomás!!!</em> y el padre otra vez más fuerte <em>“que quéee</em>” y yo más fuerte: <em>“que a ti no eees”</em>. Claro, hasta que no voy al salón el niño no contesta. Y le digo: “<em>Tomás tú no te cambies de ropa que esta tarde tienes catequesis y tú Antonio ponte el kimono. Y tú, Rocío, deja de hurgarte la nariz y lavaos los dientes</em>. Y mientras su padre pone la mesa, el mayor va y se cambia tres veces, y el mediano está parado en medio del pasillo, como un pasmarote, <em>“¿Qué haces?</em>”, le pregunto. “<em>Es que no sé dónde está el kimono</em>”, me contesta. “<em>Está en su sitio</em>”, le digo. <em>“¿Y cuál es su sitio?</em>”, ¡el de todos los días!, le grito. Carlos si es que <strong>las madres parecemos el mago Juan Tamarit, haciendo con nuestra sola presencia que los calcetines, los kimonos, los lápices…aparezcan en su sitio</strong>. A Rocío la ha vestido su padre con una falda de cuadros por abajo y camisa de flores por arriba. Y yo: ¡¡¡Tomás!!! <strong>¡Que la niña parece la Duquesa de Alba!</strong>. Y por fin, nos ponemos a comer tranquilos Tomás, Ana Blanco y yo. Mientras comemos llega el mayor enfadado porque el mediano le ha dicho “<em>caraculo</em>”, y yo le digo: <em>“hazte el sordo”</em>, y él: “<em>no, no me hago el sordo, le voy a pegar</em>”, y yo: “<em>ni se te ocurra”</em>. <strong>Tomás padre sigue comiendo tan tranquilo, ensimismado con Ana Blanco</strong>. Y la pequeña que viene  y me dice: “<em>mamá ¿y mi coletero?</em>” ¡Madre mía!, ¡que se está perpetrando un peinado ella sola!. “<em>Mamá</em>”, me dice, “<em>me voy a hacer dos coletas</em>”. Pero yo sólo veo una y cerca de la frente. Y yo: “<em>que te esperes, que ahora te peino</em>”. <strong>Y entonces se pone a llorar</strong> y yo: “<em>que no llores por eso</em>” y ella sigue llorando y el mediano también viene llorando porque el mayor le ha dicho gili y lo que sigue y yo: “<em>Tomás, haz algo</em>”,<strong> y Tomás que está pendiente de Ana Blanco, sin mirar a los niños, les suelta “<em>castigados sin ver la tele</em>”</strong>. Y el mediano dice <em>“¿yo?, ¿por qué?, ¡qué injusticia!”</em> .Y <strong>termino de comer, de recoger la cocina, y me siento en el sofá diez minutos, Carlos, diez minutos para descansar un ratito y ¿qué te crees?, que en el mejor sueñecito me llaman los de Jazztel</strong>, ¡la madre que los parió! y nada más colgar los de Jazztel me llama mi suegra, ¡la madre que parió a mi marido! y me dice con voz baja ¿no estarías dormida no? Y yo: Tomás ¡¡¡¡tu madre!!!!. Y antes de que la yugular me explote, voy y cojo a los niños. Venga que nos vamos y <strong>hasta que no doy un grito los niños no acuden y entonces se pelean</strong>, se pelean por salir el primero, se pelean por darle al botón del ascensor, se pelean por quién se monta delante. Y cuando vas a montarte en el coche ves que te has dejado las llaves en casa y <strong>sube para casa y como no vas a dejar a los niños solos en el garaje</strong> porque mi vecina me dijo un día: “<em>Paqui hija hay que tener cuidado en el garaje porque puede venir algún depravado de esos que los raptan</em>”, así que venga los niños para arriba y otra vez pelea por entrar primero, pelea por darle al botón, llanto porque el coletero que intentaba sostener el proyecto de coleta ha salido disparado, y la coleta que se había perpetrado, lógicamente, se acaba de convertir en el caracol de Estrellita Castro y, cuando vuelves a subir, <strong>Tomás va y te dice: “</strong><em><strong>tranquilízate Cari, ¿quieres que te ayude?</strong> A ver, ¿qué hago?”.</em> Y yo me acuerdo de Jazztel y de su madre, y le digo <strong>“</strong><em><strong>sabes que no me gusta que me digas que me ayudas, esta casa es TU casa</strong>. Anda pon la lavadora y, cuando termine, tiende”</em>. Coges las llaves del coche, bajas al garaje, pelea por entrar, pelea por botón, pelea por salir y pensando <strong>por Dios que Tomás tienda bien porque Tomás tiende sin un orden lógico. ¡Claro, como él no plancha!</strong> Y cuando te montas en el coche haces el último repaso: el de la catequesis va bien, el del judo va con las botas de futbolista, va mal, pero hoy va a ir así. Y la de la coleta sigue retorciéndose los cuatro pelos intentado sujetarlos con un kiki, y sin dejarse ayudar, la miro y me dice: “Yo sola”. Todos, por fin, metidos en el coche y, a las cinco, Carlos <strong>a las cinco, están las calles llenas de coches, de coches llenos de niños que van con sus kimonos</strong>, que te empiezas a preguntar cuántas medallas de oro en judo hemos ganado en las olimpiadas para que tantos niños practiquen el judo, o lo que es peor, cuántos niños pánfilos como el mío van a judo a ver si espabilan, y más coches llenos de niños que van al conservatorio o a danza, y coches llenos de niños que van al logopeda porque no saben decir frigorífico, y de niños que van a clases particulares de todo, y de niños que van al dentista, y de <strong>padres que parecen cabreados, desfogándose con la bocina del coche</strong>. Y dejas a uno, y dejas al otro, y <strong>mientras esperas a que terminen te vas al Mercadona</strong> y allí recorro los pasillos a lo Fernando Alonso intentando dar respuesta <strong>al interrogante de mi vida: ¿</strong><em><strong>y mañana qué comemos?</strong>.</em> Carlos, y cuando recojo al de la catequesis me llega con tres invitaciones de cumpleaños para el próximo sábado, y el del judo con una nota porque van a hacer una demostración en un pueblo a 40 kilómetros, justo a la hora que me llaman los de Jazztel y la pequeña con un cabreo porque la coleta no se queda en su sitio y yo con unas ganas de entrar en una papelería, y pegársela con tesafilm. Y llego a casa y mientras su padre les pone la merienda <strong>me asomo al tendedero y, ¡Santa Madre del Amor Hermoso!, me encuentro un panorama desolador:</strong> un pantalón tendido por la pernera, una camisa por el cuello… ¡¡¡Tomás!!!! ¡has tendido la ropa que estaba en la lavadora!. Y Tomás ¡¡¡no ves que siiii !!!. Tomás, pero <strong>no te has dado cuenta que antes de tender hay que poner la lavadora en marcha!!!!</strong> Y claro Carlos, para que pediré yo nada, si <strong>tardo menos en hacerlo yo sola</strong>. Si es que ya me lo dijo mi madre que un hombre que escurre los spontex con una sola mano no está llamado para las tareas domésticas. ¿Un café Carlos?, ¿un café?, tú crees que yo tengo tiempo para un café?”</p>
<p>Y yo, anonadado, le contesté: <strong></strong><em>&#8220;<strong>No. Un café no. “Mejor nos tomamos una tila</strong></em><strong>”</strong></p>
<p>P.D.- <span style="text-decoration: underline;"><strong>Lo que nuestros hijos ven, nuestros hijos hacen</strong></span>.</p>
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