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	<title>Escuela de Padresenseñar &#8211; Escuela de Padres</title>
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	<description>La tarea de ejercer de padres</description>
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	<title>enseñar &#8211; Escuela de Padres</title>
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		<title>Recordar:  un regalo que tus hijos nunca olvidarán</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Apr 2014 16:11:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Pajuelo</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Adolescentes]]></category>
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		<description><![CDATA[“Socorrito de vez en cuando nos sentaba a mí y a mis hermanos a su alrededor, y con voz enigmática nos decía: “Hoy vamos a jugar a recordar”,  a la vez que abría con delicadeza, como si de un tesoro se tratara, el álbum de fotos en los que coleccionaba los momentos felices de nuestra [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_291" style="width: 691px" class="wp-caption alignright"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2014/04/familiafotos.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-291" class=" wp-image-291" title="Enseñar a recordar los momentos vividos juntos es uno de los mejores pegamentos para la familia." src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2014/04/familiafotos.jpg" alt="Enseñar a recordar los momentos vividos juntos es uno de los mejores pegamentos para la familia." width="681" height="413" /></a><p id="caption-attachment-291" class="wp-caption-text">Enseñar a recordar los momentos vividos juntos es uno de los mejores pegamentos para la familia.</p></div>
<p>“Socorrito de vez en cuando nos sentaba a mí y a mis hermanos a su alrededor, y con voz enigmática nos decía: “Hoy vamos a jugar a recordar”,  a la vez que abría con delicadeza, como si de un tesoro se tratara, el álbum de fotos en los que coleccionaba los momentos felices de nuestra familia”.</p>
<p>Desde que mi amiga Paqui me contó la manera en que su madre entretenía a sus hijos las tardes que amenazaban con hacerse largas quedé fascinado porque yo soy de los que cree que recordar, entre otras cosas, es uno de los mejores pegamentos para “hacer familia”.<strong> El recuerdo</strong> es una herramienta que, bien utilizada, nos puede ayudar en el presente continuo a valorar el pasado para afrontar lo que desconocemos del futuro.</p>
<p>Un álbum de fotos, o un vídeo casero, son estupendas herramientas para educar, para enseñar a los hijos <strong>el valor del recuerdo</strong>. Para sembrar en ellos vivencias, emociones que les acompañen toda su vida.</p>
<h1><strong>Qué podemos enseñar a través del recuerdo</strong>:</h1>
<p>Lo primero y fundamental es enseñar a <strong>aprender a no olvidar</strong>. Lo vivido, lo sentido y lo compartido son parte de nuestra vida, y olvidar es una manera de perdernos parte de nuestra vida.</p>
<p>Recordar <strong>ayuda a afianzar nuestra identidad personal</strong>. <em>Somos lo que recordamos</em>, escribe sabiamente <a href="http://www.escritores.org/biografias/240-manuel-rivas">Manuel Rivas</a>. Y es verdad que encontramos en el recuerdo, en lo que recordamos, una estupenda manera de reafirmar lo que nosotros somos.</p>
<p>Recordar sirve para <strong>poner en valor nuestra vida emocional</strong>. A través del recuerdo ponemos en marcha una cantidad de emociones que, llenas de sonrisas o lágrimas, nos evocan que somos protagonistas de lo que hemos vivido. La mayoría de las veces que decimos o escuchamos frases que empiezan por “te acuerdas cuando…” generan en nosotros un viaje al pasado en el que evocamos, con cierta nostalgia, recuerdos de lo vivido.</p>
<p>Recordar sirve para <strong>aceptar y asimilar las experiencias dolorosas</strong>. Nuestra vida y la de nuestros hijos están llenas de bienvenidas, pero también de despedidas. Y algunas despedidas son muy dolorosas. Cuando perdemos un ser querido, lo único y más valioso que nos queda es el recuerdo.</p>
<p>Recordar permite<strong> trasmitir aprendizajes que pasan de padres a hijos</strong>. Esas cosas que forman parte de nuestra historia personal. A mi me encantaba contarles a mis hijos, cuando eran pequeños, los mismos cuentos que mi padre me contaba a mí y mientras lo contaba imaginaba que el<em> castillo de irás y no volverás</em> permanecerá en las mismas condiciones cuando mis hijos se lo cuenten a mis nietos.</p>
<p>Recordar por último permite<strong> crear y fortalecer vínculos sociales</strong>. Y esto sí que es bueno para nuestros hijos porque los vínculos sociales son la mejor medicina para hacer frente a la vida por vivir.</p>
<p><strong>¿Tienes el álbum de fotos a mano?  Pues a enseñar a recordar a nuestros hijos que es una estupenda manera de enseñarles que lo que viven en el presente serán sus recuerdos en el futuro. </strong></p>
<p>Hablando de recuerdos, <strong>¿os había dicho que yo nací en Macondo?</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Adolescentes enamorados: ¿qué hacemos los padres?</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Jan 2014 20:05:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Pajuelo</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Adolescentes]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_233" style="width: 610px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2014/01/ADOLESCENTEAMOR.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-233" loading="lazy" class="size-full wp-image-233" title="El primer amor de nuestros hijos es una buena oportunidad para enseñarles cómo debe ser una relación basada en el respeto y la libertad." src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2014/01/ADOLESCENTEAMOR.jpg" alt="El primer amor de nuestros hijos es una buena oportunidad para enseñarles cómo debe ser una relación basada en el respeto y la libertad." width="600" height="400" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2014/01/ADOLESCENTEAMOR.jpg 600w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2014/01/ADOLESCENTEAMOR-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a><p id="caption-attachment-233" class="wp-caption-text">El primer amor de nuestros hijos es una buena oportunidad para enseñarles cómo debe ser una relación basada en el respeto y la libertad.</p></div>
<p>El otro día me escribía un correo la madre de Lucía, una chica que cursa segundo de Educación Secundaria, y me dice “<em>Lucia ha sido siempre una chica muy abierta, simpática, alegre, buena estudiante. Pero desde hace un par de meses comenzó a mostrarse triste, introvertida, callada, muy irritable y  lo peor,  <strong>ha suspendido cinco asignaturas en la última evaluación</strong>.  Es obvio que algo le pasa,  yo intento hablar con ella y se cierra en banda y me dice que la deje que no me meta en su vida. En vista de lo rara que estaba llamé a una de sus amigas para que me contara si se había enfadado con ellas y me dejó de piedra cuando me soltó,  es que <strong>la ha dejado su novio</strong>, cómo quieres que esté. Mi primera reacción fue la de ir  a hablar con ella y decirle que eso son tonterías, que no tiene edad y que lo que tiene que hacer es centrarse en los estudios, pero la verdad es que la veo tan triste que no sé cuál será la mejor manera de ayudarla</em>”.</p>
<p>Pues sí, esto que le ocurre a Lucia es algo que les suele ocurrir a muchos adolescentes y es que,  si no fuera suficiente con comportarse como adolescentes, <strong>algunos van y se enamoran, y se desenamoran y vuelven a enamorarse y sufren y se sienten inmensos y luego insignificantes</strong>… como si fueran en una montaña rusa. Y cuando los niños se enamoran, <span style="text-decoration: underline; font-size: medium;">¿<strong>qué podemos hacer los padres?</strong></span></p>
<ul>
<li>El enamoramiento de un adolescente es para ellos un <strong>hecho muy importante y muy significativo en su vida</strong> (¿a que recuerdas aún el nombre de tu primer amor?). <strong>Algunos padres se asustan</strong> cuando sus hijos adolescentes se enamoran <strong>y fruto de ese miedo tienden a minusvalorar los sentimientos de los hijos</strong> diciéndoles “eso es una tontería”, “qué vas tú a saber lo que es estar enamorado”.</li>
<li>Hazle ver que<strong> eso que siente es estupendo,</strong> que es algo hermoso que nos ocurre, aprovecha para hacerle ver que <strong>también es normal sentir dudas o temor</strong> por si la otra persona nos acepta o no. Y ya puestos,  no estaría mal que  le contaras  <strong>cómo os sentisteis  vosotros  cuando os enamorasteis por primera vez</strong>.</li>
<li>Enamorarse por primera vez es una <strong>buena oportunidad de enseñar y aprender lo bien que conjuga el amor con el respeto</strong>.  Sin respeto, no hay amor. Enseñarles también que  <strong>querer es un acto de libertad y la libertad no se impone, se ejerce.</strong> Enseñarles que para demostrar amor no hay que hacer nada que uno no quiera hacer.</li>
<li>Aprovecha esta situación también para hablarle <strong>lo que crees que es un comportamiento  adecuado, y lo que crees que es inadecuado</strong>  en su incipiente relación. <strong>Y háblale claro, no recurras a parábolas</strong> como la de “<em>hija, ten cuidado  no te vayan a echar algo en la coca-cola</em>” cuando tu preocupación realmente es otra. La educación afectivo-sexual de los hijos requiere que los padres les hablemos claro respecto a lo que ocurre o puede ocurrir cuando uno cree que está enamorado. No se trata de negar lo que nuestros hijos sienten, sino orientarlos respecto a la necesidad de responsabilizarse de sus decisiones, de sus acciones.</li>
<li>Los padres tenemos el<strong> deber de controlar y supervisar a nuestros hijos</strong> y los límites deben girar alrededor de los valores de cada familia. <strong>Son los valores que tú quieres inculcar a los hijos, y no el miedo lo que nos ayuda a marcar los límites</strong> respecto a lo que consideramos adecuado o no.</li>
<li>A los padres por lo general nos parece que nuestros adolescentes son <strong>demasiado jóvenes para enamorarse</strong>, pero no se lo digas porque <strong>pueden sentir que los consideras incapaces</strong>,  no apoyados, y puede que entonces no te quieran seguir contando nada.  Lo mejor es que le digas que es muy joven para salir en pareja, que es mejor que salgan con su pandilla, etc.</li>
<li><strong>Conoce al “amorcito” de tu adolescente</strong> para que tengas información sobre cómo es y si no te gusta intenta no decirle “no me gusta nada”. Tampoco tienes que mentirle pero <strong>nada de ponerle motes y hacer mofas</strong> a costa del peinado, la vestimenta etc. Nuestros hijos tienen capacidad para darse cuenta de cómo son las personas con las que se relacionan y a veces hay que equivocarse para aprender.</li>
<li><strong>Los amores, en todas las edades, pueden ser dolorosos</strong>. Ver sufrir a nuestros hijos por “culpa de un papanatas” a veces es duro, y no lo podemos evitar. <strong>Cuando los hijos sufren sólo necesitan nuestro apoyo</strong>.</li>
</ul>
<p>¿Tu hijo adolescente se ha enamorado? Pues eso lo que significa es que <strong>tu niño o niña ya va dejándolo de ser</strong>. Sin miedo.</p>
<p>Otro artículo mio sobre este tema:  <a href="https://blogs.hoy.es/escuela-de-padres/2017/10/09/adolescentes-enamorados-madres-y-padres-preocupados/">Adolescentes enamorados, madres y padres preocupados.</a></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>¿Somos los padres unos incompetentes?</title>
		<link>https://blogs.hoy.es/escuela-de-padres/2013/12/22/somos-los-padres-unos-incompetentes/</link>
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		<pubDate>Sun, 22 Dec 2013 18:28:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Pajuelo</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Adolescentes]]></category>
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		<description><![CDATA[A menudo leo en la prensa o por televisión o escucho a amigos, compañeros de trabajo que una buena parte de los problemas que presentan los niños y jóvenes hoy en día es por culpa de los padres que no saben educar.  Esta especie de “mantra&#8221;, de tanto repetirla, ha ido calando hasta en los [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_224" style="width: 610px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/12/PADREINCOMPETENTE.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-224" loading="lazy" class="size-full wp-image-224" src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/12/PADREINCOMPETENTE.jpg" alt="Padre e hijo desayunando juntos. " width="600" height="400" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/12/PADREINCOMPETENTE.jpg 600w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/12/PADREINCOMPETENTE-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a><p id="caption-attachment-224" class="wp-caption-text">Padre e hijo desayunando juntos.</p></div>
<p>A menudo leo en la prensa o por televisión o escucho a amigos, compañeros de trabajo que una buena parte de <strong><em>los problemas que presentan los niños y jóvenes hoy en día es por culpa de los padres que no saben educar.</em></strong>  Esta especie de “mantra&#8221;, de tanto repetirla, ha ido calando hasta en los propios padres</p>
<p>Los padres en estos últimos años<strong> son los más preocupados y ocupados por la educación</strong> de sus hijos,<strong> los que más tiempo dedican a educar</strong>,  los que disponen de la <strong>mayor acceso a la  formación</strong> para poder realizar esta tarea de educar y, <strong>sin embargo, son los padres que se sienten más insatisfechos</strong> por la tarea de educar, y además son los padres más criticados.<br />
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<em><strong>¿Son los padres unos incompetentes?</strong></em>, pues en mi opinión esto <span style="text-decoration: underline;"><strong>no es verdad,</strong></span> y en más de treinta años de trabajo con padres y madres, he tenido la oportunidad, casi cotidiana, de hablar con padres y madres que educan, padres y madres entregados a la tarea de educar,  que saben perfectamente qué y cómo educar.</p>
<p>Entonces <span style="text-decoration: underline;"><strong>¿por qué esta sensación de incompetencia?</strong></span> Pues creo que el problema reside en que los padres nos empeñamos en v<strong>incular la tarea de educar con lo que los hijos hacen (resultados) y no con lo que hacemos los padres (educar).</strong> De tal manera que, si los hijos lo “hacen bien”, es porque están bien educados; y si “obran mal”, es porque algo hemos hecho mal. Y a esto le añadimos que<strong> todos somos unos expertos en educar&#8230; a los hijos de los demás.</strong></p>
<p>Hace un año que comencé esta aventura de escribir un <a href="https://blogs.hoy.es/escuela-de-padres/" target="_blank">blog para padres</a>, un blog que tiene un título engañoso “escuela de padres” porque realmente este blog no es una escuela de padres, sino <strong>un espejo donde podemos mirarnos, no para aprender algo que no sabemos, sino para reflexionar sobre lo que somos, sobre lo que hacemos, lo que sentimos mientras educamos para motivarnos  con la tarea de ejercer de padres. </strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">Un año en el que hemos compartido nuestro interés, aprecio y ganas por la tarea de educar, por eso recordar que somos competentes.</p>
<p>             Que somos padres competentes educando a nuestros hijos, pero no olvidemos que  <strong>nuestros hijos están “en construcción”</strong>, están aprendiendo a ser ellos mismos, y<strong> cuando uno está aprendiendo es muy fácil equivocarse.</strong></p>
<p>Que sabemos que ejercer de padres conlleva las competencias de hablar, guiar y poner límites, y por ello sabemos que<strong> los conflictos con los hijos son inevitables, y no nos dan miedo porque los padres sabemos a dónde queremos llegar.</strong></p>
<p>Que ejercer de padres es una tarea que está <strong>rodeada de una importante carga emocional</strong>, y mientras educamos, enseñamos también a nuestros hijos a que las emociones están presentes en todas y cada una de las actividades de la vida.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><strong>Las emociones no pueden guiar nuestras vidas</strong></span>, las emociones acompañan nuestros actos y por eso cuando educamos hay que tener mucho cuidado para no caer en la tentación de dejarse llevar por las emociones. No somos esclavos de lo que sentimos.</p>
<p>Que somos competentes porque<strong> frente a la incertidumbre de lo que puede pasar mañana, está la certeza de lo que hacemos aquí y ahora: educar.  Educamos hoy para que el mañana sea menos incierto.</strong></p>
<p>Que <strong>no vivimos en el paraíso ni en el mejor de los mundos posibles,</strong> y que <strong>educar es también abrir los ojos</strong> ante estos peligros y enseñar a los hijos modos de afrontarlos. <strong>Enseñar es nuestra tarea, actuar la de nuestros hijos.</strong></p>
<p>Que los padres sabemos que el tiempo discurre muy rápido mientras que  nuestros hijos sienten que va muy despacio. El único tiempo que existe de verdad es el presente así que, eduquemos con la vista en el futuro, pero con acciones en el presente.</p>
<p>Muchas gracias a todos los lectores del <a href="http://www.hoy.es/" target="_blank">HOY.es</a> que este año, con sus mas de cien mil lecturas de los diferentes posts que configuran el blog,  me han demostrado lo que para mí es una certeza:<strong> los padres son competentes para educar a sus hijos.</strong></p>
<p>Así que, <strong>ánimo un día más</strong>, la tarea continúa y no se os olvide la tarea que propuse en el <a href="https://blogs.hoy.es/escuela-de-padres/2012/12/21/si-podemos-ser-buenos-padres/" target="_blank">primer pos</a>t, <strong>decir a los hijos te quiero, esa es la poderosa razón por la que educamos y seguimos educando.</strong></p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">¡Feliz Navidad!</span><br />
</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
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		<title>Cómo actuar ante los celos de los hijos</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Jun 2013 10:11:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>carlospajuelo</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_151" style="width: 610px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/06/hermanosfeten.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-151" loading="lazy" class="size-full wp-image-151" title="Dos hermanos compartiendo un rato juntos." src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/06/hermanosfeten.jpg" alt="Dos hermanos compartiendo un rato juntos." width="600" height="375" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/06/hermanosfeten.jpg 600w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/06/hermanosfeten-300x188.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a><p id="caption-attachment-151" class="wp-caption-text">Dos hermanos compartiendo un rato juntos.</p></div>
<p><em>Alejandra llegó a su casa después de salir del trabajo. Pasó por una tienda y pensó en llevar a los niños un “detallito”. Compró dos cochecitos  para sus hijos: uno rojo  y otro negro. Al llegar a casa los niños salieron a su encuentro por el pasillo y Alejandra le dio a cada uno un coche. A Juan, el mayor, el rojo y a Marcos, el pequeño. el negro.</em></p>
<p><em> Marcos sonrió y dijo ¡el coche fantástico! En ese momento Juan tiró el coche rojo con rabia contra el suelo y comenzó a gritar que él quería el coche negro.  Y no os cuento como siguió la tarde porque ya os lo imagináis. A los que estáis pensando que tenía que haber comprado los dos coches del mismo color os diré lo que le pasó tres semanas antes cuando su madre les compró dos pelotitas iguales:  la bronca fue parecida porque Juan le dijo a su madre, ¡así como voy a saber cuál es la mía! Y el resto de la tarde ya os la imagináis.</em></p>
<p>Cuántos padres y madres, cada vez que deben tomar una decisión respecto a alguno de sus hijos, tienen en su mente qué es lo que van a hacer para contentar a toda la prole. Pero al final, hagas lo que hagas,  el resultado es que, cuando no es ,uno es otro, u siempre terminan apareciendo las recriminaciones.</p>
<p>Así es frecuente escuchar quejas de los hermanos mayores “ del tipo: &#8220;claro, el pequeño es vuestro niño mimado”, y quejas de los pequeños diciendo: “claro, a mi hermano le dejáis hacer todo lo que quiere”.</p>
<p>A los padres <strong>nos suele perturbar que nuestros hijos demuestren conductas de celos</strong> porque consideramos que nuestra manera de comportarnos es<strong> “justa”  e “igualitaria”</strong>, y la presencia de celos en un hijo vendría a ser como un cuestionamiento de ese comportamiento justo e igualitario que nosotros creemos mostrar.</p>
<p>Debemos tener en cuenta que <strong>generalmente los celos infantiles no son provocados por las actuaciones de los padres</strong>, pero la forma en que afrontamos  esta situación puede ser determinante para que sean superados.</p>
<p><strong>Las relaciones que  surgen entre hermanos  son unas relaciones especiale</strong>s, únicas y diferentes al resto de relaciones interpersonales que se tienen a lo largo de la vida. Favorecen el desarrollo de unos <strong>vínculos muy fuertes</strong>, únicos y que les van a permitir unas relaciones únicas, eso que llamamos <strong>“nuestra sangre”</strong>, pero el desarrollo de estos vínculos puede requerir de un <strong>periodo de adaptación</strong> puesto que <strong>los niños</strong> por lo general <strong>no están preparados para compartir, y menos el amor de sus padres</strong>.</p>
<p>Los seres humanos <strong>construimos</strong> <strong>nuestra propia personalida</strong>d, además de por el aporte genético, mediante un <strong>proceso de comparación social</strong>. Nos comparamos con los demás para ver cómo somos, para validar si lo que pensamos, hacemos o sentimos se ajusta a lo que hacen aquellos que son iguales a nosotros  y <strong>fruto de esa comparación nos sentimos mejores, iguales o peores que los que nos rodean</strong>.</p>
<p>La presencia de más hermanos acrecienta la posibilidad de realizar estas comparaciones y fruto de ellas se puede generar el temor de perder algo que crees que es tuyo, y cuando se tiene miedo, puede surgir una <strong>rivalidad</strong>, directa o larvada. <strong>Y con la rivalidad surgen los celos</strong>.</p>
<p><strong>Los padres no podemos evitar la rivalidad entre los hermanos, los padres no podemos evitar los celos entre hermanos.</strong> Así que deberíamos <strong>gastar nuestras energías en lo que podemos hacer ante los celos y rivalidades</strong> que presenten nuestros hijos.</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Qué podemos hacer los padres</span>:</strong></p>
<p><strong> 1) Lo primero es <span style="text-decoration: underline;">entender que los celos son una respuesta emocional normal</span></strong> y muchas veces inevitables. <strong>Lo más normal es que los celos infantiles se resuelvan de manera natural con el transcurso de los años.</strong> Pero también nos encontramos con algunos niños que tienen mucha dificultad en poder controlar sus celos y, l<strong>os celos, a la larga, se pueden convertir en un lastr</strong>e para el desarrollo de las personas porque devoran nuestra autoestima generando rencor y resentimiento.</p>
<p><strong>2) <span style="text-decoration: underline;">Enseñar a compartir</span></strong> es una tarea muy compleja y, en la medida que los hijos son pequeños, más, ya que  <strong>los niños nacen siendo egocéntricos y desean que el mundo gire solo en torno a ellos</strong>. Para enseñar a compartir es recomendable que, progresivamente,  en vez de comprar, por ejemplo,  un  juguete  para cada hijo c<strong>ompráramos un juguete para los hijos así les daríamos la posibilidad de aprender a compartir</strong> (pero mientras aprenden esto  la van a liar parda). Además de enseñarle a compartir, proporcionémosle <strong>experiencias gratificantes mientras comparten</strong>. Estaremos reforzando que se sientan bien y que sean ellos mismos quienes busquen vivencias de ese tipo.</p>
<p><strong>3) <span style="text-decoration: underline;">Evitar las comparaciones entre los hijos</span>. </strong>Nuestros hijos no necesitan ser iguales, no necesitan parecerse a otros. Por ello, <strong>nuestros hijos necesitan saber que los queremos por lo que son,</strong> no porque son como a nosotros nos gustaría que fueran. Esto no está reñido con el cumplimiento de normas y límites.</p>
<p><strong>4) <span style="text-decoration: underline;">Dar explicaciones</span>: </strong>Es muy conveniente <strong>explicar la razón por la que en un momento dado se da un trato diferente a un hermano que a otro.</strong> Explicar las razones no deja al hermano “celoso” convencido  porque los celos no le dejan entender pero sí que <strong>nos ayuda a nosotros, a los padres, a reafirmarnos en que estamos actuando por el buen camino</strong>.</p>
<p><strong>5) <span style="text-decoration: underline;">Buscar momentos en los que hacer sentir a los hijos que son únicos</span></strong>. Llevarlos un día simplemente a merendar, a pasear, ir al cine, etc. Es como tener un momento de intimidad entre padre-hijo, exclusivo. <strong>Buscar la calidad más que la cantidad</strong> de tiempo.</p>
<p><strong>6) <span style="text-decoration: underline;">Procurar no dedicar más atención al hijo celoso</span></strong>. Porque entonces <strong>estaríamos reforzando sus conductas</strong>. Os recuerdo que los celos, por lo general, son una interpretación que el hijo hace.</p>
<p>Los niños celosos temen perder el amor de sus padres y por eso sufren. Y cuanto más temen esa pérdida, más sufren. <strong>Ayudar a los hijos a afrontar sus celos es ayudar a los hijos a desarrollar su autoestima</strong>, a aprender a valorarse, y sobre todo <strong><span style="text-decoration: underline;">A QUE APRENDAN A AMAR EN VEZ DE ESTAR SÓLO PENDIENTES DE QUE LOS AMEN</span>.</strong></p>
<p><em><br />
</em></p>
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		<title>Cinco cosas importantes que debemos enseñar a los hijos</title>
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		<pubDate>Thu, 16 May 2013 09:09:54 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_137" style="width: 610px" class="wp-caption alignright"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/05/padresenseñanblog.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-137" loading="lazy" class="size-full wp-image-137" title="Hay cinco cosas que debemos enseñar a nuestros hijos, y no olvidar nosotros." src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/05/padresenseñanblog.jpg" alt="Hay cinco cosas que debemos enseñar a nuestros hijos, y no olvidar nosotros." width="600" height="400" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/05/padresenseñanblog.jpg 600w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/05/padresenseñanblog-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a><p id="caption-attachment-137" class="wp-caption-text">Hay cinco cosas que debemos enseñar a nuestros hijos, y no olvidar nosotros.</p></div>
<p style="text-align: left;">Algunas veces he escuchado a algunos padres decir <strong>“he fracasado como padre”,</strong> y esto lo dicen padres de niños, de adolescentes, padres de jóvenes y, a veces, hasta padres de adultos. Ante  esa afirmación siempre pregunto lo mismo: <strong>¿por qué dices eso?</strong>  La respuesta, curiosamente,  suele incluir esta idea: <strong><em>“no he sabido inculcarle“.</em></strong></p>
<p style="text-align: left;">Este <strong>sentimiento de fracaso</strong>, además de restar confianza a los padres, sirve a menudo para <strong>culpabilizar a los hijos</strong>. Y el coctel “falta de confianza” más “culpabilización” genera resacas de larga, muy larga duración.</p>
<p style="text-align: left;"> La tarea de ser padres <strong>no es  construir hijos</strong> sino <strong>ayudar a que los hijos se construyan a sí mismos. </strong>Desde esta perspectiva,<strong> </strong>realmente ¿fracasan los padres?  <strong>La vida de nuestros hijos les pertenece a ellos,</strong> y los padres no podemos vivir la vida de nuestros hijos porque, si lo hiciéramos, quizás no se equivocaran, pero lo que es seguro es que <strong>los privaríamos de vivir su vida</strong> que, por cierto, es una forma de ser desgraciado/a.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>El fracaso </strong>como padres, no reside en lo que nuestros hijos hacen, o dejan de hacer,  ni en lo que los padres olvidamos que hemos hecho. En todo caso, <strong>reside en no dejar que nuestros hijos sean los dueños de sus aciertos y de sus errores</strong>.</p>
<p style="text-align: left;">Por otro lado, algunos padres vamos olvidando mientras nuestros hijos se van haciendo mayores las  cosas que les hemos enseñado con tanto esfuerzo y con tanto cariño en su infancia y adolescencia.  <strong>El olvido </strong>nos puede volver rígidos, incluso resentidos y el resentimiento<strong> conlleva el peligro  de “perdernos” la vida que nuestros hijos adultos  han decidido, libremente, vivir</strong>. Pero olvidar no es fracasar.</p>
<p style="text-align: left;">         <span style="text-decoration: underline; font-size: large;">   ¿<strong>Y qué cosas son las que debemos enseñar a los hijos, y que los padres no debemos olvidar</strong>?</span></p>
<p style="text-align: left;">1)  <strong>Les enseñamos a decir te quiero</strong>.  Querer es para toda la vida y se quiere a los hijos porque son nuestros hijos, y no por lo que hacen, ya que lo que hacen es parte de la vida de nuestros hijos: <strong>Su propia vida</strong>.  Nuestros hijos <strong>no son nuestras ilusiones ni nuestras metas</strong>.  Escuchar a adolescentes decir que se sienten mal porque no han sido capaces de satisfacer las expectativas que sus padres tenían depositados en ellos es algo habitual en estos días de búsqueda de nota media en la cercana Selectividad.</p>
<p style="text-align: left;">2)  <strong>Les enseñamos el valor que tiene guiar</strong>. Los guiamos  cuando son pequeños y, cuando son adultos, nuestra  luz sigue ahí dispuesta a guiar.  <strong>Los padres somos faros,</strong> no para evitar que nuestros hijos se pierdan, sino porque sabemos que <strong>es posible que se puedan perder</strong> y, en ese momento,  es cuando más necesitan que nuestra luz brille. <strong>La luz dice dónde estamos los padres</strong> para que nuestros hijos siempre lo tengan en cuenta. No indica hacia dónde tienen que ir, porque <strong>el camino que escogimos los padres es sólo nuestro camino</strong>.</p>
<p style="text-align: left;">3) <strong>Les enseñamos qu</strong>e <strong>los aceptamos tal y como son.</strong>  Nuestra  imperfección nos ayuda a ser<strong> comprensivos</strong> con las imperfecciones de los que nos rodean. Les <strong>apoyamos y confiamos en su capacidad para tomar decisiones</strong> en función de su edad. Confiamos en que educamos para que nuestros hijos sean capaces de vivir su vida y tomar sus propias decisiones.  Confiamos  en su capacidad para afrontar los reveses que, sin duda alguna, les acarreará tomar determinadas decisiones.</p>
<p style="text-align: left;"> 4) <strong>Les enseñamos el valor del  respeto</strong>, respetando sus ideas, sus creencias. <strong>Respetar no es sinónimo de compartir</strong>. Aceptamos y valoramos que nuestros hijos piensen, aunque sea de forma diferente a nosotros, o que tengan creencias y gustos diferentes a las nuestros.  Las parejas de nuestros hijos, sus creencias, sus opciones políticas no deberían de ser nunca una frontera.</p>
<p style="text-align: left;"> 5) <strong>Les enseñamos la disponibilidad</strong> que los padres tenemos siempre para nuestros hijos, que siempre seremos menos rencorosos, <strong>siempre tendremos los brazos abiertos,</strong> que no nos cansaremos de dar pasos que nos acerquen a ellos, que aceptamos, por ser padres, que nos corresponde siempre la tarea de construir puentes.</p>
<p style="text-align: left;"> <strong>La vida es fugaz</strong>, los hijos nos gastan las hojas del calendario a un ritmo vertiginoso. ¿De verdad crees que has fracasado como padre?, <strong>¿no será que has olvidado todo lo que les has enseñado?</strong></p>
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		<title>Mi hijo tiene una rabieta ¿qué hago con él?</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Apr 2013 09:08:42 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Aurora y Juan son unos estupendos padres con los que estuve charlando hace unas semanas en un centro infantil y, nada más comenzar la conversación, Juan me espetó: Carlos, yo no sé si necesitamos ayuda de un psicólogo o de un exorcista. Laura, nuestra hija, es una niña encantadora, divertida, alegre, habladora… pero últimamente, y [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_116" style="width: 610px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/04/RABIETASFETEN.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-116" loading="lazy" class="size-full wp-image-116" title="Dos gemelos con rabieta." src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/04/RABIETASFETEN.jpg" alt="Dos gemelos con rabieta." width="600" height="349" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/04/RABIETASFETEN.jpg 600w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/04/RABIETASFETEN-300x175.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a><p id="caption-attachment-116" class="wp-caption-text">Dos gemelos con rabieta.</p></div>
<p>Aurora y Juan son unos estupendos padres con los que estuve charlando hace unas semanas en un centro infantil y, nada más comenzar la conversación, Juan me espetó: Carlos, yo no sé si necesitamos ayuda de <strong>un psicólogo o de un exorcista</strong>. Laura, nuestra hija, es una niña encantadora, divertida, alegre, habladora… pero últimamente, y con más frecuencia,  cada vez que le decimos que no a algo que pide, se convierte en <strong>una especie de “posesa”</strong> que grita, se tira al suelo, berrea más que llora. En ese momento Aurora dejó resbalar dos lágrimas mientras decía “No sabemos cómo ayudarla. No podemos con ella”, “voy a esperarla al colegio con miedo por si me monta el numerito”.<br />
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<p>Para empezar, les dije, tengo una buena noticia, <strong>vamos a descartar el exorcismo</strong> y, en segundo lugar, vamos a intentar entender las rabietas como un comportamiento “normal de niños normales” pero que requieren por parte de los padres una manera de actuar clara y sistemática. <strong>Las rabietas son una oportunidad para que nuestros hijos aprendan a tolerar la frustración.</strong></p>
<p>Las rabietas son una conducta que se presentan fundamentalmente en dos tipos de situaciones: la primera,  <strong>cuando un niño no obtiene algo que desea</strong>. La segunda, <strong>cuando un niño está muy cansado</strong> (esto que los padres llamamos “pasado de rosca”).</p>
<p>Si echas un vistazo por el cuarto de tu hijo podrás ver que tienen de todo, los hijos de los psicólogos también tienen un cuarto como el de tu hijo. Y no sólo es que tengan de todo, sino que además <strong>les hemos acostumbrado</strong>:</p>
<p>&#8211;<strong>A mercadea</strong>r, con frases del tipo  “si haces esto te doy lo otro”. Así, es normal escuchar a los niños contestar a sus padres cuando les piden algo: “qué me vas a dar a cambio”.</p>
<p>&#8211; <strong>A ofrecerles regalos</strong>, muchas veces, sin necesidad de que los pidan. Os recuerdo que, a veces, nos sentimos culpables por no dedicar el tiempo suficiente a nuestros hijos y mediante la “cartera” intentamos calmar nuestra culpa. A las 14 horas en las puertas de cualquier colegio, público o concertado, padres y madres llevan guardado en el bolso lo que yo denomino <strong>un “kit anti-pollo”</strong> y que se usa en cuanto el niño amaga con montar un numerito: ”Mira lo que te he traído”.</p>
<p>Cuando un niño quiere algo, en cuanto lo está pensando, lo está pidiendo. <strong>Lo único que tiene el niño en su cabeza “dame eso”, o “quiero eso”</strong>. Y mientras, <strong>los adultos solemos tener “verás tú el niño ahora”</strong>, “a que me monta un pollo antes de comer”, “mira lo que te he traído (kit anti pollo)“ a que no va a comer con el berrinche”, “otra vez no, hijo mío”, etc., etc.  Toda esta serie de pensamientos van a ser fundamentales a la hora de determinar qué comportamiento vamos a desarrollar.</p>
<p><strong>Mi recomendación es sencilla</strong>, si crees que no debes atender su petición, los padres sólo tienen que pensar una cosa, en que van a decir: <strong>“No”</strong>.</p>
<p>Cuando los padres me dicen que hay que razonar con los hijos, les contesto que claro que sí. Pero, creedme, llega un momento en el que no se puede seguir razonando cuando los niños entran en estado de rabieta. La postura más efectiva es la de <strong>mantenernos</strong> en nuestra decisión.</p>
<p><strong>No te enfades cuando tu hijo tiene una rabieta</strong> y, si te enfadas, que no se dé cuenta. ¿Por qué nos vamos a enfadar nosotros si estamos actuando como padres, si estamos educando? Cuando, por ejemplo,  le decimos a nuestro hijo que no va a tomar una chocolatina antes de comer, entiendo que el niño se mosquee porque prefiere el chocolate al arroz.</p>
<p>Pero si le has dicho ‘<em>No’,</em> sólo tienes que repetírselo un par de veces, con suavidad (<em>no, ahora no puede ser</em>) dale un porqué tranquilamente (<em>ahora vamos a comer), </em>incluso ofrécele una alternativa<em> (ahora vas a comer la chocolatina después o para la merienda</em>) y, a partir de ahí, <strong>un poco de sordera transitoria es un buen método</strong>.</p>
<p>Al comienzo, cuesta mucho, pero si tú, como padre perseveras en tu decisión, aunque tu hijo piense “prepárate para la que te voy a montar”, te darás cuenta progresivamente de que tu hijo cada vez utilizará rabietas cada vez menos porque <strong>no les sirven para obtener nada</strong>. Las rabietas de la infancia, si no se educan, pueden convertirse en <strong>conductas más indeseables en la adolescencia</strong>.</p>
<p>Las rabietas de nuestros hijos suelen acompañarse de una <strong>serie de “efectos especiales”</strong> que les dan un carácter más “dramático”. Hay niños que se dan cabezazos, los hay que se congestionan tanto que parecen explotar, los hay que se provocan vómitos, y a veces el miedo a que les pueda pasar algo hace que aflojemos en nuestra decisión. <strong>Cuanto más se descomponga</strong> la criatura, más <strong>necesita que sus padres estén tranquilos</strong> y serenos.</p>
<p>Los berrinches y rabietas suelen generar mucho malestar a los padres y, a nuestros hijos, además les gusta montar esos espectáculos delante de amigos y público en general.</p>
<p>Cuando ves a un niño con rabieta, a uno que no sea tuyo, ¿qué piensas?: “<em>Ese niño, si fuera mioooo,  tiene una torta en todo lo alto</em>” y hay hasta quién piensa: “<em>mira qué padres, si es que tienen una torta en tó lo alto</em>”.</p>
<div id="attachment_119" style="width: 610px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/04/PADREEDUCANDO_OKFETEN.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-119" loading="lazy" class="size-full wp-image-119" title="Padre avisando al resto que está educando a su hijo, no pasando de su rabieta. / Marcos Ripalda" src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/04/PADREEDUCANDO_OKFETEN.jpg" alt="Padre avisando al resto que está educando a su hijo, no pasando de su rabieta. / Marcos Ripalda" width="600" height="381" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/04/PADREEDUCANDO_OKFETEN.jpg 600w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/04/PADREEDUCANDO_OKFETEN-300x191.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a><p id="caption-attachment-119" class="wp-caption-text">Padre avisando al resto que está educando a su hijo, no pasando de su rabieta. / Marcos Ripalda</p></div>
<p>Voy a proponer <strong>que el periódico HOY regale</strong> con el suplemento semanal <strong>un chaleco reflectante</strong> de esos que hay que llevar en el coche. En el chaleco se leerá la leyenda “PADRES EDUCANDO”. Así, cuando un niño monte el berre, sus padres se colocan el chaleco, y el resto de padres, cuando pasen alrededor del espectáculo, en vez de pensar eso de “qué torta”, animosamente dirán a los padres del de la rabieta, <strong>“ánimo”, “aguantar”</strong>.</p>
<p>Cuando los padres, ante una rabieta,  se mantienen firmes en sus decisiones y logran que su decisión no cambie, y se mantienen tranquilos,<strong> ese día los padres empiezan a confiar más en sus destrezas como padres</strong>. ¡Así que, <span style="text-decoration: underline;">ánimo</span>!</p>
<p>P.D. Un cuento para leer con niños que tiene rabietas: <a href="http://m.casadellibro.com/libro-vaya-rabieta/9788484701477/974694" target="_blank">http://m.casadellibro.com/<wbr>libro-vaya-rabieta/<wbr>9788484701477/974694</wbr></wbr></a></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Cómo ayudar a nuestros hijos a superar sus miedos</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Apr 2013 17:41:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>carlospajuelo</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Los Padres Preguntan]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_101" style="width: 487px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/04/NIÑAASUSTADA.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-101" loading="lazy" class=" wp-image-101 " title="Cuando nuestros hijos muestren miedo, tenemos que mostrarles seguridad y cariño." src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/04/NIÑAASUSTADA.jpg" alt="Cuando nuestros hijos muestren miedo, tenemos que mostrarles seguridad y cariño." width="477" height="717" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/04/NIÑAASUSTADA.jpg 3744w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/04/NIÑAASUSTADA-200x300.jpg 200w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/04/NIÑAASUSTADA-768x1152.jpg 768w" sizes="(max-width: 477px) 100vw, 477px" /></a><p id="caption-attachment-101" class="wp-caption-text">Cuando nuestros hijos muestren miedo, tenemos que mostrarles seguridad y cariño.</p></div>
<p><em>“Carlos, mi hija Marieta lleva unos días en los que en mitad de la noche se despierta muy asustada y llorando, se abraza a mí y, entre sollozos, me cuenta que si unos perros la perseguían y querían morderle, que si estábamos en la playa y se perdía, que si unos monstruos…, y yo ya no sé qué hacer. Le digo que son sueños y que no tiene importancia, y que hay que ser valiente, le hago que se levante y que vea que no hay perros en la habitación,  ni monstruos, me tiene un poco agobiada y no sé qué hacer”.</em></p>
<p><strong>Los miedos juegan un papel importante en el desarrollo de las personas</strong>. El miedo es un mecanismo de protección y supervivencia, el miedo hace que las personas sean precavidas que valoren riesgos y por eso hay que tener una <strong>actitud de tranquilidad ante las manifestaciones de miedo de nuestros hijos</strong> y, sobre todo, <strong>un especial cuidado a la hora de utilizar los miedos como estrategia de educación.</strong></p>
<p><strong> </strong>Cuando los niños tienen conciencia de “los fantasmas”, “el lobo”, “las brujas”, etc.,  es <strong>NORMAL</strong> que se asusten, y que se puedan mostrar temerosos. El papel de los padres es el de mostrarnos tranquilos, darles confianza, y no el de “echar leña al fuego” diciendo eso de ¡cuidado con el lobo!.</p>
<p>Cuando hacemos esto, los miedos normales pueden llevar a que aparezcan otros miedos que <strong>se enseñan y se aprenden. </strong>Por ejemplo, <strong>los padres miedosos suelen tener hijos miedosos</strong>. Por eso, los padres jugamos un papel importante en la manera en que nuestros hijos desarrollan y afrontan sus temores.</p>
<p>Los miedos infantiles, por lo general, son frecuentes y normales y, de la misma manera que aparecen, se van. Así que, ante esos miedos, la mejor actitud de los padres ante ellos es  mostrarnos como un modelo de referencia, y que vean en nosotros un modelo de seguridad, de comprensión, de tranquilidad.</p>
<p>Ante las pesadillas de los niños, la actitud de los padres ha de ser de <strong>absoluta tranquilidad</strong> (claro que, a las 4 de la mañana, la paciencia y tranquilidad a veces también está durmiendo), <strong>tranquilidad para ir a su cuarto</strong> y decirles ¿qué te pasa?, y <strong>dejarlos que nos cuente su sueño</strong>, y cuando termine decirle, “<em>claro, hijo, si sueñas esas cosas es normal que tengas miedo. Ha sido un sueño. Tranquilízate (beber un poco de agua viene bien) y a seguir durmiendo</em>”. <strong>Abrácelos</strong>, cuando se tiene miedo el contacto físico calma mucho, y <strong>no enciendas muchas luces</strong> y así  evitaremos  que se espabilen.</p>
<p>Algunos padres, como la madre de Marieta, se ponen a buscar los perros y los monstruos por la habitación de sus hijos creyendo que esa es la demostración palpable de que lo que les asusta no está en el cuarto y, sin embargo, con este comportamiento  los hijos piensan, <em>¡madre mía! si mi madre los está buscando eso significa que ¡pueden estar aquí.!</em></p>
<p>A las 4 de la mañana <strong>no es buena hora para ponerse a razonar</strong> (al razonamiento le pasa como a la paciencia, está durmiendo). Así que es mejor dejar los razonamientos para el día siguiente.</p>
<p>A la hora del desayuno puede preguntarle, y darle <span style="text-decoration: underline;"><strong>alguna estrategia para intentar afrontarlos</strong></span>, del tipo:</p>
<p>&#8211; <strong>No le hagas sentir que es un miedoso, no lo ridiculices</strong>. No le llames cobarde, ni le hagas sentir como tal.  Los miedos les hacen sentir muy inseguros y <strong>necesitan comprensión</strong>.</p>
<p><strong>-No te empeñes en obligarlo a afrontar su miedo en solitario</strong>. Hay padres que intentan ayudar a superar los temores de sus hijos obligándoles a enfrentarse a ellos en solitario. Como si tuvieran que ser una especie de “legionarios”.  <strong>Este es otro tremendo error</strong> que lo que suele acarrear es un sentimiento de no ser capaz de afrontar el miedo y, por lo tanto, no tendrá oportunidad de sentirse orgulloso de sí mismo.</p>
<p><strong>Los miedos afrontados con ayuda son más fáciles de afrontar</strong>. Esto no significa que te tengas que acostar en la cama con el niño, ni que le tengas que acompañar continuamente por la casa, si le da miedo la oscuridad. De lo que se trata es de <strong>hacer sentir al niño que estás con él</strong>, pero tú en tu cuarto, y él en el suyo, o cuando tiene miedo a la oscuridad, acompañarles una parte del pasillo, y dejar que ellos solos hagan otra parte, e ir restringiendo paulatinamente el acompañamiento.</p>
<p><strong>-Y sobre todo no ignores sus miedos</strong>. Si ignoras por completo sus temores se sentirá perdido y solo. No encontrará la forma de enfrentarse con el problema y percibirá por tu parte desinterés y falta de cariño.</p>
<p><strong>-Ofrécele alternativas</strong>:   por ejemplo, cuando te despiertes asustado, <strong>puedes encender una pequeña luz</strong> que tengas en la mesilla, y puedes decir en voz alta “Sólo ha sido un mal sueño”, “estoy a salvo en casa”, etc., <strong>la idea es que no le dé vueltas a la cabeza al sueño que le ha  originado el temor</strong>. Con niños más pequeños un peluche puede ser una buena alternativa.</p>
<p>Otro aspecto a tomar muy en cuenta es la <strong>utilización que los padres hacemos del miedo como estrategia educativa</strong>. Muchos de los miedos que presentan nuestros hijos los han aprendido porque nosotros se los hemos enseñado.  ¿<strong>Os suena lo del coco</strong>?, y ¿del sacamantecas? Pues, en la actualidad, muchos padres siguen utilizando estrategias parecidas que tienen como efecto directo <strong>lograr un cierto control de la conducta del niño</strong> pero que, a la larga, <strong>lo único que logran es aumentar el número de miedos de nuestros hijos</strong>.</p>
<p>Hace unos días vi a un niño de unos dos años, que iba paseando unos metros por delante de sus padres,  y se dirigió hacia un perro. <strong>En ese momento los padres comenzaron a gritarle al niño como desesperados ¡cuidado!</strong>, y se interpusieron entre el perro y el niño bruscamente mientras le decían asustados, ¡cuidado con los perros!. <strong>Con tal escándalo el niño comenzó  a llorar asustado</strong> y no me extraña que hasta el perro le cogiera miedo también a los perros.</p>
<p>Así que, procuremos no asustar a los hijos mientras los educamos, porque asustando a los hijos, nos asustamos los padres. <strong>Y el círculo del miedo se va haciendo cada vez más intenso</strong>.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><strong>Tranquilidad y confianza</strong></span>.</p>
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		<title>Compartir tareas en casa también es educar</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Jan 2013 07:39:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>carlospajuelo</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Adolescentes]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_37" style="width: 624px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-37" loading="lazy" class=" wp-image-37 " title="Mujer agotada rodeada de pilas de platos pendientes de lavar. / Jesús Ferrero" src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada.jpg" alt="Mujer agotada rodeada de pilas de platos pendientes de lavar. / Jesús Ferrero" width="614" height="614" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada.jpg 1476w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada-150x150.jpg 150w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada-300x300.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada-768x768.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada-1024x1024.jpg 1024w" sizes="(max-width: 614px) 100vw, 614px" /></a><p id="caption-attachment-37" class="wp-caption-text">Mujer agotada rodeada de pilas de platos pendientes de lavar. / Jesús Ferrero</p></div>
<p>Nada más acordarme de<strong> mi amiga Paqui</strong>, con la que había hablado unos 15 días antes sobre qué hacer para ayudar a <strong>su hija pequeña que vomitaba todas las mañanas, de lunes a viernes, justo en el momento de salir de casa dirección al colegio</strong>, cogí el teléfono y la llamé para interesarme por cómo iba la niña.</p>
<p>“¿Paqui? Hola, soy Carlos, ¿cómo estás?”. Hizo un ruido gutural de esos que hacemos a veces para contestar que más o menos bien. Entonces le pregunté: <em>“<strong>¿Tomamos un café  y hablamos de tu niña?”</strong></em></p>
<p>Ella me contestó: “¿Un café?, ¿que nos tomemos un café?<strong> ¡qué gracioso eres!. Cómo se nota que tus hijos  ya son mayores</strong>. Mira Carlos, desde que llegué a casa a las tres y cinco, justo un momento antes de que Tomás llegara después de recoger a los niños del comedor del colegio, me he puesto a <strong>ultimar nuestra comida, a recoger los abrigos de los niños</strong>, que sabes tú les encanta <strong>hacer lo mismo que su padre</strong>: dejarlos sobre la silla en la entrada, y yo les digo que lo recojan, y ellos me dicen que ahora, pero ya sabes tú lo que significa ese ‘ahora’. Así que venga a recoger abrigos. Pues lo que te iba diciendo, <strong>recoger sus abrigos, y pensar que el mayor esta tarde va a catequesis</strong>. Le doy un grito, <em>¡¡¡Tomás!!!</em> Y contesta el padre: <em>¡¡¡qué!!!</em> Y yo, “<em>a ti no es</em>”. Y más fuerte, <em>¡¡¡Tomás!!!</em> y el padre otra vez más fuerte <em>“que quéee</em>” y yo más fuerte: <em>“que a ti no eees”</em>. Claro, hasta que no voy al salón el niño no contesta. Y le digo: “<em>Tomás tú no te cambies de ropa que esta tarde tienes catequesis y tú Antonio ponte el kimono. Y tú, Rocío, deja de hurgarte la nariz y lavaos los dientes</em>. Y mientras su padre pone la mesa, el mayor va y se cambia tres veces, y el mediano está parado en medio del pasillo, como un pasmarote, <em>“¿Qué haces?</em>”, le pregunto. “<em>Es que no sé dónde está el kimono</em>”, me contesta. “<em>Está en su sitio</em>”, le digo. <em>“¿Y cuál es su sitio?</em>”, ¡el de todos los días!, le grito. Carlos si es que <strong>las madres parecemos el mago Juan Tamarit, haciendo con nuestra sola presencia que los calcetines, los kimonos, los lápices…aparezcan en su sitio</strong>. A Rocío la ha vestido su padre con una falda de cuadros por abajo y camisa de flores por arriba. Y yo: ¡¡¡Tomás!!! <strong>¡Que la niña parece la Duquesa de Alba!</strong>. Y por fin, nos ponemos a comer tranquilos Tomás, Ana Blanco y yo. Mientras comemos llega el mayor enfadado porque el mediano le ha dicho “<em>caraculo</em>”, y yo le digo: <em>“hazte el sordo”</em>, y él: “<em>no, no me hago el sordo, le voy a pegar</em>”, y yo: “<em>ni se te ocurra”</em>. <strong>Tomás padre sigue comiendo tan tranquilo, ensimismado con Ana Blanco</strong>. Y la pequeña que viene  y me dice: “<em>mamá ¿y mi coletero?</em>” ¡Madre mía!, ¡que se está perpetrando un peinado ella sola!. “<em>Mamá</em>”, me dice, “<em>me voy a hacer dos coletas</em>”. Pero yo sólo veo una y cerca de la frente. Y yo: “<em>que te esperes, que ahora te peino</em>”. <strong>Y entonces se pone a llorar</strong> y yo: “<em>que no llores por eso</em>” y ella sigue llorando y el mediano también viene llorando porque el mayor le ha dicho gili y lo que sigue y yo: “<em>Tomás, haz algo</em>”,<strong> y Tomás que está pendiente de Ana Blanco, sin mirar a los niños, les suelta “<em>castigados sin ver la tele</em>”</strong>. Y el mediano dice <em>“¿yo?, ¿por qué?, ¡qué injusticia!”</em> .Y <strong>termino de comer, de recoger la cocina, y me siento en el sofá diez minutos, Carlos, diez minutos para descansar un ratito y ¿qué te crees?, que en el mejor sueñecito me llaman los de Jazztel</strong>, ¡la madre que los parió! y nada más colgar los de Jazztel me llama mi suegra, ¡la madre que parió a mi marido! y me dice con voz baja ¿no estarías dormida no? Y yo: Tomás ¡¡¡¡tu madre!!!!. Y antes de que la yugular me explote, voy y cojo a los niños. Venga que nos vamos y <strong>hasta que no doy un grito los niños no acuden y entonces se pelean</strong>, se pelean por salir el primero, se pelean por darle al botón del ascensor, se pelean por quién se monta delante. Y cuando vas a montarte en el coche ves que te has dejado las llaves en casa y <strong>sube para casa y como no vas a dejar a los niños solos en el garaje</strong> porque mi vecina me dijo un día: “<em>Paqui hija hay que tener cuidado en el garaje porque puede venir algún depravado de esos que los raptan</em>”, así que venga los niños para arriba y otra vez pelea por entrar primero, pelea por darle al botón, llanto porque el coletero que intentaba sostener el proyecto de coleta ha salido disparado, y la coleta que se había perpetrado, lógicamente, se acaba de convertir en el caracol de Estrellita Castro y, cuando vuelves a subir, <strong>Tomás va y te dice: “</strong><em><strong>tranquilízate Cari, ¿quieres que te ayude?</strong> A ver, ¿qué hago?”.</em> Y yo me acuerdo de Jazztel y de su madre, y le digo <strong>“</strong><em><strong>sabes que no me gusta que me digas que me ayudas, esta casa es TU casa</strong>. Anda pon la lavadora y, cuando termine, tiende”</em>. Coges las llaves del coche, bajas al garaje, pelea por entrar, pelea por botón, pelea por salir y pensando <strong>por Dios que Tomás tienda bien porque Tomás tiende sin un orden lógico. ¡Claro, como él no plancha!</strong> Y cuando te montas en el coche haces el último repaso: el de la catequesis va bien, el del judo va con las botas de futbolista, va mal, pero hoy va a ir así. Y la de la coleta sigue retorciéndose los cuatro pelos intentado sujetarlos con un kiki, y sin dejarse ayudar, la miro y me dice: “Yo sola”. Todos, por fin, metidos en el coche y, a las cinco, Carlos <strong>a las cinco, están las calles llenas de coches, de coches llenos de niños que van con sus kimonos</strong>, que te empiezas a preguntar cuántas medallas de oro en judo hemos ganado en las olimpiadas para que tantos niños practiquen el judo, o lo que es peor, cuántos niños pánfilos como el mío van a judo a ver si espabilan, y más coches llenos de niños que van al conservatorio o a danza, y coches llenos de niños que van al logopeda porque no saben decir frigorífico, y de niños que van a clases particulares de todo, y de niños que van al dentista, y de <strong>padres que parecen cabreados, desfogándose con la bocina del coche</strong>. Y dejas a uno, y dejas al otro, y <strong>mientras esperas a que terminen te vas al Mercadona</strong> y allí recorro los pasillos a lo Fernando Alonso intentando dar respuesta <strong>al interrogante de mi vida: ¿</strong><em><strong>y mañana qué comemos?</strong>.</em> Carlos, y cuando recojo al de la catequesis me llega con tres invitaciones de cumpleaños para el próximo sábado, y el del judo con una nota porque van a hacer una demostración en un pueblo a 40 kilómetros, justo a la hora que me llaman los de Jazztel y la pequeña con un cabreo porque la coleta no se queda en su sitio y yo con unas ganas de entrar en una papelería, y pegársela con tesafilm. Y llego a casa y mientras su padre les pone la merienda <strong>me asomo al tendedero y, ¡Santa Madre del Amor Hermoso!, me encuentro un panorama desolador:</strong> un pantalón tendido por la pernera, una camisa por el cuello… ¡¡¡Tomás!!!! ¡has tendido la ropa que estaba en la lavadora!. Y Tomás ¡¡¡no ves que siiii !!!. Tomás, pero <strong>no te has dado cuenta que antes de tender hay que poner la lavadora en marcha!!!!</strong> Y claro Carlos, para que pediré yo nada, si <strong>tardo menos en hacerlo yo sola</strong>. Si es que ya me lo dijo mi madre que un hombre que escurre los spontex con una sola mano no está llamado para las tareas domésticas. ¿Un café Carlos?, ¿un café?, tú crees que yo tengo tiempo para un café?”</p>
<p>Y yo, anonadado, le contesté: <strong></strong><em>&#8220;<strong>No. Un café no. “Mejor nos tomamos una tila</strong></em><strong>”</strong></p>
<p>P.D.- <span style="text-decoration: underline;"><strong>Lo que nuestros hijos ven, nuestros hijos hacen</strong></span>.</p>
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