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	<title>Escuela de Padrespadres y madres &#8211; Escuela de Padres</title>
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	<description>La tarea de ejercer de padres</description>
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	<title>padres y madres &#8211; Escuela de Padres</title>
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		<title>Queridos maestros</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Oct 2025 13:23:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Pajuelo</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Adolescentes]]></category>
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		<description><![CDATA[Queridos maestros, queridas maestras: Dia a día, cada mañana, os confiamos el tesoro más valioso que tenemos en nuestras casas, nuestros hijos. Os lo dejamos en la puerta del colegio o del Instituto con la mochila medio abierta, alguna tarea sin hacer, el desayuno a medias, y un proyecto de beso que, muchas veces, se [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Queridos maestros, queridas maestras:</p>
<p>Dia a día, cada mañana, os confiamos el tesoro más valioso que tenemos en nuestras casas, nuestros hijos.<br />
Os lo dejamos en la puerta del colegio o del Instituto con la mochila medio abierta, alguna tarea sin hacer, el desayuno a medias, y un proyecto de beso que, muchas veces, se diluye entes de llegar a sus mejillas.</p>
<p>Os los dejamos con sus anónimos miedos, con sus ansias anónimas, con sus risas y sus llantos afónicos.<br />
Y les decimos ¡hasta luego! con el deseo de que en vuestras manos estarán bien, estarán bien, todo pasará.</p>
<p>No, no lo decimos a menudo, pero sabemos que tenéis una tarea muy complicada que va más allá de eso que llaman “enseñar”. Sabemos que es complicada porque a veces estamos desesperados, perdidos, asustados por nuestros hijos, y 30 padres dejan en la puerta del centro 30 hijos, 30 universos, 30 maneras de sentir, de pensar. Sabemos que todos los días vuestros alumnos os hablan con el cuerpo, con el gesto o con el silencio de esos universos tan particulares que son cada uno de ellos. Y sabemos que vosotros entendéis ese idioma invisible, a veces ininteligible, que en casa nos cuesta tanto descifrar.<br />
<img loading="lazy" class="aligncenter size-large wp-image-1412" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2025/10/Sin-titulo-41-1024x1024.jpeg" alt="" width="1024" height="1024" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2025/10/Sin-titulo-41-1024x1024.jpeg 1024w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2025/10/Sin-titulo-41-300x300.jpeg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2025/10/Sin-titulo-41-150x150.jpeg 150w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2025/10/Sin-titulo-41-768x768.jpeg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2025/10/Sin-titulo-41.jpeg 1200w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></p>
<p>Sabemos que hay tardes en las que os lleváis a vuestra casa una preocupación que no os pertenece, un desaire, una herida y muchas noches de desvelo en las que repasáis mentalmente una mirada triste, una salida de tono, o un “estoy harto, no puedo más”. Y esas preocupaciones, esos desaires, esas heridas y esos desvelos por lo general llevan el nombre de uno de nuestros hijos o de nuestras hijas.</p>
<p>Perdonad porque muchas veces os criticamos por aquello que nosotros mismos hacemos en casa. A menudo los padres somos impacientes, o muy críticos, o muy rígidos, y simplemente esto indica que estamos muertos de miedo. Nos asusta ver a nuestro hijo sufrir o equivocarse, y sin querer os pedimos a vosotros los milagros que somos incapaces de hacer. Perdonadnos por eso. Es solo amor, pero es que el amo, a veces, también es torpe.</p>
<p>Queremos daros las gracias por vuestra paciencia infinita, por seguir creyendo en el poder de una palabra amable, por celebrar cada pequeño avance, por mirar a nuestros hijos como personas en construcción, por no ser perfectos.</p>
<p>Gracias por cuidar lo que más queremos, por ser parte del tejido que sustenta sus raíces y construye sus alas, por enseñarles a leer el mundo y, sobre todo, por enseñarles a leerse a sí mismos.</p>
<p>Pon aquí el nombre de la querida maestra, querido maestro, querido profesor, querida profesora.</p>
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		<title>&#8220;Volverán las oscuras golondrinas&#8230;&#8221; Afrontando el inicio de curso</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Sep 2022 09:32:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Pajuelo</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Los Padres Preguntan]]></category>
		<category><![CDATA[Sí, podemos]]></category>
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		<description><![CDATA[Y de nuevo llegó septiembre, como suele llegar todos los años, de un día para otro, como un Déjà vu, y con septiembre llegan también deseos, deseos de organización, deseos de no repetir errores, deseos de cambio, deseos y más deseos. Planeta Agostini sigue sin editar el coleccionable “construye una criatura perfecta” en fascículos semanales [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Y de nuevo llegó septiembre, como suele llegar todos los años, de un día para otro, como un <b>Déjà vu</b>, y con septiembre llegan también deseos, deseos de organización, deseos de no repetir errores, deseos de cambio, deseos y más deseos. Planeta Agostini sigue sin editar el coleccionable “<em>construye una criatura perfecta</em>” en fascículos semanales que diera cobertura a tantos deseos de padres y madres y profesorado en general, pero se empeña en que colecciones coches de carreras, libros de Agatha Christie, audio cuentos, etc.</p>
<div id="attachment_706" style="width: 1034px" class="wp-caption aligncenter"><img aria-describedby="caption-attachment-706" loading="lazy" class="size-large wp-image-706" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2017/09/cole6-1024x907.jpg" alt="" width="1024" height="907" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2017/09/cole6-1024x907.jpg 1024w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2017/09/cole6-300x266.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2017/09/cole6-768x680.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2017/09/cole6.jpg 1772w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><p id="caption-attachment-706" class="wp-caption-text">Todos los días una oportunidad para vivir y para afrontar cosas buenas, cosas regulares y cosas malas.</p></div>
<p>¿Y tú?, ¿ya te has dicho eso de que este año no vas a gritar?, ¿le has dicho a tus hijos que no piensas revisarles la mochila?, ¿que este año van a recoger la ropa?, ¿que se acabó tanta “maquinita” ?, que este año van a cambiar las cosas, etc. etc.</p>
<p>No te pongas el listón muy alto que puede ser que el día 15 de septiembre te sorprendas mirándote al espejo y diciendo, “¡<em>ay!, ya estamos como siempre</em>” y con ese pensamiento, acompañado de cierto sentimiento de incompetencia, comiences a sentirte un padre o una madre inútil.</p>
<p><strong>Esto de educar, ya lo hemos repetido hasta la saciedad, es bastante complejo y solo parece fácil cuando se trata de educar a los hijos de los otros</strong>, pero es la tarea que tenemos entre manos y con lamentaciones, miedos, inseguridades no nos ayudamos mucho al desempeño de esta tarea.</p>
<p><strong>1º No eres perfecto, no eres perfecta. Y tus hijos tampoco.</strong> Así que tienes que “entender” que a veces te desesperes, grites, se te suelte la lengua, y a veces la mano. Pero entenderlo no significa que estés de acuerdo o aceptes ese comportamiento, entenderlo significa que reconoces que en determinadas situaciones puedes perder el control y la única manera de intentar recobrar ese control es con tu pensamiento. Reconocer que eres gritón o gritona es el primer paso para controlar tus gritos, porque te recuerdo que gritas porque tienes poco aguante, no porque sea “<em>la única manera de que los niños me hagan caso</em>”. Recuerda que los niños hacen lo que ven.</p>
<p><strong>2º Ser sistemático, constante, repetitivo, es una estupenda herramienta para educar.</strong> Ser constantes te dará seguridad, pero recuerda que educar no es  ”la purga de Benito”, que los resultados son a medio y largo plazo. A tus hijos, sin embargo, les parecerás un pesado o una pesada de tomo y lomo. Y cuando te digan pesada, ya sabes, respóndeles, <em>llámame sistemática</em>.</p>
<p><strong>3º Habla bien del colegio, habla siempre bien del profesorado.</strong> Te recuerdo que al profesorado le pasa igual que a los padres, no son perfectos y comparten contigo una responsabilidad, que es la de formar a tus hijos. Y si hay problemas, que es también normal que pueda haberlos, no dudes en ir a hablar con ellos.</p>
<p><strong>4º No te avinagres.</strong> Si la actitud de los padres frente al inicio de curso es negativa, de hartazgo, pues esto es lo transmitimos a nuestros hijos. Y la realidad es que los días, todos los días, los negros y los rojos del calendario, son una oportunidad para vivir, para vivir cosas buenas, cosas regulares y algunas cosas malas, pero para eso educamos a nuestros hijos para que aprendan a vivir afrontando lo bueno, lo regular y lo malo. Recuerda, cada día, cada acontecimiento, una oportunidad para educar.</p>
<p><strong>5º.- El cariño, los te quiero, el amor,  hacia los que educamos es imprescindible.</strong> Educamos porque queremos a nuestros hijos, porque queremos lo mejor para nuestros hijos, No se te olvide durante todo el curso, sobre todo cuando haya borrascas, transmitir ese amor. Y te quiero no se dice llorando.</p>
<p>Este curso 22-23  vamos a celebrar el 10º aniversario del Blog Escuela de Padres, un blog que <strong>confía en la competencia de padres y madres para dar respuesta a las necesidades que sus hijos presentan a lo largo de su desarrollo.</strong></p>
<p>¿Quién dijo miedo? ¡A la tarea!</p>
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		<title>Cómo potenciar la autoestima en nuestros hijos</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Mar 2013 12:25:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>carlospajuelo</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Adolescentes]]></category>
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		<description><![CDATA[Juan es un amigo,  una bellísima persona, tan bueno que de jovencito le llamabamos Juan XXIII. El otro día mientras tomabamos una caña me dijo: &#8220;mira Carlos yo, desde que era pequeñito, recuerdo a mi familia, a mis vecinos, a mis maestras  diciendo, qué bueno es Juanito, qué niño más bueno, y, a la vez [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_92" style="width: 610px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/03/dosniñosautoestima1.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-92" loading="lazy" class="size-full wp-image-92" title="Dos niños felices flotando en una piscina. / Dimitry Naumov" src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/03/dosniñosautoestima1.jpg" alt="Dos niños felices flotando en una piscina. / Dimitry Naumov" width="600" height="600" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/03/dosniñosautoestima1.jpg 600w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/03/dosniñosautoestima1-150x150.jpg 150w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/03/dosniñosautoestima1-300x300.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a><p id="caption-attachment-92" class="wp-caption-text">Dos niños felices flotando en una piscina. / Dimitry Naumov</p></div>
<p><strong>Juan es un amigo</strong>,  una bellísima persona, <strong>tan bueno que de jovencito le llamabamos Juan XXIII</strong>. El otro día mientras tomabamos una caña me dijo: &#8220;mira Carlos yo, desde que era pequeñito, recuerdo a mi familia, a mis vecinos, a mis maestras  diciendo, <em>qué bueno es Juanito</em>, <em><strong>qué niño más bueno</strong></em>, y, a la vez que decían eso, escuchaba decirles respecto a mi hermano José, &#8220;<em>y Joselito ¡qué guaaaaapo!</em>&#8220;.</p>
<p>&#8220;Así que yo he sido bueno, porque eso era lo que la gente esperaba de mí&#8221;-, continuó. &#8220;Mira hasta qué punto me influía lo que me decían que una Semana Santa, cuando éramos adolescentes, el Jueves Santo estrenábamos ropa, así que unos días antes abríamos las huchas.  Joselito se compró un Lacoste rojo que causó furor, &#8220;<em>¡que guaaaapo Josselito!&#8221;</em>,  así el Joselito cada día estaba más guapo. Yo, sin embargo, entregué todo el dinero a los pobres, &#8220;<em>qué bueno el Juanito!</em>&#8220;, así yo cada día más bueno. Y te digo una cosa Carlos, yo lo que quería de verdad era ser guapo!<em>&#8220;.<br />
</em></p>
<p>L<strong>a autoestima es un juicio de valor, una autoevaluación</strong>, es la respuesta a la <strong>pregunta</strong> <strong>¿me gusta como soy?</strong>  Dependiendo de la respuesta que nos damos, nos sentimos más o menos competentes para hacer frente a las demandas de la vida.</p>
<p>Pero os recuerdo que <strong>la autoestima no es un producto terminado</strong>, la autoestima es una construcción que necesita de tiempo y de experiencias, <strong>y los padres jugamos un papel importante en esa construcción</strong>, no sólo porque podemos favorecer el desarrollo de una autoestima positiva en nuestros hijos, sino porque también por nuestra manera de educar vamos a ir desarrollando una autoestima como padres. <strong>¿Puedo ayudar a mis hijos a desarrollar una buena autoestima si yo como padre o madre no la tengo?</strong></p>
<p>Desde que nacemos y a lo largo de nuestra vida vamos generando el <strong><span style="text-decoration: underline;">autoconcepto</span></strong>, que es <strong><span style="text-decoration: underline;">la imagen que tenemos a cerca de nosotros mismos</span></strong>, y que se va configurando a través de los pensamientos, sentimientos y experiencias que sobre nosotros mismos vamos recopilando durante nuestra vida.</p>
<p>Nuestros hijos <strong>configuran el autoconcepto en la medida que van recibiendo información del exterior</strong> (en los primeros años fundamentalmente de padres y madres)  respecto a qué hacen, sobre cómo lo hacen, sobre el impacto que sus conductas tienen en nosotros y sobre nuestras expectativas respecto a ellos.</p>
<p>Así, por lo que nos dicen los demás es que nos creemos listos o torpes, que nos sentimos simpáticos o antipáticos, trabajadores o vagos,  útiles o inútiles, capaces o incapaces, etc.  A lo largo de la vida <strong>vamos definiendo lo que creemos que somos</strong>, vamos estableciendo nuestra identidad y, junto a nuestra identidad, <strong>vamos decidiendo si nos gusta o no nos gusta lo que somos</strong>.</p>
<p><strong>La autoestima</strong>, en los primeros años de vida de nuestros hijos, <strong>está muy condicionada a la información que nuestros hijos reciben de nosotros</strong>. A la información que les llega a través de nuestras conductas, nuestras actitudes y sobre todo de nuestras palabras. <strong>El poder de las palabras que construyen frente al poder de las palabras que destruyen. </strong></p>
<p>Conchita, una abuela estupenda, le dice a su hija Alicia:<strong> &#8220;si quieres que tu hija sea una antipática, dile todos los dias lo antipática que es&#8221;</strong>.</p>
<p>Nuestros hijos, pequeños y adolescentes, son personas en formación. No están “terminados” de hacer, están aprendiendo y, como buenos aprendices, se equivocan. Y todo este proceso de educación va <strong>acompañado de palabras que son los ladrillos con los que los hijos van configurando su autoconcepto</strong>: “<em>bien hecho</em>”, “<em>formidable</em>”, “<em>Sé que puedes hacerlo</em>”, “<em>estoy orgulloso de ti</em>”, “<em>me gusta cómo lo haces</em>”, “<em>eso es una buena idea</em>”, “<em>inténtalo</em>”, “<em>inténtalo de otra manera</em>”, “<em>te quiero</em>”, “ <em>es una suerte quererte</em>”, “<em>no tienes ni idea</em>”, “e<em>res un vago</em>”, “<em>vas a ser un desgraciado</em>”, “<em>desagradecido</em>”, “<em>qué decepción</em>”, “<em>no me esperaba esto de ti</em>”, “<em>eso que dices es una estupidez</em>”, etc.</p>
<p>A los hijos <strong>no hay que mentirles</strong>, no hay que decirles que son los mejores, los más altos y los más guapos,<strong> hay padres que creen que la autoestima es hacer a sus hijos “engreídos”</strong>. Es más sencillo,  es hacerles ver que, <strong>cuando las cosas les salen bien, nos alegramos y les animamos a que perseveren</strong> y que, <strong>cuando les salen mal, les alentamos para que vuelvan a intentarlo</strong>, les demostramos que <strong>tenemos confianza en que pueden lograrlo</strong>.</p>
<p>Para que nuestros hijos desarrollen autoestima necesitan unos padres que confíen en ellos, porque <strong>si no confiamos en ellos ¿cómo van a ser capaces ellos de confiar en sus posibilidades?</strong></p>
<p>Mediante las palabras, aprendemos a valorarnos y a desvalorizarnos;  mediante las palabras valoramos o desvalorizamos a nuestros hijos.</p>
<p><strong>Cuida las palabras que utilizas a la hora de educar porque las verdades como puños dan puñetazos.</strong></p>
<p>No olvidemos que <strong>el que nos valoren positivamente  es una buena manera de sentirnos bien</strong> ,y  que <strong>nos desvaloricen es un lastre</strong>, un importante lastre, que hace que no disfrutemos de lo que hacemos, de lo que tenemos, de lo que somos.</p>
<p><strong>En próximos posts </strong>iremos hablando de <strong>más herramientas</strong> para favorecer el desarrollo de la autoestima<strong>, </strong>como son la<strong> aceptación incondicional,  la manera de valorar a los hijos y a nosotros mismos, el esfuerzo,  la autonomía y  cómo enseñar a tener éxito y cómo aprender a tolerar el fracaso.<br />
</strong></p>
<p>Queridos lectores, si estáis leyendo esto os deseo que os contagiéis por el  “<strong>Síndrome  L’Oreal”</strong>:  ¡Porque tú lo vales!.  Y si tú lo vales ¿no lo va a valer tu hijo?</p>
<p><strong>                ¡¡¡A la tarea!!!</strong></p>
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		<title>Aprendiendo a vivir con las emociones</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Feb 2013 13:30:28 +0000</pubDate>
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		                		<category><![CDATA[Adolescentes]]></category>
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		<description><![CDATA[“¡Niño, hay que compartir!” les decimos a nuestros hijos pequeños cuando se niegan a dejarle un juguete a alguno de sus amigos y si nuestros hijos no quieren compartir y se pelean añadimos lo de  “Los amigos no se pelean, dale un besito a tu amiguito”, y le obligamos a que le dé un besito [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_61" style="width: 370px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/02/emociones.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-61" loading="lazy" class=" wp-image-61   " title="Todas las emociones son naturales y, por tanto, tenidas en cuenta." src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/02/emociones.jpg" alt="Todas las emociones son naturales y, por tanto, tenidas en cuenta." width="360" height="420" /></a><p id="caption-attachment-61" class="wp-caption-text">Todas las emociones son naturales y, por tanto, deben ser tenidas en cuenta.</p></div>
<p>“<em>¡Niño, hay que compartir!</em>” les decimos a nuestros hijos pequeños cuando se niegan a dejarle un juguete a alguno de sus amigos y si nuestros hijos no quieren compartir y se pelean añadimos lo de  “<em>Los amigos no se pelean, dale un besito a tu amiguito</em>”, y le obligamos a que le dé un besito al niño que le acaba de soltar un tortazo disimuladamente,  y terminamos con eso de <em>“¡Que no llores! Que no se llora por tonterías.” </em></p>
<p><strong>Las emociones</strong> forman parte importante de nuestra vida y también de la de nuestros hijos desde que nacen, aunque los padres tendemos a pensar que la infancia es la época de la vida feliz de las personas, tal como describía el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Rainer_Maria_Rilke" target="_blank">poeta austriaco Rilke</a><em>, “la verdadera patria de un hombre es su infancia”</em>.</p>
<p>Esta manera de <strong>considerar la infancia como una etapa donde se vive la completa felicidad</strong>, donde no existen los problemas <strong>nos lleva a despojar a nuestros hijos de su vida emocional</strong>, a no tener en cuenta sus emociones o, lo que es peor, a ningunearlas y por lo tanto <strong>nos despoja a los padres de la posibilidad de educar en emociones</strong>.</p>
<p>¿Cómo están ustedes?, ¡más fuerte! ¿Cómo están ustedes?  Estas preguntan esconden algo más que un simple convencionalismo. Esconden una realidad, que nosotros estamos de alguna manera, bien, mal, regular, contentos, felices, tristes, enfadados, asustados, irritados, satisfechos, etc… <strong>estamos emocionados</strong>, vivimos continuamente acompañados de emociones y curiosamente esas emociones nos las provoca alguien: <strong>los demás y/o nosotros mismos</strong>.</p>
<p>Tenemos, por un lado una <strong>tendencia a negar el impacto que algunas emociones</strong>, las llamadas emociones negativas,  tienen en nuestra vida. “<strong><em>¿Qué te pasa? ¿A mí? ¡Nada</em></strong>!”. Y todos sabemos que algo pasa. Es que parece ser que hemos aprendido que <strong>este tipo de emociones hay que vivirlas como si fueran hemorroides</strong>. Se sufren en silencio.</p>
<p>Por otro lado, cuando decimos: “<strong><em>con lo tranquilo que yo estaba, ahora vienes tú y me alteras”</em></strong> estamos  constantemente <strong>poniendo en manos de los demás nuestra posibilidad de sentirnos bien o mal</strong>.</p>
<p>Muchos padres que están educando a sus hijos, y lo hacen de manera competente, se sienten a veces fatal por lo que hacen los hijos, no por lo que los padres hacen. <strong>La mejor manera de pertenecer al club de los desgraciados/desgraciadas es esperar que los demás te hagan feliz, y rapidito</strong>.</p>
<p>Los padres somos los responsables de la educación de nuestros hijos, les enseñamos comportamientos que consideramos apropiados, les transmitimos nuestros valores, nos preocupamos por su “alimentación intelectual” mediante la escolarización. Pero a menudo olvidamos o dejamos pasar por alto el importante papel que las emociones juegan en nuestras vidas, por eso es necesaria la educación emocional, <strong>para aprender  a vivir con nuestras emociones, y no a que las emociones dirijan nuestras vidas</strong>.</p>
<p>En los últimos años se viene hablando mucho de <strong>la <a href="http://www.rtve.es/alacarta/videos/mas-gente/mas-gente-elsa-punset-inteligencia-emocional-alcance-todos/1415388/" target="_blank">Inteligencia Emocional</a></strong>.  El término inteligencia emocional hace referencia a las competencias para <strong>reconocer  nuestras emociones, para controlar nuestras emociones, para motivarnos a nosotros mismos, para reconocer las emociones de los demás, y así establecer buenas relaciones con los demás.</strong></p>
<p>Personalmente considero que l<strong>a IE es una estupenda herramienta para educar</strong>, sobre todo porque mientras educamos a nuestros hijos aprendemos a  ir desarrollando esas competencias. Pero recordar que la educación no es la “<strong>purga (de) Benito</strong>”, que todo lo que hacemos mientras educamos no da resultados inmediatos.</p>
<p><strong>Educar no es una especie de lucha</strong>. Se convertirá en una pelea si lo que sientes es que tus hijos te atacan y entonces te sentirás mal, pero si lo que sientes es que tus hijos están aprendiendo entonces considerarás sus envites cómo una consecuencia lógica de educar. <strong>¿Y no crees como padre y como madre que educar es la mejor herencia que le vamos a dejar a nuestros hijos?</strong> Entonces, ¿por qué vamos a sentirnos mal por hacer lo que tenemos que hacer?.</p>
<p><strong>Las emociones son naturales, todas</strong>. El miedo, la tristeza, la ira, el odio, los celos, son tan naturales como el valor, la alegría, la calma, el amor, el altruismo. <strong>No hay que extrañarse de su aparición</strong>.</p>
<p>Un ejemplo:<strong> los padres suelen estar muy preocupados con las reacciones de celos</strong> que a veces pueden presentar sus hijos con la llegada de otro hermano.  Muchos padres consultan sobre cuál sería la manera de evitar la aparición de los celos. Yo les pongo el siguiente ejemplo, imagínese usted que su pareja se presenta un día en casa acompañado y le dice: Mira cariño, este es fulanito o fulanita y viene a vivir con nosotros, pero yo te quiero mucho. Y a la hora de comer juntitos los tres, y de paseo juntitos los tres y por la noche los tres juntitos… ¿Cómo te sentirías? ¿<strong>Entiendes ahora los celos en tu hijo</strong>?</p>
<p>Las emociones por lo tanto son naturales <strong>pero acarrean consecuencias</strong>, y por eso debemos enseñar a nuestros hijos a que reconozcan <strong>qué es lo que están sintiendo</strong>, si uno no reconoce que es celoso, o envidioso, o que está irritado, etc. ¿cómo va a poder controlar los celos, la envidia, la irritación?.</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Tenemos que reconocer lo que sentimos para poder controlar: lo que sentimos, lo que pensamos y cómo nos comportamos mientras esa emoción nos invade. </span></strong></p>
<p><strong>Las emociones están muy relacionadas con nuestro pensamiento</strong>. Algunas veces los padres nos sentimos mal simplemente porque empezamos a pensar, más que a pensar a descontrolarnos, dándole vueltas a determinadas ideas negativas respecto a nuestros hijos (“como siga así va a ser un desgraciado”), e imaginando el peor de los escenarios posibles así nos asustamos, nos paralizamos y sufrimos.  Hay que controlar ese tipo de pensamiento porque <strong>a los padres lo que nos da seguridad es saber cómo vamos a actuar</strong>.</p>
<p><strong>Las emociones están muy relacionadas con nuestro comportamiento</strong>, cuando me siento feliz, tranquilo, sosegado me comporto de una manera parecida a como me estoy sintiendo, pero al contrario igual, cuando me siento irritado, enfadado, asustado entonces todos mis comportamientos están presididos por esas emociones. ¿No os parece un poco ilógico que sean nuestras emociones las que dirijan nuestros comportamientos?</p>
<p>Durante algunas semanas publicaré  algún post con <strong>diferentes competencias emocionales que podemos aprender</strong> para reconocer nuestras emociones, con estrategias para aprender a controlarlas<strong>, </strong>para reconocer las emociones de los demás y estrategias para  establecer buenas relaciones con los demás.</p>
<p>Las emociones están presentes en nuestra vida y en la vida de nuestros hijos, hay que educar las emociones <strong><span style="text-decoration: underline;">para aprender  a vivir con todas nuestras emociones, y no para que sean las emociones las que dirijan nuestras vidas</span></strong>.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Compartir tareas en casa también es educar</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Jan 2013 07:39:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>carlospajuelo</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Adolescentes]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_37" style="width: 624px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-37" loading="lazy" class=" wp-image-37 " title="Mujer agotada rodeada de pilas de platos pendientes de lavar. / Jesús Ferrero" src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada.jpg" alt="Mujer agotada rodeada de pilas de platos pendientes de lavar. / Jesús Ferrero" width="614" height="614" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada.jpg 1476w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada-150x150.jpg 150w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada-300x300.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada-768x768.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada-1024x1024.jpg 1024w" sizes="(max-width: 614px) 100vw, 614px" /></a><p id="caption-attachment-37" class="wp-caption-text">Mujer agotada rodeada de pilas de platos pendientes de lavar. / Jesús Ferrero</p></div>
<p>Nada más acordarme de<strong> mi amiga Paqui</strong>, con la que había hablado unos 15 días antes sobre qué hacer para ayudar a <strong>su hija pequeña que vomitaba todas las mañanas, de lunes a viernes, justo en el momento de salir de casa dirección al colegio</strong>, cogí el teléfono y la llamé para interesarme por cómo iba la niña.</p>
<p>“¿Paqui? Hola, soy Carlos, ¿cómo estás?”. Hizo un ruido gutural de esos que hacemos a veces para contestar que más o menos bien. Entonces le pregunté: <em>“<strong>¿Tomamos un café  y hablamos de tu niña?”</strong></em></p>
<p>Ella me contestó: “¿Un café?, ¿que nos tomemos un café?<strong> ¡qué gracioso eres!. Cómo se nota que tus hijos  ya son mayores</strong>. Mira Carlos, desde que llegué a casa a las tres y cinco, justo un momento antes de que Tomás llegara después de recoger a los niños del comedor del colegio, me he puesto a <strong>ultimar nuestra comida, a recoger los abrigos de los niños</strong>, que sabes tú les encanta <strong>hacer lo mismo que su padre</strong>: dejarlos sobre la silla en la entrada, y yo les digo que lo recojan, y ellos me dicen que ahora, pero ya sabes tú lo que significa ese ‘ahora’. Así que venga a recoger abrigos. Pues lo que te iba diciendo, <strong>recoger sus abrigos, y pensar que el mayor esta tarde va a catequesis</strong>. Le doy un grito, <em>¡¡¡Tomás!!!</em> Y contesta el padre: <em>¡¡¡qué!!!</em> Y yo, “<em>a ti no es</em>”. Y más fuerte, <em>¡¡¡Tomás!!!</em> y el padre otra vez más fuerte <em>“que quéee</em>” y yo más fuerte: <em>“que a ti no eees”</em>. Claro, hasta que no voy al salón el niño no contesta. Y le digo: “<em>Tomás tú no te cambies de ropa que esta tarde tienes catequesis y tú Antonio ponte el kimono. Y tú, Rocío, deja de hurgarte la nariz y lavaos los dientes</em>. Y mientras su padre pone la mesa, el mayor va y se cambia tres veces, y el mediano está parado en medio del pasillo, como un pasmarote, <em>“¿Qué haces?</em>”, le pregunto. “<em>Es que no sé dónde está el kimono</em>”, me contesta. “<em>Está en su sitio</em>”, le digo. <em>“¿Y cuál es su sitio?</em>”, ¡el de todos los días!, le grito. Carlos si es que <strong>las madres parecemos el mago Juan Tamarit, haciendo con nuestra sola presencia que los calcetines, los kimonos, los lápices…aparezcan en su sitio</strong>. A Rocío la ha vestido su padre con una falda de cuadros por abajo y camisa de flores por arriba. Y yo: ¡¡¡Tomás!!! <strong>¡Que la niña parece la Duquesa de Alba!</strong>. Y por fin, nos ponemos a comer tranquilos Tomás, Ana Blanco y yo. Mientras comemos llega el mayor enfadado porque el mediano le ha dicho “<em>caraculo</em>”, y yo le digo: <em>“hazte el sordo”</em>, y él: “<em>no, no me hago el sordo, le voy a pegar</em>”, y yo: “<em>ni se te ocurra”</em>. <strong>Tomás padre sigue comiendo tan tranquilo, ensimismado con Ana Blanco</strong>. Y la pequeña que viene  y me dice: “<em>mamá ¿y mi coletero?</em>” ¡Madre mía!, ¡que se está perpetrando un peinado ella sola!. “<em>Mamá</em>”, me dice, “<em>me voy a hacer dos coletas</em>”. Pero yo sólo veo una y cerca de la frente. Y yo: “<em>que te esperes, que ahora te peino</em>”. <strong>Y entonces se pone a llorar</strong> y yo: “<em>que no llores por eso</em>” y ella sigue llorando y el mediano también viene llorando porque el mayor le ha dicho gili y lo que sigue y yo: “<em>Tomás, haz algo</em>”,<strong> y Tomás que está pendiente de Ana Blanco, sin mirar a los niños, les suelta “<em>castigados sin ver la tele</em>”</strong>. Y el mediano dice <em>“¿yo?, ¿por qué?, ¡qué injusticia!”</em> .Y <strong>termino de comer, de recoger la cocina, y me siento en el sofá diez minutos, Carlos, diez minutos para descansar un ratito y ¿qué te crees?, que en el mejor sueñecito me llaman los de Jazztel</strong>, ¡la madre que los parió! y nada más colgar los de Jazztel me llama mi suegra, ¡la madre que parió a mi marido! y me dice con voz baja ¿no estarías dormida no? Y yo: Tomás ¡¡¡¡tu madre!!!!. Y antes de que la yugular me explote, voy y cojo a los niños. Venga que nos vamos y <strong>hasta que no doy un grito los niños no acuden y entonces se pelean</strong>, se pelean por salir el primero, se pelean por darle al botón del ascensor, se pelean por quién se monta delante. Y cuando vas a montarte en el coche ves que te has dejado las llaves en casa y <strong>sube para casa y como no vas a dejar a los niños solos en el garaje</strong> porque mi vecina me dijo un día: “<em>Paqui hija hay que tener cuidado en el garaje porque puede venir algún depravado de esos que los raptan</em>”, así que venga los niños para arriba y otra vez pelea por entrar primero, pelea por darle al botón, llanto porque el coletero que intentaba sostener el proyecto de coleta ha salido disparado, y la coleta que se había perpetrado, lógicamente, se acaba de convertir en el caracol de Estrellita Castro y, cuando vuelves a subir, <strong>Tomás va y te dice: “</strong><em><strong>tranquilízate Cari, ¿quieres que te ayude?</strong> A ver, ¿qué hago?”.</em> Y yo me acuerdo de Jazztel y de su madre, y le digo <strong>“</strong><em><strong>sabes que no me gusta que me digas que me ayudas, esta casa es TU casa</strong>. Anda pon la lavadora y, cuando termine, tiende”</em>. Coges las llaves del coche, bajas al garaje, pelea por entrar, pelea por botón, pelea por salir y pensando <strong>por Dios que Tomás tienda bien porque Tomás tiende sin un orden lógico. ¡Claro, como él no plancha!</strong> Y cuando te montas en el coche haces el último repaso: el de la catequesis va bien, el del judo va con las botas de futbolista, va mal, pero hoy va a ir así. Y la de la coleta sigue retorciéndose los cuatro pelos intentado sujetarlos con un kiki, y sin dejarse ayudar, la miro y me dice: “Yo sola”. Todos, por fin, metidos en el coche y, a las cinco, Carlos <strong>a las cinco, están las calles llenas de coches, de coches llenos de niños que van con sus kimonos</strong>, que te empiezas a preguntar cuántas medallas de oro en judo hemos ganado en las olimpiadas para que tantos niños practiquen el judo, o lo que es peor, cuántos niños pánfilos como el mío van a judo a ver si espabilan, y más coches llenos de niños que van al conservatorio o a danza, y coches llenos de niños que van al logopeda porque no saben decir frigorífico, y de niños que van a clases particulares de todo, y de niños que van al dentista, y de <strong>padres que parecen cabreados, desfogándose con la bocina del coche</strong>. Y dejas a uno, y dejas al otro, y <strong>mientras esperas a que terminen te vas al Mercadona</strong> y allí recorro los pasillos a lo Fernando Alonso intentando dar respuesta <strong>al interrogante de mi vida: ¿</strong><em><strong>y mañana qué comemos?</strong>.</em> Carlos, y cuando recojo al de la catequesis me llega con tres invitaciones de cumpleaños para el próximo sábado, y el del judo con una nota porque van a hacer una demostración en un pueblo a 40 kilómetros, justo a la hora que me llaman los de Jazztel y la pequeña con un cabreo porque la coleta no se queda en su sitio y yo con unas ganas de entrar en una papelería, y pegársela con tesafilm. Y llego a casa y mientras su padre les pone la merienda <strong>me asomo al tendedero y, ¡Santa Madre del Amor Hermoso!, me encuentro un panorama desolador:</strong> un pantalón tendido por la pernera, una camisa por el cuello… ¡¡¡Tomás!!!! ¡has tendido la ropa que estaba en la lavadora!. Y Tomás ¡¡¡no ves que siiii !!!. Tomás, pero <strong>no te has dado cuenta que antes de tender hay que poner la lavadora en marcha!!!!</strong> Y claro Carlos, para que pediré yo nada, si <strong>tardo menos en hacerlo yo sola</strong>. Si es que ya me lo dijo mi madre que un hombre que escurre los spontex con una sola mano no está llamado para las tareas domésticas. ¿Un café Carlos?, ¿un café?, tú crees que yo tengo tiempo para un café?”</p>
<p>Y yo, anonadado, le contesté: <strong></strong><em>&#8220;<strong>No. Un café no. “Mejor nos tomamos una tila</strong></em><strong>”</strong></p>
<p>P.D.- <span style="text-decoration: underline;"><strong>Lo que nuestros hijos ven, nuestros hijos hacen</strong></span>.</p>
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		<title>Carta de los padres a los Reyes Magos</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Jan 2013 08:29:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>carlospajuelo</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sí, podemos]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160; Hoy no voy a hablaros de juguetes educativos, ni de compras excesivas, ni de qué es lo que debemos regalar a los niños. Voy a escribir una carta a los Reyes Magos  con la lista de lo que pido para nosotros  los padres y las madres, para los padres entregados, los asustados, los confiados y [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_619" style="width: 310px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/reyesmagos.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-619" loading="lazy" class="size-medium wp-image-619" title="Los padres también escriben a los Reyes Magos." src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/reyesmagos.jpg" alt="Los padres también escriben a los Reyes Magos." width="300" height="200" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/reyesmagos.jpg 4752w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/reyesmagos-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/reyesmagos-768x512.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/reyesmagos-1024x683.jpg 1024w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-619" class="wp-caption-text">Los padres también escriben a los Reyes Magos.</p></div>
<p>Hoy no voy a hablaros de juguetes educativos, ni de compras excesivas, ni de qué es lo que debemos regalar a los niños. Voy a escribir <strong>una carta a los Reyes Magos  </strong>con la lista de lo que pido para nosotros  los padres y las madres, para los padres entregados, los asustados, los confiados y los inseguros, los abatidos y los luchadores, los que abandonaron y los que bregan<strong>.</strong></p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><strong>Queridos Reyes Mago</strong></span><strong>s</strong>:</p>
<p>Los padres sabemos que somos manifiestamente mejorables, eso quiere decir que no siempre tenemos la palabra precisa ni actuamos de la manera más correcta, pero nuestras intenciones siempre son buenas y nuestras obras se basan en esas intenciones, por eso creo que somos merecedores de regalarnos:</p>
<p>-Un saco de<strong> Paciencia</strong>, que no es pasividad, para no olvidar que nuestros hijos necesitan tiempo para “madurar”  y  que mientras “maduran” es posible que cometan  equivocaciones.  Paciencia para poder <strong>educar sin prisas</strong>, porque el paso del  tiempo no educa, educamos los padres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Un  escudo para<strong> Controlar los miedos</strong>.  El miedo es uno de los mayores enemigos de los padres.   Nuestro natural  instinto de protección puede ser desbordado por los miedos, y entonces corremos el peligro de educar para no estar asustados encerrando a nuestros hijos en una burbuja,  en vez de educar para que nuestros hijos aprendan a enfrentarse a las situaciones de peligro que puedan presentarse.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un mecano de <strong>Ilusión</strong>. La ilusión es necesaria para vivir y la ilusión se educa, se transmite, pero la ilusión no se circunscribe al ratoncito Pérez, a los Reyes Magos o en ir a Euro Disney. La ilusión se construye día a día, se contagia, se comparte. Nuestros hijos deben ver  ilusión en las cosas que hacemos los padres, en  las sencillas y cotidianas ilusiones como son los eventos familiares, salir con los amigos, ver juntos una película, hacer unas tortitas para merendar, jugar al parchís, ir a trabajar, volver a casa, etc.,</p>
<p>-Caramelos de <strong>optimismo</strong>. El optimismo es un valor necesario para educar. Unos padres optimistas son unos padres que saben que el mundo en el que vivimos  no es el mejor de los mundos posibles pero se esfuerzan en ocuparse para hacerlo un lugar mejor para ellos y para sus hijos.</p>
<p>&#8211;<strong>Pañuelos de papel. </strong>Educar conlleva también momentos amargos. El sufrimiento es algo natural en la vida de los seres humanos y los que más nos hacen sufrir son aquellos a los que más queremos.  El sufrimiento es inevitable y, sin embargo,  los padres a veces hacemos esfuerzos para que nuestros hijos no se enfrenten al sufrimiento. Y <strong>educar es también enseñar a nuestros hijos a afrontar los reveses</strong> con los que la vida nos sorprende.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Un camión-cisterna cargado de<strong> Sentido del humor,</strong> eso que dicen de aprender a reírse de uno mismo, y es que a veces los padres parecemos monologuistas  del <strong>“club de la Comedia</strong>” ¿no es para reírse cuando decimos eso  de  “te crees que mi cartera es el Banco de España”? o la de  “Una esclava, eso es lo que soy”, sin embargo, mi favorita es  la de “ten cuidado no te vayan a echar algo en la Coca-Cola”, etc.  Sentido del humor para mirar con otros ojos la tarea de ser padres.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p>-El disfraz de <strong>Fuerza y Constancia. </strong>Educar dura lo que dura una vida.  Y mientras educamos hay momentos muy buenos, buenos, momentos regulares, momentos malos y momentos que te dejan cicatrices para toda la vida. Para los momentos buenos no hace falta nada  ni nadie, pero para los malos y malísimos nos hace falta fuerza y constancia. A esa fuerza  se le llama <strong>resiliencia</strong>  (capacidad para hacer frente a las adversidades).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ya puesto,  podía pedir que nos tocara la Lotería del Niño o el Euromillón, pero el dinero sólo sirve para comprar cosas y <strong>EDUCAR NO TIENE PRECIO</strong>.</p>
<p><strong> </strong></p>
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