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	<title>Escuela de Padressentido del humor &#8211; Escuela de Padres</title>
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	<description>La tarea de ejercer de padres</description>
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	<title>sentido del humor &#8211; Escuela de Padres</title>
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		<title>Compartir tareas en casa también es educar</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Jan 2013 07:39:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>carlospajuelo</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_37" style="width: 624px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-37" class=" wp-image-37 " title="Mujer agotada rodeada de pilas de platos pendientes de lavar. / Jesús Ferrero" src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada.jpg" alt="Mujer agotada rodeada de pilas de platos pendientes de lavar. / Jesús Ferrero" width="614" height="614" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada.jpg 1476w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada-150x150.jpg 150w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada-300x300.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada-768x768.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/mujeragotada-1024x1024.jpg 1024w" sizes="(max-width: 614px) 100vw, 614px" /></a><p id="caption-attachment-37" class="wp-caption-text">Mujer agotada rodeada de pilas de platos pendientes de lavar. / Jesús Ferrero</p></div>
<p>Nada más acordarme de<strong> mi amiga Paqui</strong>, con la que había hablado unos 15 días antes sobre qué hacer para ayudar a <strong>su hija pequeña que vomitaba todas las mañanas, de lunes a viernes, justo en el momento de salir de casa dirección al colegio</strong>, cogí el teléfono y la llamé para interesarme por cómo iba la niña.</p>
<p>“¿Paqui? Hola, soy Carlos, ¿cómo estás?”. Hizo un ruido gutural de esos que hacemos a veces para contestar que más o menos bien. Entonces le pregunté: <em>“<strong>¿Tomamos un café  y hablamos de tu niña?”</strong></em></p>
<p>Ella me contestó: “¿Un café?, ¿que nos tomemos un café?<strong> ¡qué gracioso eres!. Cómo se nota que tus hijos  ya son mayores</strong>. Mira Carlos, desde que llegué a casa a las tres y cinco, justo un momento antes de que Tomás llegara después de recoger a los niños del comedor del colegio, me he puesto a <strong>ultimar nuestra comida, a recoger los abrigos de los niños</strong>, que sabes tú les encanta <strong>hacer lo mismo que su padre</strong>: dejarlos sobre la silla en la entrada, y yo les digo que lo recojan, y ellos me dicen que ahora, pero ya sabes tú lo que significa ese ‘ahora’. Así que venga a recoger abrigos. Pues lo que te iba diciendo, <strong>recoger sus abrigos, y pensar que el mayor esta tarde va a catequesis</strong>. Le doy un grito, <em>¡¡¡Tomás!!!</em> Y contesta el padre: <em>¡¡¡qué!!!</em> Y yo, “<em>a ti no es</em>”. Y más fuerte, <em>¡¡¡Tomás!!!</em> y el padre otra vez más fuerte <em>“que quéee</em>” y yo más fuerte: <em>“que a ti no eees”</em>. Claro, hasta que no voy al salón el niño no contesta. Y le digo: “<em>Tomás tú no te cambies de ropa que esta tarde tienes catequesis y tú Antonio ponte el kimono. Y tú, Rocío, deja de hurgarte la nariz y lavaos los dientes</em>. Y mientras su padre pone la mesa, el mayor va y se cambia tres veces, y el mediano está parado en medio del pasillo, como un pasmarote, <em>“¿Qué haces?</em>”, le pregunto. “<em>Es que no sé dónde está el kimono</em>”, me contesta. “<em>Está en su sitio</em>”, le digo. <em>“¿Y cuál es su sitio?</em>”, ¡el de todos los días!, le grito. Carlos si es que <strong>las madres parecemos el mago Juan Tamarit, haciendo con nuestra sola presencia que los calcetines, los kimonos, los lápices…aparezcan en su sitio</strong>. A Rocío la ha vestido su padre con una falda de cuadros por abajo y camisa de flores por arriba. Y yo: ¡¡¡Tomás!!! <strong>¡Que la niña parece la Duquesa de Alba!</strong>. Y por fin, nos ponemos a comer tranquilos Tomás, Ana Blanco y yo. Mientras comemos llega el mayor enfadado porque el mediano le ha dicho “<em>caraculo</em>”, y yo le digo: <em>“hazte el sordo”</em>, y él: “<em>no, no me hago el sordo, le voy a pegar</em>”, y yo: “<em>ni se te ocurra”</em>. <strong>Tomás padre sigue comiendo tan tranquilo, ensimismado con Ana Blanco</strong>. Y la pequeña que viene  y me dice: “<em>mamá ¿y mi coletero?</em>” ¡Madre mía!, ¡que se está perpetrando un peinado ella sola!. “<em>Mamá</em>”, me dice, “<em>me voy a hacer dos coletas</em>”. Pero yo sólo veo una y cerca de la frente. Y yo: “<em>que te esperes, que ahora te peino</em>”. <strong>Y entonces se pone a llorar</strong> y yo: “<em>que no llores por eso</em>” y ella sigue llorando y el mediano también viene llorando porque el mayor le ha dicho gili y lo que sigue y yo: “<em>Tomás, haz algo</em>”,<strong> y Tomás que está pendiente de Ana Blanco, sin mirar a los niños, les suelta “<em>castigados sin ver la tele</em>”</strong>. Y el mediano dice <em>“¿yo?, ¿por qué?, ¡qué injusticia!”</em> .Y <strong>termino de comer, de recoger la cocina, y me siento en el sofá diez minutos, Carlos, diez minutos para descansar un ratito y ¿qué te crees?, que en el mejor sueñecito me llaman los de Jazztel</strong>, ¡la madre que los parió! y nada más colgar los de Jazztel me llama mi suegra, ¡la madre que parió a mi marido! y me dice con voz baja ¿no estarías dormida no? Y yo: Tomás ¡¡¡¡tu madre!!!!. Y antes de que la yugular me explote, voy y cojo a los niños. Venga que nos vamos y <strong>hasta que no doy un grito los niños no acuden y entonces se pelean</strong>, se pelean por salir el primero, se pelean por darle al botón del ascensor, se pelean por quién se monta delante. Y cuando vas a montarte en el coche ves que te has dejado las llaves en casa y <strong>sube para casa y como no vas a dejar a los niños solos en el garaje</strong> porque mi vecina me dijo un día: “<em>Paqui hija hay que tener cuidado en el garaje porque puede venir algún depravado de esos que los raptan</em>”, así que venga los niños para arriba y otra vez pelea por entrar primero, pelea por darle al botón, llanto porque el coletero que intentaba sostener el proyecto de coleta ha salido disparado, y la coleta que se había perpetrado, lógicamente, se acaba de convertir en el caracol de Estrellita Castro y, cuando vuelves a subir, <strong>Tomás va y te dice: “</strong><em><strong>tranquilízate Cari, ¿quieres que te ayude?</strong> A ver, ¿qué hago?”.</em> Y yo me acuerdo de Jazztel y de su madre, y le digo <strong>“</strong><em><strong>sabes que no me gusta que me digas que me ayudas, esta casa es TU casa</strong>. Anda pon la lavadora y, cuando termine, tiende”</em>. Coges las llaves del coche, bajas al garaje, pelea por entrar, pelea por botón, pelea por salir y pensando <strong>por Dios que Tomás tienda bien porque Tomás tiende sin un orden lógico. ¡Claro, como él no plancha!</strong> Y cuando te montas en el coche haces el último repaso: el de la catequesis va bien, el del judo va con las botas de futbolista, va mal, pero hoy va a ir así. Y la de la coleta sigue retorciéndose los cuatro pelos intentado sujetarlos con un kiki, y sin dejarse ayudar, la miro y me dice: “Yo sola”. Todos, por fin, metidos en el coche y, a las cinco, Carlos <strong>a las cinco, están las calles llenas de coches, de coches llenos de niños que van con sus kimonos</strong>, que te empiezas a preguntar cuántas medallas de oro en judo hemos ganado en las olimpiadas para que tantos niños practiquen el judo, o lo que es peor, cuántos niños pánfilos como el mío van a judo a ver si espabilan, y más coches llenos de niños que van al conservatorio o a danza, y coches llenos de niños que van al logopeda porque no saben decir frigorífico, y de niños que van a clases particulares de todo, y de niños que van al dentista, y de <strong>padres que parecen cabreados, desfogándose con la bocina del coche</strong>. Y dejas a uno, y dejas al otro, y <strong>mientras esperas a que terminen te vas al Mercadona</strong> y allí recorro los pasillos a lo Fernando Alonso intentando dar respuesta <strong>al interrogante de mi vida: ¿</strong><em><strong>y mañana qué comemos?</strong>.</em> Carlos, y cuando recojo al de la catequesis me llega con tres invitaciones de cumpleaños para el próximo sábado, y el del judo con una nota porque van a hacer una demostración en un pueblo a 40 kilómetros, justo a la hora que me llaman los de Jazztel y la pequeña con un cabreo porque la coleta no se queda en su sitio y yo con unas ganas de entrar en una papelería, y pegársela con tesafilm. Y llego a casa y mientras su padre les pone la merienda <strong>me asomo al tendedero y, ¡Santa Madre del Amor Hermoso!, me encuentro un panorama desolador:</strong> un pantalón tendido por la pernera, una camisa por el cuello… ¡¡¡Tomás!!!! ¡has tendido la ropa que estaba en la lavadora!. Y Tomás ¡¡¡no ves que siiii !!!. Tomás, pero <strong>no te has dado cuenta que antes de tender hay que poner la lavadora en marcha!!!!</strong> Y claro Carlos, para que pediré yo nada, si <strong>tardo menos en hacerlo yo sola</strong>. Si es que ya me lo dijo mi madre que un hombre que escurre los spontex con una sola mano no está llamado para las tareas domésticas. ¿Un café Carlos?, ¿un café?, tú crees que yo tengo tiempo para un café?”</p>
<p>Y yo, anonadado, le contesté: <strong></strong><em>&#8220;<strong>No. Un café no. “Mejor nos tomamos una tila</strong></em><strong>”</strong></p>
<p>P.D.- <span style="text-decoration: underline;"><strong>Lo que nuestros hijos ven, nuestros hijos hacen</strong></span>.</p>
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		<title>Carta de los padres a los Reyes Magos</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Jan 2013 08:29:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>carlospajuelo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#160; Hoy no voy a hablaros de juguetes educativos, ni de compras excesivas, ni de qué es lo que debemos regalar a los niños. Voy a escribir una carta a los Reyes Magos  con la lista de lo que pido para nosotros  los padres y las madres, para los padres entregados, los asustados, los confiados y [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_619" style="width: 310px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/reyesmagos.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-619" loading="lazy" class="size-medium wp-image-619" title="Los padres también escriben a los Reyes Magos." src="/escuela-de-padres/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/reyesmagos.jpg" alt="Los padres también escriben a los Reyes Magos." width="300" height="200" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/reyesmagos.jpg 4752w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/reyesmagos-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/reyesmagos-768x512.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/67/2013/01/reyesmagos-1024x683.jpg 1024w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-619" class="wp-caption-text">Los padres también escriben a los Reyes Magos.</p></div>
<p>Hoy no voy a hablaros de juguetes educativos, ni de compras excesivas, ni de qué es lo que debemos regalar a los niños. Voy a escribir <strong>una carta a los Reyes Magos  </strong>con la lista de lo que pido para nosotros  los padres y las madres, para los padres entregados, los asustados, los confiados y los inseguros, los abatidos y los luchadores, los que abandonaron y los que bregan<strong>.</strong></p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><strong>Queridos Reyes Mago</strong></span><strong>s</strong>:</p>
<p>Los padres sabemos que somos manifiestamente mejorables, eso quiere decir que no siempre tenemos la palabra precisa ni actuamos de la manera más correcta, pero nuestras intenciones siempre son buenas y nuestras obras se basan en esas intenciones, por eso creo que somos merecedores de regalarnos:</p>
<p>-Un saco de<strong> Paciencia</strong>, que no es pasividad, para no olvidar que nuestros hijos necesitan tiempo para “madurar”  y  que mientras “maduran” es posible que cometan  equivocaciones.  Paciencia para poder <strong>educar sin prisas</strong>, porque el paso del  tiempo no educa, educamos los padres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Un  escudo para<strong> Controlar los miedos</strong>.  El miedo es uno de los mayores enemigos de los padres.   Nuestro natural  instinto de protección puede ser desbordado por los miedos, y entonces corremos el peligro de educar para no estar asustados encerrando a nuestros hijos en una burbuja,  en vez de educar para que nuestros hijos aprendan a enfrentarse a las situaciones de peligro que puedan presentarse.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un mecano de <strong>Ilusión</strong>. La ilusión es necesaria para vivir y la ilusión se educa, se transmite, pero la ilusión no se circunscribe al ratoncito Pérez, a los Reyes Magos o en ir a Euro Disney. La ilusión se construye día a día, se contagia, se comparte. Nuestros hijos deben ver  ilusión en las cosas que hacemos los padres, en  las sencillas y cotidianas ilusiones como son los eventos familiares, salir con los amigos, ver juntos una película, hacer unas tortitas para merendar, jugar al parchís, ir a trabajar, volver a casa, etc.,</p>
<p>-Caramelos de <strong>optimismo</strong>. El optimismo es un valor necesario para educar. Unos padres optimistas son unos padres que saben que el mundo en el que vivimos  no es el mejor de los mundos posibles pero se esfuerzan en ocuparse para hacerlo un lugar mejor para ellos y para sus hijos.</p>
<p>&#8211;<strong>Pañuelos de papel. </strong>Educar conlleva también momentos amargos. El sufrimiento es algo natural en la vida de los seres humanos y los que más nos hacen sufrir son aquellos a los que más queremos.  El sufrimiento es inevitable y, sin embargo,  los padres a veces hacemos esfuerzos para que nuestros hijos no se enfrenten al sufrimiento. Y <strong>educar es también enseñar a nuestros hijos a afrontar los reveses</strong> con los que la vida nos sorprende.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Un camión-cisterna cargado de<strong> Sentido del humor,</strong> eso que dicen de aprender a reírse de uno mismo, y es que a veces los padres parecemos monologuistas  del <strong>“club de la Comedia</strong>” ¿no es para reírse cuando decimos eso  de  “te crees que mi cartera es el Banco de España”? o la de  “Una esclava, eso es lo que soy”, sin embargo, mi favorita es  la de “ten cuidado no te vayan a echar algo en la Coca-Cola”, etc.  Sentido del humor para mirar con otros ojos la tarea de ser padres.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p>-El disfraz de <strong>Fuerza y Constancia. </strong>Educar dura lo que dura una vida.  Y mientras educamos hay momentos muy buenos, buenos, momentos regulares, momentos malos y momentos que te dejan cicatrices para toda la vida. Para los momentos buenos no hace falta nada  ni nadie, pero para los malos y malísimos nos hace falta fuerza y constancia. A esa fuerza  se le llama <strong>resiliencia</strong>  (capacidad para hacer frente a las adversidades).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ya puesto,  podía pedir que nos tocara la Lotería del Niño o el Euromillón, pero el dinero sólo sirve para comprar cosas y <strong>EDUCAR NO TIENE PRECIO</strong>.</p>
<p><strong> </strong></p>
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