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	<title>ExtreNaturalezamacho &#8211; ExtreNaturaleza</title>
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		<title>La Berrea: ópera en el bosque</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Sep 2013 12:12:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>andresbernal</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Biodiario de Extremadura]]></category>
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		<description><![CDATA[GALERÍA DE FOTOS DE LA BERREA, POR ANDRÉS BERNAL. Cuando la naturaleza comienza a escribir el epílogo del verano, el bosque mediterráneo, que tapiza gran parte de Extremadura, se llena con la sonoridad de un canto desesperado. Es un clamor que mana desde las entrañas de la densa vegetación. Cuando los campos andan agostados, saciados [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_105" style="width: 610px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/extrenaturaleza/wp-content/uploads/sites/62/2013/09/BERREAFETEN.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-105" class="size-full wp-image-105" title="Cuando el otoño llega a Extremadura. / Andrés Bernal." src="/extrenaturaleza/wp-content/uploads/sites/62/2013/09/BERREAFETEN.jpg" alt="Cuando el otoño llega a Extremadura. / Andrés Bernal." width="600" height="338" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/62/2013/09/BERREAFETEN.jpg 600w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/62/2013/09/BERREAFETEN-300x169.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a><p id="caption-attachment-105" class="wp-caption-text">Cuando el otoño llega a Extremadura, sus bosques mediterráneos se llenan con la sonoridad de un canto desesperado: el de la berrea. / Andrés Bernal.</p></div>
<p><a href="http://www.hoy.es/multimedia/fotos/regional/20130910/berrea-extremadura-3061531023438-mm.html" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;"><strong>GALERÍA DE FOTOS DE LA BERREA, POR ANDRÉS BERNAL</strong></span></a>.</p>
<p>Cuando la naturaleza comienza a escribir el epílogo del verano, el bosque mediterráneo, que tapiza gran parte de Extremadura, se llena con la sonoridad de un canto desesperado.</p>
<p>Es un clamor que mana desde las entrañas de la densa vegetación. Cuando los campos andan agostados, saciados de sol y parecen cansados, se representa en algunos rincones de la región extremeña la ópera del bosque.</p>
<p>Entre los eternos campos de encinas y alcornoques que se pierden en el infinito, se levanta el telón de un escenario perfecto para uno de los acontecimientos más apasionados que tendrá lugar en estos paisajes y en este tiempo: la berrea. Y que, como en una ópera, se representa con <strong>diferentes actos:</strong></p>
<p><span style="text-decoration: underline;"> <strong>Primer acto: los amoríos</strong></span></p>
<p>Entre la frontera del verano al otoño, el bosque ha estado huérfano de actividad. Las umbrías del sotobosque repletas de arbustos y matorrales arropan una silenciosa fauna. Es en estas laderas umbrosas donde comienza a generarse el acontecimiento que nos concierne.</p>
<p>Durante esta estación la luz del sol comienza a menguar, provocando un singular efecto en la actividad reproductiva de algunas especies. Es entonces cuando el ciervo rojo, o común, es capaz de medir el tiempo, se deja estimular con este efecto lumínico, e inicia un singular comportamiento reproductivo.</p>
<p>Tal vez sea el fotoperiodo el desencadenante, o tal vez las lluvias otoñales,…la cuestión es que de repente, se empiezan a escuchar en los amaneceres del monte, una voz ronca y triste;  un grito profundo que brama. Al principio son sólo unos pocos los que se atreven a romper el silencio del bosque: son los venados más impetuosos. En seguida la brama se contagia por todo el monte, como si de un eco se tratase . El bosque comienza a despertar, de repente se dinamiza.</p>
<p>Rebaños de ciervas, aun con sus crías escoltándolas, parecen danzar por la espesura del matorral, con sus curiosos andares de bailarina. Los jóvenes siguen a sus madres sumisamente, sin saber con exactitud a qué viene tanto frenesí.</p>
<p>Los rebaños de ciervas son auténticos matriarcados dirigidos por una vieja hembra que establece una rígida jerarquía entre las demás. Es éstala encargada de desplazar y detener al grupo y elegir los lugares de descanso y los más adecuados para comer.</p>
<p>Grupos de hembras que se congregan junto a otras en encuentros fortuitos. El rebaño comienza a ser mayor; a menudo los jóvenes varetos se incorporan, un tanto sorprendidos, a este singular desfile.</p>
<p>En toda Extremadurael espectáculo de los amores de los ciervos comienza a representar su primer acto. Las hembras llenan el ambiente con los aromas de la atracción, inundando cada rincón del paisaje.</p>
<p>Los ciervos machos son animales muy errantes con hábitos generalmente crepusculares y nocturnos, acentuándose aún más durante este periodo este comportamiento. Los machos, que hasta ahora han permanecido escondidos, solos o en pequeños grupos, como si de bohemios se tratara, se desperezan de su anonimato para ir, poco a poco, entrando en acciónvociferando a todo el mundo que la berrea ha comenzado.</p>
<p>Provocado por las insinuaciones amorosas, o por los estímulos lumínicos o ambientales, la cuestión es que el calendario biológico de estos herbívoros les avisa que comienza su celo.</p>
<p>Es entonces cuando el bosque comienza a delimitarse con los sonidos de cada macho de ciervo; parcelando con fronteras sonoras los campos extremeños; toda una sinfonía de bramas, que estremecen a la propia naturaleza. Durante casi un mes , y sobre todo durante los amaneceres y atardeceres se escucharán los cantos de galanteo de los ciervos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><strong>Segundo Acto: los encuentros</strong></span></p>
<p>Las dehesas se convierten en puntos de encuentros, en plazas improvisadas de vida. Los alcornocales aclarados y ruborizados por su aparente desnudez,  junto a encinares inmenso, son testigos tácitos de este singular acontecimiento.</p>
<p>Muchas hembras con sus pequeños escuderos, se agrupan entre las calvas de las dehesas, con los pastos aún con los colores del sol. Siendo este bosque domesticado, la dehesa, el principal escenario de las reuniones. En este peculiar teatro,  pronto se agrupan otros protagonistas: como los  varetos y horquillones: jóvenes machos que carentes de la ostentación y poderes adecuados en su cornamenta, sólo serán observadores del acontecimiento que se les avecina.</p>
<p>Es entonces cuando salidos de la espesura, y bramando con vehemencia, emergen los machos adultos, haciendo alarde de cornamenta y derroche de pasión.</p>
<p>Su entrada en escena  es espectacular:  ataviados algunos con ropajes de color pardorrojizo, y otros ya virando a gris. Presentando la mayoría de ellos una magnífica y soberbia estampa.</p>
<p>Los machos comienzan entonces a  convocar a la hembras, generando harenes, e intentando, al mismo tiempo, apoderarse de los mejores lugares. Nombrándose señores de todo aquellos feudos que dominan. Para los ciervos comienza ahora un tiempo:  para amar, defender y luchar. Durante casi un mes,  perpetuarse será su única razón de vivir, su único objetivo, su única opción.</p>
<p>Los venados van y vienen, parecen nerviosos, apenas comen, hacen ostentación constantemente poniendo orden en su territorio. Conquistando. Recogiendo a las hembras díscolas, intimidando a los jóvenes, y retando a los competidores.</p>
<p>Los jóvenes aspirantes a señores feudales andan de una lado para otro, es como si en todo este drama, ellos no tuvieran papel alguno. Aunque son muchos los que buscan una oportunidad. La ignorancia y tal vez el entusiasmo de su juventud les lanza, una y otra vez a buscar a sus amadas.</p>
<p>Inquietos se revelan con el orden establecido, haciendo escaramuzas, van y vienen. Juegan a provocar, mostrando sus encantos a las bellas ciervas. Aunque a veces sólo les quedará el sosiego de los de su propio género.</p>
<p>Son las hembras de venado las que realmente eligen. Buscando la seguridad del mejor adaptado- o el que más suerte tenga. Su instinto  les hace elegir a los más fuertes, a los que mejor cornamenta luzcan, a los mejor situados;  al fin y al cabo al portador de la genética de sus futuros hijos.</p>
<p>El tamaño de la cuerna de los machos de ciervo es importante como un arma intimidatoria, por la ventaja que puede representar a la hora de pelear con un rival de su misma especie por defender un harén de hembras. Pero además cumple una función de señalización para las hembras, a las que ofrece información de importancia sobre la fertilidad del macho y valía de su propietario.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><strong>Tercer acto: los lances</strong></span></p>
<p>Entre los bramidos constantes de los altivos ciervos la competencia es mucha; y las ganas de seducir también. Es aquí donde la selección natural pone a prueba a estos grandes herbívoros.</p>
<p>Los machos no parecen descansar, constantemente se retan con la mirada, agrupando a sus hembras. Defendiendo con tesón los mejores lugares. Otros saben de sus posibilidades y simplemente amagan con cierto arrojo, pero sólo se queda en eso, en un intento.</p>
<p>No siempre es así. Los machos que se sienten poderosos: se acercan, se observan, y se retan, es entonces cuando tiene lugar la lucha de los venados. Torneos de astas en los claros de la dehesa. Encontronazos constantes que ensamblan las armas de estos bellos animales. Espectáculo único en plena naturaleza.</p>
<p>Las luchas son continuas. A menudo los lances solo duran unos instantes, otras veces se requiere  de más tiempo para proclamar un vencedor. El ganador proclama su victoria, el vencido se marcha humillado.</p>
<p>Ellas, las ciervas, miran con la discreción de las amantes,  -sólo se dejan querer-, es entonces cuando el macho las olfatea, sacando la lengua, intentado consumar todo su esfuerzo después de la batalla.</p>
<p>La posibilidad de aparearse con varias hembras aumenta el éxito reproductor de los machos  y consigue así su premio: cada vez que fecundan a una nueva logran la victoria de perpetuarse.</p>
<p>El final de esta historia no se sabe bien quién la escribe. Los machos fatigados, exhaustos de tanto ímpetu y tantas luchas, se encorvan, mostrando en su cuerpo los efectos devastadores de esta singular batalla.</p>
<p>Algunos agotados, no soportan el importante esfuerzo, siendo muchos los tributos que se cobra la naturaleza por tanta vehemencia. Unos mueren por los efectos de los propios lances, otros por extenuación.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><strong>Acto cuarto: el regreso</strong></span></p>
<p>Realmente son las hembras las que empezaron todo esto; y son ellas las que lo finalizan. Una vez conseguido su propósito se van retirando de esta plaza pública en la que han convertido las dehesas  y las rañas.</p>
<p>Sin casi mediar palabra, abandonan los escenarios que tanta pasión han generado; y discretamente muchas de ellas vuelven a las entrañas del bosque para seguir con su preñez.</p>
<p>Los machos hacen lo mismo, recobran su orfandad y, hastiados de tanto bullicio y esfuerzo, se retiran, se abandonan como ermitaños entre jarales y brezos, escondiendo ahora con pudor tanta pasión. La berrea se terminó, el bosque se tranquiliza, todo parece de nuevo a ser lo que era.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><strong>FIN</strong></span></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Las golondrinas, aves del barro</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Mar 2013 11:16:30 +0000</pubDate>
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		                		<category><![CDATA[Biodiario de Extremadura]]></category>
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		<description><![CDATA[Las golondrinas han sido desde siempre las pregoneras de la primavera. Rehiletes azules de vuelos constantes y malabares aéreos que, en sus raudos y veloces revoloteos, dibujan imágenes cargadas de buen tiempo. Empatía exclusiva entre el clima y una singular ave. En Extremadura siempre ha existido una cierta simpatía hacia la golondrina común. Protagonista de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_99" style="width: 610px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/extrenaturaleza/wp-content/uploads/sites/62/2013/03/golindrina-monfragueblog.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-99" loading="lazy" class="size-full wp-image-99" title="Una golondrina en Monfragüe." src="/extrenaturaleza/wp-content/uploads/sites/62/2013/03/golindrina-monfragueblog.jpg" alt="Una golondrina en Monfragüe." width="600" height="400" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/62/2013/03/golindrina-monfragueblog.jpg 600w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/62/2013/03/golindrina-monfragueblog-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a><p id="caption-attachment-99" class="wp-caption-text">Una golondrina en Monfragüe.</p></div>
<p>Las golondrinas han sido desde siempre las <strong><em>pregoneras de la primavera</em></strong>. Rehiletes azules de vuelos constantes y malabares aéreos que, en sus raudos y veloces revoloteos, dibujan imágenes cargadas de buen tiempo. Empatía exclusiva entre el clima y una singular ave.</p>
<p>En <strong>Extremadura</strong> siempre ha existido una cierta simpatía hacia la <strong>golondrina común</strong>. Protagonista de refranes, inspiradora de cuentos, poemas, e historias singulares. Como una que, a mí, me gusta mucho:  la que narra cómo, antiguamente, los habitantes de los pueblos pensaban que las golondrinas pasaban el invierno <strong>escondidas en el barro</strong>.</p>
<p>Las gentes observaban que, con el inicio del otoño, las golondrinas comunes <strong>desaparecían</strong>. Y el imaginario de la cultura popular lanzó su peculiar tesis sobre este acontecimiento: <strong>“Las golondrinas, con los primeros fríos se esconden en el barro”</strong>.</p>
<p>Era lógico pensar esto si uno ve su pecho y frente de color <em>rojizo arcilloso</em>. Y, si a esto, le sumamos el material que dominaban perfectamente para construir sus nidos, pues era lógico imaginarlas ahí, en su particular baño de arcilla, acurrucaditas, a la espera del buen tiempo que les haría despertar de su letargo.</p>
<p>Es una interesante leyenda para una especie <strong>muy ligada a los entornos humanos</strong>. Y ya sabemos que la proximidad con el hombre confiere y otorga el protagonismo de muchas historias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_95" style="width: 673px" class="wp-caption alignnone"><a href="/extrenaturaleza/wp-content/uploads/sites/62/2013/03/golondrina332.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-95" loading="lazy" class=" wp-image-95 " title="golondrina332" src="/extrenaturaleza/wp-content/uploads/sites/62/2013/03/golondrina332.jpg" alt="" width="663" height="422" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/62/2013/03/golondrina332.jpg 1024w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/62/2013/03/golondrina332-300x191.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/62/2013/03/golondrina332-768x488.jpg 768w" sizes="(max-width: 663px) 100vw, 663px" /></a><p id="caption-attachment-95" class="wp-caption-text">Desde siempre han sido las pregoneras de la primavera. Rehiletes azules de vuelos constantes y malabares aéreos; que en sus raudos y veloces revoloteos dibujan imágenes cargadas de buen tiempo. Empatía exclusiva entre el clima y un ave.</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<p>Este volador incansable lleva ya unas semanas en Extremadura, <strong>adelantándose a la fecha oficial del inicio del equinoccio de primavera</strong>. Se diría que la estación del buen tiempo llega tarde. <strong>Los cambios climáticos aceleran tácitamente los acontecimientos naturales</strong>. Y muchas veces no los percibimos si no es corroborando la presencia y mirando las acrobacias aéreas de las golondrinas.</p>
<p>Su <strong>periplo migratorio</strong> está lleno de <strong>“<em>mares”</em> </strong>, desde <strong><em>“los mares de arena”</em></strong> del desierto del Sáhara, pasando por el mar Mediterráneo, y llegando <em>al <strong>&#8220;mar de encinas”</strong></em> que existe en Extremadura.</p>
<p>Con apenas una longitud de 18 centímetros es capaz de realizar <strong>un trayecto de más 3.000 kilómetros</strong> para pasar el invierno en el continente Africano y regresar a Europa. No me digan que no es toda una proeza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_96" style="width: 655px" class="wp-caption alignnone"><a href="/extrenaturaleza/wp-content/uploads/sites/62/2013/03/golondrina22.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-96" loading="lazy" class=" wp-image-96 " title="golondrina22" src="/extrenaturaleza/wp-content/uploads/sites/62/2013/03/golondrina22.jpg" alt="" width="645" height="453" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/62/2013/03/golondrina22.jpg 1024w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/62/2013/03/golondrina22-300x211.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/62/2013/03/golondrina22-768x539.jpg 768w" sizes="(max-width: 645px) 100vw, 645px" /></a><p id="caption-attachment-96" class="wp-caption-text">Las golondrinas comunes son muy rústicas; y en Extremadura este ave tiene su particular paraíso.</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>Su <strong>fidelidad</strong> a los lugares de cría les anima a viajar a los <strong>mismos sitios donde nidificaron en años anteriores</strong>. Si los dos miembros de la pareja han sobrevivido, comenzarán con el galanteo y el consabido enamoramiento. Sus paradas nupciales se visten con libreas de <strong>color azulado oscuro, </strong>de canciones chirriantes, haciendo ostentación de saturadas gargantas y frentes rojizas, enmarcadas con un collar negro. <strong></strong></p>
<p><strong>Pero su éxito, el de los machos, va a estar, sobre todo, en el tamaño de su cola</strong>: No se rían, es cierto. <strong>Los machos tienen las rectrices externas más largas</strong>, configurando esa <strong>cola ahorquillada</strong>.</p>
<p>Y en esta especie las hembras, sí: dan mucha importancia al tamaño, y al <strong>color pardo rojizo</strong> <strong>de los baberos</strong> de los machos. <strong>Cuanto más saturados los ocres del plumaje, más éxito</strong>. ¿Quién dijo que los machos no son coquetos?</p>
<p><strong>Las golondrinas son muy rústicas,</strong> y en <strong>Extremadura este ave tiene su particular paraíso</strong>. Les gusta sobre todo las casas bajas, los establos, los balcones, y los lugares no más altos de cinco metros. En estos acogedores lugares construirán sus famosas <em><strong>“taza de barro”</strong></em>.  Su nido ocre de arcilla, construido a base de moldeadas bolitas, se ubicará en una sola pared, pegadito al techo, como para evitar que nadie pueda molestar sus labores reproductivas, o simplemente por querer tener cierta intimidad.</p>
<p>Su lecho, el de esta cuna de barro, estará forrado con delicado plumón, y en él criarán avivadamente a su prole,  atiborrándolos de insectos. Como curiosidad, decir que los datos indican que cada golondrina, durante esta época, <strong>caza dos y tres veces su peso en insectos</strong> para alimentar a sus pollos. Es bastante si pensamos que <strong>su peso está entre 15 y 20 gramos</strong> (echen cuentas).</p>
<p>Cuando comienzan a independizarse los pollos es espectacular ver a los progenitores cómo alimentan a sus retoños en el aire, haciendo alarde, una vez más, de sus habilidades voladoras. Ello no quita,  si todo va bien, que hagan varias puestas más.</p>
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<div id="attachment_94" style="width: 655px" class="wp-caption alignnone"><a href="/extrenaturaleza/wp-content/uploads/sites/62/2013/03/daurica.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-94" loading="lazy" class=" wp-image-94 " title="daurica" src="/extrenaturaleza/wp-content/uploads/sites/62/2013/03/daurica.jpg" alt="" width="645" height="399" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/62/2013/03/daurica.jpg 1024w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/62/2013/03/daurica-300x185.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/62/2013/03/daurica-768x475.jpg 768w" sizes="(max-width: 645px) 100vw, 645px" /></a><p id="caption-attachment-94" class="wp-caption-text">la golondrina dáurica, es muy similar y se confunde con cierta frecuencia con la común. Es más modesta en hábitos y costumbres. Llega unos días más tarde, -tal vez esta especie sea más seria y respeta los tiempos oficiales del inicio de la primavera-.</p></div>
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<p><strong>Pero existe otra especie de golondrina</strong> que también habita en Extremadura: <strong>la golondrina dáurica</strong>, que es muy similar  y se confunde con cierta frecuencia con la común. Es más modesta en hábitos y costumbres. Llega <strong>unos días más tarde</strong><em> (tal vez esta especie sea más seria, y respete los tiempos oficiales del inicio de la primavera).</em></p>
<p>Como todas las golondrinas, las destrezas aérade las daúricas son inmejorables. E Identificarla en vuelo es de notable alto. Pero esta especie <strong>tiene unas pautas volanderas que son más pausadas, planea mucho más, y es fácil verla una y otra vez , descolgarse por “laderas de viento”</strong>.  <strong></strong></p>
<p><strong>Sus ropajes son también diferentes</strong>. Viste un delatador color crema en su obispillo (la parte inmediatamente superior a la cola). <strong>Su dorso y cola azul oscuro</strong> contrasta con el vientre, pecho y garganta uniformemente coloreadas de castaño rojizo. Otro alarde de buen gusto y del arte de la naturaleza.</p>
<p>Su comportamiento es más bohemio, <strong>es más solitaria</strong> y<strong> amiga de zonas naturales, más campestre</strong>, no tan urbanizadas. Aunque no descarta habitar en casas abandonadas, los túneles y puentes para colocar su peculiar nido que tiene forma de <strong>“botella de barro” o “pera”.</strong></p>
<p>Se trata del típico nido de barro, cuya entrada es alargada, como si se tratara de un pequeño túnel. Y, que al igual que su “prima”, la golondrina común, <strong>construyen con mucha habilidad el macho y la hembra</strong>. Esta especie es más silenciosa, no es tan escandalosa como la otra. <strong>Su canto consiste en emitir un gorjeo corto, sutil y más dulce. </strong></p>
<p><strong>Podemos encontrar golondrinas por toda Extremadura, por la gran mayoría de los paisajes humanizados</strong>.</p>
<p>Mi imagen preferida es ver <strong>retahílas de estas aves sobre los cables</strong>, emulando notas sobre un peculiar pentagrama. O volando con quiebros imposibles entre las calles estrechas de nuestros pueblos. Siendo malabaristas del aire. Y obstinadas cantantes de amaneceres.</p>
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