{"id":242,"date":"2014-11-04T21:55:32","date_gmt":"2014-11-04T20:55:32","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.hoy.es\/lacucharadesanandres\/?p=242"},"modified":"2014-11-04T21:55:32","modified_gmt":"2014-11-04T20:55:32","slug":"melocotones-melba","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.hoy.es\/lacucharadesanandres\/2014\/11\/04\/melocotones-melba\/","title":{"rendered":"MELOCOTONES MELBA"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_243\" style=\"width: 528px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"\/lacucharadesanandres\/wp-content\/uploads\/sites\/73\/2014\/11\/Nellie-Melba-at-Savoy.jpg\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-243\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-243\" src=\"\/lacucharadesanandres\/wp-content\/uploads\/sites\/73\/2014\/11\/Nellie-Melba-at-Savoy.jpg\" alt=\"Nellie Melba en el Hotel Savoy.\" width=\"518\" height=\"350\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.hoy.es\/wp-content\/uploads\/sites\/73\/2014\/11\/Nellie-Melba-at-Savoy.jpg 518w, https:\/\/static-blogs.hoy.es\/wp-content\/uploads\/sites\/73\/2014\/11\/Nellie-Melba-at-Savoy-300x203.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 518px) 100vw, 518px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-243\" class=\"wp-caption-text\">Nellie Melba en el Hotel Savoy.<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Escoffier<\/strong> esperaba a la puerta del <strong>Savoy<\/strong>. \u00c9l era el rey de los chefs, chef de reyes. Ella sol\u00eda cenar all\u00ed. \u00c9l estaba enamorado. De ella, claro. Casi veinte a\u00f1os les separaban. Ella poco m\u00e1s de treinta. \u00c9l, detr\u00e1s de sus grandes bigotes blancos, a\u00fan amaba. Amaba las cocinas, la magia de la buena mesa, las flores y la amaba a ella. Escoffier, detr\u00e1s de sus bigotes, nervioso, ni\u00f1o, a la puerta del Savoy.<\/p>\n<p>Ella, la Melba, <strong>Nellie Melba<\/strong> en los escenarios, estaba al llegar. Mujer y diva en el mismo paquete. Acababa de reventar los cerrojos de la buena sociedad con la \u201cElsa\u201d de \u201cLohengrin\u201d. Escoffier, tr\u00e9molo en el<strong> Covent Garden<\/strong>, asiento tres, fila tres. \u201cJulieta\u201d, \u201cLuc\u00eda de Lammermoor\u201d, pero ninguna como \u201cElsa\u201d. Emocionado, se prometi\u00f3 a s\u00ed mismo sorprender a la soprano australiana con una creaci\u00f3n digna de ella. Digna de los dos. Al fin y al cabo se amaban. O eso cre\u00eda \u00e9l. Al entrar en el Hotel Savoy, bes\u00f3 su mano y la acompa\u00f1\u00f3 hasta su mesa.<\/p>\n<p><strong>Londres a sus pies.<\/strong> Un pr\u00edncipe ruso pidi\u00f3 ser presentado. Bell\u00edsima. Joven. Inolvidable. Escoffier a\u00fan ten\u00eda clavada en sus ojos la escena en que \u201cLohengrin\u201d, el caballero del Santo Grial, va al encuentro de \u201cElsa\u201d en una barca tirada por un cisne blanco. \u201c\u00a1Cocinas! \u00a1Ahora!\u201d Del carrito tiraban dos camareros, en \u00e9l, <strong>las alas de un cisne talladas en un bloque de hielo<\/strong>. Sobre un timbal de plata, entre las alas de hielo, <strong>melocotones cocidos<\/strong>, apenas un minuto,<strong> sobre un lecho de helado de vainilla<\/strong>. Y todo <strong>bajo un manto de az\u00facar glas\u00e9 real<\/strong>. La Melba agradeci\u00f3 la ocurrencia. En ese mismo instante un botones le entregaba una nota. Solo un n\u00famero. \u201c444\u201d. Ella contest\u00f3 escribiendo: \u201cEn quince minutos\u201d. El pr\u00edncipe ruso abandon\u00f3 el comedor.<\/p>\n<p>Era 1893. Seis a\u00f1os despu\u00e9s, en la inauguraci\u00f3n del <strong>Hotel Carlton<\/strong>, Londres, ciudad y faro, Escoffier y la Melba volvieron a coincidir. En esta ocasi\u00f3n el cocinero, despechado, a\u00f1adi\u00f3 <strong>sangre de frambuesas<\/strong> al plato, su propia sangre, y una nota para ella. \u201c\u00bfMe permitir\u00eda llamarlo \u201cPeches Melba\u201d? Ella le contest\u00f3 con un n\u00famero, tan solo un n\u00famero. \u201c444\u201d.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Escoffier esperaba a la puerta del Savoy. \u00c9l era el rey de los chefs, chef de reyes. Ella sol\u00eda cenar all\u00ed. \u00c9l estaba enamorado. De ella, claro. Casi veinte a\u00f1os les separaban. 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