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	<title>JUAN CALDERÓN | Libre con Libros - Blogs hoy.es</title>
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	<description>Blog dedicado a la literatura de Manuel Pecellín</description>
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		<title>JUAN CALDERÓN | Libre con Libros - Blogs hoy.es</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Sep 2020 08:17:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Manuel Pecellín</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p> </p>
<p>Juan Calderón (Alburquerque, 1952) es otro componente de la intensa diáspora que fue despoblando Extremadura (aún prosigue la sangría) para enriquecer con sangre joven tierras más o menos lejanas. En la maleta se llevó paisajes, olores, amistades, heridas, gozos o sombras, recuerdos de infancia y juventud, que a menudo se sublevan en la memoria y le inundan los textos. Son muchos los ya publicados por este creador polifacético, que maneja con la misma soltura pinceles, teclas, tablas o vinilos. Residente en Madrid, entre sus obras literarias cabe recordar los poemarios <em>Camino ancho, paso desolado</em>; <em>Eco de niño para voz de hombre, El destino nos ata y nos desata </em>o <em>Sirenas de pecho herido. </em>Como narrador, sobresalen <em>La noche que murió Paca la Tuerta, Veinte historias amables más un garbanzo negó </em>y <em>El cuento bajo la encina blanca. </em>Bastantes de ellas las hemos reseñado en el periódico <em>HOY.</em></p>
<p><em>Sillas invisibles, </em>que prologa Javier Díaz Gil, escritor madrileño, toma título de una alegoría: los asientos de la mente donde reposan las vivencias más profundas. Ya se sabe, el cerebro, como un buen programa de ordenador, no borra; a lo sumo, inhibe, cubre o desplaza los contenidos grabados en sus engramas. Sólo se precisa la voz oportuna, consciente o inconsciente;  la “mano de nieve” becqueriana; el despertador que voluntaria o involuntariamente actualiza  ese depósito neuronal para volver a revivir sensaciones otrora experimentadas y nunca del todo perdidas.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p>De estructura cuadrangular, el libro se divide en cuatro partes: “Desde el embarcadero. Mientras llega la barca”, “A los que ya alcanzaron la otra orilla”, “Lugares y maletas” y “Con el dolor a cuestas”.</p>
<p>Jóvenes rotos en algún accidente estúpido, niños de secano, muchachas en flor, mujeres heridas por hambres nunca o mal satisfechas, parejas desencantadas… son los sujetos preferentemente evocados en la parte inicial.</p>
<p>La segunda recuerda a personas queridas que ya pisan otros horizontes: la amable telefonista del pueblo, cantantes, pintores o poetas fallecidos (Cecilia, Mallarmé, Aleixandre, Lola Santiago, Juan Ruiz de Torres, Frida Kahlo, Ramón Casañer) cuyas creaciones marcaron la sensibilidad del autor.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>Pasa después a recrear imaginativamente los lugares que más le han conmovido: Alburquerque ( <em>mundo de cal y cielo/donde tengo estuchada mi nacencia</em>); el Valle del Jerte (<em>De luz y verde explota el cerezal/a cada paso una canción de agua); </em>Los Panjalos (<em>Afuera los cerezos en hileras/montan su guardia verde y roja</em>); Galicia (<em>Más allá de los bosques/recita lastimeras letanía/una campana vieja como el mundo</em>); la Alcarria, Cádiz, Guardamar, la Capadocia tura y, naturalmente, Madrid (<em>Esta ciudad, rugido y dientes/me azota con su grito/. Llevo la dentellada del asfalto/desde las sienes hasta la huella</em>).</p>
<p>Por último, el broche, con los poemas quizás más tiernos, como los que dedica a la mujer cuyo bolso roba alguien azotado por la hambruna; niños sin pan (<em>En vuestros vientres secos/hizo su madriguera/el hambre con su séquito de espadas</em>) o el desamparo de millones de personas en el África reseca.</p>
<p>Juan Calderón dista mucho de ser un revolucionario encendido, un insurrecto social o un populista demagogo. Pero sabe lo cómo sufren los más débiles y, aunque su temperamento artístico lo induzca más bien a los planteamientos, no puede menos de solidarizarse con quienes la suerte les fue esquiva y denunciar a los posibles culpables. Lo hace sin levantar mucho la voz, pero dejándose oír, porque también él tiene gotas de sangre jacobina (A. Machado).</p>
<p>Por lo demás, resultará evidente que con cada entrega va depurando más sus versos, blancos y libres, dotándoles de notable intensidad, desnudez y carga metafórica, sin permitirse decaimientos o facilidades empobrecedoras. “Se puede salvar el mundo, escribe el prologuista, escribiendo un poema, si el poema es capaz de conmover e implicar al lector”. Son muchos con esa virtud los aquí ofrecidos.</p>
<p> </p>
<p>Juan Calderón Matador, <em>Sillas invisibles. </em>Madrid, Los libros del Mississippi, 2020.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
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