{"id":1002,"date":"2018-03-17T08:12:12","date_gmt":"2018-03-17T07:12:12","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.hoy.es\/libreconlibros\/?p=1002"},"modified":"2018-03-17T08:12:12","modified_gmt":"2018-03-17T07:12:12","slug":"se-impuso-la-noche","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.hoy.es\/libreconlibros\/2018\/03\/17\/se-impuso-la-noche\/","title":{"rendered":"SE IMPUSO LA NOCHE"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un nuevo libro de Rafael Rufino F\u00e9lix\u00a0 (M\u00e9rida, 1929) siempre produce expectaci\u00f3n. A punto de alcanzar los noventa de su fecunda vida, al magn\u00edfico poeta emeritense le turba, como a todos, sentir que, llegada la noche, el alba\u00a0 no \u00a0reproduzca el esplendor en la hierba, la gloria en las flores. Pero, lejos de amargarse, se reconforta con la belleza que subsiste en sus recuerdos. S\u00ed, estoy evocando las palabras\u00a0 de William Wordsworth, cuya c\u00e9lebre oda conmoviera a los de mi generaci\u00f3n\u00a0 reforzadas por las inolvidables im\u00e1genes del film\u00a0 de Elia Kazan, <em>Esplendor en la yerba<\/em>, con Natalie Wood y Warren Beatty. <em>Y el alba no vendr\u00e1<\/em>abre justamente con la entradilla<\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u201cAunque ya nada pueda devolver\/la hora del esplendor en la hierba,\/ de la gloria en las flores,\/no hay que afligirse\/porque la belleza siempre subiste\/ en el recuerdo\u201d.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em>Pertenece Rafael Rufino a la primera generaci\u00f3n po\u00e9tica de la posguerra. Estudiante en Madrid, fue asiduo a las tertulias de los recitales del Varela,\u00a0 otro caf\u00e9 m\u00edtico de la capital, cuyas mesas vieron un d\u00eda a\u00a0 personalidades como Unamuno, los hermanos Machado\u2026 y al general Franco (que gustaba acudir para cenar).\u00a0 Reinstaurado tras la guerra incivil, Rafael Azcona lo retratar\u00eda perfectamente en su novela <em>Los ilusos, <\/em>\u00a0que el profesor\u00a0 Jos\u00e9 Antonio Carratal\u00e1 analiza en un estudio asequible por internet. A los recitales que se daban all\u00ed las noches de cada viernes (no se impon\u00eda consumici\u00f3n alguna, e incluso se serv\u00eda jarra de agua gratis), en un ambiente entre culto, festivo y picaresco,\u00a0 acudi\u00f3 con asiduidad nuestro hombre. <u>Siempre <\/u>le tocaba recitar despu\u00e9s de Camilo Jos\u00e9 Cela (el turno se establec\u00eda por orden alfab\u00e9tico). \u00c9l reconoce su inspiraci\u00f3n en Machado, gracias sobre todo\u00a0 a <em>Galer\u00edas, soledades y otros poemas<\/em>, una edici\u00f3n de 1907 que se compr\u00f3 de segunda mano en el Rastro de Madrid por cinco pesetas.<\/p>\n<p>Hoy tiene una veintena de poemarios \u00e9ditos, entre los que destacan <em>Crester\u00eda de la sal <\/em>y <em>\u00a0Las puertas de la sangre, <\/em>ganador del Ciudad de Badajoz en 2005 y uno de los textos que incluye la Universidad de Oxford para sus estudiantes de literatura espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>Merced a los buenos oficios de la editorial Beturia, mod\u00e9lica en su g\u00e9nero, da a luz un nuevo poemario. Nos confirma que sigue escribiendo sin descanso y, sin duda, con la misma calidad alcanzada en las entregas anteriores. Suscribo lo que proclamase el profesor Francisco L\u00f3pez-Arza, quiz\u00e1s el conocedor m\u00e1ximo de sus obras: \u201cLa poes\u00eda de Rufino F\u00e9lix despende una emoci\u00f3n pocas veces conseguida en la l\u00edrica actual. Su verso brilla a la altura de la mejor poes\u00eda de nuestro tiempo y asegura la permanencia de su autor como uno de los principales poetas de su generaci\u00f3n. Es, indudablemente, un poeta de culto\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El alba puede ser la hora de los fusilamientos (Aute-Rosa Le\u00f3n); de la revisi\u00f3n de la moral (Nietzsche: <em>Morgen roten<\/em>) o de la esperanza renovada tras las oscuridades nocturnas, del triunfo del sol sobre las tinieblas. (Es curioso que el barco de la revoluci\u00f3n, que sigue anclado en el mueble de San Petersburgo, lleve el nombre de \u201cAurora\u201d).<\/p>\n<p>No hay que apenarse ni siquiera aunque no se dude de que \u201cel alba no vendr\u00e1\u201d. Se vivieron las horas\u00a0 fervientemente ardidas; lleg\u00f3 el crep\u00fasculo y nos fuimos introduciendo en una noche cada vez m\u00e1s densa, que antes o despu\u00e9s ha de volverse absoluta. No habr\u00e1 un nuevo amanecer. S\u00f3lo nos queda, como suced\u00e1neo del \u201ceterno retorno\u201d, la vuelta a las pasadas horas de \u00edmpetu vital, el recurso a la memoria de lo que fuimos cuando la \u201cvoluntad de poder\u201d (de hacer o de crear, seg\u00fan posibilita la versi\u00f3n del alem\u00e1n) a\u00fan nos espoleaba.\u00a0 La lectura de Antonio Machado, Ezra Pound, Luis Cernuda, Aleixandre, Neruda y Leopoldo Panero, poetas claramente aludidos en estas p\u00e1ginas, pueden servir para la reparaci\u00f3n, siquiera fuese moment\u00e1nea, de los viejos ardores, de la recuperaci\u00f3n de los pulsos perdidos.<\/p>\n<p>El primer poema del libro, par\u00e1frasis l\u00edrica del de Wordsworth, as\u00ed lo sugiere. El segundo, \u201cEl tiempo\u201d, introduce al agente de la p\u00e9rdida del esplendor, al due\u00f1o de nuestra vida, a la sustancia misma del ser, porque \u201cs\u00ed, solo somos tiempo: principio y extinci\u00f3n\u201d. Se recrea uno de los temas cl\u00e1sicos, \u201ctempus fugit\u201d, intensificando su amargura existencial: \u201cEl tiempo es nuestro due\u00f1o,\/y nos saca y nos hunde para siempre en la nada. Sombras del para\u00edso\u201d.<\/p>\n<p>Son los dos ra\u00edles por donde se conduce el poemario, hasta concluir en la entrega final, que adelanta un posible epitafio: \u201c<em>Me acompa\u00f1\u00f3 el amor\/Mi vida fue feliz\u201d. <\/em>(Curiosamente, estas cuatro fueron las \u00faltimas palabras que pronunci\u00f3 Wittgenstein).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Rafael Rufino F\u00e9lix Morill\u00f3n, <em>Y el alba no vendr\u00e1. <\/em>\u00a0Madrid, Beturia, 2018<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; Un nuevo libro de Rafael Rufino F\u00e9lix\u00a0 (M\u00e9rida, 1929) siempre produce expectaci\u00f3n. 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