{"id":1052,"date":"2018-06-23T06:58:28","date_gmt":"2018-06-23T05:58:28","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.hoy.es\/libreconlibros\/?p=1052"},"modified":"2018-06-23T06:58:28","modified_gmt":"2018-06-23T05:58:28","slug":"poliedrico-erasmo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.hoy.es\/libreconlibros\/2018\/06\/23\/poliedrico-erasmo\/","title":{"rendered":"POLI\u00c9DRICO ERASMO"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Parece indudable que, al menos durante la primera mitad del siglo XVI, cuando se conform\u00f3 la Europa moderna, nadie tuvo mayor prestigio que Erasmo (Rotterdam, 1466-Basilea, 1536). Es un acierto que la Red de la Comunidad Europea para Intercambios Acad\u00e9micos, se conozca como\u201c<a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Programa_Erasmus\" rel=\"external nofollow\">Programa Erasmus<\/a>\u201d\u00a0en homenaje al car\u00e1cter multinacional y europe\u00edsta del escritor holand\u00e9s. El gran hombre residi\u00f3 alternativamente en Holanda, Francia, Inglaterra, Alemania y Suiza, relacion\u00e1ndose con lo m\u00e1s granado de cada pa\u00eds y sin permitirse apenas momentos de reposo, pese a su naturaleza enfermiza. No quiso venirse a Espa\u00f1a, rehusando las insistentes invitaciones de Carlos V: aduce que no le agradaba la forma de ser de los hispanos (y, mucho menos, la Inquisici\u00f3n espa\u00f1ola), si bien aqu\u00ed contaba con numerosos admiradores (v\u00e9ase <em>Erasmo y Espa\u00f1a, <\/em>el enorme estudio de M. Bataillon).<\/p>\n<p>No obstante, los escritos y la figura misma del de Rotterdam siempre producen una especie de v\u00e9rtigo a cuantos se le aproximan. Les ocurri\u00f3 ya a los coet\u00e1neos. Y no s\u00f3lo por su extraordinaria y variad\u00edsima producci\u00f3n intelectual (hasta tres decenas de vol\u00famenes exige la edici\u00f3n de sus obras completas, m\u00e1s un riqu\u00edsimo epistolario), sino por el mismo car\u00e1cter poli\u00e9drico del personaje. Sumamente celoso de su libertad; convencido de que nadie tiene toda la raz\u00f3n; de naturaleza pac\u00edfica (salvo cuando se supone maltratado); defensor de la concordia antes que de los enfrentamientos, as\u00ed como de la paz p\u00fablica en vez de las revoluciones, se opuso sistem\u00e1ticamente a \u201ctomar partido\u201d por bando alguno, menos a\u00fan si se lo exigen los prebostes de cualquiera de ellos. A\u00f1\u00e1danse las propias vacilaciones o dudas no resueltas, m\u00e1s las innegables contradicciones (<em>una cosa es lo que pienso; otra, lo que mi pluma escribe<\/em>, vino a decir), para comprender el desconcierto entre sus lectores e incluso amigos \u00edntimos. Figuras como Tom\u00e1s Moro, Mart\u00edn Lutero, Luis Vives, Alfonso de Vald\u00e9s, \u00a0varios papas e incluso Enrique VIII y Carlos V, por no citar toda una pl\u00e9yade de ilustres personajes, se sentir\u00edan desconcertados ante los quiebros del gran humanista que, adem\u00e1s, no siempre dice lo mismo en sus obras publicadas (no todas con su nombre) y en sus cartas (muchas dadas a luz desde bien pronto). Es el \u201cErasmus, vir duplex\u201d, seg\u00fan conocida acusaci\u00f3n luterana, o el hombre \u201csemper pro se\u201d. Ni es raro que se recurra incluso a Freud para entenderlo, vistos los avatares de su dif\u00edcil infancia.<\/p>\n<p>Las mismas sensaciones contradictorias se sufren con la lectura de este trabajo de Claver\u00eda (Caspe, 1963), que por cierto cuenta con unos fundamentos bibliogr\u00e1ficos formidables. Alej\u00e1ndose voluntariamente, salvo las pinceladas ineludibles, de las tesis filos\u00f3ficas, teol\u00f3gicas y aun filol\u00f3gicas de Erasmo, el autor busca retratarlo, seg\u00fan el t\u00edtulo recoge, como \u201chombre de mundo\u201d. Y rep\u00e1rense en los calificativos que ah\u00ed le atribuye: <em>evasivo, suspicaz e impertinente (mis\u00e1ntropo, borrach\u00edn, pendenciero). <\/em>Fuerte apuesta, a cuyo favor el estudioso trae todo un aparato de citas sacadas fundamentalmente de textos epistolares, tomados de la edici\u00f3n hecha en Oxford por el matrimonio Percy (doce vol\u00famenes). Sobre la misma base podr\u00eda haber incluido tambi\u00e9n otros ap\u00f3strofes, seg\u00fan se desprende a lo largo del estudio: <em>antisemita, timorato, ego\u00edsta, enamoradizo (\u00bfgay?), obseso por su imagen, promotor de s\u00ed mismo <\/em>e incluso <em>m\u00e1quina de repartir fango<\/em>si la ocasi\u00f3n lo requiereetc. Todo comprensible seg\u00fan los par\u00e1metros dominantes en el Renacimiento, seg\u00fan Claver\u00eda desarrolla en sus agudas contextualizaciones.<\/p>\n<p>Sin embargo, a aquel holand\u00e9s, el primer europeo capaz de vivir de sus escritos (se reeditaban sin tregua, algunos, v.c., los <em>Adagios<\/em>, hasta 60 veces), \u201cel m\u00e1s sabio de los hombres\u201d, deseoso de reformar las instituciones eclesi\u00e1sticas, acad\u00e9micas y civiles, pero con p\u00e1nico ante una posible excomuni\u00f3n, se lo rifar\u00e1n poderosos soberanos (de Espa\u00f1a, Inglaterra, Francia, Polonia, Austria), pont\u00edfices, heresiarcas, rectores de Universidad, obispos, impresores c\u00e9lebres (Aldo Municio, Froben)\u2026 deseosos todos ellos de poder presumir y fortalecer con la anuencia del Humanista. A nadie se entregar\u00eda aquel frailecillo casi diminuto de cuerpo y de esp\u00edritu inconmensurable. \u201cUbi bene es, ibi patria est\u201d (<em>Donde te encuentres bien, all\u00ed est\u00e1 tu patria) <\/em>responde a quien se empe\u00f1a en devolverlo a su Brabante natal. Y, para encontrarse bien, le bastaban sentirse apreciado por los mejores; una rica biblioteca (la vendi\u00f3 antes de morirse); imprentas pr\u00f3ximas; dinero para mantener la casa y buen vino (preferentemente de Borgo\u00f1a). Por cierto, nunca pudo aguantar las estufas alemanas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Carlos Claver\u00eda Laguarda, <em>Erasmo, hombre de mundo: evasivo, suspicaz e impertinente. (Mis\u00e1ntropo, borrach\u00edn, pendenciero). <\/em>Madrid, C\u00e1tedra, 2018, 370 p\u00e1gs.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; &nbsp; Parece indudable que, al menos durante la primera mitad del siglo XVI, cuando se conform\u00f3 la Europa moderna, nadie tuvo mayor prestigio que Erasmo (Rotterdam, 1466-Basilea, 1536). 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