{"id":1293,"date":"2019-12-21T09:58:26","date_gmt":"2019-12-21T08:58:26","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.hoy.es\/libreconlibros\/?p=1293"},"modified":"2019-12-21T09:58:26","modified_gmt":"2019-12-21T08:58:26","slug":"latitudes-de-nueva-york","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.hoy.es\/libreconlibros\/2019\/12\/21\/latitudes-de-nueva-york\/","title":{"rendered":"LATITUDES DE NUEVA YORK"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Nueva York ha ido desarroll\u00e1ndose durante la pasada centuria hasta convertirse en el epicentro de la civilizaci\u00f3n occidental. La meg\u00e1polis simboliza nuestas luces y sombras de. Su sincretismo \u00e9tnico, racial, religioso y ling\u00fc\u00edstico encarna, con todas las desgarraduras que se quiera, el \u201cmelting pot\u201d del pa\u00eds norteamericano.<\/p>\n<p>El cine, el teatro, la \u00f3pera, las artes pl\u00e1sticas (el MOMA es hoy un referente ineludible) y, por supuesto, la literatura del \u00faltimo siglo han hecho de New York seguramente el lugar m\u00e1s reconocido del orbe. Alusiones a ella el cine, la televisi\u00f3n, las canciones\u2026 y por supuesto en los libros.<\/p>\n<p>Poco conocido el del extreme\u00f1o Diego Hidalgo, <em>Impresiones de un espa\u00f1ol del siglo XIX que no sabe ingl\u00e9s <\/em>(1947), para los espa\u00f1oles hay tres de inter\u00e9s m\u00e1ximo:\u00a0 <em>Diario de un poeta reci\u00e9n casado, <\/em>de Juan R. Jim\u00e9nez; <em>Poeta en Nueva York, <\/em>de Federico Garc\u00eda Lorca, genialmente vertido a im\u00e1genes grabadas por Eduardo Naranjo, y <em>Cuaderno de Nueva York, <\/em>de Jos\u00e9 Hierro. Los dos \u00faltimos se erigen como m\u00e1ximas apoyaturas en la obra que presentamos.<\/p>\n<p>Su autor, Juan Carlos Rodr\u00edguez B\u00fardalo (C\u00e1ceres, 1946), poeta con prolongada trayectoria, viene visitando asiduamente en este \u00faltimo decenio los entornos que la Estatua de la Libertad preside. Razones familiares conducen cada a\u00f1o hasta all\u00ed al hombre, General de Divisi\u00f3n de la Guardia Civil, licenciado en Derecho y Acad\u00e9mico. Lo que m\u00e1s admiro del autor es como ha logrado mantener la pureza pr\u00edstina de su infancia cacere\u00f1a; las admiraciones adolescentes ante un paisaje y paisanaje reconocibles entre nosotros, aunque no \u00fanicos en ambos hemisferios, y la solidaridad, no exenta de ternura, frente a los m\u00e1s d\u00e9biles (ll\u00e1mense <em>meninos da rua, espaldas mojadas, <\/em>mendigos callejeros, hombres sin br\u00fajula, ancianos sin apoyos\u2026 ). De ello abundan los testimonios en la docena de poemarios que ha dado a luz y, desde luego, en estas <em>Latitudes, <\/em>justamente galardonadas con el XXXV Premio Juan Berenguer de Poes\u00edas, que convocada el Ateneo de C\u00f3rdoba.<\/p>\n<p>La obra se estructura en dos partes, con parecido tratamiento formal. En la primera se visitan los lugares m\u00e1s c\u00e9lebres. Ahora bien, los versos all\u00ed inspirados\u00a0 brotan de las evocaciones hist\u00f3ricas y autobiogr\u00e1ficas, m\u00e1s sencillas an\u00e9cdotas que pronto trascienden a hondas reflexiones. Para entradilla, se elige a Kavafis, imprescindible ante cualquier camino; Luis Cernuda, cuya llegada en barco a Nueva York (1947) se evoca en <em>Ocnos, <\/em>e Ives Bonnefoy.<\/p>\n<p>Conmociona ya el primer poema, \u201cMemorial del Bronx\u201d, expl\u00edcito homenaje a Garc\u00eda Lorca, si bien los versos m\u00e1s lorquianos tal vez sean los de \u201cUsman\u201d, ese \u201crey de Manhattan\u201d venido desde Nigeria<em>. <\/em>El creador granadino es interpelado a trav\u00e9s del Bronx, donde el cacere\u00f1o lo busca y llora con \u00e9l lamentando que all\u00ed no domine precisamente la solidaridad.\u00a0 Ni en Central Park, si bien aqu\u00ed al menos subyuga la presencia de unos humildes gorriones, los pardales que en nuestra infancia pueblerina los dos hemos cazado con ingenuas trampas. Y no es la \u00fanica rememoraci\u00f3n de los a\u00f1os primeros, cuando, pese a tantas carencias, era posible percibir hogares con lumbre y pan tierno compartidos.\u00a0 Ante Jos\u00e9 Hierro, R. B\u00fardalo se <em>remanga el coraz\u00f3n. <\/em>Seguro que tampoco el de Madrid pudo ver en East River jiglueros, s\u00edmbolo de la enorme pobreza compatible con los derroches de lujo. Bien sabe el escritor que a cualquier joven se le puede hacer prisionero de las sombras, rendirle la inocencia haci\u00e9ndole fungir como h\u00e9roe (de la patria, la religi\u00f3n, el credo pol\u00edtico) y empuj\u00e1ndolo a la barbarie. As\u00ed nos lo dice en sus \u201cReflexi\u00f3n sobre el 11-S en World Trade Center\u201d.<\/p>\n<p>La dimensi\u00f3n humana del poeta se expande al cantar an\u00e9cdotas por \u00e9l vividas. Digamos la \u201cCanci\u00f3n ausente\u201d del muchacho que en la estaci\u00f3n de Ronkonkoma abraza con ternura a la anciana, acaso invidente, como lo fue J.L. Borges (otro enamorado de Nueva York) y cuyas palabras proporcionan entradilla al poema. O el \u201cReencuentro en un bus\u201d con otra vieja se\u00f1ora, <em>oscura de piel y escorado el cuerpo<\/em>, que le besa la mano tras ayudarla a apearse, suscitando un brillo de agua en los ojos de los dos.<\/p>\n<p>Nada extra\u00f1o para alguien que en la estaci\u00f3n de Ellis Island entona su \u201cSolidaridad con los emigrantes\u201d recordando la historia de los tres campesinos andaluces all\u00ed retenidos cuando aspiraban (comienzos del s. XX) a encontrar el pan que su patria no sab\u00eda asegurarles.<\/p>\n<p>La parte segunda del poemario, notablemente m\u00e1s corta, se inspira en el regreso. Los preparativos del retorno; la necesidad de decir adi\u00f3s a un c\u00famulo contradictorio, pero sugerente, de realidades insospechadas, lo conducen a los peligrosos l\u00edmites de la melancol\u00eda (Verlaine). Y no puede reprimir la intuici\u00f3n del viaje definitivo, la odisea final cantada por el Antonio Machado de la m\u00e1xima desnudez.<\/p>\n<p>Sin embargo, el pastor de las palabras (Heidegger), seguro de que su aut\u00e9ntica patria es la lengua propia (Pessoa), no cejar\u00e1 en los afanes por depurar hasta el extremo las suyas. Eso no obsta para suscribir, como <em>Latitudes <\/em>bien demuestra, el dictum de Rilke: <em>La patria feliz, sin territorio, es la conformada por los ni\u00f1os\u201d. <\/em><\/p>\n<p>Entre las prometedoras luces de la infancia y las cenitales de la senectud, el poemario de Rodr\u00edguez B\u00fardalo, repleto de im\u00e1genes espl\u00e9ndidas, funciona como el mejor cicerone para humanizar la visita a Nueva York \u2026 y regresar no excesivamente herido a nuestros lares.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Juan Carlos Rodr\u00edguez B\u00fardalo, <em>Latitudes. <\/em>C\u00f3rdoba, Ateneo, 2019.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Nueva York ha ido desarroll\u00e1ndose durante la pasada centuria hasta convertirse en el epicentro de la civilizaci\u00f3n occidental. 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