{"id":1393,"date":"2020-09-12T09:17:13","date_gmt":"2020-09-12T08:17:13","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.hoy.es\/libreconlibros\/?p=1393"},"modified":"2020-09-12T09:17:13","modified_gmt":"2020-09-12T08:17:13","slug":"juan-calderon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.hoy.es\/libreconlibros\/2020\/09\/12\/juan-calderon\/","title":{"rendered":"JUAN CALDER\u00d3N"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Juan Calder\u00f3n (Alburquerque, 1952) es otro componente de la intensa di\u00e1spora que fue despoblando Extremadura (a\u00fan prosigue la sangr\u00eda) para enriquecer con sangre joven tierras m\u00e1s o menos lejanas. En la maleta se llev\u00f3 paisajes, olores, amistades, heridas, gozos o sombras, recuerdos de infancia y juventud, que a menudo se sublevan en la memoria y le inundan los textos. Son muchos los ya publicados por este creador polifac\u00e9tico, que maneja con la misma soltura pinceles, teclas, tablas o vinilos. Residente en Madrid, entre sus obras literarias cabe recordar los poemarios <em>Camino ancho, paso desolado<\/em>; <em>Eco de ni\u00f1o para voz de hombre, El destino nos ata y nos desata <\/em>o <em>Sirenas de pecho herido. <\/em>Como narrador, sobresalen <em>La noche que muri\u00f3 Paca la Tuerta, Veinte historias amables m\u00e1s un garbanzo neg\u00f3 <\/em>y <em>El cuento bajo la encina blanca. <\/em>Bastantes de ellas las hemos rese\u00f1ado en el peri\u00f3dico <em>HOY.<\/em><\/p>\n<p><em>Sillas invisibles, <\/em>que prologa Javier D\u00edaz Gil, escritor madrile\u00f1o, toma t\u00edtulo de una alegor\u00eda: los asientos de la mente donde reposan las vivencias m\u00e1s profundas. Ya se sabe, el cerebro, como un buen programa de ordenador, no borra; a lo sumo, inhibe, cubre o desplaza los contenidos grabados en sus engramas. S\u00f3lo se precisa la voz oportuna, consciente o inconsciente; \u00a0la \u201cmano de nieve\u201d becqueriana; el despertador que voluntaria o involuntariamente actualiza \u00a0ese dep\u00f3sito neuronal para volver a revivir sensaciones otrora experimentadas y nunca del todo perdidas.<\/p>\n<p>De estructura cuadrangular, el libro se divide en cuatro partes: \u201cDesde el embarcadero. Mientras llega la barca\u201d, \u201cA los que ya alcanzaron la otra orilla\u201d, \u201cLugares y maletas\u201d y \u201cCon el dolor a cuestas\u201d.<\/p>\n<p>J\u00f3venes rotos en alg\u00fan accidente est\u00fapido, ni\u00f1os de secano, muchachas en flor, mujeres heridas por hambres nunca o mal satisfechas, parejas desencantadas\u2026 son los sujetos preferentemente evocados en la parte inicial.<\/p>\n<p>La segunda recuerda a personas queridas que ya pisan otros horizontes: la amable telefonista del pueblo, cantantes, pintores o poetas fallecidos (Cecilia, Mallarm\u00e9, Aleixandre, Lola Santiago, Juan Ruiz de Torres, Frida Kahlo, Ram\u00f3n Casa\u00f1er) cuyas creaciones marcaron la sensibilidad del autor.<\/p>\n<p>Pasa despu\u00e9s a recrear imaginativamente los lugares que m\u00e1s le han conmovido: Alburquerque ( <em>mundo de cal y cielo\/donde tengo estuchada mi nacencia<\/em>); el Valle del Jerte (<em>De luz y verde explota el cerezal\/a cada paso una canci\u00f3n de agua); <\/em>Los Panjalos (<em>Afuera los cerezos en hileras\/montan su guardia verde y roja<\/em>); Galicia (<em>M\u00e1s all\u00e1 de los bosques\/recita lastimeras letan\u00eda\/una campana vieja como el mundo<\/em>); la Alcarria, C\u00e1diz, Guardamar, la Capadocia tura y, naturalmente, Madrid (<em>Esta ciudad, rugido y dientes\/me azota con su grito\/. Llevo la dentellada del asfalto\/desde las sienes hasta la huella<\/em>).<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, el broche, con los poemas quiz\u00e1s m\u00e1s tiernos, como los que dedica a la mujer cuyo bolso roba alguien azotado por la hambruna; ni\u00f1os sin pan (<em>En vuestros vientres secos\/hizo su madriguera\/el hambre con su s\u00e9quito de espadas<\/em>) o el desamparo de millones de personas en el \u00c1frica reseca.<\/p>\n<p>Juan Calder\u00f3n dista mucho de ser un revolucionario encendido, un insurrecto social o un populista demagogo. Pero sabe lo c\u00f3mo sufren los m\u00e1s d\u00e9biles y, aunque su temperamento art\u00edstico lo induzca m\u00e1s bien a los planteamientos, no puede menos de solidarizarse con quienes la suerte les fue esquiva y denunciar a los posibles culpables. Lo hace sin levantar mucho la voz, pero dej\u00e1ndose o\u00edr, porque tambi\u00e9n \u00e9l tiene gotas de sangre jacobina (A. Machado).<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, resultar\u00e1 evidente que con cada entrega va depurando m\u00e1s sus versos, blancos y libres, dot\u00e1ndoles de notable intensidad, desnudez y carga metaf\u00f3rica, sin permitirse decaimientos o facilidades empobrecedoras. \u201cSe puede salvar el mundo, escribe el prologuista, escribiendo un poema, si el poema es capaz de conmover e implicar al lector\u201d. Son muchos con esa virtud los aqu\u00ed ofrecidos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Juan Calder\u00f3n Matador, <em>Sillas invisibles. <\/em>Madrid, Los libros del Mississippi, 2020.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Juan Calder\u00f3n (Alburquerque, 1952) es otro componente de la intensa di\u00e1spora que fue despoblando Extremadura (a\u00fan prosigue la sangr\u00eda) para enriquecer con sangre joven tierras m\u00e1s o menos lejanas. 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