{"id":1710,"date":"2023-01-28T18:22:37","date_gmt":"2023-01-28T17:22:37","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.hoy.es\/libreconlibros\/?p=1710"},"modified":"2023-01-28T18:22:37","modified_gmt":"2023-01-28T17:22:37","slug":"cuentos-para-no-dormir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.hoy.es\/libreconlibros\/2023\/01\/28\/cuentos-para-no-dormir\/","title":{"rendered":"CUENTOS PARA NO DORMIR"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Nacida en Salvale\u00f3n (1951), Juana V\u00e1zquez obtuvo el doctorado de Filolog\u00eda con la tesis\u00a0<em>El costumbrismo espa\u00f1ol en el siglo.\u00a0<\/em>Catedr\u00e1tica de Instituto, ha ejercido docencia en la Universidad Aut\u00f3noma de Madrid y la de Alcal\u00e1. Licenciada tambi\u00e9n en Periodismo ha venido colaborando con\u00a0<em>Diario 16, El Mundo, ABC y El Pa\u00eds,\u00a0<\/em>entre otros medios nacionales.<\/p>\n<p>Autora de numerosas publicaciones, cultiva casi todos los g\u00e9neros: ensayo (<em>El Madrid de Carlos IIII)<\/em>; novela (<em>El desconcierto de vivir, T\u00fa ser\u00e1s Virginia Woolf, Con olor a naftalina, Personajes de invierno)\u00a0<\/em>y, sobre todo, poes\u00eda\u00a0(<em>Voz de niebla, La espiga y el viento, El incendio de las horas, Tiempo de caramelos, Escombros de los d\u00edas, Gram\u00e1tica de la luna, Yo oscura, Nos+otros, En el conf\u00edn del nombre<\/em>).<\/p>\n<p>Con <em>El desconcierto de vivir <\/em>nos conduce a otra esfera literaria, el de los relatos cortos, que ella misma califica como cuentos. Son medio centenar los aqu\u00ed reunidos, gr\u00e1ficamente casi sin soluci\u00f3n de continuidad, con unos simples asteriscos entre unos y otros.\u00a0 Aunque de tem\u00e1tica y estructura diferentes, todos guardan un bien perceptible aire de familia, originado por las experienciales de la autora, sin que se aluda de modo expl\u00edcito a ning\u00fan aspecto autobiogr\u00e1fico. Unos se enmarcan en ambientes urbanitas, desarroll\u00e1ndose otros en el mundo rural de los pueblos deshabitados, esa \u201caldea\u201d ya donde ya no vive casi nadie. En varios, los protagonistas, ya envejecidos, casi todos docentes em\u00e9ritos, regresan desde la ciudad a vivir sus a\u00f1os \u00faltimos en el remoto rinc\u00f3n donde nacieron, m\u00e1s de una vez, por Extremadura. La escritora conoce sobradamente ambos escenarios y describe con convicci\u00f3n sus usos, costumbres, limitaciones y usos ling\u00fc\u00edsticos.<\/p>\n<p>La mayor\u00eda de los personajes son mujeres ancianas, maestras o profesoras de Instituto, cuyas variadas vivencias en las aulas se evocan. Mordidas por la soledad y el abandono (hijos y familiares andan cada cual a lo suyo), se procuran dedicaciones casi siempre ingenuas o bienintencionadas, que pocas veces funcionan.\u00a0 Dif\u00edcil resulta sobrellevar \u201cel desconcierto de vivir\u201d en que van sumi\u00e9ndose.\u00a0 No es raro que las sombras de la locura o el suicidio aletee por numerosas p\u00e1ginas. Como contrapunto, la figura de la \u201ctata\u201d casi centenaria pueblerina (frecuente en otros textos de la autora) aporta sensatez e incluso ganas de superarse.<\/p>\n<p>Llama desde el inicio la atenci\u00f3n la belleza de la prosa. Sus abundantes met\u00e1foras, tantas de ellas con auras surrealistas, concuerdan perfectamente con las aportaciones de realismo m\u00e1gico que impregna tantos pasajes. Macondo parece renacer en la T\u00e1rraga extreme\u00f1a (p\u00e1g. 86) o La Loma castellana (p\u00e1g. 125), alde\u00edta cuyos dos \u00fanicos habitantes protagonizar\u00e1n uno de las narraciones m\u00e1s logradas. Salvale\u00f3n se adivina tras ciertos top\u00f3nimos de su t\u00e9rmino, como el arroyo Cereme\u00f1o o\u00a0 el Risco Barbell\u00edo (p\u00e1g. 26).<\/p>\n<p>En casi todas se suelen alternar varias voces. Predomina en tercera persona la omnisciente, que a menudo se la deja arrebatar por alguna de las concitadas, expres\u00e1ndose tal vez en habla dialectal, y no faltan los soliloquios. Ese discurso tripartito a\u00f1ade singular inter\u00e9s a estos relatos, repletos de \u201cvidas min\u00fasculas\u201d (Pierre Michon), presentadas con extraordinaria agudeza sicol\u00f3gica. Tales son los casos de la profesora de Filosof\u00eda en su jubilaci\u00f3n; el poeta iluso, al fin premiado (merced a un libro de otro); la vieja con Alzheimer o\u00a0 el de la maestra Margarita, obstinada en ense\u00f1ar a quienes ni le escuchan.<\/p>\n<p>El paralelismo que se establece entre los pueblos que van vaci\u00e1ndose, hasta el punto de quedarse sin quien cuide sus campos y hogares, con las personas que, seg\u00fan entra en la senectud, se quedan solitarias, constituye uno de los m\u00e1ximos aciertos. Como lo son los broches, abruptos, insospechados, implacables para con la condici\u00f3n humana, con que Juana V\u00e1zquez sabe concluir sus relatos. <em>A m\u00ed me han dormido con todos los cuentos, <\/em>gritaba Le\u00f3n Felipe. Los de la escritora extreme\u00f1a no concitan precisamente el sue\u00f1o, sino que turban la quietud del lector, oblig\u00e1ndole a reflexionar sobre la dureza ineludible de los a\u00f1os finales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Juana V\u00e1zquez Mar\u00edn, <em>El desconcierto de vivir. <\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>JUANA V\u00c1ZQUEZ<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Nacida en Salvale\u00f3n (1951), Juana V\u00e1zquez obtuvo el doctorado de Filolog\u00eda con la tesis\u00a0<em>El costumbrismo espa\u00f1ol en el siglo.\u00a0<\/em>Catedr\u00e1tica de Instituto, ha ejercido docencia en la Universidad Aut\u00f3noma de Madrid y la de Alcal\u00e1. Licenciada tambi\u00e9n en Periodismo ha venido colaborando con\u00a0<em>Diario 16, El Mundo, ABC y El Pa\u00eds,\u00a0<\/em>entre otros medios nacionales.<\/p>\n<p>Autora de numerosas publicaciones, cultiva casi todos los g\u00e9neros: ensayo (<em>El Madrid de Carlos IIII)<\/em>; novela (<em>El desconcierto de vivir, T\u00fa ser\u00e1s Virginia Woolf, Con olor a naftalina, Personajes de invierno)\u00a0<\/em>y, sobre todo, poes\u00eda\u00a0(<em>Voz de niebla, La espiga y el viento, El incendio de las horas, Tiempo de caramelos, Escombros de los d\u00edas, Gram\u00e1tica de la luna, Yo oscura, Nos+otros, En el conf\u00edn del nombre<\/em>).<\/p>\n<p>Con <em>El desconcierto de vivir <\/em>nos conduce a otra esfera literaria, el de los relatos cortos, que ella misma califica como cuentos. Son medio centenar los aqu\u00ed reunidos, gr\u00e1ficamente casi sin soluci\u00f3n de continuidad, con unos simples asteriscos entre unos y otros.\u00a0 Aunque de tem\u00e1tica y estructura diferentes, todos guardan un bien perceptible aire de familia, originado por las experienciales de la autora, sin que se aluda de modo expl\u00edcito a ning\u00fan aspecto autobiogr\u00e1fico. Unos se enmarcan en ambientes urbanitas, desarroll\u00e1ndose otros en el mundo rural de los pueblos deshabitados, esa \u201caldea\u201d ya donde ya no vive casi nadie. En varios, los protagonistas, ya envejecidos, casi todos docentes em\u00e9ritos, regresan desde la ciudad a vivir sus a\u00f1os \u00faltimos en el remoto rinc\u00f3n donde nacieron, m\u00e1s de una vez, por Extremadura. La escritora conoce sobradamente ambos escenarios y describe con convicci\u00f3n sus usos, costumbres, limitaciones y usos ling\u00fc\u00edsticos.<\/p>\n<p>La mayor\u00eda de los personajes son mujeres ancianas, maestras o profesoras de Instituto, cuyas variadas vivencias en las aulas se evocan. Mordidas por la soledad y el abandono (hijos y familiares andan cada cual a lo suyo), se procuran dedicaciones casi siempre ingenuas o bienintencionadas, que pocas veces funcionan.\u00a0 Dif\u00edcil resulta sobrellevar \u201cel desconcierto de vivir\u201d en que van sumi\u00e9ndose.\u00a0 No es raro que las sombras de la locura o el suicidio aletee por numerosas p\u00e1ginas. Como contrapunto, la figura de la \u201ctata\u201d casi centenaria pueblerina (frecuente en otros textos de la autora) aporta sensatez e incluso ganas de superarse.<\/p>\n<p>Llama desde el inicio la atenci\u00f3n la belleza de la prosa. Sus abundantes met\u00e1foras, tantas de ellas con auras surrealistas, concuerdan perfectamente con las aportaciones de realismo m\u00e1gico que impregna tantos pasajes. Macondo parece renacer en la T\u00e1rraga extreme\u00f1a (p\u00e1g. 86) o La Loma castellana (p\u00e1g. 125), alde\u00edta cuyos dos \u00fanicos habitantes protagonizar\u00e1n uno de las narraciones m\u00e1s logradas. Salvale\u00f3n se adivina tras ciertos top\u00f3nimos de su t\u00e9rmino, como el arroyo Cereme\u00f1o o\u00a0 el Risco Barbell\u00edo (p\u00e1g. 26).<\/p>\n<p>En casi todas se suelen alternar varias voces. Predomina en tercera persona la omnisciente, que a menudo se la deja arrebatar por alguna de las concitadas, expres\u00e1ndose tal vez en habla dialectal, y no faltan los soliloquios. Ese discurso tripartito a\u00f1ade singular inter\u00e9s a estos relatos, repletos de \u201cvidas min\u00fasculas\u201d (Pierre Michon), presentadas con extraordinaria agudeza sicol\u00f3gica. Tales son los casos de la profesora de Filosof\u00eda en su jubilaci\u00f3n; el poeta iluso, al fin premiado (merced a un libro de otro); la vieja con Alzheimer o\u00a0 el de la maestra Margarita, obstinada en ense\u00f1ar a quienes ni le escuchan.<\/p>\n<p>El paralelismo que se establece entre los pueblos que van vaci\u00e1ndose, hasta el punto de quedarse sin quien cuide sus campos y hogares, con las personas que, seg\u00fan entra en la senectud, se quedan solitarias, constituye uno de los m\u00e1ximos aciertos. Como lo son los broches, abruptos, insospechados, implacables para con la condici\u00f3n humana, con que Juana V\u00e1zquez sabe concluir sus relatos. <em>A m\u00ed me han dormido con todos los cuentos, <\/em>gritaba Le\u00f3n Felipe. Los de la escritora extreme\u00f1a no concitan precisamente el sue\u00f1o, sino que turban la quietud del lector, oblig\u00e1ndole a reflexionar sobre la dureza ineludible de los a\u00f1os finales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Juana V\u00e1zquez Mar\u00edn, <em>El desconcierto de vivir. <\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; Nacida en Salvale\u00f3n (1951), Juana V\u00e1zquez obtuvo el doctorado de Filolog\u00eda con la tesis\u00a0El costumbrismo espa\u00f1ol en el siglo.\u00a0Catedr\u00e1tica de Instituto, ha ejercido docencia en la Universidad Aut\u00f3noma de Madrid y la de Alcal\u00e1. Licenciada tambi\u00e9n en Periodismo ha venido colaborando con\u00a0Diario 16, El Mundo, ABC y El Pa\u00eds,\u00a0entre otros medios nacionales. 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