{"id":2046,"date":"2025-01-09T09:01:10","date_gmt":"2025-01-09T08:01:10","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.hoy.es\/libreconlibros\/?p=2046"},"modified":"2025-01-09T09:01:10","modified_gmt":"2025-01-09T08:01:10","slug":"vendra-la-noche-mas-larga","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.hoy.es\/libreconlibros\/2025\/01\/09\/vendra-la-noche-mas-larga\/","title":{"rendered":"VENDR\u00c1 LA NOCHE M\u00c1S LARGA"},"content":{"rendered":"<p>Natural de Campanario (1959), donde vivi\u00f3 hasta la juventud, y catedr\u00e1tico de Ingl\u00e9s e inspector de ense\u00f1anza, Diego G\u00e1lvez evoca a menudo en sus libros de creaci\u00f3n las vivencias infantiles y adolescentes que m\u00e1s le marcaron, as\u00ed como el influjo recibido de los escritores brit\u00e1nicos predilectos. Precisamente la apertura de <i>La noche eterna <\/i>constituye, con la apelaci\u00f3n al <i>lonely heart of darkness, <\/i>una clara alineaci\u00f3n a la sombra de J. Conrad (1857-1924), el aventurero marino polaco que adoptase el ingl\u00e9s como lengua literaria hasta devenir uno de sus m\u00e1s importantes escritores. Su novela corta <i>Heart of Darkness <\/i>(1899), un alegato contra el etnocentrismo europeo, el racismo y la explotaci\u00f3n de las colonias africanas, sigue consider\u00e1ndose obra pionera, admirable tem\u00e1tica y formalmente.<\/p>\n<p>Hace dos a\u00f1os, G\u00e1lvez nos sorprend\u00eda con <i>Ir al cielo <\/i>(Caligrama Editorial), <i>opera prima <\/i>que tuve el honor de rese\u00f1ar en este peri\u00f3dico. Escrib\u00ed entonces que se trataba de una obra con car\u00e1cter autobiogr\u00e1fico, clasificable como \u201cBildungroman\u201d o \u201cnovela de formaci\u00f3n\u201d, escrita en una prosa pulcramente cuidada a base de evocaciones m\u00e1s o menos n\u00edtidas en la memoria. Son rasgos tambi\u00e9n perceptibles en la entrega presente,\u00a0 que podemos considerar, junto a la anterior y <i>La humildad de la Medusa <\/i>(a\u00fan in\u00e9dita)<i>, <\/i>parte de la trilog\u00eda<i> Mirando siempre al cielo.<\/i><\/p>\n<p>Tras un preludio explicativo, tres relatos cortos, bien imbricados entre s\u00ed, aunque situados en \u00e9pocas distintas,\u00a0 m\u00e1s un ep\u00edlogo, estructuran la obra: \u201cGenio y figura\u201d (verano de 2010), \u201cMequetefre\u201d (primavera de 1970) y \u201cLa noche eterna\u201d, que le da t\u00edtulo (verano de 1980) conforman un centenar de\u00a0 intensas p\u00e1ginas.<\/p>\n<p>Dos son los personajes que las protagonizan: el narrador omnisciente, de bien perceptibles caracteres autobiogr\u00e1ficos, y Miguel, su amigo irreverente e \u00edntimo, compa\u00f1ero de aventuras m\u00e1s o menos ingenuas o atrevidas y a cuyo funeral ha de\u00a0 asistir. Todo ocurre en un pueblito \u201cal norte del sur extreme\u00f1o\u201d, f\u00e1cil de identificar con el del propio autor, aunque el epicentro del libro reside en el humilde camposanto.<\/p>\n<p>A sus tapias gusta encaramarse Miguel, el \u00fanico chiquillo capaz de afrontar serenamente el malhumor de un bedel amante de sacudir a los estudiantes d\u00edscolos. Hu\u00e9rfano prematuro, las visitas a la tumba materna quedar\u00e1n como fijaci\u00f3n en aquel esp\u00edritu rebelde, sobre todo cuando el alcohol lo sobreexcite. Fallecido tambi\u00e9n \u00e9l en \u00e9poca temprana, aunque ya m\u00e9dico, el relato de su dificultosa inhumaci\u00f3n (la caja era mayor que la zanja abierta al afecto) se erige en todo un s\u00edmbolo del car\u00e1cter que lo distingu\u00eda. En las honras f\u00fanebres previas, vuelve a evocarse la ira militar del exdivisionario frente a la paciencia ghandiana del bueno de D. Francisco (p\u00e1g. 23), el cura que tanto impresionase al ac\u00f3lito convertido ahora en autor.<\/p>\n<p>Se entrelazan los textos referenciales de hechos y situaciones cronol\u00f3gicamente marcadas con los inspirados en acontecimientos anteriores, casi siempre de la infancia y adolescencia compartidas entre los protagonistas y algunos amigos comunes. Abundan las descripciones del paisaje campestre, con numerosos pasajes especialmente felices (v.c., \u201cEn la rastrojera del cielo, espigas de nieve arrojan sus granos de luz a la oscuridad espesa del firmamento .., grillos y cigarras picotean el coraz\u00f3n de lo oscuro\u201d, p\u00e1g. 75). Se suceden tambi\u00e9n asociaciones l\u00e9xicas ingeniosas, con juegos fon\u00e9ticos y sem\u00e1nticos originales.<\/p>\n<p>Aunque secundarias, aparecen tambi\u00e9n figuras tan notables como el Legionario, un perturbado mental cuyos soliloquios por las esquinas traen a la memoria las ejecuciones sumar\u00edsimas de paisanos, los fusilamientos selectivos de madrugada durante la Guerra Civil. \u201cVendr\u00e1 la noche m\u00e1s larga\u201d, cantar\u00eda Aute. G\u00e1lvez recordar\u00e1, seg\u00fan cuadre la ocasi\u00f3n, \u201cLa nochecita eterna\u201d de Luis Landero (<i>Entre l\u00edneas<\/i>)<i>; <\/i>el \u201cCipr\u00e9s\u201d de Luis \u00c1lvarez Lencero o \u201cPara huir de la muerte\u201d, de Pablo Guerrero, aunque no oculte su predilecci\u00f3n por las transgresiones roqueras de Lou Reed y su \u201cTake a walk on the wild side\u201d. Son poemas que se reproducen en un enjundioso ap\u00e9ndice.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Diego G\u00e1lvez, <i>La noche eterna. <\/i>Caligrama, 2024.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Natural de Campanario (1959), donde vivi\u00f3 hasta la juventud, y catedr\u00e1tico de Ingl\u00e9s e inspector de ense\u00f1anza, Diego G\u00e1lvez evoca a menudo en sus libros de creaci\u00f3n las vivencias infantiles y adolescentes que m\u00e1s le marcaron, as\u00ed como el influjo recibido de los escritores brit\u00e1nicos predilectos. 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