{"id":2221,"date":"2026-04-11T10:03:15","date_gmt":"2026-04-11T09:03:15","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.hoy.es\/libreconlibros\/?p=2221"},"modified":"2026-04-11T10:03:15","modified_gmt":"2026-04-11T09:03:15","slug":"el-fabulario-de-hochandi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.hoy.es\/libreconlibros\/2026\/04\/11\/el-fabulario-de-hochandi\/","title":{"rendered":"EL FABULARIO DE HOCHAND\u00cd"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La utilizaci\u00f3n de seud\u00f3nimos es cl\u00e1sica en la historia del arte y muy especialmente en la literatura. Escritores ha habido muchos que, por razones distintas, se sirvieron de un nombre falso a la hora de firmar sus creaciones. En \u00e9pocas de censura, resulta un recurso comprensible y a veces se sigue debatiendo qui\u00e9n se oculta tras la ficci\u00f3n nominal. Por poner un ejemplo, a\u00fan no se sabe qui\u00e9n fue ese Reginaldus Montanus (\u00bfCasiodoro?) que aparece en la cubierta de <em>Sanctae Inquisitionis Hispanicae Artes <\/em>(Heidelberg1567), el primer libro contra la Inquisici\u00f3n espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>M\u00e1s complejo resulta el fen\u00f3meno de la heteronimia, que con Fernando Pessoa alcanzar\u00e1 un punto \u00e1lgido. Se fingen identidades no simplemente por ocultar la propia, sino engendrando otra imaginaria, con cuya biograf\u00eda, personalidad o estilo siente asimilarse el creador oculto a la hora de componerlas.<\/p>\n<p>Podr\u00edamos estar ante hecho semejante. Hace un lustro, nos sorprendi\u00f3 agradablemente <em>Poes\u00eda elemental, <\/em>que firmaba Demetrio Mel\u00e9ndez Ruiz, autopresentado como un profesor que ense\u00f1aba con sumo ingenio los componentes de la tabla peri\u00f3dica. Dos a\u00f1os despu\u00e9s, apareci\u00f3 con id\u00e9ntica firma la novela <em>227 p\u00e1ginas, <\/em>autobiograf\u00eda de un personaje cuarent\u00f3n, al que en una rese\u00f1a (HOY, 20-I-24) califiqu\u00e9 como paradigma del antih\u00e9roe contempor\u00e1neo. Aunque estudi\u00f3 COU, no quiso ir a la Universidad y trabaja como vendedor, merced a recomendaciones familiares, en un concesionario de veh\u00edculos de segunda mano localizado en Colmenar Viejo (Madrid). Ya metido en los cuarenta, se relaciona bien con los escasos compa\u00f1eros, sobre todo la admirable amiga (santa) M\u00f3nica y soporta como mejor puede al empresario, cuya verborrea barroca, casi gongorina, es uno de los aciertos del libro.<\/p>\n<p>Acabamos de leer <em>Estancias, <\/em>de Manuel Hochand\u00ed. Es el nuevo heter\u00f3nimo de quien hab\u00eda escrito las dos obras antes citadas, Francisco M. Mu\u00f1oz M\u00e9ndez, nacido (1968) y criado en Zafra, donde reside, ya jubilado, tras haber ejercido como profesor de Historia en varios Institutos. La edici\u00f3n de las tres publicaciones dichas ha sido cuidada por el polifac\u00e9tico Francisco Jos\u00e9 Najarro Lanchazo, tambi\u00e9n zafrense (n. 1987) y responsable en Espa\u00f1a de RIL Editorial.<\/p>\n<p>Ya en el t\u00edtulo de este poemario, tan original por razones m\u00faltiples, aparece uno de los recursos que m\u00e1s nutren sus versos, la polisemia. De los diez significados que al t\u00e9rmino \u00a0\u201cestancia\u201d atribuye el Diccionario de la RAE, aqu\u00ed se toma el que se\u00f1ala en tercer lugar: <em>Permanencia durante cierto tiempo en un lugar determinado. <\/em>Para tomar el pulso l\u00edrico al sentido de la vida, el meollo de la existencia, el autor va deteni\u00e9ndose en cada una de sus 30 poemas sobre otros tantos seres, bien clasificados, seg\u00fan su tiempo de vida, cronol\u00f3gicamente referidos. Se cantar\u00e1 as\u00ed a espec\u00edmenes que solo gozan de escasos minutos (la Ephemera d\u00e1nica o mosca de mayo; la t\u00edpula oleracea o la mosca del vinagre, Drosophila melanogaster); algunas de mayor consistencia existencial (la rana de la madera, el pulpo, el ping\u00fcino emperador); los m\u00e1s pr\u00f3ximos a la especie humana (el bonobo), hasta los que parecen tener los secretos de la longevidad (la almeja de Islandia, el alerce patag\u00f3nico), que concluyen con la turritopsis o medusa inmortal.<\/p>\n<p>Tras cada composici\u00f3n, un c\u00f3digo QR proporciona las oportunas im\u00e1genes para los lectores desinformados (que seremos la mayor\u00eda). Y, como temeroso de que incluso as\u00ed la carga cr\u00edptica de los versos no quedar\u00eda develada, Hochand\u00ed adjunta a todos los poemas una extraordinaria apoyatura de notas explicativas. El derroche de erudici\u00f3n hist\u00f3rica, cient\u00edfica y literaria es sencillamente impresionante. Son tan amplios los textos de su hermen\u00e9utica, que a menudo duplican la extensi\u00f3n del poema, necesit\u00e1ndose as\u00ed la repetici\u00f3n del mismo para facilitar la lectura sin\u00f3ptica.<\/p>\n<p>Otra curiosidad del libro: el primer verso de todos los poemas es la cita literal de una obra admirada por Hochand\u00ed, quien se encarga de ofrecer extensa informaci\u00f3n sobre la misma. Entre los m\u00e1s grandes escritores evocados, espa\u00f1oles y extranjeros, ha querido rendir tambi\u00e9n este homenaje de transliteraci\u00f3n a sus amigos de Zafra (el foco m\u00e1s activo, junto con Plasencia, de creadores extreme\u00f1os): Dulce Chac\u00f3n, Luciano Feria y Benito Estrella (sin olvidar a Rafael Chirbes, que vivi\u00f3 al lado, en Valverde de Burguillos, durante dos largos lustros).<\/p>\n<ol>\n<li>M. M\u00e9ndez, maestro de met\u00e1foras, alegor\u00edas y personificaciones, nos regala a trav\u00e9s de su heter\u00f3nimo un singular\u00edsimo poemario, con lectura asistida, que, ajeno a cualquier moralismo, induce sutilmente a reflexionar sobre la condici\u00f3n humana.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Manuel Hochand\u00ed, <em>Estancias. <\/em>Santiago de Chile\/Barcelona, \u00a0RIL Editores, 2026<\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; La utilizaci\u00f3n de seud\u00f3nimos es cl\u00e1sica en la historia del arte y muy especialmente en la literatura. Escritores ha habido muchos que, por razones distintas, se sirvieron de un nombre falso a la hora de firmar sus creaciones. 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