{"id":310,"date":"2013-01-31T11:39:40","date_gmt":"2013-01-31T10:39:40","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.hoy.es\/libreconlibros\/?p=310"},"modified":"2013-01-31T11:39:40","modified_gmt":"2013-01-31T10:39:40","slug":"caballero-murcielago","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.hoy.es\/libreconlibros\/2013\/01\/31\/caballero-murcielago\/","title":{"rendered":"CABALLERO MURCI\u00c9LAGO"},"content":{"rendered":"<p>CABALLERO MURCI\u00c9LAGO<\/p>\n<p>Salas Barbadillo (Madrid, 1581-1635) figura con todo derecho en el canon de nuestra prosa \u00e1urea, aunque sea mucho m\u00e1s le\u00eddos por los especialistas que por el gran p\u00fablico. Ediciones como la realizada por Enrique Garc\u00eda Santo-Tom\u00e1s, realmente magn\u00edfica, tras la investigaci\u00f3n llevada a cabo en la Harlan Hatcher Graduaty Library de la Universidad de Michigan (m\u00e1s la Biblioteca Nacional de Madrid), contribuyen sin duda a que los lectores contempor\u00e1neos se interesen por aquel escritor. Fue la suya una vida ligada estrechamente a la capital del Reino, donde bull\u00eda  el tr\u00e1fago de un Imperio inmenso,  que \u00e9l retratar\u00e1 admirablemente, con sus luces y sombras, sobre todo bajo el tercer Felipe. Convecino fue de la pl\u00e9yade que constituye la m\u00e1s gloriosa generaci\u00f3n de escritores espa\u00f1oles, no pocos de los cuales le honraron con   su amistad e incluso pluma: Lope de Vega, Cervantes, Calder\u00f3n, G\u00f3ngora, Tirso de Molina o Quevedo.  Sobre todo  este \u00faltimo es con quien mayor similitud guarda, hasta el punto de que alguna obra de Barbadillo ser\u00e1 atribuida err\u00f3neamente al genial cojo. Las densas cien p\u00e1ginas del estudio preliminar, tan documentado, as\u00ed como  el casi medio millar de notas  que adjunta  el  editor, reconocido especialista,  contribuyen de forma sustancial a la m\u00e1s provechosa lectura  de Don Diego de noche.<br \/>\nObra miscel\u00e1nea, poli\u00e9drica,  con indudables apuntes autobiogr\u00e1ficos, es b\u00e1sicamente una narraci\u00f3n, donde tambi\u00e9n se recogen otros materiales literarios que tal vez  Salas hab\u00eda ido escribiendo hasta encontrar la forma de reunirlos y darlos a luz (Madrid, Viuda de Cosme Delgado, 1623), dedic\u00e1ndoselos a Do\u00f1a Policena Sp\u00ednola, dama de la Reina.  Cuatro son sus contenidos principales: los relatos de aventuras, con episodios costumbristas y picarescos, sin duda lo m\u00e1s valioso del libro;  un conjunto de composiciones po\u00e9ticas, de tem\u00e1tica plural y metro variado, inferiores en calidad a la prosa; la larga historia, de car\u00e1cter aleg\u00f3rico, situada en el Monte Parnaso (m\u00e1s bien aburrida)  y un epistolario en cuyas piezas halla mejor acomodo la vena sat\u00edrica del autor, que, si de ideolog\u00eda moderada e incluso conservadora (se precia de castellano viejo), no deja de lanzar puyas contra los males sociales de la \u00e9poca.<br \/>\nYa Aureliano Fern\u00e1ndez Guerra  (Granada, 1816- Madrid, 1891) describi\u00f3 genialmente al protagonista  en Anotaciones a Quevedo: \u201cEs Don Diego de noche figura imaginada para significar cualquier paseante embozado de los que viven de la gorra, susto perpetuo de los transe\u00fantes, coco de los padres y maridos y ac\u00edbar nocturno de los saraos y bailes de candil\u201d. La verdad es que este \u201ccaballero murci\u00e9lago\u201d,  seg\u00fan los describe su creador, ocioso y melanc\u00f3lico, tan preocupado por  el lenguaje como para emprender aventuras con el fin de saber c\u00f3mo hablan determinados grupos m\u00e1s o menos marginales del entorno madrile\u00f1o, tiene tambi\u00e9n su punto de Quijote urbano, si bien le falta la correspondiente Dulcinea.  Resulta un manjar intenso (Salas Barbadillo apreciaba las f\u00f3rmulas gastron\u00f3mica en su barroco discurso) acompa\u00f1ar a su personaje por las oscuras, a veces temibles calles de un Madrid repleto de hampones, cortesanos, aspirantes, c\u00f3micos, damas insatisfechas, artistas,  maridos cornudos, cl\u00e9rigos vagos,  poetas miles y gente de orden, todos con relaciones variadas e intereses a menudo comunes o contrapuestos, que tan bien conoc\u00eda el autor. La suya es ya una novela espejo de la vida cotidiana y hasta hay quien ha visto en sus p\u00e1ginas otros adelantos est\u00e9ticos de alcance prerrom\u00e1ntico.<br \/>\nLe\u00edda en Extremadura, cabe se\u00f1alar ciertas notas.  El novelista, que m\u00e1s tarde incluir\u00e1 en La estafeta del Dios Momo (1627), frente a este interlocutor sat\u00edrico, otro m\u00e1s serio y concienzudo, de nombre Montano  (si ya difunto, el escriturista frexnense segu\u00eda siendo muy apreciado) ,  dedic\u00f3  al obispo de Plasencia  y gran Inquisidor Diego de Arce  y Reinoso (Zalamea de la Serena, 1587) el primero de sus Platos de las Musas (1635 \u2013 sin olvidar en estas f\u00e1bulas po\u00e9ticas al  poderoso zafrense  Leonardo Ram\u00edrez de Prado \u2013 y  tuvo por sus correr\u00edas nocturnas en el \u201cMadrid la nuit\u201d a un tal Fern\u00e1ndez M\u00e9ndez de Olivenza . No consta que tuviese relaci\u00f3n con Pedro de Valencia, que pas\u00f3 en la capital los tres \u00faltimos lustros de su vida y era amigo de otros bien pr\u00f3ximos a los de Salas. Lo que s\u00ed hace \u00e9ste en la novela es utilizar generosamente, como tantos en el  Siglo de Oro,  los materiales ling\u00fc\u00edsticos dispuestos por Gonzalo Correas (Jara\u00edz, 1571).<\/p>\n<p>Alonso Jer\u00f3nimo de Salas Barbadillo, Don Diego de noche. Madrid, C\u00e1tedra, 2013.<\/p>\n<p>CABALLERO MURCI\u00c9LAGO<\/p>\n<p>Salas Barbadillo (Madrid, 1581-1635) figura con todo derecho en el canon de nuestra prosa \u00e1urea, aunque sea mucho m\u00e1s le\u00eddos por los especialistas que por el gran p\u00fablico. Ediciones como la realizada por Enrique Garc\u00eda Santo-Tom\u00e1s, realmente magn\u00edfica, tras la investigaci\u00f3n llevada a cabo en la Harlan Hatcher Graduaty Library de la Universidad de Michigan (m\u00e1s la Biblioteca Nacional de Madrid), contribuyen sin duda a que los lectores contempor\u00e1neos se interesen por aquel escritor. Fue la suya una vida ligada estrechamente a la capital del Reino, donde bull\u00eda  el tr\u00e1fago de un Imperio inmenso,  que \u00e9l retratar\u00e1 admirablemente, con sus luces y sombras, sobre todo bajo el tercer Felipe. Convecino fue de la pl\u00e9yade que constituye la m\u00e1s gloriosa generaci\u00f3n de escritores espa\u00f1oles, no pocos de los cuales le honraron con   su amistad e incluso pluma: Lope de Vega, Cervantes, Calder\u00f3n, G\u00f3ngora, Tirso de Molina o Quevedo.  Sobre todo  este \u00faltimo es con quien mayor similitud guarda, hasta el punto de que alguna obra de Barbadillo ser\u00e1 atribuida err\u00f3neamente al genial cojo. Las densas cien p\u00e1ginas del estudio preliminar, tan documentado, as\u00ed como  el casi medio millar de notas  que adjunta  el  editor, reconocido especialista,  contribuyen de forma sustancial a la m\u00e1s provechosa lectura  de Don Diego de noche.<br \/>\nObra miscel\u00e1nea, poli\u00e9drica,  con indudables apuntes autobiogr\u00e1ficos, es b\u00e1sicamente una narraci\u00f3n, donde tambi\u00e9n se recogen otros materiales literarios que tal vez  Salas hab\u00eda ido escribiendo hasta encontrar la forma de reunirlos y darlos a luz (Madrid, Viuda de Cosme Delgado, 1623), dedic\u00e1ndoselos a Do\u00f1a Policena Sp\u00ednola, dama de la Reina.  Cuatro son sus contenidos principales: los relatos de aventuras, con episodios costumbristas y picarescos, sin duda lo m\u00e1s valioso del libro;  un conjunto de composiciones po\u00e9ticas, de tem\u00e1tica plural y metro variado, inferiores en calidad a la prosa; la larga historia, de car\u00e1cter aleg\u00f3rico, situada en el Monte Parnaso (m\u00e1s bien aburrida)  y un epistolario en cuyas piezas halla mejor acomodo la vena sat\u00edrica del autor, que, si de ideolog\u00eda moderada e incluso conservadora (se precia de castellano viejo), no deja de lanzar puyas contra los males sociales de la \u00e9poca.<br \/>\nYa Aureliano Fern\u00e1ndez Guerra  (Granada, 1816- Madrid, 1891) describi\u00f3 genialmente al protagonista  en Anotaciones a Quevedo: \u201cEs Don Diego de noche figura imaginada para significar cualquier paseante embozado de los que viven de la gorra, susto perpetuo de los transe\u00fantes, coco de los padres y maridos y ac\u00edbar nocturno de los saraos y bailes de candil\u201d. La verdad es que este \u201ccaballero murci\u00e9lago\u201d,  seg\u00fan los describe su creador, ocioso y melanc\u00f3lico, tan preocupado por  el lenguaje como para emprender aventuras con el fin de saber c\u00f3mo hablan determinados grupos m\u00e1s o menos marginales del entorno madrile\u00f1o, tiene tambi\u00e9n su punto de Quijote urbano, si bien le falta la correspondiente Dulcinea.  Resulta un manjar intenso (Salas Barbadillo apreciaba las f\u00f3rmulas gastron\u00f3mica en su barroco discurso) acompa\u00f1ar a su personaje por las oscuras, a veces temibles calles de un Madrid repleto de hampones, cortesanos, aspirantes, c\u00f3micos, damas insatisfechas, artistas,  maridos cornudos, cl\u00e9rigos vagos,  poetas miles y gente de orden, todos con relaciones variadas e intereses a menudo comunes o contrapuestos, que tan bien conoc\u00eda el autor. La suya es ya una novela espejo de la vida cotidiana y hasta hay quien ha visto en sus p\u00e1ginas otros adelantos est\u00e9ticos de alcance prerrom\u00e1ntico.<br \/>\nLe\u00edda en Extremadura, cabe se\u00f1alar ciertas notas.  El novelista, que m\u00e1s tarde incluir\u00e1 en La estafeta del Dios Momo (1627), frente a este interlocutor sat\u00edrico, otro m\u00e1s serio y concienzudo, de nombre Montano  (si ya difunto, el escriturista frexnense segu\u00eda siendo muy apreciado) ,  dedic\u00f3  al obispo de Plasencia  y gran Inquisidor Diego de Arce  y Reinoso (Zalamea de la Serena, 1587) el primero de sus Platos de las Musas (1635 \u2013 sin olvidar en estas f\u00e1bulas po\u00e9ticas al  poderoso zafrense  Leonardo Ram\u00edrez de Prado \u2013 y  tuvo por sus correr\u00edas nocturnas en el \u201cMadrid la nuit\u201d a un tal Fern\u00e1ndez M\u00e9ndez de Olivenza . No consta que tuviese relaci\u00f3n con Pedro de Valencia, que pas\u00f3 en la capital los tres \u00faltimos lustros de su vida y era amigo de otros bien pr\u00f3ximos a los de Salas. Lo que s\u00ed hace \u00e9ste en la novela es utilizar generosamente, como tantos en el  Siglo de Oro,  los materiales ling\u00fc\u00edsticos dispuestos por Gonzalo Correas (Jara\u00edz, 1571).<\/p>\n<p>Alonso Jer\u00f3nimo de Salas Barbadillo, Don Diego de noche. Madrid, C\u00e1tedra, 2013.<\/p>\n<p>Salas Barbadillo (Madrid, 1581-1635) figura con todo derecho en el canon de nuestra prosa \u00e1urea, aunque sea mucho m\u00e1s le\u00eddos por los especialistas que por el gran p\u00fablico. Ediciones como la realizada por Enrique Garc\u00eda Santo-Tom\u00e1s, realmente magn\u00edfica, tras la investigaci\u00f3n llevada a cabo en la Harlan Hatcher Graduaty Library de la Universidad de Michigan (m\u00e1s la Biblioteca Nacional de Madrid), contribuyen sin duda a que los lectores contempor\u00e1neos se interesen por aquel escritor. Fue la suya una vida ligada estrechamente a la capital del Reino, donde bull\u00eda  el tr\u00e1fago de un Imperio inmenso,  que \u00e9l retratar\u00e1 admirablemente, con sus luces y sombras, sobre todo bajo el tercer Felipe. Convecino fue de la pl\u00e9yade que constituye la m\u00e1s gloriosa generaci\u00f3n de escritores espa\u00f1oles, no pocos de los cuales le honraron con   su amistad e incluso pluma: Lope de Vega, Cervantes, Calder\u00f3n, G\u00f3ngora, Tirso de Molina o Quevedo.  Sobre todo  este \u00faltimo es con quien mayor similitud guarda, hasta el punto de que alguna obra de Barbadillo ser\u00e1 atribuida err\u00f3neamente al genial cojo. Las densas cien p\u00e1ginas del estudio preliminar, tan documentado, as\u00ed como  el casi medio millar de notas  que adjunta  el  editor, reconocido especialista,  contribuyen de forma sustancial a la m\u00e1s provechosa lectura  de Don Diego de noche.<br \/>\nObra miscel\u00e1nea, poli\u00e9drica,  con indudables apuntes autobiogr\u00e1ficos, es b\u00e1sicamente una narraci\u00f3n, donde tambi\u00e9n se recogen otros materiales literarios que tal vez  Salas hab\u00eda ido escribiendo hasta encontrar la forma de reunirlos y darlos a luz (Madrid, Viuda de Cosme Delgado, 1623), dedic\u00e1ndoselos a Do\u00f1a Policena Sp\u00ednola, dama de la Reina.  Cuatro son sus contenidos principales: los relatos de aventuras, con episodios costumbristas y picarescos, sin duda lo m\u00e1s valioso del libro;  un conjunto de composiciones po\u00e9ticas, de tem\u00e1tica plural y metro variado, inferiores en calidad a la prosa; la larga historia, de car\u00e1cter aleg\u00f3rico, situada en el Monte Parnaso (m\u00e1s bien aburrida)  y un epistolario en cuyas piezas halla mejor acomodo la vena sat\u00edrica del autor, que, si de ideolog\u00eda moderada e incluso conservadora (se precia de castellano viejo), no deja de lanzar puyas contra los males sociales de la \u00e9poca.<br \/>\nYa Aureliano Fern\u00e1ndez Guerra  (Granada, 1816- Madrid, 1891) describi\u00f3 genialmente al protagonista  en Anotaciones a Quevedo: \u201cEs Don Diego de noche figura imaginada para significar cualquier paseante embozado de los que viven de la gorra, susto perpetuo de los transe\u00fantes, coco de los padres y maridos y ac\u00edbar nocturno de los saraos y bailes de candil\u201d. La verdad es que este \u201ccaballero murci\u00e9lago\u201d,  seg\u00fan los describe su creador, ocioso y melanc\u00f3lico, tan preocupado por  el lenguaje como para emprender aventuras con el fin de saber c\u00f3mo hablan determinados grupos m\u00e1s o menos marginales del entorno madrile\u00f1o, tiene tambi\u00e9n su punto de Quijote urbano, si bien le falta la correspondiente Dulcinea.  Resulta un manjar intenso (Salas Barbadillo apreciaba las f\u00f3rmulas gastron\u00f3mica en su barroco discurso) acompa\u00f1ar a su personaje por las oscuras, a veces temibles calles de un Madrid repleto de hampones, cortesanos, aspirantes, c\u00f3micos, damas insatisfechas, artistas,  maridos cornudos, cl\u00e9rigos vagos,  poetas miles y gente de orden, todos con relaciones variadas e intereses a menudo comunes o contrapuestos, que tan bien conoc\u00eda el autor. La suya es ya una novela espejo de la vida cotidiana y hasta hay quien ha visto en sus p\u00e1ginas otros adelantos est\u00e9ticos de alcance prerrom\u00e1ntico.<br \/>\nLe\u00edda en Extremadura, cabe se\u00f1alar ciertas notas.  El novelista, que m\u00e1s tarde incluir\u00e1 en La estafeta del Dios Momo (1627), frente a este interlocutor sat\u00edrico, otro m\u00e1s serio y concienzudo, de nombre Montano  (si ya difunto, el escriturista frexnense segu\u00eda siendo muy apreciado) ,  dedic\u00f3  al obispo de Plasencia  y gran Inquisidor Diego de Arce  y Reinoso (Zalamea de la Serena, 1587) el primero de sus Platos de las Musas (1635 \u2013 sin olvidar en estas f\u00e1bulas po\u00e9ticas al  poderoso zafrense  Leonardo Ram\u00edrez de Prado \u2013 y  tuvo por sus correr\u00edas nocturnas en el \u201cMadrid la nuit\u201d a un tal Fern\u00e1ndez M\u00e9ndez de Olivenza . No consta que tuviese relaci\u00f3n con Pedro de Valencia, que pas\u00f3 en la capital los tres \u00faltimos lustros de su vida y era amigo de otros bien pr\u00f3ximos a los de Salas. Lo que s\u00ed hace \u00e9ste en la novela es utilizar generosamente, como tantos en el  Siglo de Oro,  los materiales ling\u00fc\u00edsticos dispuestos por Gonzalo Correas (Jara\u00edz, 1571).<br \/>\nLa reedici\u00f3n de C\u00e1tedra sigue la princeps, con la ortograf\u00eda modernizada.<\/p>\n<p>Alonso Jer\u00f3nimo de Salas Barbadillo, Don Diego de noche. Madrid, C\u00e1tedra, 2013.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CABALLERO MURCI\u00c9LAGO Salas Barbadillo (Madrid, 1581-1635) figura con todo derecho en el canon de nuestra prosa \u00e1urea, aunque sea mucho m\u00e1s le\u00eddos por los especialistas que por el gran p\u00fablico. Ediciones como la realizada por Enrique Garc\u00eda Santo-Tom\u00e1s, realmente magn\u00edfica, tras la investigaci\u00f3n llevada a cabo en la Harlan Hatcher Graduaty Library de la Universidad [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[3],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.hoy.es\/libreconlibros\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/310"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.hoy.es\/libreconlibros\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.hoy.es\/libreconlibros\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.hoy.es\/libreconlibros\/wp-json\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.hoy.es\/libreconlibros\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=310"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.hoy.es\/libreconlibros\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/310\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.hoy.es\/libreconlibros\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=310"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.hoy.es\/libreconlibros\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=310"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.hoy.es\/libreconlibros\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=310"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}