{"id":321,"date":"2013-03-30T14:30:20","date_gmt":"2013-03-30T13:30:20","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.hoy.es\/libreconlibros\/?p=321"},"modified":"2013-03-30T14:30:20","modified_gmt":"2013-03-30T13:30:20","slug":"leyenda-o-realidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.hoy.es\/libreconlibros\/2013\/03\/30\/leyenda-o-realidad\/","title":{"rendered":"\u00bfLEYENDA  O  REALIDAD?"},"content":{"rendered":"<p>Tres rasgos concurren en el autor de esta obra, sobre cuya influencia en la misma no caben dudas.  Agust\u00edn Mu\u00f1oz Sanz  dirige la Unidad de Patolog\u00eda Infecciosa del Hospital Infanta Cristina de Badajoz y es profesor de Patolog\u00eda  Infecciosa en la Facultad de Medicina de la Universidad extreme\u00f1a. Tiene, pues, acreditados conocimientos, y as\u00ed se percibe a lo largo de todas las p\u00e1ginas, para abordar  el asunto clave: el papel que las enfermedades contagiosas desarrollar\u00edan en el Nuevo Mundo durante el  periodo acotado por el t\u00edtulo.  De otra parte, cuenta con una extensa producci\u00f3n literaria, donde figuran novelas (O  Yacoy, 1994; Venturas y desventuras de un p\u00edcaro sueco, 1997; Aunque soberanos los empe\u00f1os, 2000), relatos (La Dehesa de los Bidasoa, 1992), libros de viaje (En busca de \u00cdtaca: un periplo de conocimiento interior, 1992), memorias (Diario de invierno, 2003), cuentos (Cuentos extreme\u00f1os de hoy, 1994) y ensayos (Los hospitales docentes de Guadalupe\u2026). Finalmente, es un conocido articulista (HOY,  El Peri\u00f3dico de Extremadura , ABC, El Mundo, Tiempo, La Gazetilla de la UBEx), \u00f3rganos de expresi\u00f3n  en los que  no reh\u00faye  abordar  galanamente, con independencia  y  buenas razones, los  asuntos m\u00e1s  pol\u00e9micos.<br \/>\nAs\u00ed lo hace aqu\u00ed, enfrent\u00e1ndose a uno de los puntos b\u00e1sicos que constituyen la famosa \u201cleyenda negra\u201d levantada durante el XVI contra el Imperio espa\u00f1ol por sus poderosos enemigos:  el cataclismo demogr\u00e1fico,  con enormes p\u00e9rdidas  &#8211; a veces absoluta-  de  la poblaci\u00f3n ind\u00edgena en los territorios del Nuevo Mundo descubiertos, colonizados y evangelizados por los espa\u00f1oles  ser\u00eda achacable fundamentalmente a  los malos tratos que impusieron a los indios. La cruz y la espada, ayunt\u00e1ndose contra aquellos benditos, tan felices antes  de Col\u00f3n, no s\u00f3lo los explotaron inmisericordemente, sino que terminar\u00edan extermin\u00e1ndolos.  Textos como  la  Brev\u00edssima relaci\u00f3n de la destruyci\u00f3n de las Indias, de Las Casas, o  las terribles  im\u00e1genes que grab\u00f3 De Bry, difundieron por doquier  la versi\u00f3n  del genocidio.<br \/>\nMu\u00f1oz Sanz, que insiste en definir su obra como un ensayo, reconociendo la complejidad del fen\u00f3meno y la falta de datos definitivos (pese a las aportaciones de los estudios gen\u00e9ticos actuales),  se adscribe a los defensores de otras teor\u00edas. Acepta  la realidad del terrible mazazo demogr\u00e1fico, aunque reconoce que a\u00fan no es posible cuantificar el n\u00famero de habitantes en los diferentes territorios a la llegada de los espa\u00f1oles.  Y no discute las  crueldades  cometidas por \u00e9stos, en l\u00ednea con las acusaciones lascasianas, si bien recuerda que tambi\u00e9n hubo leyes reales protectoras de los Indios  (otra cosa es como se aplicaban) y no poco defensores de los pueblos conquistados. Incluso se hace eco de aut\u00e9nticas calumnias, como decir que el P. Francisco de Vitoria lleg\u00f3 a dudar de que los Indios ten\u00edan alma. Ahora bien, fueron las enfermedades infecciosas las que muy r\u00e1pidamente  contagiar\u00edan  a los  naturales, carentes de factores de inmunidad, acabando de modo masivo con ellos.  Pudieron conjugarse  de modo coyuntural otros elementos destructivos, materiales o psicol\u00f3gicos (volcanes,  terremotos, sequ\u00edas, hambrunas,  alcoholismo, suicidios colectivos), pero la causa de tantos millones de muertes hay que imput\u00e1rselas sobre todo a la gripe, la viruela, el sarampi\u00f3n, la peste, el tifus o el paludismo.  Estos males, cuya sintomatolog\u00eda,  curso y propagaci\u00f3n se van describiendo minuciosamente,  llegaron al Nuevo Mundo, donde eran desconocidos, en los reservorios que supon\u00edan los hombres y animales (cerdos y aves  de forma especial)  llegados a terrenos  hasta entonces v\u00edrgenes y sin defensa contra  dichos azotes, rompiendo  con facilidad la \u201cbarrera de especies\u201d y generando la cat\u00e1strofe ecol\u00f3gica.  Se  recuerda que ni los esclavos negros, ni los mismos espa\u00f1oles, mejor inmunizados,  las sufrieron de igual forma,  como tampoco se produjo ese desastre ecol\u00f3gico en las Filipinas.<br \/>\nFueron los virus, no las armas, los culpables de aquel choque brutal y devastador,  sostiene el ensayista, aunque acepta que el debate sigue abierto. \u00c9l, seg\u00fan hiciese su admirado Jos\u00e9 de Acosta en la Historia natural y moral de las Indias, se conforma con haber contribuido cr\u00edticamente a enriquecer la comprensi\u00f3n de la misma e interesar a futuros estudiosos. Creo que lo consigue con amplitud. <\/p>\n<p>Agust\u00edn Mu\u00f1oz Sanz, La leyenda negra. Historia natural y moral de una cat\u00e1strofe ecol\u00f3gica (1492-1592).M\u00e9rida, ERE, 2012<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tres rasgos concurren en el autor de esta obra, sobre cuya influencia en la misma no caben dudas. 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