{"id":770,"date":"2017-01-21T08:38:57","date_gmt":"2017-01-21T07:38:57","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.hoy.es\/libreconlibros\/?p=770"},"modified":"2017-01-21T08:38:57","modified_gmt":"2017-01-21T07:38:57","slug":"zenobia-se-encela","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.hoy.es\/libreconlibros\/2017\/01\/21\/zenobia-se-encela\/","title":{"rendered":"ZENOBIA SE ENCELA"},"content":{"rendered":"<p>Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez Mantec\u00f3n (tal era el apellido materno, que al parecer provocaba\u00a0 en aquel exquisito aut\u00e9ntico alipori), es probablemente, si no el m\u00e1s le\u00eddo, el m\u00e1s respetado de los poetas espa\u00f1oles contempor\u00e1neos. Respeto que el futuro premio Nobel supone ganarse por su indudable altura l\u00edrica, pero tambi\u00e9n bas\u00e1ndose en ese c\u00f3ctel de seriedad, lucidez, auto y heteroexigencia, alejamiento, exotismo y sarcasmo que lo caracterizaban.<\/p>\n<p>No extra\u00f1a que su singular\u00edsima figura atraiga a un escritor como Ram\u00edrez Lozano, que tan bien conoce al genial onubense, hasta el punto de hacerlo el personaje de su novela \u00faltima. Premiada con otro de los incontables galardones que adornan al extreme\u00f1o, en Los celos Zenobia el gran maestro comparte protagonismo con la extraordinaria mujer sin cuyos apoyos apenas consegu\u00eda resolver los m\u00e1s simples asuntos dom\u00e9sticos digamos encender la cafetera heredada de Bobita, la antigua esclava de los abuelos de Zenobia.<\/p>\n<p>Seg\u00fan bien se sabe, \u00e9sta hizo para Juan Ram\u00f3n de esposa, madre, amiga, mecan\u00f3grafa, cocinera, ch\u00f3fer (fue una de las primeras mujeres espa\u00f1olas que tuvo carnet de conducir), cr\u00edtica, traductora, cicerone, banquera, azafata, int\u00e9rprete, consejera y enfermera (al parecer, la responsable de preparar a su depresivo hombre las tisanas de pasiflora con cipr\u00e9s o las inyecciones de morfina\u2026). Arrebatada por el c\u00e1ncer que ven\u00eda padeciendo desde antes, el poeta, ya consagrado mundialmente por la Academia sueva, la sobrevive\u00a0 s\u00f3lo un par de a\u00f1os.<\/p>\n<p>No obstante, el enamoradizo andaluz (flirte\u00f3 con numerosas damas, aunque rechazase a otras y hubo quien lleg\u00f3 al suicido por sus desdenes) se entreg\u00f3\u00a0 siempre, por encima de cualesquiera otras motivaci\u00f3n y con un af\u00e1n de perfeccionismo rayano en la obsesi\u00f3n, al cultivo de su propia obra po\u00e9tica. Todo lo dem\u00e1s quedaba para \u00e9l en segundo plano.<\/p>\n<p>Si a Zenobia la inoportunan los celos, no se le originan por la competencia de alguna rival, sino en la dedicaci\u00f3n casi absoluta que el esposo viene dedic\u00e1ndoles, desde que se conocen, a las labores creativas.<\/p>\n<p>Experimentaron \u00e9stas, se\u00f1alan los estudiosos diferentes etapas: desde los tiempos iniciales (1900), hasta aproximadamente 1912, Juan Ram\u00f3n se atuvo a los c\u00e1nones de la est\u00e9tica modernista, cuyo gran vate era Rub\u00e9n Dar\u00edo. Enfermo desde muy joven, vive en distintos hospitales y sanatorios, en la m\u00edtica Residencia de Estudiantes e incluso en la casa del doctor Simarro, qui\u00e9n pondr\u00e1 a Juan Ram\u00f3n en relaci\u00f3n con Joaqu\u00edn Sorolla, la Instituci\u00f3n Libre de Ense\u00f1anza y con don Francisco Giner de los R\u00edos. De entonces proceden libros como Arias tristes, Jardines lejanos o Pastorales, tan citados en estas p\u00e1ginas. El creador de Platero y yo dice avergonzarse de cuanto publicase antes de este genial poema en prosa y Ram\u00edrez Lozano nos lo muestra persiguiendo\u00a0 obsesivamente ediciones de los primeros poemarios para destruirlos. Incluso se los demanda con tal fin\u00a0 los amigos que pudieran poseerlos (Unamuno Azor\u00edn, o los dos Machado). Juan Guerrero, personaje real, quiz\u00e1s el \u00fanico que se le mantuvo fiel hasta el final, lo ayuda generos\u00edsimo en tales inquisiciones.<\/p>\n<p>Unidos ya en matrimonio (1916), la publicaci\u00f3n de Diario de un poeta reci\u00e9n casado certifica que el de Huelva conduce su n\u00famen por otros senderos, abandonando la fase sensitiva por otra preferentemente intelectual. Est\u00e1 dispuesto a conseguir una dicci\u00f3n cada vez m\u00e1s pura,\u00a0 una l\u00edrica de absoluta desnudez. Las traducciones que \u00e9l y Zenobia realizan del Nobel indio Rabindranath Tagore le proporcionan no poco nutrimentos.<\/p>\n<p>Autor de numerosos t\u00edtulos, se convierte en el gran mentor de la brillante e innovadora Generaci\u00f3n del 27. No obstante, se opone con acidez a los excesos gongorinos de tanto joven a su entender sobrevalorado, seg\u00fan leemos en la novela.\u00a0 Juan Ram\u00f3n publica varias revistas po\u00e9ticas: \u00cdndice, S\u00ed y Ley, en las que colaboraron un grupo muy selecto de poetas y escritores ya consagrados: Azor\u00edn, G\u00f3mez de la Serna, los hermanos Machado, Ortega y Gasset. En ellas aparecieron publicados tambi\u00e9n los primeros versos de los m\u00e1s j\u00f3venes: Gerardo Diego, Pedro Salinas, Jorge Guill\u00e9n, Federico Garc\u00eda Lorca, D\u00e1maso Alonso, Rafael Alberti, Manuel Altolaguirre, Carmen Conde, Antonio Espina, Corpus Barga. Y junto a ellos artistas tales como Benjam\u00edn Palencia, Juan Bonaf\u00e9, Francisco Bores y Salvador Dal\u00ed. Muchos de ellos transitan por <em>Los celos de Zenobia<\/em>.<\/p>\n<p>Se encuadra nuestra obra en aquel fren\u00e9tico Madrid albores de la II Rep\u00fablica. (Por cierto, ambos permanecer\u00e1n leales al Gobierno leg\u00edtimo tras la sublevaci\u00f3n militar. Los Jim\u00e9nez convierten en guarder\u00eda de ni\u00f1os hu\u00e9rfanos uno de los pisos que Zenobia realquilaba a extranjeros y diplom\u00e1ticos. Para sufragar la manutenci\u00f3n de estos ni\u00f1os, el matrimonio empe\u00f1a en el Monte de Piedad diversos objetos de valor que pose\u00edan).\u00a0 Pero no adelantemos, que\u00a0 nuestra novela no pasa de 1932.<\/p>\n<p>Por entonces, la vida se les complic\u00f3: en julio de ese a\u00f1o, tras esculpir el busto de Zenobia, se suicidaba Marga Gil Ro\u00ebsset, joven escultora enamorada de Juan Ram\u00f3n con un amor que sabe imposible; su fulminante ruptura con Jorge Guill\u00e9n, en marzo de 1933, cuando\u00a0 deja de cumplir lo pactado con Juan Ram\u00f3n respecto a una colaboraci\u00f3n solicitada para la revista Los Cuatro Vientos; su meditada e irrevocable decisi\u00f3n de no autorizar la inclusi\u00f3n de ninguno de sus versos en ninguna antolog\u00eda de poes\u00eda espa\u00f1ola que se publique a partir de 1934 (tras la famosa de Gerardo Diego); y su segunda rotunda negativa a ser elegido acad\u00e9mico, cuando en junio de 1935 es llamado a ocupar un sill\u00f3n en la Real Academia Espa\u00f1ola y declina el honor para sorpresa de todos.<\/p>\n<p>Ram\u00edrez Lozano nos presenta a Juan Ram\u00f3n como realmente deb\u00eda ser, ajeno a todo lo que fuese la persecuci\u00f3n de la pura, desnuda belleza literaria. S\u00f3lo las incre\u00edbles dosis de paciencia de la siempre enamorada Camprub\u00ed, tan \u00e1gil a lomos de su Ford, sufren tama\u00f1os desplantes. El discurso narrativo se desarrolla a trav\u00e9s de una brillante alegor\u00eda o, mejor, ingeniosa prosopopeya: la poes\u00eda pura se confunde con la lib\u00e9rrima joven alojada en una de las habitaciones del domicilio familiar. Ella es quien provoca las celotipias e incluso malos modos de una se\u00f1ora tan refinada como Zenobia. Por el contrario,\u00a0 la moza-poes\u00eda parece ser el ojito derecho del escritor, m\u00e1s celoso incluso que su mujer cuando percibe que la lib\u00e9rrima becaria puede escap\u00e1rsele para vivir la noche madrile\u00f1a; dejarse seducir por hombres sin escr\u00fapulos, como Pablo Neruda, Manuel Machado (Don Antonio\u00a0 es distinto) o Ignacio S\u00e1nchez Mej\u00edas. Creyendo que los traiciona y se refugia junto a ellos, desnud\u00e1ndose en brazos espurios, Juan Ram\u00f3n\u00a0 dirige hasta Marruecos- paradigma m\u00e1ximo de ese \u201cveneno del Sur\u201d, cuna o refugia de tantos rivales del 27: Lorca, Cernuda, Alberti, Villal\u00f3n, Salinas, Altolaguirre, Emilio Prados,\u00a0 Moreno Villa y, por supuesto, de G\u00f3ngora &#8211; a la b\u00fasqueda de la joven-poes\u00eda, tal vez\u00a0 ahora en compa\u00f1\u00eda del torero que Lorca tan genialmente llorar\u00e1.<\/p>\n<p>No conoceremos el desenlace. Pero al terminar un texto que no alcanza el centenar y medio de p\u00e1ginas, escritas con el inconfundible estilo de nuestro m\u00e1s fecundo novelista-poeta, los lectores tendr\u00e1s nuevas claves para entender la\u00a0 arrolladora pasi\u00f3n juanramoniana por el lenguaje l\u00edrico. Que el jurado del XXV Premio de Novela Breve Juan March le otorgase su m\u00e1xima distinci\u00f3n seguro que n fue sino un acto de justicia.6.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Antonio Ram\u00edrez Lozano, Los celos de Zenobia. Valencia, Pre-Textos, 201<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez Mantec\u00f3n (tal era el apellido materno, que al parecer provocaba\u00a0 en aquel exquisito aut\u00e9ntico alipori), es probablemente, si no el m\u00e1s le\u00eddo, el m\u00e1s respetado de los poetas espa\u00f1oles contempor\u00e1neos. 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