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	<title>ENRIQUE FALCÓfelicidad plena &#8211; ENRIQUE FALCÓ</title>
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		<title>Reflexiones de un hombre infeliz</title>
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		<pubDate>Sat, 31 Dec 2011 15:37:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Enrique Falcó</dc:creator>
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<p><span style="color: #000080;">No sé si les ocurrirá lo mismo, pero estos últimos días del año se me antojan inútiles, inservibles e interminables, como si su existencia no fuera más que el insípido relleno de un pavo cocinado a destiempo y por manos inexpertas, desterrado de todos los platos de los comensales. Es posible que sea por las mismas ganas que siempre ha tenido el ser humano de albergar <a title="Cambios (Enrique Falcó)" href="http://www.hoy.es/v/20101031/opinion/cambios-20101031.html" target="_blank">cambios</a> para huir de la melancólica y apática desazón en la que se convierte su día a día, con sus penas, sus miserias y alguna que otra pequeña satisfacción o hilaridad, que confirman la máxima de que no hemos venido a este valle de lágrimas sino para llorar hasta que se sequen las cuencas de nuestros cansados ojos.</span></p>
<p><span style="color: #000080;"><a><span style="color: #000080;"><img id="artObject" src="//cache2-thumb1.pressdisplay.com/pressdisplay/docserver/getimage.aspx?regionguid=a3e0720c-aa4a-4617-8cff-9576086c7735&#038;scale=338&#038;file=22012011123100000000001001&#038;regionKey=51La328Lx5s0G7s7C%2fFirA%3d%3d" alt="" /></span></a></span></p>
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<p><span style="color: #000080;">Tras el paso de la Navidad, y la indigesta e indecente cantidad de calorías ingeridas, junto a demasiados tragos de caldos que van más allá de los del consomé, nuestra mente se evaporara como el vino blanco de las comidas y viaja infatigablemente hacia el nuevo año con un billete sólo de ida y de primera clase. El nuevo año siempre ofrece esas connotaciones de <a title="Indulgencia Plenaria (Enrique Falcó)" href="https://blogs.hoy.es/loch-lomond/2011/08/02/indulgencia-plenaria-3/" target="_blank">indulgencia plenaria</a>, del borrón y cuenta nueva, del comienzo de una nueva vida tras ser purgado de todos los pecados cometidos, y especialmente, de ese propósito de enmienda que nos convertirá en seres felices y a la postre en mejores personas. Es una lástima que tan ejemplarizante sentimiento se difumine en cuestión de unos pocos de días, al igual que ese <a title="Sin Blanca Navidad" href="https://blogs.hoy.es/loch-lomond/2011/12/11/sin-blanca-navidad/" target="_blank">falso espíritu de la Navidad</a> que tantos tratan de convencernos para ofrecerlo a la concurrencia sólo un par de días al año. La famosa y odiada cuesta de enero es la primera que ayuda a que los buenos propósitos se vayan al traste, y es que aunque innegable sea aquello de que el dinero no da la felicidad no menos verdad es el otro dicho más práctico y real de que las penas con pan son menos penas, y el estómago vacío y el hambre, ya sea el hambre del apetito más voraz o el hambre espiritual que comprende todo lo tangible que deseamos, no es buen compañero de viaje en esa hipotética aventura hacia lo mejor de nosotros.</span></p>
<p><span style="color: #000080;">Quizás sea este el motivo por el que muchos nos encontramos más triste que de costumbre en estas fechas, que otrora siempre fueron días de felicidad y buenos deseos. El hecho de ser conscientes de que nada ha cambiado y de que nada va a cambiar, a pesar de las ganas y los buenos propósitos, consiguen sumergir en estado depresivo a muchos que ni siquiera peinan aún canas, ya que a estos, les preocupa más si cabe, e incluso les aterra, que la situación torne, pero para peor. Es cierto que aunque portemos un pan debajo del brazo llegamos a este mundo sin un maldito mapa, ni un folletín de instrucciones, pero es duro que la realidad nos golpeé siempre a los mismos en pleno rostro, mostrándonos contundentemente su parte más dura, obligándonos a aprender a palos, a base de mala leche y peor café. Salpicados con sorna y para más inri con el barro de la injusta y plena felicidad de solo unos pocos, los que menos necesitan, que son quienes se empeñan en afirmar categóricamente que hay que ser buenos, que hay que trabajar más y mejor por menos dinero, que hay que ahorrar y gastar menos, que no se nos puede prestar más dinero porque este enloquece al que no está acostumbrado a manejarlo como ellos. Es indignante que un año más haya acontecido lo mismo que viene repitiéndose desde hace demasiado tiempo. Los más ricos son cada vez más ricos, y los más desafortunados cada vez más pobres sin que nadie se preocupe de equilibrar la desigual e injusta balanza de este cruel despropósito. Denota incluso un tono de guasa y cachondeo comprobar que seguramente un año más todo costará más caro mientras nuestras nóminas menguan a cantidades irrisorias que otros dan de propina a sus sobrinos pequeños cuando los visitan por Navidad. Es lamentable, e injusto, pero voy a revelarles un secreto. La vida no es justa, y la felicidad, la felicidad plena no existe, por lo que siempre será un salto imposible alcanzarla a pesar de contar con la mejor de las pértigas disponibles, está demasiado alta. Ni siquiera con zapatillas especiales adornadas con muelles. El salto ha de ser demasiado largo y es un hecho tan real como que el mundo es mundo que darás con tus miserias en el foso de arena. Comprendo a los que se sienten como yo, a los que por estas fechas asola la miserable sensación de que el final y el principio de cada año no son más que un espejismo traicionero que nos alimenta con una sobredosis de opio que nunca es suficiente. A mí me gustaría ser feliz, pero está claro que es imposible. Que bonito sería vivir en el Mar de la tranquilidad, abrigados por la despreocupación y la alegría. Donde solo portáramos llaves maestras que abrieran los candados de todas las puertas de la cordura, e inventando nuevos idiomas que solo comprendieran palabras de amor. Quizás ahí se encuentre la clave del dilema, la felicidad no existe y muchos desfallecen en su intento por encontrarla. Seamos conscientes de que si nos lo proponemos, un año más seremos infelices aprendiendo a aceptar y disfrutar de nuestra realidad, pero al menos tendremos la conciencia tranquila de que no seremos mercenarios de una guerra que ya ha perdido demasiadas batallas.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;"><em>Publicado en Diario HOY el 31/12/2011</em></span></p>
<p><em><span style="color: #000080;"><a href="http://lector.kioskoymas.com/epaper/showlink.aspx?bookmarkid=4BTX8ZQ6MIV5&#038;preview=magnifier&#038;linkid=d95b3b00-2dcb-409b-a9b9-90308856c8c7&#038;pdaffid=1NEHCXDv4QZRFanP7KJR9A%3d%3d"><img src="//cache2-thumb1.pressdisplay.com/pressdisplay/docserver/getimage.aspx?file=22012011123100000000001001&#038;page=30&#038;scale=23" alt="" /></a></span></em></p>
</div>
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