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		<title>Baby boomerang</title>
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		<pubDate>Sun, 15 Jul 2012 17:01:19 +0000</pubDate>
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<p>Enrique Falcó. Emancipado tardío</p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_1076" style="width: 310px" class="wp-caption alignnone"><a href="/loch-lomond/wp-content/uploads/sites/10/2012/07/Simsons-adultos.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-1076" loading="lazy" class="size-medium wp-image-1076" title="Simsons adultos" src="/loch-lomond/wp-content/uploads/sites/10/2012/07/Simsons-adultos.jpg" alt="No sería extraño que tal y como está la cosa Bart, lisa y la pequeña Maggy tengan que regresar algún día al domicilio familiar." width="300" height="164" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/10/2012/07/Simsons-adultos.jpg 652w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/10/2012/07/Simsons-adultos-300x164.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-1076" class="wp-caption-text">No sería extraño que tal y como está la cosa Bart, lisa y la pequeña Maggy tengan que regresar algún día al domicilio familiar.</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<p align="JUSTIFY"><span style="color: #000080; font-size: medium;">Desde bien pequeño, y gracias a los tebeos de Zipi y Zape (para que luego les echen las broncas a los niños por leer cómics) tuve constancia de que 1979 fue el Año Internacional del Niño. Los vástagos de don Pantuflo siempre se lo recordaban a su progenitor cuando este se disponía a castigarlos o reprenderlos por alguna mala acción. &#8220;¡Papá que estamos en el Año Internacional del Niño!&#8221; gritaban Zipi y Zape excusándose al unísono mientras de fondo aparecía un calendario de 1979. Curioso año el 1979. Último del baby boom en España, es decir, del notable incremento de la natalidad que se produjo en este país desde el final de la Guerra Civil, intensificado en las décadas de los 50 y 60 y durante la Transición. A partir del penúltimo año de la década de los 70 la natalidad comenzó un declive muy acentuado. Hasta la fecha no se ha producido un fenómeno de índoles parecidas en España, quizás algo lógico, debido a que las circunstancias en que se originó son muy específicas. En 2009 se tuvo constancia de un pequeño aumento significativo, y no sé muy bien si medio en serio medio en broma, se comentaba en algunos medios el sorprendente baby boom experimentado en Marzo de 2011, consecuencia de la euforia, alegría y sentimiento patriótico que experimentó la sociedad española con la consecución del Mundial de Fútbol 2010 en Sudáfrica. Es de suponer, que tan recomendables sensaciones vividas acabaron experimentándose en privado por muchos. Pero corramos un &#8220;estupído&#8221; velo, mis queridos y desocupados lectores, ya que quiero compartir con ustedes otro fenómeno, de nombre parecido, pero de consecuencias horribles. Se trata de lo que ahora se denomina baby boomerang, que nos afecta a los jóvenes y no tan jóvenes de hoy, y en consecuencia y de manera más que directa también a nuestros sufridos padres. Hasta hace pocos años, el abandono del domicilio paterno, la deseada emancipación o independencia, era poco más que una elección personal. Los españoles siempre hemos sido los jóvenes que más tarde hemos abandonado el nido. En casa de los padres se vivía muy bien, ya lo creo, a mesa y mantel puestos, con mamá cuidando de lavarte y plancharte la ropita y sin faltar de nada. Vale que a lo peor la tele del salón siempre estaba acaparada, o que tenías que esperar tu turno para ir al baño, pero merecía la pena. Si queríamos echar un &#8220;kiki&#8221; aprovechábamos cuando la casa quedaba desierta o incluso el coche familiar. Nada de preocupaciones. Las facturas de la luz o el gas no eran de tu incumbencia, y aquello de la hipoteca te sonaba a chino. Tu tranquilamente a estudiar, o incluso a ahorrar si ya estabas trabajando, o qué narices, a gastarte todo tu dinero en caprichitos, que ya tenías cubierto todo lo necesario. </span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="color: #000080; font-size: medium;"><a href="/loch-lomond/wp-content/uploads/sites/10/2012/07/baby-boomer.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-1077" title="baby-boomer" src="/loch-lomond/wp-content/uploads/sites/10/2012/07/baby-boomer.jpg" alt="" width="400" height="400" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/10/2012/07/baby-boomer.jpg 400w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/10/2012/07/baby-boomer-150x150.jpg 150w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/10/2012/07/baby-boomer-300x300.jpg 300w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" /></a></span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="color: #000080; font-size: medium;">Lo que antes era una elección se convierte en una dura imposición cuando nos golpea en la cara la triste realidad con toda su crudeza. Y no me refiero ya solo al abandono del domicilio paterno, sino al regreso a éste, ya que ambos fenómenos comparten la similitud de que se producen por pura supervivencia. La crisis sigue siendo la principal culpable, y si no al menos ahonda buena parte de culpa. No sólo los que se quedan en paro tienen que volver, ya que los precarios salarios de algunos no les sirve ni para cubrir lo más necesario. Las separaciones y divorcios también son una causa importante, y algunos padres se ven en la tesitura de tener que acoger no sólo al hijo sino también a sus parejas o retoños, lo que indudablemente complica un poco más la vida y el bienestar de todos. El menda fue uno de aquellos jóvenes que de forma tardía se atrevió a abandonar el núcleo paterno, entre una mezcla de necesidad imperiosa de comenzar su propia vida y algo de vergüenza ajena por continuar arropado por la falda materna. Cuando comienzas a comprender que el baño y la cocina no se limpian solos, o que si no recoges y lavas tu ropa no podrás contar con ella cuando la necesites, empiezas a cogerle el gustillo a eso de vivir en tu propia casa. Tu mandas, tu haces y deshaces. Tu casa, tus hábitos, tus normas. Retornar al domicilio paterno, y eso teniendo en cuento que después de todo no deja de ser un alivio poder contar con tu familia, se antoja muy duro, y es un paso atrás que necesariamente ha de manifestarse en tu estado de ánimo, o más bien de desánimo. Para los padres no ha de ser menos duro, y no solo por aquello de tener un boca más que alimentar o el acaparamiento de espacio, que después de todo es lo menos importante, sino por ser testigos día a día de la frustración  de sus hijos, carne de sus carnes, por los que tanto trabajaron y se esforzaron, para que tuvieran una vida mejor que la de ellos. Hace ya mucho tiempo que a nadie se le ocurre soltar la gracia aquella de &#8220;Yo pienso vivir de mis padres hasta que pueda vivir de mis hijos&#8221; entre otras cosas porque no tiene ni puñetera gracia y además se presupone de muy complicada ejecución. Sea como sea, y a pesar del entendible desánimo y frustración hay que sacar redaños de donde no quedan y tomárselo como un episodio temporal y breve, que nunca querremos recordar. A lo largo de estos últimos años, voy comprobando cómo mi antigua habitación familiar se va convirtiendo en el despacho de mi padre, y mis armarios y estanterías van escondiendo distintas pertenencias que otrora fueron mis enseres personales. Espero que mis padres nunca tengan que remodelar mi vieja habitación. Un abrazo a quienes lo están pasando mal, desde estas humildes lineas de quien suscribe, que no es más que un joven de su tiempo, trabajador como cualquiera, que lucha por subsistir en este valle de lágrimas a donde hemos venido a llorar lo menos posible. Una palmada en el hombro de sana camaradería para aquellos que piensan que este maldito mundo los ha desechado por la puerta de atrás. Recordad mis queridos <a title="Cangrejos del Guadiana" href="https://blogs.hoy.es/loch-lomond/2012/04/24/cangrejos-del-guadiana/" target="_blank">cangrejos del Guadiana</a>, que quien persevera vence. </span></p>
<div id="attachment_1078" style="width: 310px" class="wp-caption alignnone"><a href="/loch-lomond/wp-content/uploads/sites/10/2012/07/Los_Simpsons-padres-hijos.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-1078" loading="lazy" class="size-medium wp-image-1078" title="Los_Simpsons padres hijos" src="/loch-lomond/wp-content/uploads/sites/10/2012/07/Los_Simpsons-padres-hijos.jpg" alt="¡Menos mal que los padres siempren están ahí!" width="300" height="187" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/10/2012/07/Los_Simpsons-padres-hijos.jpg 1680w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/10/2012/07/Los_Simpsons-padres-hijos-300x188.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/10/2012/07/Los_Simpsons-padres-hijos-768x480.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/10/2012/07/Los_Simpsons-padres-hijos-1024x640.jpg 1024w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-1078" class="wp-caption-text">¡Menos mal que los padres siempren están ahí!</p></div>
<p align="JUSTIFY"><span style="color: #000080; font-size: medium;">Y finalmente, la mayor de las gratitudes, el respeto más reverencial y el reconocimiento más sonoro para vosotros nuestros padres, que a pesar que de una u otra manera nos metisteis en esto, siempre estáis ahí, haciendo lo imposible para que no veamos un mundo tan negro. Sacándonos los colores ante nuestros propios hijos, ya que ni en nuestra mayor utopía podremos soñar con parecernos en algo a vosotros.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Publicado en Diario HOY el 15/07/2012</p>
<p><a href="http://hoy.kioskoymas.com/epaper/showlink.aspx?bookmarkid=ZYVJKNF7HA66&#038;preview=magnifier&#038;linkid=955fc28b-4475-4f37-b7ab-f7c8b7299bbc&#038;pdaffid=1NEHCXDv4QZRFanP7KJR9A%3d%3d"><img src="//cache2-thumb1.pressdisplay.com/pressdisplay/docserver/getimage.aspx?file=22012012071500000000001001&#038;page=30&#038;scale=23" alt="" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Reflexiones de un hombre infeliz</title>
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		<pubDate>Sat, 31 Dec 2011 15:37:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Enrique Falcó</dc:creator>
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<p><span style="color: #000080;">No sé si les ocurrirá lo mismo, pero estos últimos días del año se me antojan inútiles, inservibles e interminables, como si su existencia no fuera más que el insípido relleno de un pavo cocinado a destiempo y por manos inexpertas, desterrado de todos los platos de los comensales. Es posible que sea por las mismas ganas que siempre ha tenido el ser humano de albergar <a title="Cambios (Enrique Falcó)" href="http://www.hoy.es/v/20101031/opinion/cambios-20101031.html" target="_blank">cambios</a> para huir de la melancólica y apática desazón en la que se convierte su día a día, con sus penas, sus miserias y alguna que otra pequeña satisfacción o hilaridad, que confirman la máxima de que no hemos venido a este valle de lágrimas sino para llorar hasta que se sequen las cuencas de nuestros cansados ojos.</span></p>
<p><span style="color: #000080;"><a><span style="color: #000080;"><img id="artObject" src="//cache2-thumb1.pressdisplay.com/pressdisplay/docserver/getimage.aspx?regionguid=a3e0720c-aa4a-4617-8cff-9576086c7735&#038;scale=338&#038;file=22012011123100000000001001&#038;regionKey=51La328Lx5s0G7s7C%2fFirA%3d%3d" alt="" /></span></a></span></p>
<div id="testArtCol_b">
<p><span style="color: #000080;">Tras el paso de la Navidad, y la indigesta e indecente cantidad de calorías ingeridas, junto a demasiados tragos de caldos que van más allá de los del consomé, nuestra mente se evaporara como el vino blanco de las comidas y viaja infatigablemente hacia el nuevo año con un billete sólo de ida y de primera clase. El nuevo año siempre ofrece esas connotaciones de <a title="Indulgencia Plenaria (Enrique Falcó)" href="https://blogs.hoy.es/loch-lomond/2011/08/02/indulgencia-plenaria-3/" target="_blank">indulgencia plenaria</a>, del borrón y cuenta nueva, del comienzo de una nueva vida tras ser purgado de todos los pecados cometidos, y especialmente, de ese propósito de enmienda que nos convertirá en seres felices y a la postre en mejores personas. Es una lástima que tan ejemplarizante sentimiento se difumine en cuestión de unos pocos de días, al igual que ese <a title="Sin Blanca Navidad" href="https://blogs.hoy.es/loch-lomond/2011/12/11/sin-blanca-navidad/" target="_blank">falso espíritu de la Navidad</a> que tantos tratan de convencernos para ofrecerlo a la concurrencia sólo un par de días al año. La famosa y odiada cuesta de enero es la primera que ayuda a que los buenos propósitos se vayan al traste, y es que aunque innegable sea aquello de que el dinero no da la felicidad no menos verdad es el otro dicho más práctico y real de que las penas con pan son menos penas, y el estómago vacío y el hambre, ya sea el hambre del apetito más voraz o el hambre espiritual que comprende todo lo tangible que deseamos, no es buen compañero de viaje en esa hipotética aventura hacia lo mejor de nosotros.</span></p>
<p><span style="color: #000080;">Quizás sea este el motivo por el que muchos nos encontramos más triste que de costumbre en estas fechas, que otrora siempre fueron días de felicidad y buenos deseos. El hecho de ser conscientes de que nada ha cambiado y de que nada va a cambiar, a pesar de las ganas y los buenos propósitos, consiguen sumergir en estado depresivo a muchos que ni siquiera peinan aún canas, ya que a estos, les preocupa más si cabe, e incluso les aterra, que la situación torne, pero para peor. Es cierto que aunque portemos un pan debajo del brazo llegamos a este mundo sin un maldito mapa, ni un folletín de instrucciones, pero es duro que la realidad nos golpeé siempre a los mismos en pleno rostro, mostrándonos contundentemente su parte más dura, obligándonos a aprender a palos, a base de mala leche y peor café. Salpicados con sorna y para más inri con el barro de la injusta y plena felicidad de solo unos pocos, los que menos necesitan, que son quienes se empeñan en afirmar categóricamente que hay que ser buenos, que hay que trabajar más y mejor por menos dinero, que hay que ahorrar y gastar menos, que no se nos puede prestar más dinero porque este enloquece al que no está acostumbrado a manejarlo como ellos. Es indignante que un año más haya acontecido lo mismo que viene repitiéndose desde hace demasiado tiempo. Los más ricos son cada vez más ricos, y los más desafortunados cada vez más pobres sin que nadie se preocupe de equilibrar la desigual e injusta balanza de este cruel despropósito. Denota incluso un tono de guasa y cachondeo comprobar que seguramente un año más todo costará más caro mientras nuestras nóminas menguan a cantidades irrisorias que otros dan de propina a sus sobrinos pequeños cuando los visitan por Navidad. Es lamentable, e injusto, pero voy a revelarles un secreto. La vida no es justa, y la felicidad, la felicidad plena no existe, por lo que siempre será un salto imposible alcanzarla a pesar de contar con la mejor de las pértigas disponibles, está demasiado alta. Ni siquiera con zapatillas especiales adornadas con muelles. El salto ha de ser demasiado largo y es un hecho tan real como que el mundo es mundo que darás con tus miserias en el foso de arena. Comprendo a los que se sienten como yo, a los que por estas fechas asola la miserable sensación de que el final y el principio de cada año no son más que un espejismo traicionero que nos alimenta con una sobredosis de opio que nunca es suficiente. A mí me gustaría ser feliz, pero está claro que es imposible. Que bonito sería vivir en el Mar de la tranquilidad, abrigados por la despreocupación y la alegría. Donde solo portáramos llaves maestras que abrieran los candados de todas las puertas de la cordura, e inventando nuevos idiomas que solo comprendieran palabras de amor. Quizás ahí se encuentre la clave del dilema, la felicidad no existe y muchos desfallecen en su intento por encontrarla. Seamos conscientes de que si nos lo proponemos, un año más seremos infelices aprendiendo a aceptar y disfrutar de nuestra realidad, pero al menos tendremos la conciencia tranquila de que no seremos mercenarios de una guerra que ya ha perdido demasiadas batallas.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;"><em>Publicado en Diario HOY el 31/12/2011</em></span></p>
<p><em><span style="color: #000080;"><a href="http://lector.kioskoymas.com/epaper/showlink.aspx?bookmarkid=4BTX8ZQ6MIV5&#038;preview=magnifier&#038;linkid=d95b3b00-2dcb-409b-a9b9-90308856c8c7&#038;pdaffid=1NEHCXDv4QZRFanP7KJR9A%3d%3d"><img src="//cache2-thumb1.pressdisplay.com/pressdisplay/docserver/getimage.aspx?file=22012011123100000000001001&#038;page=30&#038;scale=23" alt="" /></a></span></em></p>
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		<title>No llegamos</title>
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		<pubDate>Sun, 04 Sep 2011 23:56:24 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[ Por Enrique Falcó. Portavoz de la generación perdida NO hay vuelta de hoja. Los jóvenes extremeños no llegamos. Y no me refiero precisamente al orgasmo, que por aquello de ser jóvenes aún podemos buscarnos un poco la vida para la consecución de tan difícil, complicado y a la vez placentero trámite. Donde no llegamos ni [&#8230;]]]></description>
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<div><span style="color: #000000;"> Por Enrique Falcó. Portavoz de la generación perdida</span></div>
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<p><span style="color: #003366; font-size: medium;">NO hay vuelta de hoja. Los jóvenes extremeños no llegamos. Y no me refiero precisamente al orgasmo, que por aquello de ser jóvenes aún podemos buscarnos un poco la vida para la consecución de tan difícil, complicado y a la vez placentero trámite. Donde no llegamos ni haciendo filigranas es a final de mes. ¡Cómo odio los meses de 31 días! ¡Se hacen eternos! Luego te dicen las empresas que hay que aguantar, que estamos en un momento muy difícil, terrible, como si fuésemos tontos y no nos hubiésemos enterado. Muchos empresarios ruegan, por no añadir «exigen», además un sobreesfuerzo, traducido en más horas de trabajo a cambio del mismo o menor salario. ¡La de empresarios que se han subido al carro con la crisis y la maldita mandanga de que la cosa está muy mala! Claro que está mala, pero para otros está peor.</span></p>
<p><span style="font-size: medium;"><span style="color: #003366;"><a><span style="color: #003366;"><img src="//cache2-thumb1.pressdisplay.com/pressdisplay/docserver/getimage.aspx?regionguid=02dc2a76-a101-44d4-a7d4-ec99a66014ff&#038;scale=193&#038;file=22012011090400000000001001&#038;regionKey=pEwcZZfAKbnMwBh7m5NywQ%3d%3d" alt="" /></span></a></span><span style="color: #003366;"> </span></span></p>
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<h2><span style="font-size: medium;">Nuestros padres nos tildan de quejicas, recordándonos que ellos también lo pasaron</span><br />
<span style="font-size: medium;"> mal al principio, pero no conozco a ningún amigo que gane siquiera algo parecido al sueldo de su progenitor</span></h2>
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<p><span style="color: #003366; font-size: medium;">En nuestra región es casi una utopía que un joven de 30 años sea ‘mileurista’, y si sobrepasa esta cantidad lo hace en muy pocos emolumentos. «Es que los jóvenes de hoy en día lo queréis tener todo», pensará el típico <a title="cambios don de loch lomond" href="https://blogs.hoy.es/loch-lomond/2010/10/31/cambios/" target="_blank">ceporro cincuentón</a> (y que no se me enfade doña <a title="generalizar don de loch lomond" href="https://blogs.hoy.es/loch-lomond/2010/11/14/generalizar-2/" target="_blank">Manuela Martín</a>) bien asentado que observa con recelo a los jóvenes por encima del hombro. Hombre, todo no, pero es que hay cosas a las que uno no puede renunciar si quiere seguir subsistiendo en este valle de lágrimas. Siempre te salen con el cuento de que para qué quieres Internet. Mi menda considera imprescindible que cualquier joven de hoy en día, sea cual sea su oficio u ocupación, disponga al menos de un ordenador y una conexión a Internet. Ya hemos hablado muchas veces de que los nuevos analfabetos del siglo XXI son quienes desconocen y rehúyen de las nuevas tecnologías. Internet, además de una inagotable fuente de ocio, es imprescindible para formarse, comunicarse e incluso buscar nuevas posibilidades laborales.</span></p>
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<p><span style="color: #003366; font-size: medium;">Luego están los que nos recriminan las hipotecas, la obsesión por comprar una casa. Hombre, es que los alquileres tampoco están muy baratos y en algún sitio tendremos que vivir, y de acuerdo que existen quienes pretenden tenerlas equipadas hasta el último detalle, pero si les confieso la verdad, en mi círculo de amistades, de muy amplia y diferente condición social, es bastante habitual que tengan la casa a medio poner. El coche es otro lujo al que muchos no pueden permitirse renunciar, y el gasto que supone la gasolina, el mantenimiento y el correspondiente seguro (casi siempre el mínimo, ustedes verán) son un lastre importante en las precarias economías. Si no que se lo digan a tantísimos amigos que viven en casas de protección oficial en Badajoz en el Cerro Gordo, La Pilara o Cuartón Cortijo. O a quienes se desplazan desde Mérida o Jerez de los Caballeros, por ejemplo, hasta Cáceres o Badajoz por motivos laborales.</span></p>
<p><span style="color: #003366; font-size: medium;">El otro día una compañera de mi empresa se encontraba muerta de cansancio y muy deprimida. Aunque está empleada a media jornada por las tardes, por las mañanas tiene que buscarse la vida cuidando niños o de empleada de hogar con jornadas de 8 horas, por supuesto sin contrato, y cobrando una miseria, para que luego te suelte el Gobierno que España no está tan mal, que lo que ocurre es que hay mucha economía sumergida. Su marido sale a trabajar a las 5 de la mañana y hay noches en que a las doce aún no ha llegado a casa. «Todo el día trabajando Falcó, para que luego no tengas ni un duro para tomarte una cerveza», me dice mi desconsolada compañera. «¡A quien se lo dices!», respondo a modo de broma, que mejor reír que llorar, porque la cosa es para llorar. Nuestros padres nos tildan de quejicas, recordándonos que ellos también lo pasaron mal al principio y sufrieron muchas calamidades, pero no conozco a ningún amigo de mi quinta que gane siquiera algo parecido al sueldo de su progenitor. Ese es el problema, que antes los sueldos tenían más ceros, y no porque fueran en pesetas.</span></p>
<p><span style="color: #003366; font-size: medium;">Nos hemos cargado la clase media, la alta y la baja, para dar paso a una nueva estirpe social. En esta nueva clase coexisten muchas y diferentes condiciones sociales. Los hay con estudios y másteres, los hay con etiqueta de anís del mono en lugar de graduado escolar. Algunos son hijos de médicos, abogados o periodistas y otros de jardineros, barrenderos o peones de albañil. Pero todos coinciden en la precariedad económica que les incapacita la posibilidad de llegar a ser felices. Muchas de estas parejas se han roto siendo la falta de recursos económicos la principal causa de dicha ruptura. En esta nueva clase social la precariedad económica motiva que una mujer embarazada sea considerada como una irresponsable antes que como una futura madre, por aquello de atreverse a traer a este mundo una boca más. ¡No sé qué va a ser de nosotros! Nunca podremos vivir como cuando cohabitábamos con nuestros padres en el domicilio familiar. Porque ellos tampoco llegaban… pero siempre llegaban. Y hablando de llegar, la que se nos viene encima, que esa es otra. Que alguien piense algo porque lo que es a mí se me han acabado las ideas. ¡Capitán Trueno, Tintín, Superman, Astérix! ¡Venid a salvarnos sin demora por Dios! Porque me da en la nariz que esto no ha hecho más que empezar.</span></p>
<p><span style="color: #003366; font-size: medium;">Publicado en Diario HOY el 04/09/2011</span></p>
<p><span style="color: #003366; font-size: medium;"><a href="http://www.kioskoymas.com/epaper/showlink.aspx?bookmarkid=TNFC5GX3G241&#038;preview=magnifier&#038;linkid=8a2b5b94-14ce-427f-bdf4-3c2b99e29699&#038;pdaffid=1NEHCXDv4QZRFanP7KJR9A%3d%3d"><img src="//cache2-thumb1.pressdisplay.com/pressdisplay/docserver/getimage.aspx?file=22012011090400000000001001&#038;page=30&#038;scale=23" alt="" /></a></span></p>
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