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	<title>De subir a la montaña me cansobocadillo &#8211; De subir a la montaña me canso</title>
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	<description>Responsable de Diseño en el Diario Hoy de Extremadura desde 2012. Escritor de relatos breves donde aplico la máxima de la Escuela Postirónica: &#34;Hablar de unas cosas para decir otras&#34; . Soy consciente de mi ignorancia.</description>
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		<title>El bocadillo de jamón contra el principio de incertidumbre</title>
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		<pubDate>Wed, 24 May 2017 15:21:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Ripalda</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La niña con facultades proféticas contrastadas por diversos especialistas del ramo le propone al niño que nunca sabe qué llevará dentro el bocadillo, si Nocilla o pavo, si salchichón o paté de cabracho, adivinar el contenido del mismo, pero al niño que nunca sabe qué llevará dentro el bocadillo, si Nocilla o pavo, si salchichón [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2017/05/diente.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-1091" title="diente" src="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2017/05/diente.jpg" alt="" width="1400" height="900" /></a></p>
<p>La niña con facultades proféticas contrastadas por diversos especialistas del ramo le propone al niño que nunca sabe qué llevará dentro el bocadillo, si Nocilla o pavo, si salchichón o paté de cabracho, adivinar el contenido del mismo, pero al niño que nunca sabe qué llevará dentro el bocadillo, si Nocilla o pavo, si salchichón o paté de cabracho, le gusta paladear esta incertidumbre que sabe que no es tal porque, a poco que rasgue el papel de plata con el que está envuelto, ya huele a Nocilla o a pavo, a salchichón o a paté de cabracho, aunque en esta ocasión, y lo sabe la niña con facultades proféticas contrastadas por diversos especialistas del ramo, se va a llevar una verdadera sorpresa, no de una posibilidad entre cuatro, sino de una quinta que el niño no contempla ni imagina, pues la madre, estirando como buenamente puede lo que da de sí la paguita de viudedad y, todo hay que decirlo, en un rapto de creatividad culinaria, le ha metido entre pan y pan una loncha de jamón serrano, una única loncha perfectamente veteada, con el equilibrio perfecto de tocino y carne, de las buenas de verdad, o sea, impregnando el centro del mollete tierno que bajó a comprar esa misma mañana, y que el niño que nunca sabe qué llevará dentro el bocadillo, si Nocilla o pavo, si salchichón o paté de cabracho, devora hasta que uno de sexto que corre con el balón pegado a los pies lo arrolla y a hacer puñetas el pan, la loncha de jamón y su último diente de leche, diente que la niña con facultades proféticas contrastadas por diversos especialistas del ramo sabía que iba a caer muy cerca de aquel imbornal pero no dentro, nunca dentro, así que adiós ratoncito Pérez para siempre.</p>
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		<title>Lo que no vieron</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Jun 2014 16:13:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Ripalda</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2014/06/BocadilloFB.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-806" title="BocadilloFB" src="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2014/06/BocadilloFB.jpg" alt="" width="439" height="618" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2014/06/BocadilloFB.jpg 439w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2014/06/BocadilloFB-213x300.jpg 213w" sizes="(max-width: 439px) 100vw, 439px" /></a></p>
<p>La lucha de clases pasó inadvertida para Evaristo, que prefería contarse los dedos de los pies mientras sonaba un bolero en la radio de Macabita. Una vez comprobado que tenía diez dedos como todas y cada una de las veces que los contaba, Evaristo se dedicaba a la meditación. Se sumía en un estado cercano a la inconsciencia que perturbaba sobremanera a Macabita, que tenía que envolver de nuevo su bocadillo para vigilar que a Evaristo no le pasara nada. Así que Macabita se bajaba de la rama del árbol donde se sentaba e iba a sentarse en un taburete al lado de su hermano Evaristo al que prefería llamar Bobo.<br />
El tiempo transcurría y Macabita no veía la hora de comerse su bocadillo. Temía que con el calor, la mortadela fuera a estropearse.<br />
Pasados unos minutos, Evaristo terminó de meditar y se puso en pie. Macabita desenvolvió el bocadillo y le ofreció un bocado a Bobo, que le pegó un manotazo y el bocadillo se desparramó por el suelo del jardín.<br />
Un bocadillo deconstruido, le dijo Bobo a su hermana, mientras se alejaba.<br />
La meditación había obrado en Evaristo un gran cambio de actitud. Ahora era mejor persona, qué duda cabe. Sin embargo, Macabita, que era pequeña aún para atizarlo, no lo veía así, por supuesto. Macabita no lo conoció en su juventud. Ni siquiera había nacido.<br />
Hace unos años, Evaristo hubiese pisado el bocadillo mientras le gritaba obscenidades y, probablemente, la hubiera golpeado y se reiría y disfrutaría como sólo un sádico puede hacerlo. Luego le advertiría que si decía algo la quemaría con la gasolina que su papá guardaba en el garaje.<br />
Efectivamente, la meditación había obrado en Evaristo un milagro, aunque en realidad lo que había ocurrido era que Evaristo se había excedido una tarde con la medicación y el cerebro había hecho crac o croc y fin de la historia, aunque le quedaban ramalazos como el manotazo que había acabado con el bocadillo de Macabita desparramado por el suelo del jardín, un jardín pequeño y muy cuco que traía sin cuidado a estos dos.<br />
En el papel de periódico que envolvía el bocadillo que ya nadie se comería, había una noticia que les hubiese gustado comentar a los hermanos si hubieran sido capaces de hacerlo. Por lo visto, el queso más caro del mundo se encuentra en Serbia. Se llama Pule (que en serbio significa &#8220;potro&#8221;), y esta elaborado con leche de burra. Un kilo de este queso cuesta mil euros.</p>
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		<title>El señor Klein</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Aug 2013 10:21:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Ripalda</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="padding-left: 30px;"><a href="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2013/08/Mr_Klein.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-621" title="Mr_Klein" src="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2013/08/Mr_Klein.jpg" alt="" width="620" height="390" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2013/08/Mr_Klein.jpg 620w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2013/08/Mr_Klein-300x189.jpg 300w" sizes="(max-width: 620px) 100vw, 620px" /></a></p>
<p style="padding-left: 30px;">Matías Klein murió a la edad de 57 años con la conciencia tranquila y una pierna atrapada en la cosechadora que conducía un desconocido agricultor cegato que lo arrastró muy lejos de donde estaba merendando. La merienda quedó esparcida en un radio de 8,69 metros y algunos pajaritos se acercaron a picotear el bocadillo de salchichón al que Matías Klein se disponía a hincarle el diente cuando se produjo el incidente fatal que acabó con su vida. El único testigo humano que observó la tragedia, sin contar con el agricultor cegato que no se enteró de nada y que siguió su camino, motor en marcha, arrastrando a Matías hasta que su cabeza golpeó con un canchal y se partió como un coco, ruido que percibió, no se sabe cómo, pues asegura su hermana que oído fino nunca tuvo, lo que le gustaba era el bar y la partidita, quedó tan impresionado por la tragedia que se ha ocultado en un monasterio capuchino a la espera del requerimiento final, su encuentro con la madre noche, con la guadaña que, saldadas las cuentas o no, sesgará su vida de una forma, si cabe, menos ridícula que la del señor Klein.</p>
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		<title>Freud nunca durmió solo</title>
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		<pubDate>Fri, 14 Jun 2013 16:02:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Ripalda</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="padding-left: 30px;"><a href="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2013/06/a-pierna-suelta.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-582" title="a pierna suelta" src="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2013/06/a-pierna-suelta.jpg" alt="" width="620" height="365" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2013/06/a-pierna-suelta.jpg 620w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2013/06/a-pierna-suelta-300x177.jpg 300w" sizes="(max-width: 620px) 100vw, 620px" /></a></p>
<p style="padding-left: 30px;">El psicólogo reprende a la madre por haber perdido los estribos. La madre arguye que el hijo, aunque es suyo, eso nadie se lo discute, es una mala influencia para el padre, al que le ha dado por jugar con los playmobil nada más llegar del trabajo y al que hay que pedirle, rogarle que deje de jugar y se siente en la mesa para almorzar. Con reticencias, la cabeza hacia un lado, la lengua colgando del labio inferior, en un gesto que ella reconoce en su hijo y que significa que te den, el padre se sienta en la mesa y ella le pregunta si se ha lavado las manos, cosa que no ha hecho, por supuesto, y entonces se arma un follón para persuadirle de que si no se lava las manos no come. Obviando el hecho de que el menú diario se ha empobrecido cualitativamente, pues solo se puede servir arroz con tomate, huevos fritos, salchichas, filetes de pollo finísimos empanados, algún gallito ocasional sin espinas y, por supuesto, papas fritas, hay que cortarle al padre los filetes en piezas pequeñas para que no se atragante y recordarle continuamente que tiene que beber agua para que el bolo baje. Cuando llega el postre, como estamos en verano, helado; y si no hay helado, nada. La fruta ni probarla, a pesar de que ella se esmera en la presentación de unas coloridas fuentes con trozos de mango en forma de escudos del Capitán América, cerezas deshuesadas, fresones, moras, melón en cuadritos, plátanos en tiras y alguna fruta de temporada (leyó en un blog de autor que a los niños les entra la comida con colores vivos por los ojos, lo que no significa que les entre necesariamente por la boca). Cuando acaba la comida, el padre se encierra en el baño y caga. Luego sale en calzoncillos con alguna revista de videojuegos en la mano o el <em>ipad</em> o el <em>Cinemanía</em> o todo junto, se pone el traje que ha dejado hecho un gurruño sobre la cama del dormitorio y ella le coloca bien el nudo de la corbata antes de que salga por la puerta. Así que, con la esperanza de que el padre cuando vuelva del trabajo a las once de la noche, se comporte como lo que era, un buen padre celoso de su intimidad, ella le prepara todas las noches una cena exquisita con variedades de <em>sushi</em>, pollo al estilo hindú y pinchos variados que aprendió en un curso online de cocina mediterránea, delicias culinarias que el padre siempre rechaza porque prefiere beber del cartón de leche mientras se apoya en el frigorífico con la puerta abierta, para que le dé el frequito en los genitales, y tomarse un bocadillo de salami antes de irse a la cama.<br />
Hasta aquí, pase.<br />
El problema es que todas las noches desde que al marido le dio por jugar con los playmobil imitando a su hijo, y una cosa llevó a la otra, la despierta el padre porque ha mojado las sábanas o bien está llorando desconsoladamente porque hay un monstruo debajo de su cama. Entonces ella se agacha y mira debajo de la cama y, aparte de pelusas, extremidades de muñecos arrancadas y un cochecito verde, no ve monstruos que valgan, y así se lo dice al padre. Luego, se encaja al estilo <em>Tetris</em> con el padre en la cama de ochenta y le hace caricias en la barba hasta que se duerme. Ella vuelve a la cama de uno cincuenta cuando por fin se ha dormido el padre y estira las piernas en la cama y descubre lo bien que se está en la cama, toda la cama para mí, por eso la reprende el psicólogo. Que quiera toda la cama para ella significa que ha tenido una infancia desdichada y que se está vengando así del padre, de su progenitor, el abuelo de su hijo, que, a diferencia de los que cree el psicólogo, era encantador y un señor como Dios manda, con ideas conservadoras, sí, pero no se le hubiera ocurrido jugar con los juguetes de ella o de alguno de sus hermanos. El psicólogo le dice que ella es muy egoísta y que algo tiene que cambiar si quiere que la situación mejore, poner un poco de su parte, le dice, que tampoco cuesta tanto, y olvidarse del pasado, pasar página, cerrar un capítulo, y ella baja la cabeza y asiente mientras se arranca con la uña una postillita que tiene en la rodilla.</p>
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