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	<title>De subir a la montaña me cansocabeza &#8211; De subir a la montaña me canso</title>
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	<description>Responsable de Diseño en el Diario Hoy de Extremadura desde 2012. Escritor de relatos breves donde aplico la máxima de la Escuela Postirónica: &#34;Hablar de unas cosas para decir otras&#34; . Soy consciente de mi ignorancia.</description>
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		<title>Cabezas</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Sep 2016 16:11:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Ripalda</dc:creator>
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<p>El niño con cabeza de niña le pide a su mejor amigo, el niño con cabeza de chorlito, que le corte la cabeza y, claro, el niño con cabeza de chorlito se la corta, que para eso se da mucha maña, anda que no. Ahora el niño con cabeza de niña no tiene cabeza; bueno, si que la tiene, pero no la lleva puesta sobre los hombros, sino bajo el sobaco, así que parece que se está paseando con la cabeza de una muñeca rubia, una cosa macabra, se mire por donde se mire. Los niños en el colegio le dicen marica, supone, y supone bien, porque lleva su jeta de niña bajo el brazo, y él, qué duda cabe, no puede cagarse a gusto en las familias de estos niñatos de mierda, más que nada porque donde antes estaba la boca no hay nada y ningún insulto puede salir de ella. El niño que antes tenía una cabeza de niña por cabeza trata de ajustarse la cabeza de nuevo para poder ciscarse en los muertos de los niños y también porque entiende que es la única forma de engullir bocado, pues hambre tiene desde hace rato. Tras fracasar muchas veces intentando sujetar la cabeza al cuello cercenado, ha decidido echarse la sopa, como quien dice, por la espalda, que algo caerá dentro, y los tropezones de pollo y pan frito serán bienvenidos. Su amigo, el niño con cabeza de chorlito, no ha vuelto a tener noticias de su amigo, el niño con cabeza de niña, pero tampoco es que lo eche mucho de menos, la verdad, aunque se cruza con un niño sin cabeza que, bajo el sobaco, atesora una cabeza de niña rubia preciosa que al niño con cabeza de chorlito le gustaría chutar por los aires y gritar gol y gol y gol.</p>
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		<title>La tangente</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Jan 2016 10:58:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Ripalda</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2015/11/Tangente.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-1009" title="Tangente" src="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2015/11/Tangente.jpg" alt="" width="468" height="665" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2015/11/Tangente.jpg 468w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2015/11/Tangente-211x300.jpg 211w" sizes="(max-width: 468px) 100vw, 468px" /></a></p>
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<p>Al hombre le dice su doctor de toda la vida que le queda media hora de vida, pero que no se preocupe, que con el precario material quirúrgico del que dispone, puede abrirle el cráneo y sacarle los malos pensamientos que lo llevarán a la tumba si no se da prisa, y no pierde la oportunidad para comentarle que ha sido una suerte encontrar la causa de tanta desazón y de tanto estreñimiento últimamente, cuando el hombre  —lo lee en su historial— es más bien de digestiones fáciles.<br />
El hombre, por no llevarle la contraria al doctor, que asistió a su madre en el nacimiento de su hermana, la pequeña —lo que tal vez explique que esté tarada desde su nacimiento, cuando la familia supuso entonces cierta lentitud en el habla porque era una chica <em>sensible</em> (y no una insensible de mucho cuidado)—, le dice que lo disculpe, que le está dando un infarto ahí mismo y que no sabe si lo superará ahora que otras preocupaciones le invaden la cabeza.<br />
El doctor, blandiendo un bisturí que no ha sido esterilizado desde el año de inauguración del centro de salud, quince años atrás, le practica al hombre una incisión en un lateral de la cabeza, aunque no le parece el procedimiento más adecuado, así que decide practicarle la incisión en el otro lateral, que no sabe si es el izquierdo o el derecho —el entendimiento no le da para más en este preciso momento—, pero que no pierde nada por probar, claro, pues la situación, bien lo sabe Dios, lo requiere y hasta lo justifica, y le abre el melón al hombre sin contemplaciones.<br />
El doctor descubre que no hay ningún mal pensamiento que extraer, que su diagnóstico infalible no lo es en absoluto y que el hombre sí que se le está muriendo <em>ahí mismo</em>, aunque se alarma lo justo, conste, pues no es que el mundo vaya a dejar de girar sin su presencia, la de este hombre, y a la hermana mongola, qué duca cabe, le vendrá de perlas que haya menos familiares directos para cuando toque repartir la herencia, que todo llega.</p>
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		<title>Asterisco me hallo</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Jun 2014 09:40:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Ripalda</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2014/06/AsteriscoFB.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-808" title="AsteriscoFB" src="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2014/06/AsteriscoFB.jpg" alt="" width="454" height="305" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2014/06/AsteriscoFB.jpg 454w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2014/06/AsteriscoFB-300x202.jpg 300w" sizes="(max-width: 454px) 100vw, 454px" /></a></p>
<p>El hombre salió de su cabeza y se puso a hacer flexiones. Luego, satisfecho por el esfuerzo y notando que los músculos le quemaban todavía un poco, se preparó una limonada imaginaria que no evitaría las molestas agujetas de sus flexiones matutinas imaginarias. Antes de ponerse con lo suyo, le dedicó unos minutos al noticiario de la radio. Todo eran buenas noticias. Las cosas mejoraban. No podía ser de otra forma. Las noticias imaginarias permitían estos desvaríos.<br />
El hombre volvió a su cabeza y se dispuso a redactar su informe imaginario. Escribía a mano porque le gustaba ver la evolución de su caligrafía imaginaria. Era un hombre concienzudo que no se permitía extravagancias ni notas a pie de página. Por supuesto, consideraba de mal gusto atender llamadas mientras redactaba su informe. Nada de interferencias imaginarias que pudieran distraerlo de su cometido. Lo primero era lo primero. El hombre terminó su informe y volvió a salir de su cabeza. No le pareció extraño que ya fuese mediodía. El tiempo imaginario permitía aquellos desajustes. El hombre se preparó un colacao imaginario, resolvió el crucigrama dominical y puso un disco imaginario de Arcade Fire que nunca había escuchado antes. Escuchó con atención, aunque no entendía el idioma por falta de una formación adecuada y un desinterés imaginario por los estudios que le hubiese facilitado el ascenso al servicio de mensajería.<br />
El hombre le entregó el informe imaginario al mensajero imaginario con el que se cruzó cuando estaba llegando a su cabeza. La siesta le esperaba.<br />
Al despertar, era ya de noche. El hombre salió de su cabeza y se tumbo boca arriba para mirar las estrellas imaginarias y vio que cruzaba el espacio un cohete rojo y amarillo.<br />
Por la mañana, su falta de imaginación rebajó considerablemente la credibilidad de su historia. Hasta su jefe imaginario pensó que se lo inventaba todo. ¡Y un cohete, nada menos!<br />
El hombre nunca más volvió a salir de su cabeza.</p>
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		<title>La terrorista frígida</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Jan 2014 13:02:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Ripalda</dc:creator>
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<p style="padding-left: 30px;">La raíz del problema nunca ha sido -como nos dijeron en su día los expertos-, la falta de interés sexual de la terrorista, sino el vacío informativo que se instauró en todos los medios de comunicación de la zona. Qué duda cabe de que, aunque la terrorista hubiese perdido el apetito sexual, aquel factor no la imposibilitaba para poner bombas o secuestrar al empresario de turno. De hecho, argumentaron los últimos expertos consultados, puede que precisamente esa falta de interés sexual, esa represión inconsciente de sus más íntimas y despreciables bajezas, la haga, incluso, más peligrosa, pues tiene que descargar todo ese torrente de energía que no ha gastado en acciones violentas, acciones que casi siempre están diseñadas para provocar heridos, mutilados, muertos y, sobre todo, muchísimo dolor a las familias.<br />
La terrorista, ajena a estas disquisiciones sobre si se le han ido las ganas de follar o no, sigue preparando el secuestro que, sospecha, la encumbrará en algún puesto clave de la organización que ella misma dirige. La terrorista planea secuestrar al hijo sarasa de un comerciante de bobinas de hilo que ha hecho fortuna en el extranjero evadiendo sanciones administrativas de las molestas burocracias, lo que le ha permitido contratar mano de obra a coste cero y conocer gente muy bien situada a la que hacer favores que serán debidamente correspondidos, obviamente, cuando sea necesario. Hasta aquí, lo normal. Y no habría nada que objetar, de hecho, si algunos chanchullos y chapuzas no los hubiera aireado cierta prensa más interesada en el bien común que en el propio y que no supo -o no pudo, apuntan fuentes confidenciales- poner el cazo en su día, y ahora se dedica a criticar hasta la apertura de hospitales y obras de calado social que sirven, qué duda cabe, para enjuagar la mala imagen que las empresas del comerciante transmiten a ciertos ciudadanos desorganizados que, aunque tienen toda la razón, carecen de la necesaria voz. Así que la terrorista <em>malfollá</em>, que es como se la conoce coloquialmente en el comité de expertos que estudian su caso y también el de un monitor de pilates con tendencia a la depresión, especialmente cuando ciertos atletas fingen que la práctica de <em>spinning</em> es infinitamente mejor para fortalecer el músculo cardíaco que el <em>ciclo indoor,</em> se enfrenta a la disyuntiva de si pedir, por un lado, una cantidad razonablemente elevada que le permita retirarse a medio plazo, teniendo en cuenta que no se va a dedicar toda la vida a ser una terrorista -esto lo tiene claro desde el primer día que se metió en harina-, o bien pedir, por otro lado, un rescate desorbitado con el que poder regatear e ir bajando la cantidad poco a poco, en sucesivas llamadas que pondrían al empresario y a su familia histéricos y, finalmente, cobrar el rescate pactado, que le sería entregado en una mochila cochambrosa en algún paraje siniestro y oscuro, sin cumplir, por supuesto, la otra parte del trato, que consistiría en la liberación del hijo sarasa, que no tiene culpa de tener el padre que tiene, pero bien que se ha aprovechado, sano y salvo, acción que la terrorista no llevaría a cabo, a menos que tuviese poderes sobrenaturales, pues le habría descerrejado un tiro en la cabeza en cuanto se hubiese subido al coche y luego lo habría dejado en alguna zanja cubierta con hormigón sobre la que el constructor de turno, una vez solventados los problemas con el consistorio mediante cheque al portador o, en su defecto -y preferiblemente-, sobres más o menos abultados dependiendo del escalafón al que se dirigiese, levantaría un complejo de apartamentos de ínfima calidad para pobres con vistas a patios interiores.<br />
En cualquier caso, la terrorista, que, como ya hemos adelantado, no sabe nada de este comité que estudia la posibilidad de que tenga algún desorden hormonal o menopausia precoz que la imposibilita para sentir deseos sexuales o que, al menos, le niega la posibilidad de darse lo que cuidadosamente han denominado &#8220;un respiro&#8221; ante tanto exceso de realidad, desinformación y mala idea, ha decidido, conforme avanzaba en la logística del secuestro, que se va a pegar un volteo por el bar de moda para tomar un poco el aire y que se le quite este dolor de cabeza tan horrible que se le ha levantado de haber estado mirando planos y rutas de escape alternativas y ha decidido, en un arranque de improvisación nada frecuente en ella, que si le gusta algún hombre lo mismo hasta se lo tira, futurible que, de llevarse a cabo, supondría la inmediata disolución del comité de expertos que estudian su caso y el del monitor de pilates con tendencia a la depresión porque los fondos asignados les serían inmediatamente retirados si saliera a la luz que la terrorista frígida obviamente no lo es, como sustentarían inequívocamente las pruebas que tendrían si tuviesen la más remota idea de dónde está la terrorista de los cojones y cuál será su siguiente movimiento, exceptuando el más que probable revolcón que se va a dar la militante de la célula terrorista de un solo miembro y que, sin ser ni guapa ni simpática ni falta que le hace, tiene sobrados recursos para ligarse a un tío.</p>
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		<title>Ahorra quien sabe</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Jan 2013 16:29:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Ripalda</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La mujer que escatima celofán a la hora de envolver los regalos de su hijos, no duda ni un instante a la hora de empuñar la katana decorativa que adorna su salón y cortarle la cabeza al duende de la Navidad que se iba con un pestiño extra, un pestiño de más, un pestiño que [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="padding-left: 30px;"><a href="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2013/01/Ahorro.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-551" title="Ahorro" src="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2013/01/Ahorro.jpg" alt="" width="620" height="194" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2013/01/Ahorro.jpg 620w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2013/01/Ahorro-300x94.jpg 300w" sizes="(max-width: 620px) 100vw, 620px" /></a></p>
<p style="padding-left: 30px;">La mujer que escatima celofán a la hora de envolver los regalos de su hijos, no duda ni un instante a la hora de empuñar la katana decorativa que adorna su salón y cortarle la cabeza al duende de la Navidad que se iba con un pestiño extra, un pestiño de más, un pestiño que no le pertenecía en absoluto.<br />
Este acto demuestra sin duda lo buena y ahorrativa madre que es.</p>
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		<title>La importancia de la imagen</title>
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		<pubDate>Thu, 31 May 2012 19:32:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Ripalda</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Un hombre camina sin prisa por la acera de una calle céntrica y se detiene a mirar un escaparate. El hombre, en el mismo acto de mirar ese escaparate, se percata de su reflejo, así que deja de interesarle el escaparate y se fija en su figura, en lo aparente que va, y eso que [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="padding-left: 30px;"><a href="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2012/05/LASILLA.gif"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-259" title="LASILLA" src="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2012/05/LASILLA.gif" alt="" width="628" height="441" /></a></p>
<p style="padding-left: 30px;">Un hombre camina sin prisa por la acera de una calle céntrica y se detiene a mirar un escaparate. El hombre, en el mismo acto de mirar ese escaparate, se percata de su reflejo, así que deja de interesarle el escaparate y se fija en su figura, en lo aparente que va, y eso que ha cogido lo primero que vio al abrir el armario. Aunque los calzoncillos le aprietan un poco y empiezan a sudarle las axilas bajo la camisa a medida, luce, eso piensa, como un modelo de anuncio. La mujer, escudada tras las lamas de las persianas, lo observa desde la seguridad del balcón. Al volverse, no le inquieta el reflejo que su figura dibuja en el espejo con efecto adelgazante. No estoy nada mal, piensa el hombre, encantado con el reflejo que de sí mismo percibe gracias a la incidencia de la luz solar, ligeramente atenuada por las partículas de polvo cósmico, escapes de coches y restos de sofrito y lentejas, sin olvidar la importancia de la conjunción de Saturno con Alpha Pi-287, asteroide que aún está por descubrir y que desde su misma imposibilidad de estar ahí, niega, entre otras cosas la existencia de Dios y las bondades del papel reciclado, un camelo en toda regla. Desconocedores los seres vivos que pueblan Alpha Pi-287 de que el ser supremo al que llaman Hombre-Cegado-Por-Su-Figura-Frente-A-Un-Escaparate existe, pues se está inscribiendo, de hecho, en lo real, en ese preciso instante y hasta hay una mujer que es testigo de ello mientras se atiborra de ponche y galletas saladas y escucha como una lolita vigoréxica uno dos venga uno dos esa pierna con vigor uno dos vamos venga venga ánimo un poco más así sí sí otra vez uno dos, y se lamenta en el plano psicológico de que en las fotografías de boda salga siempre con los ojos cerrados. A todas luces, la mirada de la mujer ha transformado a ese hombre en un triunfador, nada que ver con la foto del difunto que descansa en la papelera, ¿desde hace cuánto?, pero no en un dios y, ni mucho menos, en Dios mismo.<br />
Tendrán que pasar millones de años, millón abajo, millón arriba para que el recuerdo (¿alguien se acuerda ya?) de la mirada de esa mujer que descansa sobre el hombre que se refleja y se gusta y que cree en otra vida pero no en otras, en su reencarnación sí, se vea interrumpido, el recuerdo, en el espacio-tiempo más elemental, por la agresiva publicidad alienígena que alaba los efectos beneficiosos para el ego de los espejos engordantes, pues esos tipillos tan canijos ya no se llevan en mundo alguno, recita una cabeza parlante, mientras los últimos habitantes de Alpha Pi-287 se disponen a perecer carbonizados en el interior de inmensas cubas pirolíticas.</p>
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