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	<title>De subir a la montaña me cansocuento &#8211; De subir a la montaña me canso</title>
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	<description>Responsable de Diseño en el Diario Hoy de Extremadura desde 2012. Escritor de relatos breves donde aplico la máxima de la Escuela Postirónica: &#34;Hablar de unas cosas para decir otras&#34; . Soy consciente de mi ignorancia.</description>
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		<title>Mamíferos</title>
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		<pubDate>Thu, 26 May 2016 16:42:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Ripalda</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; El muchacho que regala cartas de amor no se molesta cuando la princesa de cuento de hadas escoge otra carta porque la que le regaló no la convence. El muchacho que regala cartas de amor [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2016/02/Mamíferos_3FB.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-1025" title="Mamíferos_3FB" src="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2016/02/Mamíferos_3FB.jpg" alt="" width="482" height="678" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2016/02/Mamíferos_3FB.jpg 482w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2016/02/Mamíferos_3FB-213x300.jpg 213w" sizes="(max-width: 482px) 100vw, 482px" /></a></p>
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<p>El muchacho que regala cartas de amor no se molesta cuando la princesa de cuento de hadas escoge otra carta porque la que le regaló no la convence. El muchacho que regala cartas de amor le pregunta si no quiere que le escriba una de su puño y letra, y hasta le sugiere a la princesa de cuento de hadas que le dicte las palabras que desea leer. Sorprendida por tal atrevimiento, la princesa de cuento de hadas, que ha percibido cierta sorna en el timbre de la voz del muchacho, lo manda arrestar de inmediato.<br />
El muchacho que regala cartas de amor, que acaba de ser arrojado a un calabozo sucio y maloliente, no se inmuta cuando el verdugo le entrega una nota manuscrita de la princesa de cuento de hadas en la que puede leer que <em>no habrá cielo allá donde va</em>, y estas palabras vienen rodeadas con un círculo de color morado.<br />
Cuando el hacha separa la cabeza del muchacho que regala cartas de amor, la princesa de cuento de hadas, desde la balconada estilo rococó construida para no perderse ningún detalle, aplaude histéricamente. Y sin saber qué maldito hechizo lo provoca, no puede dejar de hacerlo.</p>
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		<title>Momo</title>
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		<pubDate>Wed, 07 May 2014 12:08:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Ripalda</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="padding-left: 30px;"><a href="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2014/04/momo.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-780" title="momo" src="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2014/04/momo.jpg" alt="" width="482" height="701" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2014/04/momo.jpg 482w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2014/04/momo-206x300.jpg 206w" sizes="(max-width: 482px) 100vw, 482px" /></a></p>
<p style="padding-left: 30px;">Y es que la Momo momito linda se acurruca bajo el flexo con la excusa de que tiene frío y de paso aprovecha y hace como que estudia sigue interesada mis lecturas que son las suyas o  su cola que es de ella y nunca mía zarpazo que te crió si la tocas yo le aparto las cosas de la mesa porque ella tiene su lugar un lugar privilegiado pegada la Momo momito al calor de la bombilla de 60 vatios del flexo se pone a mirar la pared de un tono celeste y cuando la cabecita le arde me mira como diciendo ya puedes dejar de mirarme y trabaja su cola recogida mira hacia arriba hacia la luz esa fuente de calor que no es un radiador pero que calienta igual y cierra los ojitos como si tomase un baño de sol toda digna que no posa a veces gruñe está muy pendiente de la pantalla del ordenador gata negra gata común que no tiene nada de común y cuando alcanzamos la concentración porque está silencioso o porque se concentra de algún modo en la música que pongo eso quiero creer adorable momito y casi no respiro y la Momo momito linda de vez en cuando maúlla con su ujj ujj que yo no entiendo y entonces estás perdido porque se te sube encima y se estiraja sobre uno que escribe incluso este cuento mismo de ahora una gata <em>gourmet</em> que juega con las gambas y los boquerones pero que adora el pan tostado que le chifla el jamón de york que se pone como loca que te lo quita de la mano cosa negra el sillón la casa tú mismo sois de ella qué te pensabas gata ilustrada no perdona una siestecita que le dura toda la mañana y yo no sé si la idea de tener un gato o una gata o un rinoceronte hubiera sido lo mismo sin la Momo.</p>
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		<title>Los cuentos invisibles</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Feb 2014 16:08:47 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Mi tío Paco, que nunca fue un hombre de muchas palabras, desapareció literalmente aquella tarde en que se estaba tan bien al solecito. A mi tío Paco se le podía encontrar todas las tardes escribiendo en el café. Lo hacía en una libretita donde anotaba frases, pensamientos, esbozos que luego convertía en cuentos o, incluso, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="padding-left: 30px;"><a href="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2014/02/los-cuentos-invisibles.jpg"><img loading="lazy" class="wp-image-752 alignright" title="los cuentos invisibles" src="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2014/02/los-cuentos-invisibles.jpg" alt="" width="376" height="504" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2014/02/los-cuentos-invisibles.jpg 502w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2014/02/los-cuentos-invisibles-224x300.jpg 224w" sizes="(max-width: 376px) 100vw, 376px" /></a>Mi tío Paco, que nunca fue un hombre de muchas palabras, desapareció literalmente aquella tarde en que se estaba tan bien al solecito.<br />
A mi tío Paco se le podía encontrar todas las tardes escribiendo en el café. Lo hacía en una libretita donde anotaba frases, pensamientos, esbozos que luego convertía en cuentos o, incluso, los cuentos mismos, pues algunos eran mínimos. Supongo que escribió menos cuentos de los que le hubiera gustado. Mi preferido, que nunca vio la luz porque ninguna editorial se lo publicó —ni este cuento ni ninguno—, sigue siendo aquel que escribió después de que su mujer le regañase por haber pisado el suelo mojado que ella acababa de fregar.<br />
Mi tío quería ser Saul Bellow, pero comprendió sin atisbo de amargura, que nunca lo conseguiría. Bellow era imposible; Carver, tal vez; Vila-Matas, a veces.<br />
Recuerdo vivamente la impresión que me causó. En el relato había un jinete (un soldado, creo recordar) que se pierde en la nieve y descubre con asombro que no siente frío, pero el caballo sí, por lo que tiene que abandonarlo y caminar solo hasta descubrir, al final del cuento, cuando llega por fin a una casa que conoce bien —porque en el ático de aquella casa la besó por primera vez y por la ventana de una de las habitaciones de la parte de atrás tuvo que escapar cuando llegaron los otros y se la arrebataron para siempre—, que se le había helado el corazón. También me acuerdo de la historia de un niño que cierra los ojos, no sé a cuento de qué, y cuando los abre sus padres se han ido y a su lado hay una maleta y ninguna nota, y el niño coge la maleta y se va a a descubrir el mundo, y descubre que es adoptado y extraterrestre. Historias muy locas, descabelladas, algunas totalmente inverosímiles, y un largo etcétera de historias sensibles y para nada ñoñas.<br />
Mi tío Paco escribía en su libretita, sentado en una cafetería a pocos metros de su casa porque en su casa no podía escribir. Siempre estorbaba. Y si no estorbaba, no estaba, es decir, no estaba estorbando, y, entonces, era incluso peor, así que se ahorraba la bronca, la discusión, aunque, en realidad, no se ahorraba nada, porque la bronca, la discusión siempre acababa llegando. Supongo que mi tío pensaba que mejor después que antes; después de escribir, se entiende, después de haber hecho los deberes que él mismo se imponía, un ejercicio que le mantenía ocupada la cabeza y lo instalaba en la certeza de que una única realidad contenía otras muchas.<br />
Por no estorbar, estuviese o no estorbando, mi tío Paco decidió aquella tarde en que se estaba tan bien al solecito que se iba. No hubo ningún humo blanco como de mago, ni ninguna explosión pirotécnica, ni ningún otro truco, pero el caso es mi tío Paco desapareció. Su mujer dijo que no le iba a perdonar a su marido aquel desplante. Que cómo se le ocurría desaparecer así, ahora que estábamos tan bien. Y yo, mientras la mujer hablaba y hablaba y se despachaba a gusto, solo podía imaginar las pisadas invisibles de mi tí Paco alejándose, de puntillas y sin rencor, de aquella existencia inmerecida, dirigiéndose al café donde seguiría escribiendo relatos para él mismo y que nunca verían la luz, blanco sobre blanco, invisibles ambos, por fin.</p>
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		<title>Una historia de la evolución natural</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Oct 2013 15:42:26 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[El honorable señor feudal le prometió a su hija un pretendiente digno de su confianza el día de su decimoctavo cumpleaños, pero como no encontró a ningún pretendiente del que fiarse le pidió a una bruja que le cortase un brazo para que de él sacara, al modo de Adán y Eva y lo de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="padding-left: 30px;"><a href="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2013/10/Feiticeira.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone  wp-image-693" title="Feiticeira" src="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2013/10/Feiticeira.jpg" alt="" width="609" height="781" /></a></p>
<p style="padding-left: 30px;">El honorable señor feudal le prometió a su hija un pretendiente digno de su confianza el día de su decimoctavo cumpleaños, pero como no encontró a ningún pretendiente del que fiarse le pidió a una bruja que le cortase un brazo para que de él sacara, al modo de Adán y Eva y lo de la costilla aquella, a un joven apuesto, hermoso, y, sobre todo, digno de su confianza. Con los años, lo que había sido un brazo y luego un príncipe de discreta belleza, decapitó al honorable señor feudal, que era un tirano de cuento, mientras la hija, felicísima, se dispuso a vivir como una reina.</p>
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		<title>El niño bajo el disfraz</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Oct 2013 15:43:06 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="padding-left: 30px;"><a href="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2013/10/Benjamin-Button.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-663" title="Benjamin Button" src="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2013/10/Benjamin-Button.jpg" alt="" width="620" height="349" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2013/10/Benjamin-Button.jpg 620w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2013/10/Benjamin-Button-300x169.jpg 300w" sizes="(max-width: 620px) 100vw, 620px" /></a></p>
<p style="padding-left: 30px;">Entonces, ¿qué crees que hizo nuestro héroe? ¿No lo sabes? Pues te diré lo que hizo. Nuestro héroe dejó que lo apresaran porque tenía planeado encontrarse con el capitán Malapata en prisión. Ya se preocuparía de salir de los muros infranqueables de los que nunca había conseguido escapar nadie. Nuestro héroe se dijo a sí mismo que siempre hay una primera vez para todo.<br />
El abuelo le cuenta al nieto la historia que recuerda de cuando era niño y, por supuesto, no evita invenciones sobre la marcha y alguna trasgresión histórica sin importancia. Y el nieto, mientras se embelesa con la historia, también se va quedando dormido, pues ese es el propósito final del cuento, que se duerma, y antes de caer del todo, le llama la atención el tamaño del abuelo, que ha menguado, le parece al niño, que está ya casi dormido, y se ha ido convirtiendo en otro niño de su misma edad, que, metido en una caja de cartón, se defiende de las olas y de las sirenas y con la tapa de una vieja olla evita los abordajes de los piratas Malapatas que pueblan su habitación mientras con la otra mano, no sabe si con la izquierda o con la derecha, cercena las cabezas de monstruos marinos con cabeza de dragón que escupen fuego y confeti y vuelan por la habitación sorteando la lámpara de Caillou y cayendo a plomo sobre su edredón finalmente.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Todo el oro del mundo</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Jun 2012 21:37:55 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Al niño le gustan los cuentos. Pero le gustan los cuentos así, rapiditos, que no se abunde en los detalles. Porque el niño tiene que dormir sus nueve horas y no permite que estas ficciones, más o menos elaboradas por su madre la mayoría de las veces, a partir de cuentos populares que han sobrevivido [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="padding-left: 30px;"><a href="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2012/06/todo-el-oro.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-293" title="todo el oro" src="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2012/06/todo-el-oro.jpg" alt="" width="620" height="662" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2012/06/todo-el-oro.jpg 620w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2012/06/todo-el-oro-281x300.jpg 281w" sizes="(max-width: 620px) 100vw, 620px" /></a></p>
<p style="padding-left: 30px;">Al niño le gustan los cuentos. Pero le gustan los cuentos así, rapiditos, que no se abunde en los detalles. Porque el niño tiene que dormir sus nueve horas y no permite que estas ficciones, más o menos elaboradas por su madre la mayoría de las veces, a partir de cuentos populares que han sobrevivido generación tras generación, le quiten el sueño. La madre, por supuesto, se pierde en los detalles que nada aportan al desarrollo de la acción y el niño la manda a hacer puñetas. En cambio, cuando el padre le lee un cuento cumple con exactitud lo que demanda el niño, más que nada porque llega a las tantas y se quiere desprender del cuento y del niño lo antes posible, aun a riesgo de que le reprenda la psicoterapeuta. Así que cuando el niño se hace mayor y tiene que contarles un cuento a sus padres -de dónde y con quién estuvo anoche-, elabora un breve discurso que improvisa allí mismo mientras en la tele repiten por vigésimosexta vez el capítulo donde Tito, que está llorando desconsoladamente, anuncia que ha muerto Chanquete. La madre, sorprendida no por la muerte de Chanquete, sino por las palabras del niño, que ya no es tan niño, aunque se empeña en tratarlo como tal, procesa cada palabra como si cada una fuese una muñequita rusa, lo que imposibilita que siga el hilo del cuento del niño que, por supuesto, el padre no se cree, pues hay contradicciones y hasta imposibilidades lógicas, como la de que estuvo físicamente presente en dos sitios a la misma hora, lo que supondría que su hijo es Dios, algo que el padre desecha no por ateo sino por sentido común. El niño, que siempre tiene mucha prisa, quiere quitarse de encima el muerto y a otra cosa mariposa, lo que traducido al lenguaje de su desfachatez significa que quiere irse a dormir porque está muy cansado y no está dispuesto a aguantar una reprimenda.<br />
Cuando el niño se levanta recuperado por completo de los excesos, su madre le dice que es ya la hora de cenar pero el niño pasa como de comer mierda de cenar con sus progenitores y se traga un litro de leche directamente del tetrabrik, de pie y en calzoncillos.<br />
Al día siguiente, el niño no se molesta en ponerle nombre a su examen de trigonometría y lo entrega tal cual. A veces bosqueja una sonrisa de gato en el país de las maravillas en una esquina del folio. El niño, pese a su educación en colegio concertado -con posibilidad de ética o religión-, de respeto anda escaso. El niño, siguiendo el ejemplo de sus iguales y de parte de la programación de la MTV y Neox, confía en que venga alguien y descubra su singular talento. Pero que sea rápido, se dice el niñato, mientras espera.</p>
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