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	<title>De subir a la montaña me cansoculpa &#8211; De subir a la montaña me canso</title>
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	<description>Responsable de Diseño en el Diario Hoy de Extremadura desde 2012. Escritor de relatos breves donde aplico la máxima de la Escuela Postirónica: &#34;Hablar de unas cosas para decir otras&#34; . Soy consciente de mi ignorancia.</description>
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		<title>Cante jondo</title>
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		<pubDate>Tue, 20 May 2014 16:27:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Ripalda</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2014/05/Cante.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-789" title="Cante" src="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2014/05/Cante.jpg" alt="" width="624" height="405" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2014/05/Cante.jpg 624w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2014/05/Cante-300x195.jpg 300w" sizes="(max-width: 624px) 100vw, 624px" /></a></p>
<p>He cometido mucho errores a lo largo de mi vida y me he arrepentido muchas veces. Puntualmente, he sentido la tentación de redimir lo que hice mal —o lo que creí haber hecho mal— a través de la confesión, pero como nunca he sido un verdadero creyente, no me ha dado resultado y he tenido que cargar con la culpa día tras día. Lo que sí que me ha dado resultado, ahora que me lo preguntas, es cantarle las cuarenta, expresión de mi abuela que viene que ni pintada, a quien se merecía que le cantasen alto y claro. A lo mejor no he cantado las cuarenta en el mejor momento —mi don de la oportunidad sería digno de estudio—, pero la persona elegida merecía, por méritos propios, el cante, incluso no siendo yo el más indicado para cantar, te lo aseguro. Eso sí, nada comparable a lo que me cantó mi hija cuando tenía cinco años y yo dos menos que ahora en el calor de una pataleta monumental que zanjé con un tortazo. Tú eres malo, tienes los dientes sucios, me cantó la señorita de buenas a primeras, porque le había dicho que no hiciese algo o que dejase de hacer ese algo o, lo más probable, que se estuviese quieta, estuviese o no haciendo algo. Yo era malo porque tenía los dientes sucios. Esto me hizo sentirme como un monstruo. Tenía los dientes sucios porque estaba comiendo galletas de chocolate, le expliqué, como si esto invalidase su cantada. Pero es que hubo, en la forma de cantarlo, auténtico odio. Porque puedes sentir odio y no tener nada en contra de esa persona. Es un momento, un par de segundos que no te aguantas a ti mismo ni a la madre que te parió, y cantas las cuarenta o las cincuenta, si te pones. De hecho, llegas a odiar a quien más quisiste, que se lo digan a mi amigo Mauricio, y cómo le ha cambiado la vida desde que se divorció tras cantarle su mujer, altavoz en mano, que no lo aguantaba más y que qué se creía él, que era como todo el mundo, nada especial, no, peor, mucho peor.<br />
El caso es que mi hija me cantó aquello de que era malo porque tenía los dientes sucios y desde ese día me cuido mucho de sonreír en público.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Culpable</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Jun 2012 19:09:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Ripalda</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="padding-left: 30px;"><a href="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2012/06/culpable1.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-291" title="culpable" src="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2012/06/culpable1.jpg" alt="" width="620" height="372" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2012/06/culpable1.jpg 620w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2012/06/culpable1-300x180.jpg 300w" sizes="(max-width: 620px) 100vw, 620px" /></a></p>
<p style="padding-left: 30px;">Hubo quien le prejuzgó sin pruebas. Bastaba verlo allí sentado para darlo por hecho. Aquel aspecto de culpable lo delataba. Lo tenía por mucho que intentara disimularlo. Era un hecho. Indiscutible. Culpable. Se mirase por donde se mirase.<br />
Cuando quebró el gabinete le echaron la culpa a él.<br />
Cuando atracaron la sucursal en la que él estaba sacando dinero en ese momento, a pesar de la evidente imposibilidad lógica, le señalaron todos a una, incluida la cajera que lo atendió.<br />
Cuando decidió tomar el autobús y no el metro y se inundó la línea 6 desde Legazpi a Manuel Becerra le echaron la culpa.<br />
Su pinta de culpable lo delataba. Si se disfrazaba, daba aún más el cante. Así que optó por no salir de casa. Tenía internet y teléfono. Todo al alcance de un clic o una llamada.<br />
Pero no contaba con el servicio técnico.<br />
Le culparon del bajo nivel de cobertura, de que los diez megas prometidos no llegaban a los tres reales y de que ya estaba bien de tarifas abusivas. Y también de la subida de la luz, del aumento del precio del pan y de la leche, de que la sección de congelados del hiper se hubiese puesto en huelga, de los malos resultados del Madrid en la liga.<br />
Un chorreo incesante de pleitos lo inundó y tuvo que salir de su refugio.<br />
Cuando se quitó la vida, le culparon de haberlo hecho sin el consentimiento de la comunidad de vecinos y de sus allegados más íntimos, a saber: el cobrador del frac y un tal Benítez que le demandaría por no prestarle atención mientras iba en caída libre hacia su propósito sin percatarse <em>in extremis</em> de que en la planta decimoprimera un pato a la naranja se estaba chamuscando en el horno. Benítez no cenó pato esa noche y pidió una pizza.</p>
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		<title>La culpa</title>
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		<pubDate>Fri, 18 May 2012 20:41:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Ripalda</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="padding-left: 30px;"><a href="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2012/05/La-culpa.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-243" title="La culpa" src="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2012/05/La-culpa.jpg" alt="" width="620" height="460" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2012/05/La-culpa.jpg 620w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2012/05/La-culpa-300x223.jpg 300w" sizes="(max-width: 620px) 100vw, 620px" /></a></p>
<p style="padding-left: 30px;">Empecé a toser el día que tuve mi primera erección voluntaria. Luego estuve tosiendo en la comunión de Paquita y hasta el párroco me llamó la atención. Tosí en la boda de Aurelio y cuando tuve mi primera cita con aquella chica tan alta a la que no pareció importarle que su escote se llenara de microbios, aunque cuando terminó de referirme sus logros académicos, que eran muchos y distintos, la cosa se enfrió y volví a mis toses y erecciones en solitario. También tosí el día que nos graduamos y en la extremaunción del abuelo Carlos. Tosí en la mili y me pase más guardias entre la vigilia y el sueño de las que puedo recordar. Tosí en los exámenes de Biología y sobre los estampados de Casa Marlu cuando elegimos las cortinas para el ajuar de mi hermana. Tosí en los camerinos de Patricia y en los armarios de Amelia mientras esperaba a que se fuera su marido que, por supuesto, era sordo como una tapia. Tosí el día que presenté el libro “¿Por qué toso? Dímelo tú” y, por supuesto, en su exitosa continuación “Sigo tosiendo, ¿y qué?” Tosí el día que descubrí que tenía un hermano gemelo que estornudaba. Nos hicimos duo cómico pero el asunto no prosperó. Al poco, los estornudos y las toses dejaron de tener tirón y se pusieron de moda los tics nerviosos en los párpados. Tosí el día de mi boda, mientras cortaba el pastel y hasta cuando me disponía a desabrocharle el sostén a Clara, la hermana de mi mujer. Tosí cabreado y tosí contento por los triunfos y decepciones de mi hija Lila. Tosí en la parada del autobús aunque evité finalmente que atropellaran a la vieja que, agradecida y sin apenas aliento, me recomendó guardar cama unos días y tomar no sé que mejunjes con nombres de herbolario maya. Tosí la noche que expulsé mi primera piedra del riñón y en la convención de Enfermedades Raras, Mal Curadas e Inexplicables. Tosí, contra todo pronóstico, cuando no debía toser bajo ningún concepto. Hasta me enviaron a la Luna y tosí de alegría mientras la gravedad me hacía perder el equilibrio y me aflojaba el vientre, así como estaba, bocabajo. Hoy, día de mi 65 cumpleaños, no he tosido en todo el día y me he sentido extraño. He bajado a la farmacia y he pedido 79 botes de jarabe para la tos. El farmacéutico no ha dicho nada y, en confianza, me ha regalado uno.</p>
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