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	<title>De subir a la montaña me cansoficción &#8211; De subir a la montaña me canso</title>
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	<description>Responsable de Diseño en el Diario Hoy de Extremadura desde 2012. Escritor de relatos breves donde aplico la máxima de la Escuela Postirónica: &#34;Hablar de unas cosas para decir otras&#34; . Soy consciente de mi ignorancia.</description>
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		<title>Todo el oro del mundo</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Jun 2012 21:37:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Ripalda</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="padding-left: 30px;"><a href="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2012/06/todo-el-oro.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-293" title="todo el oro" src="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2012/06/todo-el-oro.jpg" alt="" width="620" height="662" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2012/06/todo-el-oro.jpg 620w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2012/06/todo-el-oro-281x300.jpg 281w" sizes="(max-width: 620px) 100vw, 620px" /></a></p>
<p style="padding-left: 30px;">Al niño le gustan los cuentos. Pero le gustan los cuentos así, rapiditos, que no se abunde en los detalles. Porque el niño tiene que dormir sus nueve horas y no permite que estas ficciones, más o menos elaboradas por su madre la mayoría de las veces, a partir de cuentos populares que han sobrevivido generación tras generación, le quiten el sueño. La madre, por supuesto, se pierde en los detalles que nada aportan al desarrollo de la acción y el niño la manda a hacer puñetas. En cambio, cuando el padre le lee un cuento cumple con exactitud lo que demanda el niño, más que nada porque llega a las tantas y se quiere desprender del cuento y del niño lo antes posible, aun a riesgo de que le reprenda la psicoterapeuta. Así que cuando el niño se hace mayor y tiene que contarles un cuento a sus padres -de dónde y con quién estuvo anoche-, elabora un breve discurso que improvisa allí mismo mientras en la tele repiten por vigésimosexta vez el capítulo donde Tito, que está llorando desconsoladamente, anuncia que ha muerto Chanquete. La madre, sorprendida no por la muerte de Chanquete, sino por las palabras del niño, que ya no es tan niño, aunque se empeña en tratarlo como tal, procesa cada palabra como si cada una fuese una muñequita rusa, lo que imposibilita que siga el hilo del cuento del niño que, por supuesto, el padre no se cree, pues hay contradicciones y hasta imposibilidades lógicas, como la de que estuvo físicamente presente en dos sitios a la misma hora, lo que supondría que su hijo es Dios, algo que el padre desecha no por ateo sino por sentido común. El niño, que siempre tiene mucha prisa, quiere quitarse de encima el muerto y a otra cosa mariposa, lo que traducido al lenguaje de su desfachatez significa que quiere irse a dormir porque está muy cansado y no está dispuesto a aguantar una reprimenda.<br />
Cuando el niño se levanta recuperado por completo de los excesos, su madre le dice que es ya la hora de cenar pero el niño pasa como de comer mierda de cenar con sus progenitores y se traga un litro de leche directamente del tetrabrik, de pie y en calzoncillos.<br />
Al día siguiente, el niño no se molesta en ponerle nombre a su examen de trigonometría y lo entrega tal cual. A veces bosqueja una sonrisa de gato en el país de las maravillas en una esquina del folio. El niño, pese a su educación en colegio concertado -con posibilidad de ética o religión-, de respeto anda escaso. El niño, siguiendo el ejemplo de sus iguales y de parte de la programación de la MTV y Neox, confía en que venga alguien y descubra su singular talento. Pero que sea rápido, se dice el niñato, mientras espera.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Nunca llueve al gusto de todos</title>
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		<pubDate>Mon, 28 May 2012 19:57:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Ripalda</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="padding-left: 30px;"><a href="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2012/05/Nunca-llueve-al-gusto-de-todos.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-249" title="Nunca llueve al gusto de todos" src="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2012/05/Nunca-llueve-al-gusto-de-todos.jpg" alt="" width="620" height="388" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2012/05/Nunca-llueve-al-gusto-de-todos.jpg 620w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2012/05/Nunca-llueve-al-gusto-de-todos-300x188.jpg 300w" sizes="(max-width: 620px) 100vw, 620px" /></a></p>
<p style="padding-left: 30px;">Le doy al niño el ipad para que se espabile, o sea para que se ipadice desde sus más tierna infancia. Y claro, empieza por bloquearme la cuenta de gmail y lastimarme los oídos con &#8220;Ai Se Eu Te Pego&#8221;, de Michel Telo, y la vista con un video de dos bebés que cantan mientras se tiran pedos, un exitazo en youtube [<a title="Bebes en la bañera" href="http://www.youtube.com/watch?v=O_PpTIwZJx8" target="_blank">ver</a>]. Luego le descargo unas apps gratuitas con juegos educativos y el niño empieza con puzzles de cuatro piezas y acaba haciendo castillos victorianos en 3D en riguroso HD mejorado. Pocos meses después, cuando el niño ya no se hace caca en el pañal, empieza a leer los diarios online de Bogotá y México D. F., vaya usted a saber por qué, y se aficiona a ciertas páginas sobre el cultivo de lechugas, tomates y una amplia gama de verduras, frutas exóticas y hongos cultivados de forma natural en macetas ubicadas en patios orientados al suroeste. Con la caída del primer diente y la abolición del ratoncito Pérez por consenso familiar, el niño pide su propio ordenador y se encienden las primeras alarmas. Lo que el niño pide es una antigualla, sí, algo que no se lleva y difícil de encontrar. Ahora lo más son los implantes de micropantallas en la retina que se controlan con el pensamiento -las más avanzadas y caras-, o con la voz -las más económicas-, pero que dan muchos problemas cuando el programa de reconocimiento de voz  se enfrenta con un puberto en la edad del pavo. Así que el niño, ipadizado con la versión X.4.2 -y más idiotizado que nunca también- se empeña -y dile que no, que tendrás que vértelas con la orientadora psicopedagógica- en tatuarse un logotipo de Apple de 1993 en color aguacate que no desentona en absoluto, justo es reconocerlo, con cualquiera de las sudaderas y camisetas de Padre de Familia -una versión más bestia, si cabe, de Padre de familia original-, en la que Peter Griffin ha sido sustituido por un esbelto viejuno con tendencias vigoréxicas que bebe cerveza macrobiótica con su amigo Picolo, que sustituye al salido de Quagmire, que ahora brilla en la oscuridad como un gusiluz, y ha descubierto su homosexualidad con tanto roce y tanto ir y venir de las bolas mágicas que nada tienen de chinas, pues, como todo el mundo sabe a estas alturas, se fabrican en Noruega, actualmente última potencia mundial con permiso de Madagascar, que ha subido en el último trimestre su valoración gracias a los viajes suicidas de Paasilinna que prometen los catálogos de las numerosas agencias de viajes que incluyen infografías personalizadas de tierras donde aún no se embotella el agua para la ducha, que está estrictamente prohibida en algunos países por prescripción facultativa de Ororo, diosa de la lluvia -una diosa de verdad, nada de metáforas bíblicas- que apareció un martes de carnaval en un descampado de Michigan, y que, como primera muestra de su poder, fulminó con un trueno que envidiría el propio Thor -un dios nórdico de ficción- un establecimiento de intercambio de sexo por compasión y dinero -aún quedaba alguno en aquella época-, y que decidió retirarse del mapa un jueves de frío intenso en Argelia porque, como dice el refrán, nunca llueve al gusto de todos, y estaba hasta la coronilla de tanto mentecato tecnologilipollado.</p>
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