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	<title>De subir a la montaña me cansomili &#8211; De subir a la montaña me canso</title>
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	<description>Responsable de Diseño en el Diario Hoy de Extremadura desde 2012. Escritor de relatos breves donde aplico la máxima de la Escuela Postirónica: &#34;Hablar de unas cosas para decir otras&#34; . Soy consciente de mi ignorancia.</description>
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		<title>La memoria del elefante</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Aug 2012 17:56:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Ripalda</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="padding-left: 30px;"><a href="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2012/08/Memoria-de-elefante.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-328" title="Memoria de elefante" src="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2012/08/Memoria-de-elefante.jpg" alt="" width="620" height="388" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2012/08/Memoria-de-elefante.jpg 620w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2012/08/Memoria-de-elefante-300x188.jpg 300w" sizes="(max-width: 620px) 100vw, 620px" /></a></p>
<p style="padding-left: 30px;">Habíamos sido amigos de cuando se hacía la mili. Era un tipo grande, simpático. Yo siempre le acompañaba cuando tocaba acampada. No me daba la tabarra con putas ni cartas. Si se iba, se iba solo. Muchos días me despertaba muy temprano y me contaba alguna anécdota. La anécdota nunca era reciente. Contar lo que se dice contar, contaba más bien poco. Pero, ya digo, el tipo era legal y muy amable conmigo.<br />
Con Tomás, sin embargo, no se entendió nunca. Pero ya que me pregunta le diré que a Tomás había que darle de beber aparte. Un bicho malo, pero no todo lo malo que podía haber sido. Yo he conocido a mal nacidos que eran peores. Por eso me sorprendió que se agarraran el Tomás y él. Tomás era casi tan alto pero menos corpulento. Lo tumbó en un visto y no visto y le dio en la cara hasta que se la puso morada. Tomás estaba como muerto. Sangraba por la boca y los oídos. Escupió varios dientes. Se levantó sabe Dios por qué. En el segundo asalto le arreó hasta que lo mató. Cuando uno se muere, se muere para siempre. Y el Tomás se fue, sí.<br />
Esa misma noche lo trasladaron al calabozo.<br />
No lo volví a ver más hasta anteayer, que se me acercó y me reconoció cuando estaba pidiendo un montado de lomo con pimientos. Nos dimos la mano: yo algo avergonzado por haberme olvidado de él tras casi cuarenta años y seis nietos; a él se le notaba que le había hecho ilusión encontrarme por la forma en que no me soltaba la mano. Estaba muy delgado y me pareció más alto que entonces, como si con el paso de los años en vez de menguar hubiese pegado un último estirón. Tras algunas preguntas de cortesía me contó porque se había ensañado con el Tomás de aquella forma. Habían sido el Tomás y él compañeros en la escuela. Tomás se estaba siempre burlando de los que consideraba más débiles o desamparados, no solo de él. Por eso pasó lo que pasó.<br />
-Le golpeé por todas las que me hizo a mí, que las conté y las tengo apuntadas en este cuadernito, y todas las que le vi hacer.</p>
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		<title>La culpa</title>
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		<pubDate>Fri, 18 May 2012 20:41:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Ripalda</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="padding-left: 30px;"><a href="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2012/05/La-culpa.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-243" title="La culpa" src="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2012/05/La-culpa.jpg" alt="" width="620" height="460" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2012/05/La-culpa.jpg 620w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2012/05/La-culpa-300x223.jpg 300w" sizes="(max-width: 620px) 100vw, 620px" /></a></p>
<p style="padding-left: 30px;">Empecé a toser el día que tuve mi primera erección voluntaria. Luego estuve tosiendo en la comunión de Paquita y hasta el párroco me llamó la atención. Tosí en la boda de Aurelio y cuando tuve mi primera cita con aquella chica tan alta a la que no pareció importarle que su escote se llenara de microbios, aunque cuando terminó de referirme sus logros académicos, que eran muchos y distintos, la cosa se enfrió y volví a mis toses y erecciones en solitario. También tosí el día que nos graduamos y en la extremaunción del abuelo Carlos. Tosí en la mili y me pase más guardias entre la vigilia y el sueño de las que puedo recordar. Tosí en los exámenes de Biología y sobre los estampados de Casa Marlu cuando elegimos las cortinas para el ajuar de mi hermana. Tosí en los camerinos de Patricia y en los armarios de Amelia mientras esperaba a que se fuera su marido que, por supuesto, era sordo como una tapia. Tosí el día que presenté el libro “¿Por qué toso? Dímelo tú” y, por supuesto, en su exitosa continuación “Sigo tosiendo, ¿y qué?” Tosí el día que descubrí que tenía un hermano gemelo que estornudaba. Nos hicimos duo cómico pero el asunto no prosperó. Al poco, los estornudos y las toses dejaron de tener tirón y se pusieron de moda los tics nerviosos en los párpados. Tosí el día de mi boda, mientras cortaba el pastel y hasta cuando me disponía a desabrocharle el sostén a Clara, la hermana de mi mujer. Tosí cabreado y tosí contento por los triunfos y decepciones de mi hija Lila. Tosí en la parada del autobús aunque evité finalmente que atropellaran a la vieja que, agradecida y sin apenas aliento, me recomendó guardar cama unos días y tomar no sé que mejunjes con nombres de herbolario maya. Tosí la noche que expulsé mi primera piedra del riñón y en la convención de Enfermedades Raras, Mal Curadas e Inexplicables. Tosí, contra todo pronóstico, cuando no debía toser bajo ningún concepto. Hasta me enviaron a la Luna y tosí de alegría mientras la gravedad me hacía perder el equilibrio y me aflojaba el vientre, así como estaba, bocabajo. Hoy, día de mi 65 cumpleaños, no he tosido en todo el día y me he sentido extraño. He bajado a la farmacia y he pedido 79 botes de jarabe para la tos. El farmacéutico no ha dicho nada y, en confianza, me ha regalado uno.</p>
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