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	<title>De subir a la montaña me cansomuerto &#8211; De subir a la montaña me canso</title>
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	<description>Responsable de Diseño en el Diario Hoy de Extremadura desde 2012. Escritor de relatos breves donde aplico la máxima de la Escuela Postirónica: &#34;Hablar de unas cosas para decir otras&#34; . Soy consciente de mi ignorancia.</description>
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		<title>Semana Santa</title>
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		<pubDate>Sun, 16 Apr 2017 15:19:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Ripalda</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2017/04/semanasanta.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-1081" title="semanasanta" src="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2017/04/semanasanta.jpg" alt="" width="624" height="468" /></a>El niño que no tenía nada que perder le dice a la niña que abunda en razonamientos obtusos, que está perdidamente enamorado de su hermana mayor, a lo que la niña que abunda en razonamientos obtusos le responde que le parece muy bien, pero que su hermana mayor tiene novio formal y que ella, hasta el momento presente, tiene una idea poco aproximada de lo que es el amor, si es que el amor existe, y no es una invención del hombre, igual que lo fue en su momento Dios muy probablemente, a tenor de que nunca hace nada, aunque ella no le ha pedido nada ni a Dios ni a sus padres porque tiene un tito que es rico. Por supuesto, el niño que no tenía nada que perder no tiene juicio a este respecto y, en lugar de decirle esto —que no sabe qué decirle—, se encoge de hombros y, aunque es cierto que no tiene nada que perder, prefiere hacer mutis por si la hermana mayor se arrepiente o se cansa del novio formal, y se va sorteando como puede las vallas que el consistorio ha repartido por toda la ciudad para evitar que entre el público asistente salte algún graciosillo por bulerías —siempre hay alguno, no falla— frente al Cristo Negro y el periódico abra mañana con el titular &#8220;Una avalancha humana provoca un muerto y varios contusionados frente a la catedral&#8221;, a lo que la niña que abunda en razonamientos obtusos hubiese puesto reparos como casi siempre, obvio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Habla un árbol</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Jun 2013 11:24:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Ripalda</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Microrrelatos]]></category>
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		<description><![CDATA[&#8220;Los árboles no dejan ver el bosque. Yo digo: no te olvides del bosque pero observa la de cosas que nos está diciendo este árbol.&#8221; (Clara Duque, Apócrifos de El sur). Este corazón late deprisa mientras se forma. Esta historia habla de un corazón, del envoltorio que lo cubre: el hombre. Pero no es el [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="padding-left: 30px;"><a href="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2013/06/habla_un_arbol.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-589" title="habla_un_arbol" src="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2013/06/habla_un_arbol.jpg" alt="" width="620" height="365" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2013/06/habla_un_arbol.jpg 620w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2013/06/habla_un_arbol-300x177.jpg 300w" sizes="(max-width: 620px) 100vw, 620px" /></a></p>
<p style="padding-left: 30px;">&#8220;Los árboles no dejan ver el bosque. Yo digo: no te olvides del bosque pero observa la de cosas que nos está diciendo este árbol.&#8221;<br />
(Clara Duque, Apócrifos de <em>El sur</em>).</p>
<p style="padding-left: 30px;"><span style="color: #000000;"><strong>Este corazón</strong></span> late deprisa mientras se forma.<br />
Esta historia habla de un corazón, del envoltorio que lo cubre: el hombre.<br />
Pero <strong>no es el de un hombre cualquiera</strong>.<br />
Ningún hombre es cualquiera. No existe ese tal o cual.<br />
Existe él.<br />
Su nombre no lo diremos.<br />
Pero no es un hombre cualquiera. Sigue sin ser un hombre cualquiera.<br />
<strong>Este hombre</strong> no nos gusta.<br />
No es que sea malo.<br />
Es un hombre que no suele hablar mucho. <strong>Ya no lo necesita</strong>.<br />
Al comienzo de esta historia lo encontramos sentado.<br />
Está en el balcón, leyendo.<br />
Se despereza.<br />
Se incorpora.<br />
Deja el periódico en el asiento.<br />
Salta.<br />
Ese hombre que ha saltado no es cualquiera.<br />
Es un hombre que está muerto.<br />
Un hombre que antes no lo estaba.<br />
Muerto.</p>
<p style="padding-left: 30px;"><strong>Este corazón<br />
<strong>no es el de un hombre cualquiera</strong>.<br />
Este hombre<br />
ya no lo necesita.<br />
</strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">[Este relato lo inspiró, para bien o para mal, el tema &#8220;<a title=""El bosque en llamas"" href="http://www.youtube.com/watch?v=71xCU6uhUrQ" target="_blank">El Hombre Bosque En Llamas</a>&#8221; del álbum &#8220;El bosque en llamas&#8221; (2009) de Pumuky.]</p>
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		<title>No era el síndrome de Jules Cotard</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Jul 2012 20:12:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Ripalda</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Microrrelatos]]></category>
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		<description><![CDATA[Cubrieron el cadáver con una mantita fina, aunque el muerto no se iba a resfriar ni después ni nunca. Y es que lo que no toleraban por encima de sus vidas mismas en aquella casa eran los problemas de salud.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="padding-left: 30px;"><a href="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2012/07/Cotard.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-308" title="Cotard" src="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2012/07/Cotard.jpg" alt="" width="620" height="582" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2012/07/Cotard.jpg 620w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2012/07/Cotard-300x282.jpg 300w" sizes="(max-width: 620px) 100vw, 620px" /></a></p>
<p style="padding-left: 30px;">Cubrieron el cadáver con una mantita fina, aunque el muerto no se iba a resfriar ni después ni nunca. Y es que lo que no toleraban por encima de sus vidas mismas en aquella casa eran los problemas de salud.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Todo el oro del mundo</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Jun 2012 21:37:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Ripalda</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Microrrelatos]]></category>
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		<description><![CDATA[Al niño le gustan los cuentos. Pero le gustan los cuentos así, rapiditos, que no se abunde en los detalles. Porque el niño tiene que dormir sus nueve horas y no permite que estas ficciones, más o menos elaboradas por su madre la mayoría de las veces, a partir de cuentos populares que han sobrevivido [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="padding-left: 30px;"><a href="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2012/06/todo-el-oro.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-293" title="todo el oro" src="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2012/06/todo-el-oro.jpg" alt="" width="620" height="662" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2012/06/todo-el-oro.jpg 620w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2012/06/todo-el-oro-281x300.jpg 281w" sizes="(max-width: 620px) 100vw, 620px" /></a></p>
<p style="padding-left: 30px;">Al niño le gustan los cuentos. Pero le gustan los cuentos así, rapiditos, que no se abunde en los detalles. Porque el niño tiene que dormir sus nueve horas y no permite que estas ficciones, más o menos elaboradas por su madre la mayoría de las veces, a partir de cuentos populares que han sobrevivido generación tras generación, le quiten el sueño. La madre, por supuesto, se pierde en los detalles que nada aportan al desarrollo de la acción y el niño la manda a hacer puñetas. En cambio, cuando el padre le lee un cuento cumple con exactitud lo que demanda el niño, más que nada porque llega a las tantas y se quiere desprender del cuento y del niño lo antes posible, aun a riesgo de que le reprenda la psicoterapeuta. Así que cuando el niño se hace mayor y tiene que contarles un cuento a sus padres -de dónde y con quién estuvo anoche-, elabora un breve discurso que improvisa allí mismo mientras en la tele repiten por vigésimosexta vez el capítulo donde Tito, que está llorando desconsoladamente, anuncia que ha muerto Chanquete. La madre, sorprendida no por la muerte de Chanquete, sino por las palabras del niño, que ya no es tan niño, aunque se empeña en tratarlo como tal, procesa cada palabra como si cada una fuese una muñequita rusa, lo que imposibilita que siga el hilo del cuento del niño que, por supuesto, el padre no se cree, pues hay contradicciones y hasta imposibilidades lógicas, como la de que estuvo físicamente presente en dos sitios a la misma hora, lo que supondría que su hijo es Dios, algo que el padre desecha no por ateo sino por sentido común. El niño, que siempre tiene mucha prisa, quiere quitarse de encima el muerto y a otra cosa mariposa, lo que traducido al lenguaje de su desfachatez significa que quiere irse a dormir porque está muy cansado y no está dispuesto a aguantar una reprimenda.<br />
Cuando el niño se levanta recuperado por completo de los excesos, su madre le dice que es ya la hora de cenar pero el niño pasa como de comer mierda de cenar con sus progenitores y se traga un litro de leche directamente del tetrabrik, de pie y en calzoncillos.<br />
Al día siguiente, el niño no se molesta en ponerle nombre a su examen de trigonometría y lo entrega tal cual. A veces bosqueja una sonrisa de gato en el país de las maravillas en una esquina del folio. El niño, pese a su educación en colegio concertado -con posibilidad de ética o religión-, de respeto anda escaso. El niño, siguiendo el ejemplo de sus iguales y de parte de la programación de la MTV y Neox, confía en que venga alguien y descubra su singular talento. Pero que sea rápido, se dice el niñato, mientras espera.</p>
<p>&nbsp;</p>
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