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	<title>De subir a la montaña me cansoTierra &#8211; De subir a la montaña me canso</title>
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	<description>Responsable de Diseño en el Diario Hoy de Extremadura desde 2012. Escritor de relatos breves donde aplico la máxima de la Escuela Postirónica: &#34;Hablar de unas cosas para decir otras&#34; . Soy consciente de mi ignorancia.</description>
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		<title>ende siècle</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Feb 2017 11:22:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Ripalda</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La Tierra desmoronándose. Dios que se marcha para siempre. Las carcajadas del sacerdote. Tiembla y dime que has soñado con esto. Porque es cierto lo que cuentas en tu última carta. No es posible observar la marea naranja, se ha interpuesto la luna blanca, la luna asesina que te despoja del cuerpo. Por eso me [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2017/01/Nieve.jpg"><img loading="lazy" class="size-full wp-image-1058 aligncenter" title="Nieve" src="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2017/01/Nieve.jpg" alt="" width="669" height="460" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2017/01/Nieve.jpg 669w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2017/01/Nieve-300x206.jpg 300w" sizes="(max-width: 669px) 100vw, 669px" /></a>La Tierra desmoronándose.<br />
Dios que se marcha para siempre.<br />
Las carcajadas del sacerdote.<br />
Tiembla y dime que has soñado con esto.<br />
Porque es cierto lo que cuentas en tu última carta.<br />
No es posible observar la marea naranja, se ha interpuesto la luna blanca, la luna asesina que te despoja del cuerpo.<br />
Por eso me acuesto sobre una serpiente dorada. La serpiente no me muerde. Pero lo hará. Sólo tiene que esperar. Noto como se mueve por las venas de cristal, como se estrecha al llegar al torrente sanguíneo mientras se retuerce la espina dorsal. Es una serpiente lista. Eso basta. Se apodera de mi para vaciarme de ti. Le agradezco lo que hace.<br />
Ahora parece que estoy muerto. No puedo sentir nada. Esto es la muerte. No sentir nada. Para siempre. No vengas a buscarme. Muerta también.<br />
Estoy flotando sobre un mar de escombros, de recuerdos. Cientos de buenos propósitos con alas de hojaldre estrellándose sobre las encías de la montaña.<br />
Ahora me espera la nieve. La nieve que no recuerda nada de lo que tú y yo fuimos.<br />
Sí, la nieve.<br />
La nieve amaneciendo sobre el alféizar la nieve que se quita la nieve vampiro la nieve oculta en los corazones la nieve avalancha nieve esperma nieve que se derrite nieve continua nieve esperando a Godot nieve a qué esperas nieve final de invierno nieve que me amas nieve roja revolución nieve insomnio nieve conciencia nieve cumbres borrascosas nieve reproches nieve alcohólica nieve tus deseos de hoy nieve olvido nieve qué me traes nieve soledad nieve para construir nieve cuánta nieve nieve que te contemplas nieve espejo nieve cariño nieve estamos aquí nieve arquitectura demencial nieve no me dejes solo nieve explícame todo esto nieve nieve quédate un poco más nieve no me vas a esperar nieve no me abandones nieve dejo que te marches nieve deja que me vaya nieve presa de siglos nieve no me hagas más daño nieve confío en ti nieve que llueve nieve nieve dónde estás nieve nieve a todas horas nieve destruyendo devorando nieve no te dejes llevar nieve nada ocurrirá hoy nieve amoníaco nieve derritiéndose nieve que lanzan los niños en el parque nieve distinta de la nieve nieve astros de cuarzo nieve delante de nosotros nieve encima nieve en todas partes nieve.</p>
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		<title>La voz de Marco</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Jan 2015 12:27:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Ripalda</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Microrrelatos]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2015/01/Habitacion_Marco.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-895" title="Habitacion_Marco" src="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2015/01/Habitacion_Marco.jpg" alt="" width="567" height="422" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2015/01/Habitacion_Marco.jpg 567w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2015/01/Habitacion_Marco-300x223.jpg 300w" sizes="(max-width: 567px) 100vw, 567px" /></a></p>
<p>Alquilamos la habitación en mayo y ya entonces lo sabíamos.<br />
No tardamos en traer los muebles de aquella otra habitación. Marco y yo. Nos acostamos la primera noche con la rara sensación de estar tendidos sobre el suelo.</p>
<p>En un rincón de la habitación hemos dejado los libros de Medicina de Marco; los míos, escasos, se alejan de la realidad biológica que él pretende que ojee. Pero no puedo hacerlo. Marco lo sabe muy bien: es mejor para mí no aprender lo frágil que somos.</p>
<p>Miro las fotografías del viejo edificio e intuyo la desolación de quienes lo abandonarán cuando sólo resten sus ruinas, dentro de unos años, cuando ni Marco ni yo recordemos haber vivido allí. Nos marchamos de aquel lugar con cierto temor, es cierto, pero al examinar el edificio de la fotografía me olvido de ese miedo y deseo regresar a nuestra vida de entonces: Marco y yo vestidos de rojo bailando en la azotea.</p>
<p>Marco señala con el dedo nuestra ventana. Mira, es allí, podrás contemplar el amanecer que tanto tiempo has estado buscando; y yo miro, pero más que mirar el edificio, miro a Marco, porque es un hombre guapo y porque al mirarle el edificio se desvanece en mi memoria, aunque ahora estemos frente a él, recordándolo.</p>
<p>Subimos las escaleras que conducen a esta habitación desconocida. Los peldaños de madera se curvan ligeramente en el centro debido a la erosión del tiempo, ese infatigable superviviente. El sonido de nuestros pasos es inevitable y tantas cosas pendientes aún. Marco tararea una melodía mientras sube los escalones. Siempre lo hace. Sonreímos.<br />
Nuestro conserje se despidió con lágrimas en los ojos —al menos yo las vi—, cuando le comuniqué que nos mudábamos, aunque Marco me asegura que no sucedió así. Yo le digo a Marco que no todas las personas son como él. Entonces me preguntó que cómo era él. Pero no supe qué decirle.</p>
<p>Tengo la sensación de haber dormido mucho estos días. Mi sueño nos acercó a la ventana del viejo edificio. Nos asomamos como invisibles y contemplamos el río y la noche, con sus nubes de plomo y cenizas, mientras la ciudad y Marco y yo misma permanecemos dormidos.</p>
<p>Nos miramos en el espejo de la habitación. La figura de Marco abraza la mía; descubro lo pequeña que soy a su lado. Nos miramos en el espejo. Marco y yo.<br />
El alba color limón rompe los bloques de sombras entre los edificios. Estoy en esa calle cualquiera de la que nunca hemos hablado.<br />
Un anciano cruza la calle y camina tan despacio que nunca alcanzará el otro lado.<br />
No sé si podré entrar algún día en este edificio.<br />
Es esta calle cualquiera, con su perfume de algodón de azúcar, la que me adormece. Pero si duermo hoy no veré a Marco.<br />
Un anciano cruza la calle.</p>
<p>Marco recorre con sus ojos avellana la luna del escaparate teñida por los trazos caprichosos de la lluvia. El viento, perezoso, despeina sus cabellos. Las luces anaranjadas de la feria en este desierto lo convierten en un islote de luz. Marco se divierte en la caseta de tiro. No tienes que temer nada: no les está permitido devolver los disparos.</p>
<p>Hoy por fin me atreví a comprar sola. En el supermercado no encontré las galletas que le gustan a Marco. Pregunté al encargado: no sabía nada. Éste es otro supermercado. También la habitación es otra. Pero eso ya lo he dicho.</p>
<p>Le pido a Marco que se acerque como quien entra en el vestíbulo de un hotel buscando a una mujer que jamás ha visto. Y él lo hace: cruza la habitación; se detiene ante mí; le resulto familiar y me lo hace saber.<br />
Me emborracho de Marco, de su voz.</p>
<p>Estamos mirando las estrellas. Lo cierto es que miramos el cielo sin estrellas. Las había. Estrellas. Marco me dice allí hay una y yo miro, pero allí no hay nada. Está el cielo, pero no hay estrellas, de eso estoy segura. Nos quedamos allí mirando el cielo sin estrellas durante un par de horas. Cruza un avión.</p>
<p>Estamos solos. Una luz de verano inasible cubre nuestros rostros de hojas. El amanecer se está tendiendo sobre las rocas. Marco se acerca a mí muy despacio; en las manos, formando una especie de cuenco, el agua que le pedí.</p>
<p>Ahora Marco pasea por la habitación; se detiene para buscarme: no me distingue entre la bruma de sus pensamientos. Se tiende a mi lado un hombre como Marco, con su piel blanquísima, sus brazos extendidos hasta tocar el cabecero, su amago de sonrisa, un hombre que no es Marco, al que un cambio en mí lo aleja definitivamente. Un hombre yace a mi lado. No es Marco. Y, sin embargo, tiene que ser él.</p>
<p>Te he mentido otras veces. Por eso llegas hoy confiando en que te mienta. Pero no lo hago. Quisiera mentirte, pero tu mirada me exhorta a que te diga la verdad. Una verdad obligada por tu mirada.<br />
Marco ha escrito en su cuaderno un diagnóstico infalible; releo las notas que tomó, notas que no entiendo, notas con el propósito de excluirme de su vida. Y estaba la insubordinación de mi cuerpo: ese andamiaje de sangre, carne y huesos que se elevaba en mi interior.</p>
<p>Como supondrás nada me importaba entonces. Ni siquiera tu llegada.<br />
Al principio no me atreví a abrirte la puerta de mi vida: significaba renunciar a Marco. La deformación de mi cuerpo le repugnó siempre. Por eso se ha ido de esta habitación: no soporta la idea de haber sido injusto conmigo.<br />
Te susurro que esta habitación, con su cristalera orientada hacia el sur, nos permitirá ver el amanecer que siempre he buscado.<br />
Amanecemos cada mañana con tierra entre los dedos. Sólo a nosotros nos corresponde saber lo que vamos a hacer con ella.</p>
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		<title>Vian y el plancton</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Nov 2012 21:09:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Ripalda</dc:creator>
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		<title>Explicándole lo que está por venir al niño superdotado</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Aug 2012 19:04:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcos Ripalda</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="padding-left: 30px;"><a href="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2012/08/Explicando-lo-que-viene.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-361" title="Explicando lo que viene" src="/marcosripalda/wp-content/uploads/sites/18/2012/08/Explicando-lo-que-viene.jpg" alt="" width="620" height="417" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2012/08/Explicando-lo-que-viene.jpg 620w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/18/2012/08/Explicando-lo-que-viene-300x202.jpg 300w" sizes="(max-width: 620px) 100vw, 620px" /></a></p>
<p style="padding-left: 30px;">Quiero que lo entiendas y por eso te lo explico de esta forma.<br />
Tu mamá y yo nos conocimos el día que comenzó el mundo. No, miento, nos conocimos un pelín antes, en los instantes previos a lo que se ha bautizado como el Big Bang.<br />
Verás. En los confines infinitos donde no había nada, este suceso extraordinario -el que coincidiéramos tu mamá y yo- formó una gigantesca burbuja que explotó al acumularse una cantidad extraordinaria de energía, lo que provocó la formación de nubes que contenían muchos de los elementos de la tabla periódica que ya estudiarás en su momento. En este mejunje de antimateria estábamos ambos envueltos, tu mamá y yo, por miles de millones de pequeños atomos primitivos que se desplazaban rápidamente formando particulas que, a su vez, se concentraban en gigantescas nubes con sus millones y millones de atomos. Estas enormes nubes se fueron uniendo unas con otras hasta que quedó una sola nube, un solo punto de inmensa energia que explotó. Y esta explosión, como ya te adelanté, dio lugar al Big Bang.<br />
A partir de aquí, la cosa se dispara. Se extinguen los dinosaurios, se separan los continentes, puedes imaginarte. Pasamos de organismos unicelulares a organismos pluricelulares. Primero nadamos, luego nos arrastramos por el lodo y hasta vamos irguiéndonos para ponernos de pie y ahora llega tu madre y decide cambiar aleatoriamente la distribución de los sofás, acto que provoca una reacción en cadena que hace peligrar el universo tal y como lo conocemos: millones de estrellas, cumulos estelares, nebulosas, constelaciones y galaxias viajando y expandiendose en todas las direcciones. Yo, que había sobrevivido a la marejada y los vientos huracanados, a los volcanes y las erupciones, a las explosiones y los tsunamis, a la fotosíntesis de los cáctus y las palmeras abisinias, al amanecer y al movimiento rotatorio de la Tierra, al deshielo y el calentamiento global, a las glaciaciaciones y la lluvia ácida, no logro encontrarle ninguna explicación. Ahora, como ya sabes, hijo mío, estamos obligados a bajar las persianas si queremos ver la tele en pleno día. O eso o esperamos a que se extinga el sol. ¿Quieres esperarte conmigo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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