{"id":738,"date":"2014-01-27T20:20:22","date_gmt":"2014-01-27T20:20:22","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.hoy.es\/marcosripalda\/?p=738"},"modified":"2014-01-27T20:20:22","modified_gmt":"2014-01-27T20:20:22","slug":"la-punzada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.hoy.es\/marcosripalda\/2014\/01\/27\/la-punzada\/","title":{"rendered":"La punzada"},"content":{"rendered":"<p style=\"padding-left: 30px;\"><strong><a href=\"\/marcosripalda\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2014\/01\/Punzada.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone  wp-image-750\" title=\"Punzada\" src=\"\/marcosripalda\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2014\/01\/Punzada.jpg\" alt=\"\" width=\"543\" height=\"790\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.hoy.es\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2014\/01\/Punzada.jpg 482w, https:\/\/static-blogs.hoy.es\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2014\/01\/Punzada-206x300.jpg 206w\" sizes=\"(max-width: 543px) 100vw, 543px\" \/><\/a><\/strong><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><strong>PRIMERA PARTE<\/strong><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">Sinti\u00f3 una leve punzada en el est\u00f3mago.<br \/>\nNada serio. Se recuperar\u00eda enseguida. S\u00f3lo ten\u00eda que tomar las pastillas indicadas. Y si las pastillas no estaban en su lugar o se hab\u00edan agotado, tendr\u00eda que bajar a la farmacia y soportar el dolor unos minutos. Nada que no pudiera tolerar.<br \/>\nLas pastillas estaban en su lugar. El bote, al menos, pero vac\u00edo. Pronunci\u00f3 un sinf\u00edn de palabras malsonantes y tom\u00f3 el abrigo.<br \/>\nLa farmacia estaba abierta hasta las ocho y media y eran s\u00f3lo las siete y cuarto.<br \/>\nEn el rellano de la escalera le salud\u00f3 a su vecino, un homosexual con cara de bruto y que no parec\u00eda homosexual, al que no devolvi\u00f3 el saludo.<br \/>\nEl ascensor ol\u00eda a tabaco. \u00a1Qu\u00e9 cuesta encenderse el cigarrillo en la calle! No era momento de recordar que \u00e9l mismo se fumaba dos paquetes al d\u00eda. Hasta que el m\u00e9dico pronunci\u00f3 las palabras. O dejas de fumar o te mueres. Por supuesto, prefiri\u00f3 morirse. Total, ya ten\u00eda cincuenta y cuatro a\u00f1os y con la vida que hab\u00eda llevado tampoco era para esperar un milagro de \u00faltima hora, un giro repentino en el desarrollo de su ins\u00edpida y fastidiosa existencia, pero vida al fin y al cabo.<br \/>\nUna ma\u00f1ana se hab\u00eda levantado con una tos terrible; la tos le sigui\u00f3 hasta el ministerio donde trabajaba; le acompa\u00f1\u00f3 en la comida, que no pudo saborear, con lo que le gustaba el codillo; la tos le atenaz\u00f3 el cuello cuando esperaba el autob\u00fas de vuelta a casa; le persigui\u00f3 durante el primer plato y el postre; frente a la televisi\u00f3n y en el cuarto de ba\u00f1o, mientras le\u00eda una novela de Javier Mar\u00edas&#8230; Nada, la tos segu\u00eda ah\u00ed. Aquella misma noche llam\u00f3 al doctor. Como veo que la tos viene conmigo a todas partes, le dijo, y no se decide a joderme la vida, esto es, a matarme, dejo de fumar hoy mismo. Dicho y hecho.<br \/>\nSe dispuso a bajar las escaleras con sumo cuidado para no partirse la crisma pues no hab\u00eda luz en aquel tramo del edificio porque al gerente de la comunidad le hab\u00eda sido imposible encontrar a un voluntario que se subiese a una escalera o, en su defecto, una silla, un taburete, una pila de peri\u00f3dicos para cambiar la bombilla.<br \/>\nQuedaba un \u00faltimo pelda\u00f1o. Prueba conseguida. Le encantaba que aquel presentador dijera aquellas palabras. Prueba conseguida. L\u00e1stima que en la vida de todos lo d\u00edas, no le dijeran a uno eso. En vez de esto, la portera le salud\u00f3 con su habitual hay que ver qu\u00e9 tiempo hace. Y \u00e9l nunca hab\u00eda averiguado, ni ganas hab\u00edan entrado, de preguntarle por qu\u00e9 dec\u00eda aquello hiciese buen tiempo o no. Desde luego, no eran su fuerte las relaciones humanas. Por eso trabajaba en casa.<br \/>\nEn la calle hac\u00eda un fr\u00edo endemoniado y la farmacia estaba al final de la calle. Quince metros tirando <em>pa&#8217;larg<\/em>o, como dec\u00edan en su pueblo. Vestido con su abrigo largo se encamin\u00f3 hacia all\u00e1. A medio camino, alguien le grito merluzo y \u00e9l alz\u00f3 la vista pero no vio a nadie. Imagin\u00f3 que era otra de las gracias del mierda de ni\u00f1o de la del segundo, una mujer a la que su esposo le arreaba siempre que le ven\u00edan las ganas de vengarse de su mala suerte. Pero a la mala suerte no hay qui\u00e9n le gane.<br \/>\nTen\u00eda tiempo. El dolor no hab\u00eda remitido, pero tampoco aumentaba. Decidi\u00f3 tomarse un cafetito en la tasca del Manteca, Viejo amigo, qu\u00e9 tal te va la vida. Obviamente le importaba un r\u00e1bano c\u00f3mo le fuera la vida, pero de algo ten\u00edan que hablar, Y que no cuesta dinero decir algo agradable, \u00bfverdad, Don Alfredo?, si es que.<br \/>\nEl local estaba casi vac\u00edo. Mejor. As\u00ed no ten\u00eda que saludar. Que tampoco es que tuviera a qui\u00e9n saludar, pero el gusto de no hacerlo le hizo abandonar por un instante la molestia de la punzada. En el mostrador, unos apetitosos mejillones le sirvieron de est\u00edmulo antes del cafetito. \u00bfLe pongo un bocadillo de fuagr\u00e1s tambi\u00e9n?, le grit\u00f3 el camarero. No, eso ser\u00eda abusar, hombre. \u00a1La leche que mam\u00f3!, c\u00f3mo quemaba el <em>condenao<\/em> cafetito, y eso que hab\u00eda pedido la leche templadita. Entonces record\u00f3 que se hab\u00eda dejado la cartera en casa, y lo que pens\u00f3 a continuaci\u00f3n prefiri\u00f3 ahorr\u00e1rselo al reducido auditorio que lo observaba, claro, porque se hab\u00eda bajado en babuchas, que nada ten\u00eda de malo, que sal\u00ed a la farmacia y nada que <em>pa un momentito<\/em> que <em>pa qu\u00e9<\/em> molestarse, digo yo, pero el chufleo de este barrio fino, ay\u2026 Ahora entend\u00eda lo de merluzo.<br \/>\nTermin\u00f3 su caf\u00e9 y llam\u00f3 al Manteca. Se disculp\u00f3 porque se hab\u00eda dejado el dinero arriba, pero que se lo tra\u00eda enseguida, que iba a la farmacia y que de todas maneras ten\u00eda que subir, Que ning\u00fan inconveniente, hombre, que ya nos conocemos, Pues vale, gracias&#8230; Y sali\u00f3 a la calle con el mism\u00edsimo fr\u00edo que helaba el alma y lo que no era alma.<br \/>\nMeti\u00f3 las llaves en la cerradura. \u00a1Pero qu\u00e9 le pasa a esta cerradura&#8230;! Buena ten\u00eda la cabeza \u00e9l. \u00a1Que se hab\u00eda bajado las llaves del candado de la hucha! Una hucha que conten\u00eda unos pocos durillos mal ahorrados, por tramposo, ahora que hab\u00eda dejado de fumar y que se dedicaba a tomar unas copitas de aguardiente hiciera fr\u00edo o no. Bueno, nada puede ser peor que esto, se dijo.<br \/>\nLlam\u00f3 a su vecino, el maric\u00f3n con cara de bruto, y le dijo quien era \u00e9l, su vecino, pero el maric\u00f3n no le abre a nadie si no es para guarrear, piensa, as\u00ed que le dice al maric\u00f3n que le va a reventar a su santa madre y, claro, a la madre de un maric\u00f3n ni mentarla, que as\u00ed lo hab\u00edan hecho de bonito a \u00e9l, y que en cuanto saliese de la ducha abr\u00eda la puerta y le calzaba unas hostias.<br \/>\nBaj\u00f3 hasta el segundo y timbr\u00f3. \u00a1No, el ni\u00f1o&#8230;! \u00a1Merluzo!<br \/>\nBaj\u00f3 hasta el primero y timbr\u00f3. Nada. \u00a1Si es que estos siempre est\u00e1n de parranda!<br \/>\nDe pronto cay\u00f3 en la cuenta de que estaba la portera y baj\u00f3 a llamarla, pero la portera estaba pelando unos cuantos kilos de papas, encerrada en su cuartito, escuchando una selecci\u00f3n de coplas la mar de aparentes, y ni el aterrizaje de un <em>harrier<\/em> la hubiese sacado de su ensimismamiento.<br \/>\nLa vecinita del \u00e1tico\u2026 Probar\u00eda con ella. No, esa estar\u00eda con el novio en la sierra.<br \/>\nPod\u00eda llamar a su madre, que madre <em>na m\u00e1s<\/em> que hay una, digo yo, pero es la quinta vez que me ocurre lo mismo este a\u00f1o, y no, que no iba a recurrir a ella, \u00a1de ninguna manera! No estaba \u00e9l para reprimendas. Que ya era todo un hombret\u00f3n. Y entonces se acord\u00f3 de la miseria que hab\u00eda pasado de peque\u00f1o y, de paso, de la miseria de hoy, de ese instante preciso en el que se hallaba, \u00a1qu\u00e9 cojones!, vestido como un fantoche, en babuchas de estar en casa, sin dinero&#8230; Hab\u00eda que actuar. Era preciso decidirse antes de que ese bruto mariconazo cumpliese su palabra de darle de hostias.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><strong>SEGUNDA PARTE<\/strong><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">Se encamin\u00f3 de nuevo al local del Mantecas. Dentro, la misma clientela extraida del museo de cera. Fuera se estaba poniendo nublado. Dentro el mismo olor a fritanga y manteca, que no falte, por supuesto. Fuera empezaba a llover y se abr\u00edan algunos parag\u00fcas. Oye, que digo yo que si podr\u00eda telefonear un minuto, es que tambi\u00e9n me dej\u00e9 las llaves, ya ves que despiste tengo. Y el Mantecas le mir\u00f3 un poco a tientas con su ojo bueno y le pas\u00f3 el auricular, Anda trae, te marco yo no vaya a ser que me pierdas tambi\u00e9n el tel\u00e9fono.<br \/>\nDon Alfredo <em>El Merluzo<\/em>, que raz\u00f3n tuvo el <em>jod\u00edo<\/em> ni\u00f1o, ya hablaba con su madre, qu\u00e9 remedio. Unos grititos que parec\u00edan afectuosos al otro lado de la l\u00ednea. Era la se\u00f1ora Pepa, Qu\u00e9 calamidad, vaya hijo, d\u00f3nde tienes la cabeza, que ya van cinco, y que bien que se las ten\u00eda contadas.<br \/>\nY ah\u00ed va Alfredo montado en el taxi. El taxista mira por el retrovisor y observa a un t\u00edo cachas que, agitando un parag\u00fcas, aunque podr\u00eda ser un bate de be\u00edsbol por la forma de empu\u00f1arlo, parece correr detr\u00e1s del coche. Alfredo le dice que no se preocupe, que no va con ellos, y el taxista le dice que con el fr\u00edo que hace y las babuchas va a coger usted una pulmon\u00eda.<br \/>\nPare, pare, es aqu\u00ed.<br \/>\nLe dijo que esperase un momento, que iba a sacar dinero en el cajero, y all\u00ed se qued\u00f3 el taxista, esperando hasta que se cans\u00f3, acord\u00e1ndose de la madre del pasajero que se la hab\u00eda jugado y que nada m\u00e1s acercarse a la puerta del banco hab\u00eda echado a correr por una callejuela.<br \/>\nMir\u00f3 la hora en su reloj. No, no la pudo mirar porque se lo hab\u00eda dejado en la c\u00f3moda. Estaba visto que se le olvidaba todo, pero es que c\u00f3mo iba \u00e9l a suponer que le iba a pasar de nuevo, y tan pronto.<br \/>\n\u00a1Santo Dios, qu\u00e9 escaleras! No entiendo c\u00f3mo hace mi madre para subirlas con sus bolsas repletas de garbanzos y tomates y apio, que poco le gustaba a \u00e9l el apio\u2026 Pero basta de recordar y <em>echa pa&#8217;lante<\/em>, Alfredito, que te cierran la farmacia. Las llaves, s\u00f3lo eso, ten\u00eda que recordarlo muy bien. Se quedar\u00eda lo justo para saludar sin que le diera mucho la tabarra y adi\u00f3s muy buenas, ya te vendr\u00e9 a ver el mes que viene.<br \/>\nLa sala de estar le pareci\u00f3 extremadamente grande y la Pepa, su madre, extremadamente min\u00fascula. C\u00f3mo se las hab\u00eda apa\u00f1ado la se\u00f1ora para tener a un hijo que, aunque no alto, tampoco se le pod\u00eda calificar de bajo, era un misterio absoluto. Cuando su hijo entr\u00f3, la Pepa sonr\u00edo con malicia, como dici\u00e9ndole qu\u00e9 har\u00edas t\u00fa, <em>desgraciao<\/em>, sin tu madre. Porque Alfredo Mart\u00ednez Pernambuco divagaba ese d\u00eda m\u00e1s de lo habitual. Y es que su vida siempre hab\u00eda sido un continuo divagar para llegar finalmente donde todo empez\u00f3. Lo que ten\u00eda Alfredo era una especie de amnesia parpadeante que no le permit\u00eda saber si iba o ven\u00eda, lo que le causaba un terrible desasosiego y un insomnio de mierda, todo hay que decirlo.<br \/>\nBasta, basta, que alguien encienda la luz\u2026 Los delirios de la madre llegaban precedidos de intervalos de silencio como aquellos en los que su hijo se presentaba en su casa porque hab\u00eda olvidado o perdido algo. Venga, madre, tranquil\u00edcese, soy su hijo, Alfredo, el mayor, el que no hace nada bien, condenada vieja, pero esto \u00faltimo no lo dijo, Y c\u00f3mo te va, hijo, La he llamado hace un momento porque me he dejado las llaves dentro de casa, Pues aqu\u00ed no est\u00e1n, S\u00ed, madre, le dej\u00e9 tres juegos de llaves la semana pasada, por si las moscas, S\u00ed, lo s\u00e9, y ya me has pedido los tres. \u00a1Anda, esta vez si que la hab\u00eda hecho buena! \u00a1Pues ser\u00eda verdad lo que le dec\u00eda su madre! Tendr\u00eda que ir a que le recetaran algo m\u00e1s fuerte para la memoria.<br \/>\nSu madre le aconsej\u00f3 por en\u00e9sima vez que se anudase un pa\u00f1uelito en el dedo. Que nunca falla, S\u00ed, claro, y cuando estoy al otro lado de la puerta me miro el dedo y digo \u00a1ah\u00ed va, las llaves!, y yo fuera y ellas dentro, las llaves, \u00a1hay que joderse!, y qu\u00e9 queda: un subnormal de tercera generaci\u00f3n con un pa\u00f1uelo atado al dedo gordo&#8230; Hab\u00eda que pensar en otra cosa, r\u00e1pido. Adem\u00e1s, empezaba a molestarle de nuevo el est\u00f3mago. \u00a1Otra vez, carajo!<br \/>\nY ya estaba Alfredo en una camilla camino del hospital. Iban a operarle de urgencia. A qui\u00e9n se le ocurre salir en un d\u00eda como \u00e9ste, Alfredo&#8230; Oye, \u00bfme est\u00e1s escuchando? Nada, que no o\u00eda un pijo. \u00a1Qu\u00e9 calamidad de hijo!<br \/>\nSe despert\u00f3 y estaba oscuro. Al principio no sab\u00eda si estaba en su casa o en el el cielo o en el purgatorio del saloncito de su madre. Tampco sab\u00eda si los pies que asomaban bajo la s\u00e1bana eran los suyos. Prob\u00f3 a mover los dedos. Record\u00f3 a Uma Thurman en la Chochoneta, concentrada el mover ese gigantesco dedo gordo. Nada. As\u00ed que se tir\u00f3 al suelo y se fue arrastrando. No, Alfredo, definitivamente, hoy no es tu d\u00eda.<br \/>\nCuando recobr\u00f3 la conciencia tuvo que cerrar los ojos de golpe. \u00a1Qu\u00edtenme esa luz de la cara, por favor! Llam\u00f3 a su madre a gritos. Pero su madre no apareci\u00f3. Este ha debido soplarle al tinto que da gusto, dijo el enfermero bajito. Pues no huele a alcohol, dijo el bedel. Puede que se lo haya inyectado o que haya tomado otras cosas, t\u00fa me entiendes, dijo un pediatra en pr\u00e1cticas que era muy gracioso. El enfermero bajito r\u00ede con una risa floja. Alfredo, que les estaba oyendo, trat\u00f3 de agarrar el cuello del insensible que estaba m\u00e1s cerca y err\u00f3, todo hay que decirlo, por mi poco. Un golpe en los test\u00edculos del bedel lo devolvi\u00f3 al estado de postraci\u00f3n en el que se hallaba cuando lo encontraron. Se le hab\u00edan abierto los puntos.<br \/>\nEra la tercera vez que despertaba. Sab\u00eda que hab\u00eda sido un ataque fuerte pero no le preocupaba. Ten\u00eda que volver a casa. Record\u00f3 que no ten\u00eda las llaves. \u00bfY d\u00f3nde estaba su ropa? \u00bfQu\u00e9 hab\u00edan hecho con sus babuchas? Ten\u00eda una bata puesta. Se sorprendi\u00f3 con aquel atuendo miserable y rid\u00edculo. \u00a1Pero si puedo verme el culo! Parece que disfrutan con todo esto. \u00a1Pues se acab\u00f3! \u00a1Yo me largo ahora mismo! Se toc\u00f3 el vientre; los puntos recientes le escoc\u00edan. Ser\u00e1 la emoci\u00f3n, pens\u00f3.<br \/>\nLa puerta de la habitaci\u00f3n se abri\u00f3. Era la enfermera que hac\u00eda su ronda. Alfredo, que se hab\u00eda quitado la bata y estaba en pelotas, estaba tratando de salir por la ventana y la enfermera, no se sabe si al verle el culo, grit\u00f3 que alguien la quer\u00eda violar y Alfredo, del susto, se cay\u00f3. Menos mal que estaba en la planta baja. Los jardineros de la cl\u00ednica lo sacaron del seto donde hab\u00eda ca\u00eddo. Ahora tendr\u00edan que coserle la cabeza del coscorr\u00f3n que se hab\u00eda dado.<br \/>\nComo no hab\u00eda un solo m\u00e9dico en plantilla que entendiese los balbuceos de Alfredo, decidieron inyectarle un somn\u00edfero para que durmiera de un tir\u00f3n ese d\u00eda y tambi\u00e9n el siguiente, por si acaso, que ma\u00f1ana jugaba el Madrid, y no estaban ni para tonter\u00edas de desequilibrados ni para ces\u00e1reas programadas.<br \/>\nTres d\u00edas despu\u00e9s de su ingreso, Alfredo pudo salir del hospital por su propio pie. Al bajar la rampa, tropez\u00f3 con un adoqu\u00edn que sobresal\u00eda ligeramente de la acera y rod\u00f3 hasta que una se\u00f1ora de 94 a\u00f1os lo fren\u00f3 muriendo en el acto, la se\u00f1ora, no del golpe, claro, sino del susto.<br \/>\nUnos camilleros que estaban fum\u00e1ndose un pitillo levantaron a Alfredo del suelo y le sacudieron un poco. Alfredo les dio las gracias y apret\u00e1ndose el est\u00f3mago a la altura de los puntos que se le hab\u00edan abierto y con el monedero de la vieja escondido en los calzoncillos, se march\u00f3 a su casa en transporte p\u00fablico. En el portal se encontr\u00f3 con la portera. Hay que ver hay que ver qu\u00e9 tiempo hace, le dijo al verlo.<br \/>\nNadie consultado en el edificio sabe con certeza si aquella g\u00e9lida ma\u00f1ana, Alfredo Mart\u00ednez Pernambuco acab\u00f3 con la vida de esta mujer. Sin embargo, algunos vecinos, entre ellos el musculoso sarasa, aseguran que Alfredo logr\u00f3 abrir con una llave (inglesa) la puerta de su casa y entrar. Se le ha visto merodear por el barrio, pero nadie sabe a ciencia cierta si era realmente Alfredo u otro que se le parec\u00eda.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PRIMERA PARTE Sinti\u00f3 una leve punzada en el est\u00f3mago. Nada serio. Se recuperar\u00eda enseguida. S\u00f3lo ten\u00eda que tomar las pastillas indicadas. Y si las pastillas no estaban en su lugar o se hab\u00edan agotado, tendr\u00eda que bajar a la farmacia y soportar el dolor unos minutos. Nada que no pudiera tolerar. 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