{"id":744,"date":"2014-04-22T18:33:16","date_gmt":"2014-04-22T18:33:16","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.hoy.es\/marcosripalda\/?p=744"},"modified":"2014-04-22T18:33:16","modified_gmt":"2014-04-22T18:33:16","slug":"el-puente-de-papel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.hoy.es\/marcosripalda\/2014\/04\/22\/el-puente-de-papel\/","title":{"rendered":"El puente del Origen"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/marcosripalda\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2014\/03\/Puente_de_Papel.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone  wp-image-765\" title=\"Puente_de_Papel\" src=\"\/marcosripalda\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2014\/03\/Puente_de_Papel.jpg\" alt=\"\" width=\"587\" height=\"802\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.hoy.es\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2014\/03\/Puente_de_Papel.jpg 499w, https:\/\/static-blogs.hoy.es\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2014\/03\/Puente_de_Papel-220x300.jpg 220w\" sizes=\"(max-width: 587px) 100vw, 587px\" \/><\/a><\/p>\n<p><em>Para J. L. B.<\/em><\/p>\n<p>\u201cEl puente que estamos construyendo desde hace muchos siglos nunca estar\u00e1 terminado. Como una mano tendida que nadie estrecha, sobresale por encima de las rocas escarpadas de la frontera de nuestro pa\u00eds, debajo de la que se abre el negro abismo sin fondo. Su amplio arco desaparece en alguna parte a lo lejos de la espesa niebla, que se eleva constantemente de la profundidad.\u201d<\/p>\n<p>\u201cUna construcci\u00f3n semejante no se puede concluir si alguien no viene al encuentro construyendo desde el lado opuesto. Y nosotros no hemos podido descubrir un indicio de que al otro lado se trabaje tambi\u00e9n en un proyecto semejante. Es probable que all\u00ed todav\u00eda no hayan notado nada de nuestros esfuerzos.\u201d<\/p>\n<p>[Fragmentos extra\u00eddos del libro <em>El espejo en el espejo<\/em>, de Michael Ende.]<\/p>\n<p>1.<br \/>\nLas primeras palabras que el viajero recuerda al cruzar el vasto puente edificado sobre el r\u00edo Idhlo son tambi\u00e9n las primeras en olvidarse. El n\u00famero de casas no supera la treintena. A pesar de ello, en la aldea hay un gran bullicio a esas horas. Los artesanos fabrican l\u00e1minas de esperanza que son muy apreciadas por los comerciantes de otros territorios, mientras los monjes aguadores se pasean por el monte Rendhlo y dan de beber al sediento.<br \/>\n\u00c1ngela conversa con el reflejo que proyecta en el riachuelo.<\/p>\n<p>2.<br \/>\nBernardo ha descubierto en su piel las se\u00f1ales del tiempo, las huellas diminutas de los recuerdos que le recorren el brazo formando una constelaci\u00f3n lineal de puntos oscuros.<br \/>\nEn uno de sus frecuentes insomnios, Bernardo descubri\u00f3, siendo todav\u00eda muy joven, que las personas eran como libros para \u00e9l.<br \/>\nBernardo se distrae con las luces del puente que se balancean t\u00edmidamente para dar la bienvenida al invierno.<br \/>\nLos recuerdos, los recuerdos&#8230; Ya vienen tocando los m\u00fasicos una alegre melod\u00eda.<\/p>\n<p>3.<br \/>\n\u00c1ngela descansa la cesta de frutas sobre la barandilla de piedra del puente.<br \/>\nNing\u00fan viajero recuerda el nombre de la aldea donde \u00c1ngela vive y es incapaz de recordar que una vez estuvo all\u00ed.<br \/>\nEl poema que escribe \u00c1ngela con su letra de escribano comienza as\u00ed:<\/p>\n<p><em>La estela que dejan las luci\u00e9rnagas de tus ojos<\/em><br \/>\n<em>me atrajeron hasta aqu\u00ed<\/em><br \/>\n<em>S\u00e9 que al caer la tarde peque\u00f1os seres encendidos<\/em><br \/>\n<em>trataran de atraparme en la siesta, pero no les dejar\u00e9<\/em><br \/>\n<em>Porque el rastro que dibuja tu mirada<\/em><br \/>\n<em>es claro como una luna empapada de alcohol<\/em><\/p>\n<p>4.<br \/>\nCuando no era m\u00e1s que un muchacho, Bernardo comenz\u00f3 a leer los libros que hab\u00eda encontrado en una ba\u00fal del s\u00f3tano. Su padre no supo decirle c\u00f3mo hab\u00edan llegado los libros hasta all\u00ed ni a qui\u00e9n pertenec\u00edan. Bernardo comenz\u00f3 aprendiendo los idiomas de los hombres alados, luego los de las Regiones del Norte, la Qui y el Mei. Desde ese momento, Bernardo dej\u00f3 de tener miedo. Pero, \u00bfmiedo a qu\u00e9? Quiz\u00e1s a esa voz, la de su madre muerta, que ahora le susurraba en un idioma que \u00e9l pod\u00eda entender. El idioma de los muertos. Entonces supo que su b\u00fasqueda hab\u00eda comenzado.<\/p>\n<p>5.<\/p>\n<p>Imagina dos ciudades separadas tan s\u00f3lo por un inmenso puente que se eleva sobre un terrible acantilado de rocas y arbustos. Imagina que llegar al otro lado es imposible porque una amplia franja del majestuoso Puente del Origen sobre el r\u00edo Idhlo queda a\u00fan por construir y conectar ambos extremos.<br \/>\nSeg\u00fan el Libro de los Medios es posible que la b\u00fasqueda de la otra mitad consciente se inicie donde es inadmisible que ambos lados del puente se unan.<\/p>\n<p><em>El abismo acaba en el otro lado,<\/em><br \/>\n<em> en el otro lado yo&#8230;<\/em><\/p>\n<p>6.<br \/>\n\u00c1ngela escribe su nombre y rasga el papel. Los fragmentos se agitan en el aire como copos de nieve. Recuerda que el invierno viene silbando sobre los tejados.<br \/>\nTodos los tejados se llenar\u00e1n de nieve&#8230; Puede que, incluso, alg\u00fan pedacito de su poema, tratando de imitar a la propia nieve&#8230;<\/p>\n<p>7.<br \/>\nUna noche distra\u00edda por millones de estrellas blancas. La ciudad se iba dejando envejecer y aparec\u00eda completamente desierta bajo el manto negro de las estrellas y el sonido intermitente de los grillos. Nada hab\u00eda cambiado.<br \/>\nLos primeros copos de nieve llegaron precedidos de las risas y de las campanas diminutas que hac\u00eda sonar el rey Invierno. S\u00f3lo entonces, el repiqueteo de las pisadas cesaba y apenas se o\u00eda nada m\u00e1s.<br \/>\nAl amanecer, Bernardo sigui\u00f3 oyendo la voz. Dec\u00eda: <em>Esc\u00fachame, esc\u00fachame&#8230;<\/em><br \/>\nDe pronto, el sue\u00f1o fue estar despierto.<br \/>\nEscuch\u00f3 la voz, all\u00ed.<\/p>\n<p><em>Tengo cansancio de siglos, siglos enteros cubriendo los o\u00eddos de los hombres y de las mujeres. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1s? \u00bfPuedes o\u00edrme? Estoy tan cerca, tan cerca, tan cerca&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Entre los retazos, la voz de la madre, apenas audible. Pero, \u00bfqu\u00e9 ocurre? Hay otra voz completamente desconocida, un susurro de cristales.<br \/>\nBernardo ha dejado que sus pasos le gu\u00eden hasta el Puente del Origen.<br \/>\nUna figura en el otro extremo. Bernardo se encamina hacia ella.<\/p>\n<p>8.<br \/>\n\u00c1ngela est\u00e1 sentada en el borde del puente con los pies balance\u00e1ndose en el vac\u00edo. La brisa acaricia sus cabellos rojizos.<br \/>\n\u2015\u00bfQu\u00e9 extra\u00f1o, verdad? \u2015Bernardo est\u00e1 de pie frente al borde abrupto de aquel puente inacabado\u2015. A esta hora, cuando el sol palidece y la luna comienza a vestirse, es posible cruzar al otro lado. Lo he le\u00eddo en los libros.<br \/>\n\u2015\u00bfY qu\u00e9 es lo que va a ocurrir? \u2015pregunta \u00c1ngela al desconocido del otro lado. Apenas tiene que alzar la voz.<br \/>\n\u2015Durante unos segundos podremos cruzarlo. Pero aunque no tengo miedo, no soy capaz de dar ese paso.<br \/>\n\u2015\u00bfY eso lo le\u00edste en un libro?<br \/>\n\u2015S\u00ed, en libro m\u00e1s antiguo que todo lo que nos rodea.<br \/>\n\u2015Si crees en las palabras, \u00bfqu\u00e9 te impide cruzarlo?<br \/>\n\u2015Creo en las palabras, s\u00ed, pero s\u00f3lo son las palabras. No espero que lo entiendas.<br \/>\n\u00c1ngela se qued\u00f3 mirando fijamente a aquel hombre que hab\u00eda conocido mucho antes de saber que ella vendr\u00eda hoy aqu\u00ed.<br \/>\nEntonces, la invisible mano tendida la hizo alzarse. Mientras se recog\u00eda el pelo, comenz\u00f3 a caminar hacia el puente dispuesta a cruzarlo.<br \/>\n\u2015Por cierto, me llamo \u00c1ngela&#8230;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para J. L. 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