{"id":848,"date":"2015-01-19T12:27:15","date_gmt":"2015-01-19T12:27:15","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.hoy.es\/marcosripalda\/?p=848"},"modified":"2015-01-19T12:27:15","modified_gmt":"2015-01-19T12:27:15","slug":"la-voz-de-marco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.hoy.es\/marcosripalda\/2015\/01\/19\/la-voz-de-marco\/","title":{"rendered":"La voz de Marco"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/marcosripalda\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/01\/Habitacion_Marco.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-895\" title=\"Habitacion_Marco\" src=\"\/marcosripalda\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/01\/Habitacion_Marco.jpg\" alt=\"\" width=\"567\" height=\"422\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.hoy.es\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/01\/Habitacion_Marco.jpg 567w, https:\/\/static-blogs.hoy.es\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/01\/Habitacion_Marco-300x223.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 567px) 100vw, 567px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Alquilamos la habitaci\u00f3n en mayo y ya entonces lo sab\u00edamos.<br \/>\nNo tardamos en traer los muebles de aquella otra habitaci\u00f3n. Marco y yo. Nos acostamos la primera noche con la rara sensaci\u00f3n de estar tendidos sobre el suelo.<\/p>\n<p>En un rinc\u00f3n de la habitaci\u00f3n hemos dejado los libros de Medicina de Marco; los m\u00edos, escasos, se alejan de la realidad biol\u00f3gica que \u00e9l pretende que ojee. Pero no puedo hacerlo. Marco lo sabe muy bien: es mejor para m\u00ed no aprender lo fr\u00e1gil que somos.<\/p>\n<p>Miro las fotograf\u00edas del viejo edificio e intuyo la desolaci\u00f3n de quienes lo abandonar\u00e1n cuando s\u00f3lo resten sus ruinas, dentro de unos a\u00f1os, cuando ni Marco ni yo recordemos haber vivido all\u00ed. Nos marchamos de aquel lugar con cierto temor, es cierto, pero al examinar el edificio de la fotograf\u00eda me olvido de ese miedo y deseo regresar a nuestra vida de entonces: Marco y yo vestidos de rojo bailando en la azotea.<\/p>\n<p>Marco se\u00f1ala con el dedo nuestra ventana. Mira, es all\u00ed, podr\u00e1s contemplar el amanecer que tanto tiempo has estado buscando; y yo miro, pero m\u00e1s que mirar el edificio, miro a Marco, porque es un hombre guapo y porque al mirarle el edificio se desvanece en mi memoria, aunque ahora estemos frente a \u00e9l, record\u00e1ndolo.<\/p>\n<p>Subimos las escaleras que conducen a esta habitaci\u00f3n desconocida. Los pelda\u00f1os de madera se curvan ligeramente en el centro debido a la erosi\u00f3n del tiempo, ese infatigable superviviente. El sonido de nuestros pasos es inevitable y tantas cosas pendientes a\u00fan. Marco tararea una melod\u00eda mientras sube los escalones. Siempre lo hace. Sonre\u00edmos.<br \/>\nNuestro conserje se despidi\u00f3 con l\u00e1grimas en los ojos \u2014al menos yo las vi\u2014, cuando le comuniqu\u00e9 que nos mud\u00e1bamos, aunque Marco me asegura que no sucedi\u00f3 as\u00ed. Yo le digo a Marco que no todas las personas son como \u00e9l. Entonces me pregunt\u00f3 que c\u00f3mo era \u00e9l. Pero no supe qu\u00e9 decirle.<\/p>\n<p>Tengo la sensaci\u00f3n de haber dormido mucho estos d\u00edas. Mi sue\u00f1o nos acerc\u00f3 a la ventana del viejo edificio. Nos asomamos como invisibles y contemplamos el r\u00edo y la noche, con sus nubes de plomo y cenizas, mientras la ciudad y Marco y yo misma permanecemos dormidos.<\/p>\n<p>Nos miramos en el espejo de la habitaci\u00f3n. La figura de Marco abraza la m\u00eda; descubro lo peque\u00f1a que soy a su lado. Nos miramos en el espejo. Marco y yo.<br \/>\nEl alba color lim\u00f3n rompe los bloques de sombras entre los edificios. Estoy en esa calle cualquiera de la que nunca hemos hablado.<br \/>\nUn anciano cruza la calle y camina tan despacio que nunca alcanzar\u00e1 el otro lado.<br \/>\nNo s\u00e9 si podr\u00e9 entrar alg\u00fan d\u00eda en este edificio.<br \/>\nEs esta calle cualquiera, con su perfume de algod\u00f3n de az\u00facar, la que me adormece. Pero si duermo hoy no ver\u00e9 a Marco.<br \/>\nUn anciano cruza la calle.<\/p>\n<p>Marco recorre con sus ojos avellana la luna del escaparate te\u00f1ida por los trazos caprichosos de la lluvia. El viento, perezoso, despeina sus cabellos. Las luces anaranjadas de la feria en este desierto lo convierten en un islote de luz. Marco se divierte en la caseta de tiro. No tienes que temer nada: no les est\u00e1 permitido devolver los disparos.<\/p>\n<p>Hoy por fin me atrev\u00ed a comprar sola. En el supermercado no encontr\u00e9 las galletas que le gustan a Marco. Pregunt\u00e9 al encargado: no sab\u00eda nada. \u00c9ste es otro supermercado. Tambi\u00e9n la habitaci\u00f3n es otra. Pero eso ya lo he dicho.<\/p>\n<p>Le pido a Marco que se acerque como quien entra en el vest\u00edbulo de un hotel buscando a una mujer que jam\u00e1s ha visto. Y \u00e9l lo hace: cruza la habitaci\u00f3n; se detiene ante m\u00ed; le resulto familiar y me lo hace saber.<br \/>\nMe emborracho de Marco, de su voz.<\/p>\n<p>Estamos mirando las estrellas. Lo cierto es que miramos el cielo sin estrellas. Las hab\u00eda. Estrellas. Marco me dice all\u00ed hay una y yo miro, pero all\u00ed no hay nada. Est\u00e1 el cielo, pero no hay estrellas, de eso estoy segura. Nos quedamos all\u00ed mirando el cielo sin estrellas durante un par de horas. Cruza un avi\u00f3n.<\/p>\n<p>Estamos solos. Una luz de verano inasible cubre nuestros rostros de hojas. El amanecer se est\u00e1 tendiendo sobre las rocas. Marco se acerca a m\u00ed muy despacio; en las manos, formando una especie de cuenco, el agua que le ped\u00ed.<\/p>\n<p>Ahora Marco pasea por la habitaci\u00f3n; se detiene para buscarme: no me distingue entre la bruma de sus pensamientos. Se tiende a mi lado un hombre como Marco, con su piel blanqu\u00edsima, sus brazos extendidos hasta tocar el cabecero, su amago de sonrisa, un hombre que no es Marco, al que un cambio en m\u00ed lo aleja definitivamente. Un hombre yace a mi lado. No es Marco. Y, sin embargo, tiene que ser \u00e9l.<\/p>\n<p>Te he mentido otras veces. Por eso llegas hoy confiando en que te mienta. Pero no lo hago. Quisiera mentirte, pero tu mirada me exhorta a que te diga la verdad. Una verdad obligada por tu mirada.<br \/>\nMarco ha escrito en su cuaderno un diagn\u00f3stico infalible; releo las notas que tom\u00f3, notas que no entiendo, notas con el prop\u00f3sito de excluirme de su vida. Y estaba la insubordinaci\u00f3n de mi cuerpo: ese andamiaje de sangre, carne y huesos que se elevaba en mi interior.<\/p>\n<p>Como supondr\u00e1s nada me importaba entonces. Ni siquiera tu llegada.<br \/>\nAl principio no me atrev\u00ed a abrirte la puerta de mi vida: significaba renunciar a Marco. La deformaci\u00f3n de mi cuerpo le repugn\u00f3 siempre. Por eso se ha ido de esta habitaci\u00f3n: no soporta la idea de haber sido injusto conmigo.<br \/>\nTe susurro que esta habitaci\u00f3n, con su cristalera orientada hacia el sur, nos permitir\u00e1 ver el amanecer que siempre he buscado.<br \/>\nAmanecemos cada ma\u00f1ana con tierra entre los dedos. S\u00f3lo a nosotros nos corresponde saber lo que vamos a hacer con ella.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alquilamos la habitaci\u00f3n en mayo y ya entonces lo sab\u00edamos. No tardamos en traer los muebles de aquella otra habitaci\u00f3n. Marco y yo. Nos acostamos la primera noche con la rara sensaci\u00f3n de estar tendidos sobre el suelo. 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