{"id":849,"date":"2014-11-18T12:04:23","date_gmt":"2014-11-18T12:04:23","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.hoy.es\/marcosripalda\/?p=849"},"modified":"2014-11-18T12:04:23","modified_gmt":"2014-11-18T12:04:23","slug":"sentados-sobre-una-lavadora-que-se-transformo-en-tostadora","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.hoy.es\/marcosripalda\/2014\/11\/18\/sentados-sobre-una-lavadora-que-se-transformo-en-tostadora\/","title":{"rendered":"Sentados sobre una lavadora que se transform\u00f3 en tostadora"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/marcosripalda\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2014\/11\/Lavadora_OK.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-875\" title=\"Lavadora_OK\" src=\"\/marcosripalda\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2014\/11\/Lavadora_OK.jpg\" alt=\"\" width=\"468\" height=\"652\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.hoy.es\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2014\/11\/Lavadora_OK.jpg 468w, https:\/\/static-blogs.hoy.es\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2014\/11\/Lavadora_OK-215x300.jpg 215w\" sizes=\"(max-width: 468px) 100vw, 468px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Con permiso de Bill Sienkiewic<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p>Una vez me dijiste despierta despierta y yo lo hice y me encaram\u00e9 contigo al tejado y miramos las estrellas sentados sobre la lavadora. Aquella lavadora en el tejado que nadie hab\u00eda subido hasta all\u00ed.<br \/>\n<em>Tienes que tener cuidado con la cabeza porque si no te agachas se te caer\u00e1.<\/em> Entonces yo pensaba que la cabeza pod\u00eda desprenderse del cuerpo si nos golpe\u00e1bamos con el marco de una ventana o que si hac\u00edamos el pino nos quedar\u00edamos mongolos para siempre con la sangre en la cabeza toda ella comprimida en el cerebro.<br \/>\nPor supuesto, las clases de Naturales eran divertidas, aunque era m\u00e1s divertido sentarse sobre la lavadora y mirar las estrellas. Eso lo sab\u00edamos t\u00fa y yo y por eso sub\u00edamos todas las noches al tejado. Una vez llov\u00eda tanto que escondimos nuestras cabezas en el tambor de la lavadora y esperamos a que escampase. Nuestros alientos azucarados se confund\u00edan en ese recinto min\u00fasculo en el que no pod\u00edamos ni adivinarnos los ojos.<br \/>\nAhora mismo estamos mirando las estrellas y me dices que acaba de pasar un avi\u00f3n y que no me preocupe porque pasan muchos. <em>A todas horas con sus linternitas rojas<\/em> y digo linternitas porque vuelan muy alto y parecen linternitas rojas no luces de verdad como las que coloc\u00f3 aquel celador en la entrada de la casa con una lavadora en el tejado a la que nos sub\u00edamos para ver las estrellas.<br \/>\nUna vez me dijiste que mirase m\u00e1s lejos que las estrellas eran el principio del cielo y que, detr\u00e1s de esa tela c\u00f3smica, hab\u00eda muchas cosas m\u00e1s, pero cuando te pregunt\u00e9 qu\u00e9 cosas, no abriste la boca y supuse que estabas bromeando, y me call\u00e9 por si acaso.<br \/>\nEn el tejado donde miramos las estrellas hay una lavadora vieja donde has metido tu ropa para limpiarla, pero la lavadora no funciona porque no est\u00e1 enchufada. Y t\u00fa me dices que qu\u00e9 m\u00e1s da, que la gracia est\u00e1 en imaginar c\u00f3mo gira y gira la ropa. Esa fue la primera vez que discutimos y tambi\u00e9n la primera vez que tus ojillos p\u00farpura me rodearon con su encanto de v\u00edveres.<br \/>\nTen\u00edas que contarme algo que te hablaba por dentro mientras dorm\u00edas y yo puse mucho inter\u00e9s cuando me narraste despacito lo que te pasaba, que no era nada del otro mundo, pero que te hablaba y ten\u00edas que dec\u00edrmelo, aunque ahora estemos sentados sobre esta lavadora mirando las estrellas y las estrellas no te hagan caso.<br \/>\nSobre la lavadora improvis\u00e1bamos una nave interestelar como el <em>Enterprais<\/em> que vimos en el cuarto de la televisi\u00f3n y nos qued\u00e1bamos como bobos mirando las estrellas sobre aquella lavadora que ten\u00eda lo menos treinta a\u00f1os, un modelo que no centrifugaba y que la enfermera dec\u00eda que dejaba la ropa hecha toda un higo.<br \/>\nUna noche me hablaste de tus recuerdos, recuerdos escasos porque a\u00fan eras muy joven, hablaste largamente de tu vida en Antioqu\u00eda, de tus amantes, luego dejaste de recordar; sol\u00eda ocurrirte a menudo: ca\u00edas en un sue\u00f1o sin sue\u00f1o. Los recuerdos volv\u00edan al lugar del olvido de donde proven\u00edan, esa Tierra de la Soledad donde te ibas adentrando cada d\u00eda un poco m\u00e1s. Y entonces me dec\u00edas <em>vamos a tomar algo fresquito y luego seguimos mirando las estrellas \u00bfte parece?<\/em> Y es que c\u00f3mo te iba a decir que no con lo guap\u00edsimo que estabas.<br \/>\nObservamos con atenci\u00f3n las alamedas infectadas de mocosos, las tiendas dibujadas como recortes de cart\u00f3n en el horizonte de llamas, el gotear de una maceta sobre la calle desierta, los troncos heridos con nombres inveros\u00edmiles, un hombre que pasea una maleta, una pareja que se besa en un autom\u00f3vil, ella que sale casi sin despedirse&#8230;<br \/>\n<em>No me gusta lo m\u00e1s m\u00ednimo que subas sin m\u00ed a ver las estrellas.<\/em> Esas eran las primeras palabras que te hac\u00edan acercarte m\u00e1s y m\u00e1s a m\u00ed, alej\u00e1ndote de esa Tierra de la Soledad donde cada d\u00eda pasabas m\u00e1s tiempo. Y yo te dec\u00eda que si hubiera sabido que te pondr\u00edas as\u00ed, no hubiera subido. <em>Que conste que al que le gusta mirar las estrellas es a ti.<\/em><br \/>\nSoy quien te acompa\u00f1a, s\u00ed, porque me gusta conversar contigo y recordarte record\u00e1ndonos. Yo hago todo lo posible por traerte nuevos recuerdos. Ya no me importa que sean ciertos. Quiero que te contagies de un pasado cada amanecer, un pasado que te aleje de esa Tierra de la Soledad que pareces a\u00f1orar.<br \/>\nTe recuerdo que no fue una noche como las otras. Hac\u00eda fr\u00edo y no estabas por la labor de dejarme tu su\u00e9ter de lana. Me preguntaste que por qu\u00e9 me enfadaba y de veras que me entraron ganas de estrangularte y empezaste a re\u00edrte y yo a decirte no te r\u00edas y la lavadora, la lavadora&#8230; Pero nada puede hacerse cuando tu risa de manantial salta.<br \/>\nObservamos con atenci\u00f3n lo que ocurre al otro lado, las calles con balcones de cemento, el asfalto pringoso y los coches que se derriten en una penumbra de sol perpetua, observamos la salida de los colegios, la se\u00f1ora con su carrito que se pierde en una callejuela, los \u00faltimos rayos de luz sobre los edificios id\u00e9nticos, los hombres que caminan dormidos como estatuas el\u00e9ctricas, el mendigo raqu\u00edtico de barba rala que se mide el pulso y otro d\u00eda&#8230;<br \/>\nLa lavadora sobre la que estamos sentados tiene un color blanco sucio que nos atrae a ambos porque nos recuerda las paredes del recinto. Me adviertes que si la sigo mirando va a desaparecer, <em>pero no lo hace<\/em>, te digo, y t\u00fa haces un conjuro, m\u00e1s bien haces que est\u00e1s haciendo un conjuro, y luego te duermes contento y nada sucede porque los conjuros tienen que hacerlo las brujas. Te hablo de aquellas lucecitas rojas de los aviones y me corriges y me dices que son linternitas y eso es una buena se\u00f1al y te alejas de la Tierra de la Soledad.<br \/>\nMe reprochas que te haya enga\u00f1ado todo este tiempo. Y te digo que ma\u00f1ana no te acordar\u00e1s de nada. No sonr\u00edes porque sabes que estoy en lo cierto. Aunque esto que sabes ahora tampoco lo recordar\u00e1s ma\u00f1ana.<br \/>\nObservamos con atenci\u00f3n la espesa niebla que se cierne sobre los tejados, la luz difusa de una moto que se aproxima al cruce, la iglesia con sus puertas cerradas, el perro abandonado en mitad de una calle larga y estrecha donde los ni\u00f1os que fuimos han dejado de jugar a la pelota, el tir\u00f3n del bolso una mujer pidiendo auxilio un hombre que la levanta del suelo la gratitud las sirenas&#8230;<br \/>\nComo supuse, no quieres levantarte. Y es que la noche es tan preciosa que <em>no debes privarte de ella<\/em> y dices vale vale ya me visto y me alegro y corro a la cocina en busca de unos dulces para que cuando estemos sentados sobre la lavadora no te aburras y me sueltes aquello de que d\u00f3nde est\u00e1n las estrellas y \u00bfes qu\u00e9 no te basta contemplar este cielo de petr\u00f3leo junto a m\u00ed?<br \/>\nObservamos con atenci\u00f3n el cami\u00f3n de la basura que recoge puntualmente los desechos del barrio, la farola que proyecta su haz de luz un instante sobre una mujer que pasea un perro un muchacho que entrena cuestas que se para en los escaparates un anciano que alarga la mano un gesto imperceptible una mano que sin rozarla deja unas monedas una sonrisa unos pocos dientes podridos una chica vestida con una faldita vaquera que llama un taxi un taxista que mira por el retrovisor y descubre un rostro triste interrumpido por lagrimas&#8230;<br \/>\nLa noche que nos ca\u00edmos con la lavadora al patio trasero del recinto no parabas de re\u00edrte. Te llam\u00e9 por cada uno de tus nombres, pero estabas dormido. El dolor, me dec\u00eda, te ha obligado a dormirte. Y pens\u00e9 que tu cuerpo era sabio.<br \/>\nSupe, al despertarme, que la lavadora no la subir\u00eda nadie m\u00e1s al tejado. Y tambi\u00e9n supe que tendr\u00eda que dejar de mirar las estrellas y los aviones y ese mundo de ah\u00ed fuera que jam\u00e1s nos hab\u00eda esperado porque ni siquiera sab\u00eda que exist\u00edamos, que existo.<br \/>\nSentado ahora sobre una tostadora paso mis d\u00edas en esta Tierra de la Soledad que tan bien me supiste describir antes de olvidarla por completo. A veces creo que vas a volver y me duermo enseguida, pero cuando despierto nunca est\u00e1s ah\u00ed. Tal vez lo mejor ser\u00eda no despertar.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Con permiso de Bill Sienkiewic Una vez me dijiste despierta despierta y yo lo hice y me encaram\u00e9 contigo al tejado y miramos las estrellas sentados sobre la lavadora. 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