{"id":989,"date":"2015-09-23T09:23:34","date_gmt":"2015-09-23T09:23:34","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.hoy.es\/marcosripalda\/?p=989"},"modified":"2015-09-23T09:23:34","modified_gmt":"2015-09-23T09:23:34","slug":"juegos-reunidos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.hoy.es\/marcosripalda\/2015\/09\/23\/juegos-reunidos\/","title":{"rendered":"Juegos reunidos"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/marcosripalda\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/09\/dibujino2.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-990\" title=\"dibujino2\" src=\"\/marcosripalda\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/09\/dibujino2.jpg\" alt=\"\" width=\"427\" height=\"630\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.hoy.es\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/09\/dibujino2.jpg 427w, https:\/\/static-blogs.hoy.es\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/09\/dibujino2-203x300.jpg 203w\" sizes=\"(max-width: 427px) 100vw, 427px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La ni\u00f1a que era m\u00e1s mala que un dolor se subi\u00f3 al tejado para otear el horizonte de tejas, camisones, bragas-faja y gatos hambrientos y, sobre todo, para poder echarle un vistazo al ni\u00f1o que era m\u00e1s tonto que Abundio, que, al parecer, vendi\u00f3 una oreja porque la ten\u00eda repetida.<br \/>\nLa ni\u00f1a que era m\u00e1s mala que un dolor no acostumbraba a subir tan alto, pero se aburr\u00eda de estar en el cuarto callada y esperando que se hiciese de noche para poder chinchar al padre, que llegaba agotado del trabajo y ten\u00eda el tiempo justo para cenar e irse a la cama tras un irregular cepillado de dientes. As\u00ed que mientras la madre le pon\u00eda la cena \u2014m\u00e1s bien fr\u00eda porque no acertaba con el tiempo de calentado en el microondas\u2014, la ni\u00f1a que era m\u00e1s mala que un dolor le somet\u00eda a todo tipo de rayuelas f\u00edsicas y mentales, que iban desde el abrazo-que-impide-ver-El-intermedio o el achuch\u00f3n-que-machaca-las-cervicales-que-el-crossfit-ya-machac\u00f3 a las preguntas y\/o peticiones inquietantes del tipo \u00bflas nubes comparten casa? o \u00bfcu\u00e1ndo me vas a comprar el iPhone 6 con pantalla retinta extrafina de jamon york?<br \/>\nC\u00f3mo descansar con este incesante acoso y derribo de esta ni\u00f1a-gota-malaya, siempre armada hasta los dientes con preguntas m\u00e1s bien extra\u00f1as, irresolubles, antip\u00e1ticas y que preocupaban sobremanera al padre y no le dejaban dormir a pierna suelta, que es lo que le hubiese calmado la ansiedad y permitido un despertar de buen humor a la ma\u00f1ana siguiente, y no ese despertar aciago que le presionaba las sienes como si quisieran modelar un botijo en su jeta, y, sobre todo, ese sabor a manteca color\u00e1 que le repet\u00eda en el cercan\u00edas de camino al curro, donde su amable jefe, que llevaba una vida de satisfecho y acaudalado calzonazos, con sobremesas excelentes en compa\u00f1\u00eda de unos hijos cari\u00f1osos y buenos estudiantes y una esposa con cabeza para los n\u00fameros y curvas r\u00e1pidas, donde esprintaban los ojos de los alba\u00f1iles que estaban ampliando el ba\u00f1o del \u00e1tico, el del servicio, que hab\u00eda sido un cuchitril hasta entonces, y aprovecharon para tirar un tabique para que desde la cocina se viese el sal\u00f3n \u2014con la excusa de que iba a entrar m\u00e1s luz y parecer\u00eda que sus 120 metros cuadrados eran en realidad 122\u2014, un capricho de \u00faltima hora que se le hab\u00eda ocurrido a la maciza esposa, que por nada del mundo quer\u00eda perderse los cuchicheos de su familia pol\u00edtica, mientras se met\u00edan entre pecho y espalda deliciosas gambas serbias y los sobrinos presum\u00edan de b\u00edceps, mientras la suegra <em>metomentodo<\/em> y el de la moto, que all\u00ed hab\u00eda barra libre, despellejaban a quien cruzase el umbral del sal\u00f3n, un juego cl\u00e1sico que los ten\u00eda entretenidos hasta que alguien encontraba el mando de la televisi\u00f3n extraplana de 112 pulgadas dentro de un jarr\u00f3n u oculto, a conciencia, en un caj\u00f3n debajo de unas revistas de m\u00fasica cl\u00e1sica y labores del hogar que ocultaban una caja de excelentes habanos, en cuyo interior estaba el susodicho, y que el acaudalado calzonazos abon\u00f3 en tres c\u00f3modos plazos de 3.557 euros para que la familia, los amigos, este y aquel, se sintiesen como en casa, aunque bien sab\u00eda el calzonazos que no hab\u00eda nadie que estuviera mejor en su casa que en la suya, o sea, y por eso estaban en su sal\u00f3n todo el pu\u00f1etero d\u00eda, toqueteando el mando de la Jumbo-televisi\u00f3n, en busca de alguna mamarrachada para borregos dise\u00f1ada por hombres y mujeres muy capaces que hac\u00edan lo que hac\u00edan porque ten\u00edan que comer y pagar la guarder\u00eda del ni\u00f1o, con lo que le gustaban las pel\u00edculas de vaqueros, con sus hombres altos y decididos que no le tem\u00edan a nada o que ocultaban la mar de bien que estaban cagaditos de miedo, como el esbelto profesor de tai chi que ven\u00eda los lunes y mi\u00e9rcoles y que no se cansaba de repetirle que su esposa era una alumna aventajada y que se sacud\u00eda el sudor con m\u00e1s sudor en el cuarto de las fregonas\u00a0\u2014omitiendo esta parte, obviamente, que solo les concern\u00eda a ellos\u2014, frota que te frota, con violencia incluso, vi\u00f3lame, le gritaba \u00e9l, calla la puta boca, le aconsejaba ella, y en ese intercambio de roles estaban los dos cuando el hijo del jardinero, al que la ni\u00f1a que era m\u00e1s mala que un dolor llamaba el ni\u00f1o que era m\u00e1s tonto que Abundio, los pill\u00f3 centrifugando ese deseo irrefrenable que los llevaba cada lunes y mi\u00e9rcoles \u2014y casi siempre que el satisfecho marido calzonazos estaba fuera\u2014, al delirio amatorio, con el cuerpo del profesor de tai chi en una contorsi\u00f3n imposible que le permit\u00eda sacudirle en el culo a la escultural esposa mientras le lam\u00eda los pies, una cosa muy asquerosa, le contaba el ni\u00f1o que era m\u00e1s tonto que Abundio a su madre, que le advirti\u00f3 que no abriese la boca, que la se\u00f1ora era muy limpia y muy cat\u00f3lica y que por nada del mundo se iba a poner a retozar como una cerda, oye, y el ni\u00f1o, que empezaba a no ser tan tonto, le replic\u00f3 que parec\u00edan entenderse muy bien a pesar de los gritos, as\u00ed que la madre zanj\u00f3 la cuesti\u00f3n con una torta de las de vuelve-y-te-doy-otra-que-tengo-un-arsenal y, tal vez por esta raz\u00f3n, all\u00ed estaba la ni\u00f1a que era m\u00e1s mala que un dolor\u00a0\u2014y a la que no hab\u00eda forma humana de describirla como la-ni\u00f1a-que-ten\u00eda-unos-prontos-muy-malos-pero-era-buena o la-ni\u00f1a-problem\u00e1tica-pero-con-un-coraz\u00f3n-que-se-le-iba-a-salir-del-pecho\u2014, y que algo se ol\u00eda, observando al ni\u00f1o que parec\u00eda tonto pero no lo era tanto, aunque estaba a punto de estamparse la frente contra el tendedero, que temblar\u00eda lo justo, bien lo sab\u00eda la ni\u00f1a, porque estaba el poste bien sujeto al suelo, mientras se desprend\u00eda de una cuerda un calzoncillo del se\u00f1or de la casa, que era el que lo pagaba todo a fin de cuentas.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; La ni\u00f1a que era m\u00e1s mala que un 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