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	<title>ENTRE LA CORRUPCIÓN Y EL PARO | Más allá de la noticia - Blogs hoy.es</title>
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		<title>ENTRE LA CORRUPCIÓN Y EL PARO | Más allá de la noticia - Blogs hoy.es</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Dec 2014 19:23:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Asociación de Filósofos Extremeños</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p><a href="/masalladelanoticia/wp-content/uploads/sites/56/2014/12/Joaqu%C3%ADn-Paredes-1995-11.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-270" title="Joaquín Paredes, 1995" src="/masalladelanoticia/wp-content/uploads/sites/56/2014/12/Joaqu%C3%ADn-Paredes-1995-11.jpg" alt="" width="214" height="300" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/56/2014/12/Joaquín-Paredes-1995-11.jpg 1647w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/56/2014/12/Joaquín-Paredes-1995-11-214x300.jpg 214w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/56/2014/12/Joaquín-Paredes-1995-11-768x1076.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/56/2014/12/Joaquín-Paredes-1995-11-731x1024.jpg 731w" sizes="(max-width: 214px) 100vw, 214px"></a></p>
<p>La erosión del sistema democrático se origina principalmente por la corrupción de los que deberían ser, precisamente, los encargados de impedirla y perseguirla. Cuando la vida pública está teñida de un hedor persistente que salpica familias enteras, como los Pujol; cuando hay cientos de políticos implicados en casos de corrupciones o corruptelas; cuando los partidos políticos no saben, no quieren o no pueden salir de ese lodazal que alarga su sombra de sospecha hasta el gobierno de la nación; cuando incluso la familia real chapotea en ese fango que mancha y amenaza con convertirse en práctica cotidiana, algo está realmente podrido en los tiempos que vivimos y puede infectar, si no lo ha hecho ya, la médula del tejido social y las esperanzas de los ciudadanos.</p>
<p>Decir corrupción es decir enfermedad, cáncer que se propaga como un virus que menoscaba la resistencia y la salud de las convicciones democráticas y amenaza sus valores y sus principios, minando la confianza y las expectativas depositadas por los ciudadanos en un sistema que debería velar, sobre todo, por sus derechos y libertades y garantizar la mejora paulatina del mismo a través de una sociedad más equitativa y más justa, en la que nadie pueda ser desposeído de aquello que le pertenece y nadie pueda apropiarse de lo que no es suyo, alterando las reglas de juego que entre todos hemos establecido: que lo público, al ser de todos, nunca debería transitar hacia manos privadas, gobierne quien gobierne, porque ese patrimonio constituye el aval necesario para que el sistema perdure y se afiance en los valores y principios que lo constituyen.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p>No debería haber perdón ni olvido; es decir, no deberían prescribir los delitos para aquellos que de manera tan despreocupada y alegre dilapidan un patrimonio social y político que se ha tardado mucho tiempo en consolidar y que ha costado sudor, sangre y lágrimas a muchos seres humanos, que han puesto su esfuerzo y su vida al servicio de un ideal democrático y de humanidad en el que se pueda habitar con garantías de que en él pervivan y se perfeccionen valores como la honradez, la justicia, la solidaridad y la igualdad de derechos y de oportunidades para todos.</p>
<p>No sé si es la tan repetida crisis o un mal contagioso de raíz ideológica y especulativa lo que se está expandiendo como la pólvora por una sociedad cada vez más desprotegida y más desencantada, pero el caso es que es raro el día en que no escuchamos una noticia de despidos o cierre de empresas, con el consiguiente perjuicio para aquellos que ven desaparecer su fuente de ingresos y, por tanto, su garantía de una vida digna.</p>
<p>En paralelo, sin embargo, asistimos igualmente casi a diario a las noticias que nos informan de la sangría de dineros públicos que vuelan a bolsillos privados, en una ceremonia del descaro, la poca vergüenza y la desfachatez de aquellos que se postularon en su día para el servicio de la comunidad y que se han dedicado a servir a sus propios intereses, alterando las leyes de la equidad y de la justicia esenciales para construir sociedades cada vez más habitables e igualitarias.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>La corrupción y el paro constituyen hoy las dos coordenadas en las que se desenvuelve el día a día de la noticia y la cotidianeidad, como un maná que alimenta la decepción y el pesimismo de una sociedad desmantelada en lo público y arruinada en lo moral y que apenas tiene fuerzas para otear el horizonte en busca de un porvenir sin hipotecas ni gravámenes imposibles de sortear y de políticos que defiendan con convicción y con valentía el bien común, en un territorio de la avaricia que, hoy por hoy, amenaza con extenderse sin límites, si nadie lo remedia y corta de raíz esta hemorragia de la desvergüenza y de la desfachatez.</p>
<p>Una y otra vez se afirma que con la crisis que nos asola no hay dinero, y con esa disculpa, gobernantes y empresarios tienen la coartada perfecta para recortar no solo los sueldos y las ilusiones de los ciudadanos, sino sus derechos y sus libertades, que día a día van mermando tanto como el contenido de sus bolsillos y de sus ahorros, cada vez más magros, mientras contemplan atónitos como se protege o se salva a los especuladores y a los bancos de sus propios abusos y desafueros y, por otra parte, observan atónitos con que facilidad y rapidez se evaporan las perspectivas de futuro de aquellos que solo tienen su trabajo y sus casas, si no han perdido ya ambas cosas, para poder seguir viviendo.</p>
<p>Dicen que Michael Jordan ganaba más dinero con la marca Niké que todos los obreros de Niké en Malasia juntos. Es posible que esta afirmación se acerque bastante a la realidad, y que no sea precisamente una excepción, lo que demuestra una vez más el extraño concepto de humanidad y de justicia que tenemos los que decimos pertenecer a esa especie que hemos definido como animal racional, y que a veces nos parece que tiene más de lo primero que de lo segundo.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p align="right">Por Joaquín Paredes Solís</p>
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