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	<title>Más allá de la noticiasofistas &#8211; Más allá de la noticia</title>
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		<title>ESCEPTICISMO</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Apr 2015 12:46:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Asociación de Filósofos Extremeños</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El escepticismo ha sido siempre un modo de ser, de pensar y de estar en el mundo caracterizado por poner en tela de juicio la posibilidad de un conocimiento seguro y permanente sobre la realidad y los valores, oponiéndose así a las tesis absolutistas y a las defensoras de la seguridad, la validez y la [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El <strong>escepticismo</strong> ha sido siempre un modo de ser, de pensar y de estar en el mundo caracterizado por poner en tela de juicio la posibilidad de un conocimiento seguro y permanente sobre la realidad y los valores, oponiéndose así a las tesis absolutistas y a las defensoras de la seguridad, la validez y la permanencia del conocimiento y de los principios morales.</p>
<p>Tanto el escepticismo, como el <strong>relativismo</strong>, supusieron una terapia saludable para combatir a los fanáticos de todo tipo y condición, una cura para los que pensaban que todo estaba dicho, descubierto o reglado de modo definitivo y para siempre.</p>
<p>El escepticismo negativo rechaza la posibilidad del conocimiento y, por tanto, suspende la búsqueda del mismo, proponiendo una <strong>epojé</strong>, una suspensión del juicio, lo que lleva a la misma negación de la razón, del conocimiento y de la ciencia.</p>
<p>Hay, sin embargo, otra manera de concebir el escepticismo, de modo positivo, y es aquella que hace de la duda, de la sospecha, del análisis, del mirar alrededor y del comparar lo que hay, el método básico de investigación para asegurarnos de que lo que encontremos en nuestra investigación tendrá ciertas garantías de permanencia y verosimilitud, siempre provisionales, y que, de paso, tales hallazgos sirvan de incentivos para seguir indagando y explorando la realidad. Este modo de proceder nos muestra que la razón puede seguir descubriendo certezas o verdades verosímiles, pero que nunca estará segura de un modo irrefutable y definitivo de haber alcanzado ni la verdad absoluta ni el conocimiento definitivo, lo que la conduce a seguir sospechando y, por tanto, construyendo modelos explicativos sobre lo que hay e inspeccionando en los misterios que nos rodean, tratando de dar sentido las preguntas que nos asaltan.</p>
<p>La duda cartesiana fue un ejemplo de lo que puede conseguirse tomando a ésta como método, como principio de conocimiento, y no admitiendo nada que pueda ser dudado, hasta encontrar un principio o una proposición irrefutable, inmune a la duda, que <strong>Descartes</strong> encontró en el <em>Cogito, ergo sum</em>, aunque no pudo o no supo salir de él, del ámbito del pensamiento, para enfrentarse, con la misma seguridad y certidumbre a la realidad del mundo.</p>
<p>Fueron los <strong>sofistas</strong>, en la antigua Grecia, los primeros que, al parecer, sospecharon de las verdades absolutas y del conocimiento seguro e inmutable y fue <strong>Gorgias de Leontini</strong>, de la primera generación de sofistas, junto con <strong>Protágoras</strong>, el que mejor definió esta actitud mental que concluye que nada existe, a través de sus tres célebres tesis: 1. Nada existe. 2. Si algo existiera, no podría ser conocido. 3. Si algo existente pudiese ser conocido, no podría expresarse a través del lenguaje.</p>
<p>En el caso de Gorgias, se niega la existencia de nada permanente en lo que concierne a lo real y al conocimiento, al declarar falsas todas las opiniones.</p>
<p>El término escepticismo, como tantos otros, procede el griego “sképsis”, que puede traducirse por investigación, examen, análisis, duda, y como corriente filosófica de la antigüedad, parece que se inició con <strong>Pirrón de Elis</strong> y <strong>Timón de Fliunte</strong>, y su característica principal es que rechaza la posibilidad de que se pueda encontrar un significado absoluto a lo real.</p>
<p>Los seguidores de Pirrón destacarán, sobre todo, por los análisis críticos de los argumentos de los dogmáticos, recogidos en los diez “tropos” de <strong>Enesidemo de Cnosos</strong>, que han llegado hasta la actualidad gracias a la actividad recopiladora de <strong>Sexto Empírico</strong>.</p>
<p>La irrupción del cristianismo, con su creencia y su defensa de verdades absolutas, y su dogmatismo, que anteponía la fe a la razón en la prioridad del conocimiento, llevaron a estas corrientes de pensamiento escéptico y relativista, incómodas y perturbadoras del nuevo orden político-religioso establecido y hegemónico, a ocultarse o casi desaparecer.</p>
<p>Resurgirán de nuevo con el <strong>Renacimiento</strong>, con la recuperación de la antigüedad clásica y la razón como elemento clave en la construcción de un saber riguroso, y con la irrupción de pensadores como <strong>Montaigne</strong>, <strong>Charron </strong>y <strong>Francisco Sánchez</strong>, que impulsaron la renovación del pensamiento filosófico que dará paso a la Modernidad, donde fue <strong>David Hume</strong> el representante de un escepticismo que, por coherencia con sus propias afirmaciones, defendía un conocimiento de lo real que no podía ir más allá del aquí y ahora de las impresiones sensoriales.</p>
<p style="text-align: right;"> Por Joaquín Paredes Solís</p>
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		<title>Auctoritas y potestas</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Oct 2013 11:12:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Asociación de Filósofos Extremeños</dc:creator>
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		<description><![CDATA[ La autoridad implica aumento de confianza en las personas con las que se entra en relación. La raíz indoeuropea ‘aug-’ (aumentar) genera el latino ‘áuctor’ (autor, significando el que hace crecer, avanzar). Del que proviene ‘autoridad’. La potestad, incluso la legal y justa, lleva consigo aumento del temor, del miedo. La palabra latina ‘potestas’ (potestad, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal"> <span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"><strong>La autoridad implica aumento de confianza en las personas con las que se entra en relación. </strong>La raíz indoeuropea ‘<em style="mso-bidi-font-style: normal;">aug</em>-’ (aumentar) genera el latino ‘<em style="mso-bidi-font-style: normal;">áuctor</em>’ (autor, significando el que hace crecer, avanzar). Del que proviene ‘<em style="mso-bidi-font-style: normal;">autoridad</em>’.<a href="/masalladelanoticia/wp-content/uploads/sites/56/2013/10/autoridadblog.jpg"><img loading="lazy" class="alignright size-medium wp-image-187" title="DOCU_GRUPO DOCU_GRUPO" src="/masalladelanoticia/wp-content/uploads/sites/56/2013/10/autoridadblog.jpg" alt="" width="300" height="300" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/56/2013/10/autoridadblog.jpg 1000w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/56/2013/10/autoridadblog-150x150.jpg 150w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/56/2013/10/autoridadblog-300x300.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/56/2013/10/autoridadblog-768x768.jpg 768w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"><strong>La potestad, incluso la legal y justa, lleva consigo aumento del temor, del miedo</strong>. La palabra latina ‘<em style="mso-bidi-font-style: normal;">potestas</em>’ (potestad, poderío,<span style="mso-spacerun: yes;">  </span>dominio) deriva del verbo<span style="mso-spacerun: yes;">  </span>‘<em style="mso-bidi-font-style: normal;">possum</em>’ (poder, tener facultad para). Se compone de ‘<em style="mso-bidi-font-style: normal;">potis</em>’ (capaz, el que puede) y ‘<em style="mso-bidi-font-style: normal;">sum</em>’ (soy). Se genera a partir del indoeuropeo ‘<em style="mso-bidi-font-style: normal;">poti</em>-’ (poderoso, señor).</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">Según esto, <strong>quien tiene <em style="mso-bidi-font-style: normal;">autoridad</em> indica que se comporta de tal manera que ‘<em style="mso-bidi-font-style: normal;">aumenta</em>’ la confianza, que da motivos para poder confiar en él</strong>. El que ha demostrado, por ejemplo, que sabe mucho sobre una determinada materia, la gente se fía de lo que dice, y lo utiliza tanto para su propio, como para argumentar en contra de otro que no opina lo mismo. <strong>En cambio, se dice que alguien tiene <em style="mso-bidi-font-style: normal;">potestad</em> para algo, cuando tiene el poder indiscutible para imponer que eso se haga o sea así, incluyendo, en su caso,  el respaldo de la ley  o de la fuerza. El tan difundido ‘<em style="mso-bidi-font-style: normal;">sí o s</em>í’, yo se lo oí, por primera vez, al sargento en la mili.</strong></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">Sin embargo, en la evolución del idioma español, ambos conceptos se juntan a veces, porque,<strong> en ocasiones, la <em style="mso-bidi-font-style: normal;">autoridad</em> ha sido también investida de cierto poder</strong>. Por ejemplo, supongamos un prestigioso profesor que sea considerado una ‘<em style="mso-bidi-font-style: normal;">autoridad</em>’ en su materia, es decir, que sus logros científicos y pedagógicos son tenidos en cuenta, son reconocidos como buenos por la comunidad científico-pedagógica correspondiente. Sus alumnos comprobarán también que esto es cierto. Pero supongamos que un estudiante no cumple las reglas académicas. Entonces el profesor tiene también <em style="mso-bidi-font-style: normal;">potestad</em> para obligarle a mantener el orden, a prestar atención, etc. Si no hiciera caso, puede expulsarlo de clase o incluso iniciar un expediente disciplinario contra él.<span style="mso-spacerun: yes;">  </span><strong>Por consiguiente, sería deseable siempre que ambas cualidades fueran juntas, es decir, que quien manda sepa, y que pueda mandar también quien sabe</strong>.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">Pero <strong>esta unión puede llevar con frecuencia a la confusión, y se habla entonces de autoritarismo, cambiando por completo el significado originario de la palabra ‘autoridad’</strong>. Ya que el <em style="mso-bidi-font-style: normal;">autoritario</em> pasa a utilizar la <em style="mso-bidi-font-style: normal;">potestad</em>, aun careciendo de <em style="mso-bidi-font-style: normal;">autoridad</em>. Debería llamarse <em style="mso-bidi-font-style: normal;">potestatario</em>,<span style="mso-spacerun: yes;">  </span>pero esta palabra no ha tenido éxito, porque quien manda prefiere hacer creer al que obedece: “sus razones tendrá” (“<em style="mso-bidi-font-style: normal;">doctores tiene la Iglesia</em>”).</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">Para alcanzar <em style="mso-bidi-font-style: normal;">autoridad</em> <strong>hace falta ser respetuoso</strong> (atento, pero crítico), <strong>capaz de convencer con argumentos, capaz de ilusionar, ser fiable, justo</strong>, etc. Para tener <em style="mso-bidi-font-style: normal;">potestad</em> ‘normal’<span style="mso-spacerun: yes;">  </span>es necesario que la ley o la costumbre se la reconozcan, y en casos de abuso <strong>basta saber amenazar, infundir miedo, y, en su caso, disponer de la coerción y la fuerza</strong>.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">Cuando se habla de respeto, quiérese decir<span style="mso-spacerun: yes;">  </span>que se debe mirar y escuchar con atención a la persona con la que se trate, pero eso no significa estar de acuerdo, por ello puede ser<span style="mso-spacerun: yes;">  </span>necesaria la crítica para demostrar su error. A Sócrates le gustaba hacerlo en público para poner en evidencia al adversario, para descubrir sus artimañas y técnicas de engaño. Se dice que <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Sofistas" target="_blank">los sofistas</a> querían el éxito a toda costa, según el siguiente principio: “<em style="mso-bidi-font-style: normal;">Si no puedes comprender ni cambiar las cosas, intenta, al menos, que tus conciudadanos hagan lo que a ti te interesa</em>”. Pero no renunciaban a la trampa. Y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%B3crates" target="_blank">Sócrates</a> no soportaba que nadie se aprovechara de la ignorancia del otro para explotarlo mediante el engaño. Aunque, <strong>por desgracia, hay gente más dispuesta a ser engañada que a estudiar, a informarse, a saber. Son los que padecen el  ‘<em style="mso-bidi-font-style: normal;">síndrome de la obediencia</em>’</strong>. Prefieren obedecer a tener que planificar sus propias decisiones y arriesgarse a equivocarse. Esto es rápidamente aprovechado por quienes sienten fuertes impulsos hacia el mando, edulcorándolo con frases como: “¡<em style="mso-bidi-font-style: normal;">El que obedece nunca se equivoca</em>!”<span style="mso-spacerun: yes;">  </span>(aunque las órdenes sean delictivas o sádicas).</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: right;"><strong><span style="font-size: 12pt; line-height: 115%;">                                                                                            Por Juan Verde Asorey</span></strong></p>
<p class="MsoNormal"><span style="mso-spacerun: yes;"> </span></p>
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		<title>El juego de las falacias</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Dec 2012 17:34:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Asociación de Filósofos Extremeños</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Se entiende por falacia cualquier argumento en el que se produce un fallo lógico o un error de conexión entre las premisas y la conclusión, es decir, que la información que se ofrece (conclusión) no proviene de los supuestos (premisas) de los que se parte como condición para la misma. Por ejemplo, no se puede [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Se entiende por <a href="lema.rae.es/drae/?val=falacia">falacia</a> cualquier argumento en el que se produce un <strong>fallo <em>lógico</em></strong> o un <strong>error de conexión entre las premisas y la conclusión</strong>, es decir, que la información que se ofrece (conclusión) no proviene de los supuestos (premisas) de los que se parte como condición para la misma. Por ejemplo, no se puede aprobar una oposición, si antes no hay alguna clase de ‘trato’ con el tribunal.<a href="/masalladelanoticia/wp-content/uploads/sites/56/2012/12/democracia.jpg"><img loading="lazy" class="alignright size-medium wp-image-47" title="Democracia" src="/masalladelanoticia/wp-content/uploads/sites/56/2012/12/democracia.jpg" alt="" width="300" height="300" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/56/2012/12/democracia.jpg 1000w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/56/2012/12/democracia-150x150.jpg 150w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/56/2012/12/democracia-300x300.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/56/2012/12/democracia-768x768.jpg 768w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>Una cosa es equivocarse, y otra es jugar con el engaño intencionado. Cuenta la historia que éste era el <strong>juego preferido de los sofistas</strong>, según algunos intérpretes del pensamiento de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Sócrates">Sócrates</a>. El perverso ‘arte’ del engaño consiste en ofrecer como verdadero un razonamiento tramposo, fraudulento, embustero, embaucador.</p>
<p>Cualquier estudiante de Bachillerato termina entendiendo la mayoría de las falacias, aun admitiendo que no se le <em>da</em> bien la Lógica.</p>
<p>La palabra <em>falacia</em> proviene  de los términos latinos ‘<em>fállax</em>’ (falaz, mentiroso) y ‘<em>fállere</em>’ (fallar, engañar). Los vocablos fraude o fallo son de la misma familia.</p>
<p>Las <strong>falacias pueden  ser formales</strong>, como la ‘afirmación del consecuente’ en una  sentencia condicional (si estudias, aprobarás; has aprobado, por tanto has estudiado), <strong>y pueden ser no formales</strong>. Éstas últimas son las más difíciles de detectar y forman parte del uso corriente en la conversación ordinaria. Cuando alguien ataca a su interlocutor, en vez de refutar sus argumentos, se dice que cae en la falacia <strong>‘<em>ad hominem</em>’</strong> (‘contra la persona’). Por ejemplo: “¡<em>Ése a mí no me puede hablar de política económica porque es de derechas</em>!”. “Lo que no se puede decir, <em>y menos usted…</em>” (Rajoy a Rubalcaba; 31-10-12).</p>
<p>Si uno falla en el razonamiento por  basarse solamente en el supuesto prestigio de una persona a la que admira <strong>(falacia ‘<em>ad verecundiam</em>’)</strong>, puede hacer afirmaciones como ésta: “¡<em>Si mi primo dice que la religión es una patraña, eso es así sin dudar</em>!”.  Hay otras muchas (ignorancia, vaguedad, falsa causa, ambigüedad, etc.). Pero la que más abunda, sobre todo en el mundo de la economía y de la política, es la denominada <strong>falacia ‘<em>ad pópulum</em>’</strong>  (para o contra la masa), en ella se recurre a los sentimientos o intereses del oyente para ofrecerle lo que quiere oír (conclusión), a partir de falsos supuestos (premisas), prometiendo pingües ganancias sin explicar cómo ni con qué garantías, asegurando un cambio de rumbo en la economía general con el simple cambio de voto, o prometiendo un alto grado de autoestima y felicidad  si se independiza de otros pueblos  ‘remorosos’ (de rémora)  por ser  malos compañeros de viaje  (vagos, pobres o incultos).</p>
<p>Esto nos lleva a la tan manida <strong>falacia ‘<em>democratista</em>’</strong> (decide por todos una mayoría de una minoría).</p>
<p>Se entiende por <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Democracia">democracia</a> aquella forma de organización política en la que el pueblo (mediante el voto y otras formas de expresión) dice quiénes quiere que gobiernen y cómo quiere que lo hagan, durante un determinado espacio de tiempo. <strong>No se trata, como suele repetirse  rutinariamente, del gobierno del pueblo. No gobierna el pueblo</strong>. Gobiernan los gobernantes, es decir, los encargados de hacerlo. Es evidente que el pueblo (la población general, la gente, ‘people’) no hace leyes ni  establece los  procedimientos de aplicación de las mismas. Un grupo de alumnos de Bachillerato, verbigracia,  no establece los contenidos  de sus asignaturas ni los niveles de exigencia, pero aceptaría aprobar con un 3 y suprimir cuatro temas del programa. Sin embargo,  dichos alumnos se quejarían si el profesor dice que sólo se aprueba a partir de 7  y que se incluyen los tres temas no explicados. Pero seguramente no sabrían explicar por qué ambos supuestos son injustos. Por eso, <strong>no se puede gobernar por referéndums</strong>, ni aplicar justicia por manifestaciones callejeras, aunque ambas cosas puedan ser útiles para ‘información’ de quienes legislan o hacen justicia. El pueblo apoya a sus gobernantes y paga por sus servicios, pero son ellos quienes tienen que saber gobernar<em> bien</em>. El pueblo, por su parte, debe saber exigir, mediante la opinión, la crítica, la reclamación, el voto.</p>
<p>La <em>falacia democratista</em> se da, cuando unos pocos deciden sobre cosas que afectan también a otros  que no pueden intervenir en esa decisión.  Nadie define como acuerdo democrático  el tomado por once ladrones cuando acuerdan robar un banco,  diez ‘síes’ contra un ‘no’, porque no ha participado el personal del banco, ni los clientes, ni los accionistas, ni la policía, ni…). Pero tampoco es democrático el acuerdo tomado por  el parlamento de Hitler para invadir Polonia.</p>
<p><strong>Sería absurdo afirmar que una guerra se hace por decisión democrática</strong>, a no ser que la aprobaran todos los posibles afectados en referéndum (quizás el mundo entero), lo que sería realmente kafkiano. <strong><em>La democracia exige que puedan participar todos cuantos se sientan afectados por las consecuencias de lo que se vota</em>.</strong> Si el parlamento extremeño decide por unanimidad desviar el Tajo desde Cedillo a Badajoz, para incluirlo en el Guadiana, no podría ser aceptado como democrático ese acuerdo, porque afecta también a los portugueses, a otros españoles, e incluso al ecosistema del Atlántico. Alguien puede decir que eso limita las libertades individuales y de grupos. Es evidente. <strong>Pero en democracia nunca pueden decidir  solamente  las  mayorías de ciertas minorías</strong>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;"><strong>Por Juan Verde Asorey</strong></p>
<p style="text-align: right;">
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