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	<title>MIGAS CANASbares &#8211; MIGAS CANAS</title>
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		<title>CORRER POR LOS PASILLOS</title>
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		<pubDate>Thu, 07 May 2020 16:23:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diego Algaba Mansilla</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Desde la Plaza Alta]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2020/05/DSC04101.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1554" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2020/05/DSC04101-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2020/05/DSC04101-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2020/05/DSC04101-768x511.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2020/05/DSC04101-1024x682.jpg 1024w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2020/05/DSC04101.jpg 1364w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>Salí  a correr después de dos meses encerrado. El reloj marcaba las 6,30 de la mañana del primer sábado de mayo. Una hora  más propia de jóvenes borrachos y solos recogiéndose que de salidas en pantalón corto.  La última vez que corrí fueron diez kilómetros en Valdelacalzada.  Después de la prueba nos sentamos  en un velador de la plaza. Por la megafonía dijeron mi nombre. Me dieron una medalla. Quedé el tercero de mi categoría. Después de toda una vida participando en carreras populares era la primera vez que me daban un premio. Hoy sé que lo más importante de  aquel día no fue la medalla. Fue aquel  velador en la plaza con una cerveza de barril encima de la mesa  rodeado de amigos familiares y charla, ya que  a la semana  de aquello nuestra vida cambio. Anunciaron el primer positivo, dos días después los niños dejaron de ir a la escuela y nos encerramos en casa. El bicho que hacía poco estaba en China había llegado a Badajoz.</p>
<p><a href="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2020/05/DSC04113-2.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1555" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2020/05/DSC04113-2-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2020/05/DSC04113-2-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2020/05/DSC04113-2-768x511.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2020/05/DSC04113-2-1024x682.jpg 1024w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2020/05/DSC04113-2.jpg 1364w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>Durante este tiempo he intentado mantener la forma corriendo por el pasillo. El vecino de abajo vive solo con  un perro, así que cada vez que lo veía desde el balcón en la calle  intentaba trotar en casa. Iba desde la terraza hasta la última habitación. Nunca me había fijado  en las curvas del pasillo. Tuve que dejarlo antes  de estropearme la rodilla con tanto giro.</p>
<p><a href="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2020/05/DSC03983-2.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1556" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2020/05/DSC03983-2-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2020/05/DSC03983-2-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2020/05/DSC03983-2-768x511.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2020/05/DSC03983-2-1024x682.jpg 1024w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2020/05/DSC03983-2.jpg 1364w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>En mi último artículo dije que no quería escribir más del coronavirus y aunque lo intenté no se me van de la cabeza los muertos, los abuelos, también los jóvenes que se ha llevado por delante un virus de laboratorio o de animal. Tampoco  puedo dejar de pensar en los  profesionales al pie del cañón, ni en los que han perdido el trabajo. Algunos políticos llaman a esto guerra. Ya veremos si más de uno no termina sonado como aquellos soldados americanos cuando volvieron  de Vietnan.</p>
<p>Dicen que bajan los contagios y los muertos, mientras por la autovía no dejan de sonar  sirenas de  ambulancias.</p>
<p><a href="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2020/05/DSC04141-2.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1557" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2020/05/DSC04141-2-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2020/05/DSC04141-2-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2020/05/DSC04141-2-768x511.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2020/05/DSC04141-2-1024x682.jpg 1024w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2020/05/DSC04141-2.jpg 1364w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>En la calle  volvemos arremolinarnos con ropa deportiva. Veremos cuando abran los bares y llevemos  dos vinos en lo alto y alcancemos  la tercera la fase, la de la exaltación de la amistad, y nos dé por abrazarnos, si no tendremos que volver a correr por los pasillos.</p>
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		<title>COLAS EN AGOSTO</title>
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		<pubDate>Thu, 31 Aug 2017 05:35:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diego Algaba</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Desde la Plaza Alta]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Badajoz]]></post_tag>
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		<post_tag><![CDATA[Picasso Sorolla.El Guernica]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Telefonos sonando]]></post_tag>

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		<description><![CDATA[El termómetro que mide las ausencias de Badajoz en agosto son los huecos libres en los aparcamientos y en este agosto hay muchos. Sin embargo, para los que nos quedamos,las colas y horas de espera aumentan. Fui a desayunar el domingo, dando un paseo en bici, a uno de los chiringuitos del río. Los de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="western"><a href="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC01285-2.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-1178" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC01285-2.jpg" alt="dsc01285-2" width="1308" height="871" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC01285-2.jpg 1308w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC01285-2-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC01285-2-768x511.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC01285-2-1024x682.jpg 1024w" sizes="(max-width: 1308px) 100vw, 1308px" /></a>El termómetro que mide las ausencias de Badajoz en agosto son los huecos libres en los aparcamientos y en este agosto hay muchos. Sin embargo, para los que nos quedamos,las colas y horas de espera aumentan.</p>
<p class="western">Fui a desayunar el domingo, dando un paseo en bici, a uno de los chiringuitos del río. Los de Badajoz nos hemos acostumbrado a desayunar en la calle así que solo había una mesa libre. Me senté. Había una camarera. Una camarera que tenía más aspecto de estudiante universitaria ganándose unas perrillas que de profesional de la hostelería. (ya escribí un artículo sobre la Marina y aquellos camareros de antes) Ella, sola, atendía todas las mesas. No daba abasto. Hacia un trabajo disciplinado: apuntaba a bolígrafo la consumición, luego lo comunicaba a la cocina, después venía con una remesa de cafés, luego salía con otra bandeja de tostadas para repartir entre las mesas. Me puso el café al cuarto de hora de pedirlo, cuando lo había tomado, me dijo, Ya queda poco para que salga la tostada”. Contesté que no se preocupase por la tostada. Pagué el café, 1,40 y me fui. Me pidió disculpa, pero ella no tenía la culpa, estaba sola para atender a todas las mesas y a los que había en la barra.</p>
<p class="western"><a href="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC01045.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-1183" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC01045.jpg" alt="dsc01045" width="1364" height="908" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC01045.jpg 1364w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC01045-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC01045-768x511.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC01045-1024x682.jpg 1024w" sizes="(max-width: 1364px) 100vw, 1364px" /></a>Nos hemos acostumbrado, amparados en la crisis, a que un solo trabajador realice el trabajo de dos o tres.</p>
<p class="western">En el Centro de Salud, donde en invierno hay cuatro personas atendiendo al público en verano hay una. Una administrativa corriendo para atrás y para adelante,un teléfono sonando sin ninguna mano para poderlo coger. Entran ganas de sentarse en alguna de las sillas que han quedado libre por vacaciones y no han sido ocupadas por ningún sustituto, para echar una mano. El trabajador atiende a dos o tres cosas a la vez. Personas enfermas guardando colas, gente enfadada, y un solo trabajador realizando la tarea de los compañeros ausentes.</p>
<p class="western"><a href="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC00104.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-1185" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC00104.jpg" alt="dsc00104" width="1364" height="908" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC00104.jpg 1364w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC00104-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC00104-768x511.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC00104-1024x682.jpg 1024w" sizes="(max-width: 1364px) 100vw, 1364px" /></a>Dicen que ya no estamos en la misma situación, que la economía ha mejorado, pero los trabajadores siguen haciendo el mismo esfuerzo que se les exigía al principio de la crisis. Uno realizando el trabajo de tres.</p>
<p class="western">Las colas de Badajoz en agosto son como las de los museos de las grandes capitales cuando anuncian una exposición de Sorolla, de Dalí,o exhiben de nuevo el Guernica.</p>
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		<title>COLAS EN AGOSTO</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Aug 2017 13:10:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diego Algaba</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Desde la Plaza Alta]]></category>
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		<description><![CDATA[El termómetro que mide la tranquilidad de Badajoz en agosto son los huecos libres en los aparcamientos y en este agosto hay muchos. Sin embargo, para los que nos quedamos este mes en casa,las colas y horas de espera aumentan. Fui a desayunar el domingo dando un paseo en bici a los chiringuitos del río. [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="western"><a href="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC01285-2.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-1178" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC01285-2.jpg" alt="dsc01285-2" width="1308" height="871" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC01285-2.jpg 1308w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC01285-2-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC01285-2-768x511.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC01285-2-1024x682.jpg 1024w" sizes="(max-width: 1308px) 100vw, 1308px" /></a>El termómetro que mide la tranquilidad de Badajoz en agosto son los huecos libres en los aparcamientos y en este agosto hay muchos. Sin embargo, para los que nos quedamos este mes en casa,las colas y horas de espera aumentan.</p>
<p class="western">Fui a desayunar el domingo dando un paseo en bici a los chiringuitos del río. Los de Badajoz nos hemos acostumbrado a desayunar en la calle así que solo había una mesa libre. Me senté, solo había una camarera. Una camarera que tenía más aspecto de estudiante universitaria ganándose unas perrillas que de profesional de la hostelería. Ella, sola, atendía todas las mesas. No daba abastos hacia un trabajo disciplinado: apuntaba con un bolígrafo en una libreta la consumición, luego lo comunicaba a la cocina, después venía con una remesa de cafés en una bandeja, luego salía con otra bandeja de tostadas para repartir entre las mesas. Me puso el café al cuarto de hora de pedirlo, cuando ya me lo había tomado, me dijo que quedaba poco para que saliese la tostada, Contesté que no se preocupase por la tostada. Pagué el café, 1,40 y me fui. Me pidió disculpa, pero ella no tenía la culpa, estaba sola para atender a todas las mesas y a los que había en la barra. No hemos acostumbrado, amparados en la <a href="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC01042-2.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-1179" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC01042-2.jpg" alt="dsc01042-2" width="1364" height="908" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC01042-2.jpg 1364w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC01042-2-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC01042-2-768x511.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC01042-2-1024x682.jpg 1024w" sizes="(max-width: 1364px) 100vw, 1364px" /></a>crisis, a que un solo trabajador realice el trabajo de dos o tres.</p>
<p class="western">En el Centro de Salud, donde en invierno hay cuatro personas atendiendo al público en verano hay una. Una administrativa corriendo para atrás y para adelante, entran ganas de sentarse en algunos de los sillones que han quedado libre por vacaciones y no han sido ocupados por ningún sustituto, para echar una mano. El trabajador atiende a dos o tres cosas a la vez. Personas enfermas guardando colas, gente enfadada, y un solo trabajador realizando la tarea de los compañeros ausentes.</p>
<p class="western"><a href="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC00100-3.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-1180" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC00100-3.jpg" alt="dsc00100-3" width="1364" height="908" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC00100-3.jpg 1364w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC00100-3-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC00100-3-768x511.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/08/DSC00100-3-1024x682.jpg 1024w" sizes="(max-width: 1364px) 100vw, 1364px" /></a>Dicen que ya no estamos en la misma situación, que la economía se restituye, pero los trabajadores siguen haciendo el mismo esfuerzo que se les exigía al principio de la crisis. Uno realiza el trabajo de tres.</p>
<p class="western">Las colas en agosto son como las de los museos de las grandes capitales cuando anuncian una exposición de Sorolla, Dalí,o exhiben el Guernica.</p>
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		<title>ARSENIO CAMPOS, EL ESCRITOR BORRACHO  (3ª ENTREGA)</title>
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		<pubDate>Sun, 21 May 2017 05:08:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diego Algaba</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[La Esquina]]></category>
		<post_tag><![CDATA[bares]]></post_tag>

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		<description><![CDATA[Era un bar en el que no había entrado nunca. Olía a tabaco a pesar de que una ley no permitía fumar desde hacía años. Me gustaba ese olorcillo de lo prohibido. El bar tenía una barra en forma de L y la esquina estaba ocupada. En la televisión ponían una película de boxeo con [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="western"><a href="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/05/DSCN0453-2.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1102" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/05/DSCN0453-2-300x225.jpg" alt="dscn0453-2" width="300" height="225" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/05/DSCN0453-2-300x225.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/05/DSCN0453-2-768x576.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/05/DSCN0453-2-1024x768.jpg 1024w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/05/DSCN0453-2.jpg 1152w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p class="western">Era un bar en el que no había entrado nunca.</p>
<p class="western">Olía a tabaco a pesar de que una ley no permitía fumar desde hacía años. Me gustaba ese olorcillo de lo prohibido. El bar tenía una barra en forma de L y la esquina estaba ocupada. En la televisión ponían una película de boxeo con la voz apagada. Por los altavoces se oía a todo volumen música de salsa. Muchas botellas, casi todas vacías, estaban colocadas en repisas de madera. Se notaba que era un lugar donde se bebía, y eso me gustaba. No quería que me miraran raro, ni como un tipo sospechoso igual que pasaba en los bares pijos del centro cuando llenará la copa una y otra vez&#8230; Detrás de la barra había una camarera con un vestido negro de gran escote, era brasileña. Junto a mi, un hombre alto, con cara triangular, grandes orejas, ojos pequeñitos y mirada huidiza, tomaba un combinado de color naranja. Como sería el interior de un tipo grandón que bebía una bebida anaranjada, de qué podría hablar conmigo. Solo con la composición tan desigual entre alguien alto agarrando con la mano un vaso de tubo de color naranja echaba para atrás, decía muy poco de él. Poca y vacía conversación se le podría sacar, ni siquiera en la lucidez de la borrachera. Parecía fuerte y débil, seguro y timorato,alguien vulgar que se creería interesante como todos los vulgares. Yo, esa noche, quería hablar y no importaba con quién, incluso alguien así podría valer, aunque no pudiera llegar a algo más lejos que el próximo partido de fútbol, daba igual, para comerme el tarro ya tenía bastante con mi propia cabeza. El tipo bebía con la boca muy abierta, a grandes tragos, era serio, pero me miró con una sonrisa de dientes diminutos, como si se los hubiese limados, me señaló con el vaso el escote de la camarera, era mi oportunidad. “Está buena” dije, arrimando mi banqueta a la suya. Mientras daba un trago a mi whiski. “Has visto hoy el Madrid” la cara se le iluminó, había dado en la diana, ya podíamos ser amigos de una noche, de unas horas. El escote de la camarera y el Madrid nos había unido para siempre en aquella noche negra y solitaria. Allí nos quedamos durante horas bebiendo. No recuerdo bien de que habló. Sé que se había peleado con su pareja y por eso estaba allí, Decía que no acostumbraba a salir, que estaba enamorado de su mujer. En definitiva. un “pringao” que le dio llorona, así que le dije que fuéramos a otro bar. Una discoteca que no cerraban en toda la noche y donde había mujeres.</p>
<p class="western">Creo que se llamaba Juan, aunque para mi siempre será el triangular, con aquella cara de insecto palo y cuello largo y delgado. Se le marcaban las mejillas, parecían las quijadas de un burro. Sería albañil o cualquier oficio en el que se utilizara la fuerza, las manos las tenía encallecida, como para acariciar a alguien, no me extraña que su mujer le hubiese dado puerta. Quizás fuese la naturaleza la que le dotó de esos brazos fibrosos, parecía un ciclista después de haber terminado un tour.</p>
<p class="western">Lo que pasó luego es algo que nunca podría haber imaginado.</p>
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		<title>BARES</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Feb 2016 18:24:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diego Algaba</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Desde la Plaza Alta]]></category>
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		<description><![CDATA[“Bares que lugares tan grato para conversar” cantaba Gabinete Caligari mientras bebíamos cerveza acodados en la barra. Eran otros tiempos. Hace unos días nos juntamos. Ya no somos los mismos: Uno da un trago para pasar la pastilla de la tensión, otro bebe sin alcohol, todos tenemos un sobre de Almax y endulzamos con sacarina. [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="/migas-canas/wp-content/uploads/sites/8/2016/02/DSCN2315-2.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-820" title="DSCN2315 (2)" src="/migas-canas/wp-content/uploads/sites/8/2016/02/DSCN2315-2.jpg" alt="" width="576" height="432" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2016/02/DSCN2315-2.jpg 576w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2016/02/DSCN2315-2-300x225.jpg 300w" sizes="(max-width: 576px) 100vw, 576px" /></a>“Bares que lugares tan grato para conversar”</strong> cantaba Gabinete Caligari mientras<strong> bebíamos cerveza acodados en la barra.</strong> Eran otros tiempos. Hace unos días nos juntamos. Ya no somos los mismos: Uno da un trago para pasar la pastilla de la tensión, otro bebe sin alcohol, todos tenemos un sobre de Almax y endulzamos con sacarina.</p>
<p><strong>Me gustan los bares de barrio donde los clientes participan de tertulias comunes</strong>, porque no siempre las tertulias son en el café Gijón.</p>
<p><strong>Un buen cliente nunca se emborracha.</strong> Al bar no se entra para beber sin control si no para relacionarse.</p>
<p><strong>Un día de diario es difícil encontrar en un bar a personas que no superen los 40</strong>. Los jóvenes prefieren beber a la intemperie todo en<a href="/migas-canas/wp-content/uploads/sites/8/2016/02/DSCN2312-2.jpg"><img loading="lazy" class="alignright size-full wp-image-821" title="DSCN2312 (2)" src="/migas-canas/wp-content/uploads/sites/8/2016/02/DSCN2312-2.jpg" alt="" width="576" height="432" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2016/02/DSCN2312-2.jpg 576w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2016/02/DSCN2312-2-300x225.jpg 300w" sizes="(max-width: 576px) 100vw, 576px" /></a> una noche.</p>
<p><strong>Se está perdiendo la costumbre, entre compañeros, de entrar en el bar después del trabajo</strong>, donde en el ambiente relajado de la barra se habla sin la tensión de la faena pudiendo limarse las susceptibilidades que hayan surgido. Los grupos de &#8220;wuasa&#8221;, sin verse las caras y protegidos con la pantalla del móvil desde el sillón de casa, no son lo mismo.</p>
<p><strong>Bares nocturnos donde la música y el gin-tonic hace ver la sonrisa donde no hay sonrisa y la belleza donde no hay belleza.</strong> La belleza se esconde debajo de la piel. Embellece más a una persona la palabra,que ninguna cirugía estética.</p>
<p><strong>Me gustan los bares con olor a bar</strong>,a pestorejo, vino, conversación y máquinas tragaperras.</p>
<p><strong>Bares familiares con olor a puchero</strong> y ambiente hogareño donde los clientes se sienten como en su casa, algunos hasta mejor.</p>
<p><strong>El secreto de los bares esta en el aperitivo.</strong> No entro en los que ponen patatas fritas congeladas.</p>
<p>Aunque no fumo ni he fumado alguna<strong>s veces echo de menos ceniceros llenos y botellas vacías; tardes de humo y charlas sin horas</strong>; <a href="/migas-canas/wp-content/uploads/sites/8/2016/02/DSCN0453-2.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-823" title="DSCN0453 (2)" src="/migas-canas/wp-content/uploads/sites/8/2016/02/DSCN0453-2.jpg" alt="" width="231" height="173" /></a>de cuatrola y dominó; de risas y lágrimas. Porque La poesía no solo se descubre sentado en el sillón de casa leyendo a la luz de un flexo.</p>
<p>Como dice Gabinete <strong>“No hay nada como el calor del amor en un bar”</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>LA FIESTA DE LA DOPAMINA</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Nov 2015 21:23:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diego Algaba</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Desde la Plaza Alta]]></category>
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		<description><![CDATA[Cuatro tardes a la semana cruzaba Badajoz con una bolsa de deporte camino del campo de la Federación para entrenar con el Flechas Negras. Los bares estaban llenos de hombres fumando y tomando vino. Las mujeres hacían la cena en casa. Nadie iba en chándal por la calle y a los pocos que corrían en [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/migas-canas/wp-content/uploads/sites/8/2015/11/DSCN1219-2.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-thumbnail wp-image-777" title="DSCN1219 (2)" src="/migas-canas/wp-content/uploads/sites/8/2015/11/DSCN1219-2.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a>Cuatro tardes a la semana cruzaba Badajoz con una bolsa de deporte camino del campo de la Federación para entrenar con el Flechas Negras. <strong>Los bares estaban llenos de hombres fumando y tomando vino</strong>. Las mujeres hacían la cena en casa. Nadie iba en chándal por la calle y <strong>a los pocos que corrían en pantalón corto se le etiquetaba de raros o locos</strong>. Hace tantos años de aquello, que el 20N era un día más. Hoy,<strong> cualquier tarde de diario, los bares están casi vacíos, ya nadie fuma dentro, excepto en algunos. La calle se ha transformado en una fiesta de colores alegres y centelleantes</strong>; pantalones cortos, mallas ajustadas, camisetas reflectantes; personas andando, corriendo, en patines y bicicletas; Hombres, mujeres, mayores y jóvenes.<strong> El paisaje urbano ha cambiado transformado aquellos colores tristes de hombres vestidos de gris que consumían sus<a href="/migas-canas/wp-content/uploads/sites/8/2015/11/DSCN1247.jpg"><img loading="lazy" class="alignright size-thumbnail wp-image-778" title="DSCN1247" src="/migas-canas/wp-content/uploads/sites/8/2015/11/DSCN1247.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a> horas de ocio y de vida en el interior de un vaso, aumentando e</strong>n las estadísticas el número de viudas.</p>
<p>Ahora, desde hace algunos años, en Badajoz tenemos el<strong> polideportivo de La Granadilla</strong> siempre lleno de deportistas: los que corren por el camino de tierra, los que lo hacen por la hierba, los del rugby que mueven sus más de cien quilos por el césped como elefantes en estampida, los del fútbol que están en todas partes, los nuevos y los de siempre: <strong>Manolo Unión, Tina María Ramos, Antonio Villar, Juan José Nuñez&#8230;</strong></p>
<p><strong>Los corredores populares corren por el placer de correr. Gozan cada kilómetro sin tener la necesidad de llegar primero, de competir. Es la fórmula para disfrutar las carreras, también de la vida. Los hay de todos tipo: Solitarios que corren sin estar pendiente de otros. los que se dejan llevar por el grupo, los que se aíslan con auriculares, los que van escuchando los sonidos del campo, <a href="/migas-canas/wp-content/uploads/sites/8/2015/11/DSCN1240.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-thumbnail wp-image-779" title="DSCN1240" src="/migas-canas/wp-content/uploads/sites/8/2015/11/DSCN1240.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a>de su corazón, de sus pensamientos</strong></p>
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