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	<title>MIGAS CANAScerveza &#8211; MIGAS CANAS</title>
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		<title>LA INMORTALIDAD DE LOS SENTIMIENTOS</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Jan 2018 16:42:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diego Algaba</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p class="western"><a href="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2018/01/IMG-20170428-WA0003-1-mili.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-1244" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2018/01/IMG-20170428-WA0003-1-mili.jpg" alt="img-20170428-wa0003-1-mili" width="898" height="1600" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2018/01/IMG-20170428-WA0003-1-mili.jpg 898w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2018/01/IMG-20170428-WA0003-1-mili-168x300.jpg 168w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2018/01/IMG-20170428-WA0003-1-mili-768x1368.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2018/01/IMG-20170428-WA0003-1-mili-575x1024.jpg 575w" sizes="(max-width: 898px) 100vw, 898px" /></a>Hace unos días vi en la tienda de Granja el Cruce de la Avenida Juan Sebastián Elcano, ese negocio que Inma trabaja como si fuera suyo, una oferta de chorizo Revilla y me acordé de cuando hice la mili. En aquel año y pico que estuve sirviendo al ejercito por 130 pesetas al mes en Zaragoza, mi madre me enviaba paquetes con queso y chorizo, también me ponía giros y de vez en cuando me escribía una carta que firmaban todos los miembros de la familia. Aunque las cartas que más ilusión me hacían era la de una novia que unos meses antes de terminar aquel año militar me dejó por otro que estaba exento al tener los pies planos, el roce hace el cariño, aunque sea con pies planos. Pasé los indomables 20 años domado en un cuartel con cantina donde vendían las cervezas por cajas y los calimochos por litros. En la mili aprendí a beber y a hacer guardias con un CETME delante de un calabozo que tenía como único arrestado una bicicleta que estaba castigada porque un capitán,después de varias horas en el bar, se cayó de ella en mitad del patio.</p>
<p class="western"><a href="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2018/01/DSCN1682-3.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-1245" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2018/01/DSCN1682-3.jpg" alt="dscn1682-3" width="1078" height="808" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2018/01/DSCN1682-3.jpg 1078w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2018/01/DSCN1682-3-300x225.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2018/01/DSCN1682-3-768x576.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2018/01/DSCN1682-3-1024x768.jpg 1024w" sizes="(max-width: 1078px) 100vw, 1078px" /></a>Mi madre me mandaba chorizos y giros y yo solo le regalé una estampa de la virgen del Pilar que compré en los puestos próximos a la basílica de tejas azules y verdes de Zaragoza. Han pasado muchos años de aquello. Mi madre murió hace cuatro. Sin embargo, días atrás, volví a verla sentada en su sillón emparejando calcetines con su sonrisa y esa mirada pura de bondad tan pasada de moda en estos tiempos. Con la piel tersa y el pelo cano regresó a casa cuando abrí la caja de colacao donde guardaba las cosas importantes:</p>
<p class="western"><a href="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2018/01/descarga.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-1246" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2018/01/descarga.jpg" alt="foto de internet" width="274" height="184" /></a>el libro de familia, su carnet de identidad,la esquela de su hermana, las fotos de la primera comunión de sus nietos y esa estampa de la Virgen del Pilar donde pude leer por detrás, escrito con letra redonda de grandes trazos, realizada con la lentitud de los que ponen mucha atención en lo que hacen por falta de práctica: “Protege a Diego en la mili y en la vida”. Aquella letra tan familiar me hizo entender que no solo los grandes escritores están vivos en la tinta de sus textos. Quizás alcanzar la inmortalidad no depende tanto de la ciencia como de los sentimientos.</p>
<p class="western">Diego Algaba Mansilla</p>
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		<title>EL COLUMNISTA INFLUYENTE</title>
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		<pubDate>Wed, 24 May 2017 21:10:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diego Algaba</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Desde la Plaza Alta]]></category>
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		<description><![CDATA[Alonso de la Torre es capaz de escribir una columna diaria. Además tiene una gran facilidad para conectar con la gente y para descubrir rincones escondidos. Ha escrito sobre algunos restaurantes portugueses que frecuento. Sitios que considero míos; como un terreno protegido y secreto para mí y mis allegados; un mirlo blanco que cuando lo [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="western"><a href="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/05/DSC04662-2.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1108" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/05/DSC04662-2-300x225.jpg" alt="dsc04662-2" width="300" height="225" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/05/DSC04662-2-300x225.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/05/DSC04662-2-768x576.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/05/DSC04662-2-1024x769.jpg 1024w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/05/DSC04662-2.jpg 1259w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><strong>Alonso de la Torre</strong> es capaz de escribir una columna diaria. Además tiene una gran facilidad para conectar con la gente y para <strong>descubrir rincones escondidos</strong>. Ha escrito sobre algunos<strong> restaurantes portugueses</strong> que frecuento. Sitios que considero míos; como un terreno protegido y secreto para mí y mis allegados; un mirlo blanco que cuando lo descubrimos es como si hubiéramos descubierto el Amazonas; lugares que mantenemos en silencio como si guardáramos un secreto de <a href="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/05/DSCN1266-1.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1109" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/05/DSCN1266-1-300x225.jpg" alt="dscn1266-1" width="300" height="225" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/05/DSCN1266-1-300x225.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/05/DSCN1266-1-768x576.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/05/DSCN1266-1.jpg 922w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>estado para que no se conozcan y seguir siendo los únicos clientes españoles en un restaurante de portugueses; <strong>bares donde nos movemos con absoluta libertad; nos levantamos y abrimos el frigorífico para coger una cerveza;</strong> eso sitios en los que te sientes diferente y único. Hasta que un día,<strong> Alonso de la Torre,</strong> va por allí,echa un vistazo, lo saca en el periódico. Entonces deja de ser ese un lugar vacío para convertirse en multitudinario.</p>
<p class="western">Suelo ir a un pequeño restaurante portugués que está cerca de Badajoz. Alonso de la Torre lo sacó un sábado, mostrando además del texto una foto de su magnífico<strong> codillo al horno</strong>. Aquel rincón solitario, que nunca se llenaba, después de su artículo tenía una cola como si fuera el<strong> Cristo de Elvas.</strong></p>
<p class="western"><a href="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/05/DSCN1396-2.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1110" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/05/DSCN1396-2-300x225.jpg" alt="dscn1396-2" width="300" height="225" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/05/DSCN1396-2-300x225.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/05/DSCN1396-2-768x576.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/05/DSCN1396-2.jpg 922w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>También he ido en el barco que sale de<strong> Cedillo por el río Tajo.</strong> Un viaje silencioso donde íbamos 7 u 8 personas. Podías moverte a tu antojo, si querías subir a la cubierta subías para hacer allí el recorrido completo oyendo en silencio a las aves. Hice ésta ruta después del artículo que le dedicó Alonso de la Torre y aquello estaba lleno, a la cubierta había que subir por turnos cada 15 minutos.</p>
<p class="western"><strong>Lo que toca Alonso de la Torre con su pluma lo llena, ya sean restaurantes, barcos, hasta se acabó en las tiendas el jabón Lagarto cuando dio una fórmula para hacer suavizantes con éste producto</strong>. Pero no todos los columnistas somos iguales, <strong>yo escribí sobre el bar de mi barrio y su clientela siguió siendo la misma</strong>.</p>
<p class="western"><a href="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/05/DSCN3802-2.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1114" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/05/DSCN3802-2-300x225.jpg" alt="dscn3802-2" width="300" height="225" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/05/DSCN3802-2-300x225.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/05/DSCN3802-2-768x576.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2017/05/DSCN3802-2.jpg 922w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a> Así que cuando alguien me dice por la calle que escriba sobre los perros sueltos o la desidia en el mantenimiento de los columpios infantiles que los propios padres tienen que arreglar, que sepan que yo puedo escribir sobre eso, pero no tengo influencia, <strong>que si quieren que les hagan caso en los Ayuntamientos díganselo a Alonso de la Torre</strong>.</p>
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		<title>BARES</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Feb 2016 18:24:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diego Algaba</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Desde la Plaza Alta]]></category>
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		<description><![CDATA[“Bares que lugares tan grato para conversar” cantaba Gabinete Caligari mientras bebíamos cerveza acodados en la barra. Eran otros tiempos. Hace unos días nos juntamos. Ya no somos los mismos: Uno da un trago para pasar la pastilla de la tensión, otro bebe sin alcohol, todos tenemos un sobre de Almax y endulzamos con sacarina. [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="/migas-canas/wp-content/uploads/sites/8/2016/02/DSCN2315-2.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-820" title="DSCN2315 (2)" src="/migas-canas/wp-content/uploads/sites/8/2016/02/DSCN2315-2.jpg" alt="" width="576" height="432" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2016/02/DSCN2315-2.jpg 576w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2016/02/DSCN2315-2-300x225.jpg 300w" sizes="(max-width: 576px) 100vw, 576px" /></a>“Bares que lugares tan grato para conversar”</strong> cantaba Gabinete Caligari mientras<strong> bebíamos cerveza acodados en la barra.</strong> Eran otros tiempos. Hace unos días nos juntamos. Ya no somos los mismos: Uno da un trago para pasar la pastilla de la tensión, otro bebe sin alcohol, todos tenemos un sobre de Almax y endulzamos con sacarina.</p>
<p><strong>Me gustan los bares de barrio donde los clientes participan de tertulias comunes</strong>, porque no siempre las tertulias son en el café Gijón.</p>
<p><strong>Un buen cliente nunca se emborracha.</strong> Al bar no se entra para beber sin control si no para relacionarse.</p>
<p><strong>Un día de diario es difícil encontrar en un bar a personas que no superen los 40</strong>. Los jóvenes prefieren beber a la intemperie todo en<a href="/migas-canas/wp-content/uploads/sites/8/2016/02/DSCN2312-2.jpg"><img loading="lazy" class="alignright size-full wp-image-821" title="DSCN2312 (2)" src="/migas-canas/wp-content/uploads/sites/8/2016/02/DSCN2312-2.jpg" alt="" width="576" height="432" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2016/02/DSCN2312-2.jpg 576w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2016/02/DSCN2312-2-300x225.jpg 300w" sizes="(max-width: 576px) 100vw, 576px" /></a> una noche.</p>
<p><strong>Se está perdiendo la costumbre, entre compañeros, de entrar en el bar después del trabajo</strong>, donde en el ambiente relajado de la barra se habla sin la tensión de la faena pudiendo limarse las susceptibilidades que hayan surgido. Los grupos de &#8220;wuasa&#8221;, sin verse las caras y protegidos con la pantalla del móvil desde el sillón de casa, no son lo mismo.</p>
<p><strong>Bares nocturnos donde la música y el gin-tonic hace ver la sonrisa donde no hay sonrisa y la belleza donde no hay belleza.</strong> La belleza se esconde debajo de la piel. Embellece más a una persona la palabra,que ninguna cirugía estética.</p>
<p><strong>Me gustan los bares con olor a bar</strong>,a pestorejo, vino, conversación y máquinas tragaperras.</p>
<p><strong>Bares familiares con olor a puchero</strong> y ambiente hogareño donde los clientes se sienten como en su casa, algunos hasta mejor.</p>
<p><strong>El secreto de los bares esta en el aperitivo.</strong> No entro en los que ponen patatas fritas congeladas.</p>
<p>Aunque no fumo ni he fumado alguna<strong>s veces echo de menos ceniceros llenos y botellas vacías; tardes de humo y charlas sin horas</strong>; <a href="/migas-canas/wp-content/uploads/sites/8/2016/02/DSCN0453-2.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-823" title="DSCN0453 (2)" src="/migas-canas/wp-content/uploads/sites/8/2016/02/DSCN0453-2.jpg" alt="" width="231" height="173" /></a>de cuatrola y dominó; de risas y lágrimas. Porque La poesía no solo se descubre sentado en el sillón de casa leyendo a la luz de un flexo.</p>
<p>Como dice Gabinete <strong>“No hay nada como el calor del amor en un bar”</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>EL BAR DE LUIS</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Mar 2013 08:10:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diego Algaba Mansilla</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[La Esquina]]></category>
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		<description><![CDATA[Me encontré con él en el supermercado a esa hora de la tarde de un sábado en la que sales de casa pensando que no vas a encontrarte con nadie conocido. Los dos íbamos en chandal, con prisas, robando minutos al tiempo para comprar un producto de última hora: un condimento, queso fresco o leche [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Me encontré con él en el supermercado a esa hora de la tarde de un sábado en la que sales de casa pensando que no vas a encontrarte con nadie conocido</strong>. Los dos íbamos en chandal, con prisas, robando minutos al tiempo para comprar un producto de última hora: un condimento, queso fresco o leche desnatada para la dieta. <strong>Cuando la necesidad aprieta uno olvida la coquetería y la prisa se convierte en el enemigo que maneja nuestros actos  llegando  hasta  la ordinariez de vestuario.</strong><br />
<strong>Recordamos que cuando eramos jóvenes pasábamos las tardes  en el campo de fútbol  de la federación, antes de que fuera el Jose Pache de Cachola, corriendo, saltando y sudando a las ordenes de Manolo el gordo:</strong> Nunca encontré a nadie que dedicase tantas horas y pasión a una afición de forma altruista sin recibir dinero ni sobres como aquel orondo y entrañable pintor de brocha gorda que vivía para enseñar todo lo que sabía de fútbol a adolescentes barbilampiños y soñadores.<br />
Luis me dijo que tenía un bar y que fuera  a<strong> probar sus migas. Hablaba de ellas con la misma seguridad con la que conducía el balón por la banda derecha  y se presentaba en la portería contraria a una velocidad de negro jamaicano sin que nadie pudiera frenarlo.</strong> El lunes fui a su bar. Migas ya no quedaban, se habían acabado. Me dio igual porque estuve disfrutando  con  fotografías que tenía guardadas y plastificadas con el color apagado de la nostalgia. <strong>Aquellos muchachos vestidos de futbolista eramos nosotros.  Dos alopécicos que miraban un pasado olvidado de  musculosas piernas</strong> y  barriga para dentro.<br />
El bar esta frente al Perpetuo Socorro entre tiendas de ópticas y ortopedias. Sirve desayunos a  trabajadores del Hospital  y a los que van y vienen del médico.<br />
<strong>Luis insiste en que tengo que volver otro día, más temprano, para probar sus migas</strong>, pero a mi se me van los ojos al pestorejo que sale humeante de la cocina para el aperitivo  a esa hora intermedia de las doce que mezclan a  cafeteros con cerveceros.<br />
L<strong>lega un cliente habitual, ¿que te pongo? ¿ Café o cerveza?. Da igual, lo que más a mano tengas,le contesta. Luis le pone un tubo con un plato de pestorejo.</strong><br />
-Anda, dame a mi otro que las migas ya las probaremos otro día. Me tomo la cerveza <strong>y  me voy paseando con lentitud por las traseras del bar, por  ese barrio de casitas blanca de cuento   de la colonia militar, pensando en el placer de lo sencillo y en todos aquellos que no nos interesa conocer  bancos suizos ni siquiera los nuestros para ser feliz.</strong></p>
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