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		<title>COSAS QUE PASAN</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Dec 2021 17:14:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diego Algaba Mansilla</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Desde la Plaza Alta]]></category>
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<p>Vestía una sudadera blanca con una capucha negra que le tapaba la cabeza a pesar de que  hacía un día caluroso. Sabemos que a cierta edad la esclavitud de la moda no entiende de frío ni de calor. Conducía por la acera un patinete eléctrico a una velocidad considerable si la comparamos con la del peatón, que es para quien está destinada la acera.  Salí lentamente con el coche del garaje, de pronto se cruzó el patinete, pisé el freno a fondo para no salir hoy en la página de sucesos en lugar de la de opinión. Él siguió su camino hablando por el móvil y sorteando peatones.</p>
<p>Me ha vuelto a pasar,  la otra vez también lo conté, no sé si aquí o en la radio.</p>
<p><a href="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2021/12/DSC04130.jpg"><img loading="lazy" class=" wp-image-1688 aligncenter" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2021/12/DSC04130-300x200.jpg" alt="" width="434" height="289" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2021/12/DSC04130-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2021/12/DSC04130-768x511.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2021/12/DSC04130-1024x682.jpg 1024w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2021/12/DSC04130.jpg 1364w" sizes="(max-width: 434px) 100vw, 434px" /></a></p>
<p>Eran dos. Las vi por primera vez en la sección de lácteos comprando leche desnatada, luego coincidí con ellas en la fruta. Tenían un  pelo negro, largo y sedoso que se balanceaba con cada movimiento de cabeza, sus rostros mostraban un aire fresco y sano como si estuvieran rodando  un anuncio de perfume debajo de un acantilado. Una de ellas lucia una estilizada silueta dentro de un vestido vaporoso de colores claros. La otra usaba un pantalón vaquero que parecía hecho a medida. Se manejaban con gestos elegantes, dedos largos y cuidadas uñas. Volví a verlas en la cola de la caja. De pronto se rompió la magia. La del vestido se dirigió a la amiga diciendo “tía, aquí hace un calor que te cagas”  la amiga respondió, “es chica”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2019/03/DSC09308-2.jpg"><img loading="lazy" class=" wp-image-1396 aligncenter" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2019/03/DSC09308-2-300x189.jpg" alt="" width="465" height="293" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2019/03/DSC09308-2-300x189.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2019/03/DSC09308-2.jpg 664w" sizes="(max-width: 465px) 100vw, 465px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El  hechizo se deshizo con cuatro palabras. Las princesas volvieron a ser ranas, casi sapos. La magia se esfumó en el interior de palabras vulgares transformando lo sublime en ordinario. Vi como se alejaban por la acera  en silencio acaparando miradas sin palabras. El del patinete chocó contra la farola.</p>
<p><a href="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2021/12/DSC03155.jpg"><img loading="lazy" class=" wp-image-1689 aligncenter" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2021/12/DSC03155-300x200.jpg" alt="" width="475" height="316" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2021/12/DSC03155-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2021/12/DSC03155-768x511.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2021/12/DSC03155-1024x682.jpg 1024w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2021/12/DSC03155.jpg 1364w" sizes="(max-width: 475px) 100vw, 475px" /></a></p>
<p>Yo también me siento vulgar al escribir cosas sin importancia mientras en el mundo el virus sigue avanzando, el precio de la luz subiendo, el volcán activo, el cambio climático, la frontera de Polonia… noticias actuales que provocan desasosiego mientras muchos vivimos  en el mundo reducido de nuestra cotidianidad antes de que llegue el apagón y el desabastecimiento.</p>
<p>No quiero terminar sin mencionar a Juan Francisco Caro Pilar,  el columnista  que nos deleitaba los viernes se despidió  dejándonos un vacío a los seguidores de su prosa poética. Quedan en la hemeroteca del HOY sus textos para volver a recrearnos en ellos.</p>
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		<title>EL BAR DE LUIS</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Mar 2013 08:10:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diego Algaba Mansilla</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[La Esquina]]></category>
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		<description><![CDATA[Me encontré con él en el supermercado a esa hora de la tarde de un sábado en la que sales de casa pensando que no vas a encontrarte con nadie conocido. Los dos íbamos en chandal, con prisas, robando minutos al tiempo para comprar un producto de última hora: un condimento, queso fresco o leche [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Me encontré con él en el supermercado a esa hora de la tarde de un sábado en la que sales de casa pensando que no vas a encontrarte con nadie conocido</strong>. Los dos íbamos en chandal, con prisas, robando minutos al tiempo para comprar un producto de última hora: un condimento, queso fresco o leche desnatada para la dieta. <strong>Cuando la necesidad aprieta uno olvida la coquetería y la prisa se convierte en el enemigo que maneja nuestros actos  llegando  hasta  la ordinariez de vestuario.</strong><br />
<strong>Recordamos que cuando eramos jóvenes pasábamos las tardes  en el campo de fútbol  de la federación, antes de que fuera el Jose Pache de Cachola, corriendo, saltando y sudando a las ordenes de Manolo el gordo:</strong> Nunca encontré a nadie que dedicase tantas horas y pasión a una afición de forma altruista sin recibir dinero ni sobres como aquel orondo y entrañable pintor de brocha gorda que vivía para enseñar todo lo que sabía de fútbol a adolescentes barbilampiños y soñadores.<br />
Luis me dijo que tenía un bar y que fuera  a<strong> probar sus migas. Hablaba de ellas con la misma seguridad con la que conducía el balón por la banda derecha  y se presentaba en la portería contraria a una velocidad de negro jamaicano sin que nadie pudiera frenarlo.</strong> El lunes fui a su bar. Migas ya no quedaban, se habían acabado. Me dio igual porque estuve disfrutando  con  fotografías que tenía guardadas y plastificadas con el color apagado de la nostalgia. <strong>Aquellos muchachos vestidos de futbolista eramos nosotros.  Dos alopécicos que miraban un pasado olvidado de  musculosas piernas</strong> y  barriga para dentro.<br />
El bar esta frente al Perpetuo Socorro entre tiendas de ópticas y ortopedias. Sirve desayunos a  trabajadores del Hospital  y a los que van y vienen del médico.<br />
<strong>Luis insiste en que tengo que volver otro día, más temprano, para probar sus migas</strong>, pero a mi se me van los ojos al pestorejo que sale humeante de la cocina para el aperitivo  a esa hora intermedia de las doce que mezclan a  cafeteros con cerveceros.<br />
L<strong>lega un cliente habitual, ¿que te pongo? ¿ Café o cerveza?. Da igual, lo que más a mano tengas,le contesta. Luis le pone un tubo con un plato de pestorejo.</strong><br />
-Anda, dame a mi otro que las migas ya las probaremos otro día. Me tomo la cerveza <strong>y  me voy paseando con lentitud por las traseras del bar, por  ese barrio de casitas blanca de cuento   de la colonia militar, pensando en el placer de lo sencillo y en todos aquellos que no nos interesa conocer  bancos suizos ni siquiera los nuestros para ser feliz.</strong></p>
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