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		<title>MARÍA</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Nov 2013 19:31:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diego Algaba Mansilla</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="/migas-canas/wp-content/uploads/sites/8/2013/11/4725449_20130525065031151a14037595f2panaderia.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-349" title="4725449_20130525065031151a14037595f2panaderia" src="/migas-canas/wp-content/uploads/sites/8/2013/11/4725449_20130525065031151a14037595f2panaderia.jpg" alt="" width="485" height="364" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2013/11/4725449_20130525065031151a14037595f2panaderia.jpg 485w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/8/2013/11/4725449_20130525065031151a14037595f2panaderia-300x225.jpg 300w" sizes="(max-width: 485px) 100vw, 485px" /></a>Se llama María</strong>, No sé a que hora comienza su jornada laboral pero si se que trabaja por la mañana, la tarde y parte de la noche<strong>.La he visto con la tienda cerrada barriendo y colocando cuando la noches ya está avanzada</strong>. Su tienda está entre una carnicería y un tenebroso pasaje comercial conocido como Zafer. La tienda no es suya, pero cuida del negocio como si lo fuera. Sabe que esa es la mejor manera de que todos esten contentos: empresarios y clientes. <strong>Maria es una chica joven de madera antigua, de esas que saben vender</strong>. Te informa de donde vienen los huevos y si son de gallianas nuevas o viejas, de dónde es la leche, te ofrece el dulce que está en oferta, el recién hecho.</p>
<p><strong>De la tienda de María te vas convencido de que has conprado lo mejor</strong>, aunque lo mejor es su sonrisa. Es minuciosa,hace todo lo posible par que el cliente se vaya satisfecho, para que vuelva al día siguiente. A los nilos les da regalos,sale del mostrador para ayudar a los mayores.</p>
<p><strong><a href="/migas-canas/wp-content/uploads/sites/8/2013/11/huevos.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-350" title="huevos" src="/migas-canas/wp-content/uploads/sites/8/2013/11/huevos.jpg" alt="" width="223" height="171" /></a>El sábado,por la tarde, pasé por la tienda, estaba cerrada</strong>, se me hizo extraño no verla con su uniforme rojo y su sonrisa permantente porque ella ya forma parte de mi vida, de la cotidianidad del barrio, forma parte del paisaje como el quiosco de la prensa, como las casas militares<strong>. ¿Quién sabe donde andará los días de fiesta?</strong> Si el sábado noche consumirá las horas de asueto en un matrimonio monótono o disfrutará con uno niños rubios y traviesos en la alfombra de su casa cantando canciones de Bob Esponja. ¿<strong>Qué giro tomará su vida vuando se quita el uniforme de tendera</strong> que forma parte de su piel?, ¿que pensará cuando no respire el olor a pan recién hecho? <strong>Cuando su vida deja de pertenecer a los clientes y comienza a ser de ella,</strong>cuando cierra la puerta de su casa por dentro. Quizás aproveche el poco tiempo que le queda libre para seguir trabajando, para poner lavadores, hacer comida, fregar los baños, esas cosas que el resto de los días no puede, el reloj no da más de si. Quizás termine rendida en un sillón y se quede dormida viendo la televisión, o con un libro entre las manos, y<strong> los pies en alto para desanimar a las espectantes varices que se asoman después de una semana enterera detrás de un mostrador</strong>. Un mostrador al que dedica,con mimo, días de sol, días de otoño, días primavera, un mostrador donde pasa amaneceres y atardeceres por un sueldo, que probablemente, no supere los mil euros. Trabaja en un local que es más suyo que de los dueños, aunque esté expuesta a que en cualquier momento,ahora que los despidos son baratos,la puedan echar a la calle.<a href="/migas-canas/wp-content/uploads/sites/8/2013/11/magdalena.jpeg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-348" title="magdalena" src="/migas-canas/wp-content/uploads/sites/8/2013/11/magdalena.jpeg" alt="" width="130" height="87" /></a></p>
<p><strong>De qué sirve a uno labrarse una vida respetable, obtener un puesto de trabajo y cumplir horarios y obligaciones con fidelidad, cuando un antojo la puede arrojar a la intemperie del desempleo, gratis y sin costos.</strong></p>
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		<title>PARDALERAS, ESTAMPAS DE JUVENTUD</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Feb 2013 09:06:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diego Algaba Mansilla</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Desde la Plaza Alta]]></category>
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		<description><![CDATA[Después de tantos años me he vuelto a encontrar con ella. La he visto moverse detrás de la barra con el mismo desparpajo con el que saltaba la goma. La encontré por casualidad en un bar de la calle La Maya. servía cañas en una tasca donde todos los clientes eran hombres mayores: jubilados que [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="/migas-canas/wp-content/uploads/sites/8/2013/02/cine.jpeg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-232" title="cine" src="/migas-canas/wp-content/uploads/sites/8/2013/02/cine.jpeg" alt="" width="137" height="103" /></a>Después de tantos años me he vuelto a encontrar con ella</strong>. La he visto moverse detrás de la barra con el mismo desparpajo con el que saltaba la goma.<strong> La encontré por casualidad en un bar de la calle La Maya</strong>. servía cañas en una tasca donde todos los clientes eran hombres mayores:<strong> jubilados que tomaban vino tinto en vasos chicos</strong> mientras se enfurecían con su corta pensión y los millones de Barcenas. Dejé de verla a los 16 , cuando mis padres cambiaron de domicilio.</p>
<p><strong>La quería con la inocencia que se quiere a esa edad.</strong><br />
<strong>Sara, era el objeto de deseo de todos los amigos que nos disputábamos su amor sin que ella lo supiera</strong>. Pretendíamos conquistar a aquella muchacha de trenzas rubias intentando ser los más fuertes y brutos,<strong> nuestra truco de seducción no era avasallar con flores ni poesía sino a base de balonazos.</strong></p>
<p>Hoy, cuando la he vuelto a ver, me ha venido a la memoria aquellos años incluso <strong>he sentido el mismo temblor de piernas de entonces.</strong> Me gusta entrar en los bares de mi antiguo barrio: <strong>Chinchorro, Salvatierra, Emigrante, Zafer, Llera, el bar de atrás, ahora, lo tiene un chino y en otros hay una frutería.</strong></p>
<p>Me gusta pasear por las calle donde corría en pantalón corto y donde<strong> aprendí a jugar al fútbol, a descubrir la amistad, los amores platónicos, el dolor de los desengaños</strong>. Por aquellos entonces, en nuestro periodo de cabeza confusa que lucíamos espinillas y pelusa en el bigote, no existía el botellón, no bebíamos alcohol, ni fumábamos <strong>estábamos todo el día corriendo por calles sin asfaltar, detrás de un balón, de un amigo o de unas trenzas</strong>. Los institutos no eran mixtos, los niños jugamos al fútbol, al burro a rescatar al pincho para poder exhibir toda nuestra brutalidad ante ellas y poder conquistar su corazón.</p>
<p>Ellas se sentaban en los portales para hablar, <strong>no había bancos ni parques en los barrios</strong>. a nosotros nos intrigaba esas largas charlas donde imaginábamos que eramos el centro de su conversaciones. Mientras ellas hablaban y soñaban con los sedosos cabellos rubios de<strong> <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Richard_Clayderman" rel="external nofollow">Richard Clayderman </a>o la voz delicada y chillona del rubio de los Pecos</strong>. Que ignorante hemos sido siempre los hombres cuando se pone delante una mujer. Luego, cuando fuimos más mayores, jugamos juntos a las cerillas,así fue como surgieron los primeros besos. También se produjeron acercamientos en el cine de verano Autopista a la luz de la luna y de una pantalla donde hipnotizados por la música silvada de <strong>“La muerte tiene un precio” compartiendo una bolsa de pipas mafi y un roce de manos era como tocar el cielo.</strong></p>
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