{"id":1040,"date":"2017-02-18T21:26:31","date_gmt":"2017-02-18T20:26:31","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.hoy.es\/migas-canas\/?p=1040"},"modified":"2017-02-18T21:26:31","modified_gmt":"2017-02-18T20:26:31","slug":"amores-prohibidos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.hoy.es\/migas-canas\/2017\/02\/18\/amores-prohibidos\/","title":{"rendered":"AMORES PROHIBIDOS"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/migas-canas\/wp-content\/uploads\/sites\/8\/2017\/02\/DSCN0441-4.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1041\" title=\"DSCN0441 (4)\" src=\"\/migas-canas\/wp-content\/uploads\/sites\/8\/2017\/02\/DSCN0441-4.jpg\" alt=\"\" width=\"1152\" height=\"864\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.hoy.es\/wp-content\/uploads\/sites\/8\/2017\/02\/DSCN0441-4.jpg 1152w, https:\/\/static-blogs.hoy.es\/wp-content\/uploads\/sites\/8\/2017\/02\/DSCN0441-4-300x225.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.hoy.es\/wp-content\/uploads\/sites\/8\/2017\/02\/DSCN0441-4-768x576.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.hoy.es\/wp-content\/uploads\/sites\/8\/2017\/02\/DSCN0441-4-1024x768.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 1152px) 100vw, 1152px\" \/><\/a><strong>En un banco en San Francisco se sienta un viejo solo<\/strong>. Apoya el bast\u00f3n. Se quita la gorra con mano temblorosa y la pone en la piedra. Se pasa un pa\u00f1uelo por la cara arrugada y luego <strong>lo mira como si hubiera quitado de su rostro algo, quiz\u00e1s esas arrugas como surcos, esos a\u00f1os vividos.<\/strong> Observa a los ni\u00f1os jugando y piensa en lo r\u00e1pido que ha pasado todo y lo poco que ha disfrutado, quiz\u00e1s por esa cobard\u00eda a la hora de tomar decisiones. Esboza una sonrisa ante los juegos infantiles, luego \u00a0<strong>vuelve a su rostro el rictus serio de la vejez, de la soledad. Coge el bast\u00f3n y se va despacio, encorvado, cojeando.<\/strong> Se marcha mirando su pasado, vi\u00e9ndose as\u00ed mismo cuando era m\u00e1s joven al observar como<strong> se sienta en el mismo banco un hombre alto y delgado.<\/strong> Al poco tiempo llega y se sienta en el otro extremo<strong> una muchacha morena, perfumada, arreglada, impaciente<\/strong>. No se dicen nada, est\u00e1n nerviosos. Poco a poco van aproximando las manos, <strong>apenas rozan sus dedos<\/strong>, se miran, sonr\u00eden durante un momento, un instante en el que est\u00e1n solos en mitad del mundo, <strong>ese instante en el que la m\u00fasica suena en su interior y los colores empiezan a ser m\u00e1s intensos. No se tocan, y aunque no se besen se est\u00e1n besando con el fuego t\u00f3rrido de la mirada en un largo y profundo beso<\/strong>. Est\u00e1n as\u00ed un instante o un mundo entero hasta que ella retira <strong>las manos que quedan libres como testigos mudos, como dos ventanas cerradas<\/strong> con un postigo para asomarse,respirar y vivir. <strong>Se levanta y se va sin irse, sus pensamientos est\u00e1n donde su coraz\u00f3n, en el banco. Se va hacia otro lado, hac\u00eda otra vida, a su vida, a su rutina de a\u00f1os. No mira atr\u00e1s porque sabe que si mira se vuelve para siempre y en casa la est\u00e1n esperando.<\/strong> \u00c9l se queda sentado mirando hasta que deja de verla, luego se levanta y empieza a caminar en sentido contrario. Se para, se mira la mano, la coge con la otra y sigue andando, despacio, lentamente, casi sin tocar el suelo, como levitando.<\/p>\n<p><strong>El banco se queda solo pero todav\u00eda caliente por el fuego de las manos entrelazadas. Se posan unas palomas blancas como palomas de la paz, como un poema de Alberti, como un dibujo de Picasso. Empieza a oscurecer. Hace fr\u00edo. Se hace de noche.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En un banco en San Francisco se sienta un viejo solo. Apoya el bast\u00f3n. Se quita la gorra con mano temblorosa y la pone en la piedra. 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