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	<title>Una tarde con mi profesor | Psicología y Vida - Blogs hoy.es</title>
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		<title>Una tarde con mi profesor | Psicología y Vida - Blogs hoy.es</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Jul 2017 17:12:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José María Fdez Chavero</dc:creator>
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<div id="attachment_410" style="width: 310px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/121/2017/07/Tarde-con-mi-profesor1.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-410" class="wp-image-410 size-medium" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/121/2017/07/Tarde-con-mi-profesor1-300x235.jpg" alt="?" width="300" height="235" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/121/2017/07/Tarde-con-mi-profesor1-300x235.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/121/2017/07/Tarde-con-mi-profesor1-768x602.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/121/2017/07/Tarde-con-mi-profesor1-1024x802.jpg 1024w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/121/2017/07/Tarde-con-mi-profesor1.jpg 1624w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px"></a><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p id="caption-attachment-410" class="wp-caption-text">Un punto de referencia</p></div>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>He tenido la inmensa fortuna de pasar una tarde con uno de mis <a href="https://blogs.hoy.es/psicologia-y-vida/2016/11/25/maestros-y-profesores-de-la-vida/"><strong>antiguos profesores</strong></a>, de esos que marcan la vida de los alumnos y también la mía. Está a punto de jubilarse, canoso, igual de sabio, de prudente y con la serenidad de los años saboreados con autenticidad. Me contó que en la última semana del curso recibió <strong>tres cartas</strong> que le tocaron lo más profundo de su ser. La <strong>primera</strong> carta fue de toda una clase, la <strong>segunda</strong> de una alumna de bachillerato y la <strong>tercera</strong>, del padre de una alumna. Le pregunté por sus contenidos. Me miró fijamente y, tras unos segundos de silencio, comenzó el relato.</p>
<p>La <strong>primera</strong> fue entregada el último día de clases. Dos alumnos se levantaron del asiento y le dieron un sobre azul con una postal escrita, un estuche con un bolígrafo y una pequeña bolsa fría al tacto, era un vasito con su helado preferido. Del bolígrafo y del helado no me contó nada, sí del escrito. Le daban las gracias por lo transmitido durante el curso, por tratar los temas de la vida sin tapujos y con sinceridad, por darles claves para afrontar el día a día, por animarles a compaginar tolerancia y crítica y por valorar el esfuerzo. Se despedían dándoles las gracias por ayudarles a ser mejores personas. Al terminar, <strong>le pregunté</strong> por su respuesta. Les agradeció los deseos de aprender y de ser mejores personas, lo cual le animaba a ser mejor profesor. La clase terminó con un sonoro aplauso. Salió del aula con algo de vergüenza y una enorme satisfacción.</p>
<p>La <strong>segunda</strong> carta le llegó al correo electrónico. Fue más breve. Después de un saludo tuteado, le daba las gracias por el tiempo dedicado a ella y a sus compañeros. Le decía que deseaba verlo y que estaba muy contenta por la nota obtenida en la selectividad. De nuevo <strong>le pregunté</strong> por su respuesta. Les agradeció a ella y a los compañeros el trabajo realizado a lo largo del curso y, sobre todo, la actitud de aprendizaje. Terminó con un “gracias por ayudarme a querer ser <a href="https://blogs.hoy.es/psicologia-y-vida/2017/02/09/ser-mejor-persona/">mejor persona</a>, mejor profesor”.</p>
<p>La <strong>tercera</strong> llegó en un mensaje privado de whatsapp. Tras un cariñoso saludo le mostraba su admiración por ser justo y su sincero reconocimiento, las gracias por su labor y su dedicación al alumnado. Además le decía que también él había aprendido de sus reflexiones. En este punto, <strong>le comenté</strong> que se sentiría muy orgulloso. Me miró por encima de sus gafas y de nuevo me encontré con la misma respuesta de agradecimiento al padre por esas palabras de ánimos para ser mejor persona y profesor.</p>
<p class="aligncenter">Seguimos charlando y <strong>me dijo</strong>: “ese es mi trabajo y el premio al compromiso con mi profesión, la formación de jóvenes y el acompañarles en el camino de hacerse personas. No es mucho lo que <strong>les digo a mis alumnos</strong>: la importancia del esfuerzo, los deseos de ser mejor, la riqueza de la tolerancia y, a la vez, la de ser crítico y que tengan presentes que sus vidas dependerán de las decisiones que vayan tomando a lo largo de ella”. Al <strong>terminar</strong> hablamos de mi vida. Nos <strong>despedimos</strong> con un fuerte apretón de manos y mi mirada de profunda admiración.</p>
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