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	<title>Miradas de la vida | Psicología y Vida - Blogs hoy.es</title>
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		<title>Miradas de la vida | Psicología y Vida - Blogs hoy.es</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Feb 2022 09:41:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José María Fdez Chavero</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Todos tenemos infinidad de miradas grabadas en nuestras memorias y sentimientos que corresponden a vivencias personales, familiares y sociales. Recordar algunas nos devolverá por unos segundos al reino de los afectos y emociones, en medio de tanta perplejidad política. Comienzo por la mirada de cariño incondicional de los abuelos, cargada de la ternura y de [&#8230;]]]></description>
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<p>Todos tenemos infinidad de miradas grabadas en nuestras memorias y sentimientos que corresponden a vivencias personales, familiares y sociales. Recordar algunas nos devolverá por unos segundos al reino de los afectos y emociones, en medio de tanta perplejidad política.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p>Comienzo por la <strong>mirada de cariño</strong> incondicional de los <strong>abuelos</strong>, cargada de la ternura y de los mimos que proporcionan las arrugas de los años. Recuerdo la de <strong>preocupación</strong> de la <strong>madre</strong> ante esa fiebre desmedida que no baja y que deja al hijo impotente y con deseos de que no se vaya de su lado o la de <strong>satisfacción</strong> del <strong>padre</strong> tras el abrazo del hijo a las puertas del colegio. Me emociona aún recordar la mirada <strong>fatigada</strong> de mi madre y la de alegría de mi padre después del <strong>nacimiento de mis hermanos pequeños</strong>.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>Tengo grabado el <strong>brillo de unos ojos enfadados</strong> ante la metedura de pata y que, con rapidez salvífica, acompañábamos con una petición de perdón. Ese brillo encerraba el deseo de que por encima del error cometido siempre se encontrase una nueva oportunidad.</p>
<p>Nos invaden los recuerdos de las <strong>miradas apagadas</strong> de nuestros antepasados que, por culpa de las enfermedades o de los de los años cumplidos, se despedían con el convencimiento de que el amor recíproco perdura por siempre. Tenemos muy presente los ojos llorosos de la familia, con esa vista perdida, ante el cuerpo sin vida del ser querido. Esa <strong>mirada</strong> encerraba la <strong>impotencia</strong> que genera el sufrimiento, la rabia de la separación, pero mucha <strong>admiración y la esperanza</strong> en un futuro mejor.</p>
<p>Repasamos las de amigos y parejas. La <strong>cómplice</strong> del amigo que te avisa de la llegada de tus padres o de tus profesores cuando estás haciendo algo que no debieras. La que acompaña al guiño sonriente de la <strong>confidencia</strong> compartida y que refleja emociones y disparates de una inmensa cercanía. Y qué decir de esas <strong>pupilas dilatadas</strong> y <strong>apasionadas</strong> del amor declarado y que tantas canciones y poesías han inspirado. Renuncio a las de enfado y las aparco en la intimidad de cada uno, aunque me alegra reconocer que no he tenido muchas a lo largo de mi vida.</p>
<p>Las de los <strong>hijos</strong>, esos seres que cautivan y marcan la existencia de quién los tiene. Está la <strong>acobardada</strong> ante la dificultad, a la que se responde con sosiego y calma, con ojos que invitan al abrazo y a dar ánimos. Permanecen esas que te recuerdan tu <strong>etapa de hijo</strong> y que te llevan a cómo lo hicieron tus padres.</p>
<p>Existe una mirada que no tuve en mi etapa de hijo y ahora sí la tengo como padre y es la del <strong>hijo al que se le deben adaptar los objetivos y demandas porque necesita más tiempo para alcanzarlos</strong>. Ésta es de <strong>búsqueda</strong>, mezcla de intentos y de pequeños logros, y ante ella la única respuesta posible es la que combina pequeñas dosis de cansancio, inmensas cantidades de apoyos y un querer incondicional y eterno. Su <strong>mirada</strong> es la que mejor refleja la <strong>nobleza del alma</strong>.</p>
</div>
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