{"id":2478,"date":"2022-05-12T11:01:56","date_gmt":"2022-05-12T09:01:56","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.hoy.es\/psicologia-y-vida\/?p=2478"},"modified":"2022-05-12T11:01:56","modified_gmt":"2022-05-12T09:01:56","slug":"citas-hospitalarias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.hoy.es\/psicologia-y-vida\/2022\/05\/12\/citas-hospitalarias\/","title":{"rendered":"Citas hospitalarias"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left;\" align=\"center\"><a href=\"\/psicologia-y-vida\/wp-content\/uploads\/sites\/121\/2017\/05\/Salas-de-espera1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"size-medium wp-image-286 alignleft\" title=\"Salas de espera\" src=\"\/psicologia-y-vida\/wp-content\/uploads\/sites\/121\/2017\/05\/Salas-de-espera1.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"157\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.hoy.es\/wp-content\/uploads\/sites\/121\/2017\/05\/Salas-de-espera1.jpg 800w, https:\/\/static-blogs.hoy.es\/wp-content\/uploads\/sites\/121\/2017\/05\/Salas-de-espera1-300x158.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.hoy.es\/wp-content\/uploads\/sites\/121\/2017\/05\/Salas-de-espera1-768x404.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\" align=\"center\">Son las 10 de la ma\u00f1ana de un <strong>d\u00eda marcado<\/strong> por la cita hospitalaria. Lleva varias semanas aguardando y so\u00f1ando con ella, aunque el miedo le invade por momentos. Estas son las \u00fanicas citas en las que se combina apetencia y rechazo. Por fin llegan al hospital, con unos minutos de adelanto, estacionan el coche y se dirigen a la entrada principal. Las puertas correderas se abren y sienten el bofet\u00f3n de un aire caliente y con un olor penetrante a medicinas. Caminan unos pasos hasta la <strong>sala de espera<\/strong>, ni grande ni peque\u00f1a, tan solo una simple sala de espera. Hay\u00a0 demasiadas personas, la mayor\u00eda est\u00e1n sentadas y mirando los m\u00f3viles, algunas ojean revistas y peri\u00f3dicos. Otras est\u00e1n en la cola de la ventanilla, con ganas de que les toque el turno para anunciarse y los menos dan peque\u00f1os paseos.<\/p>\n<p>Los segundos parecen minutos y el <strong>tiempo va haciendo mella<\/strong> en el \u00e1nimo de los presentes. Los acompa\u00f1antes comienzan a entablar conversaciones intrascendentes con los vecinos de asientos y los que vienen de lejos dan peque\u00f1as cabezadas que muestran cierto cansancio y aburrimiento. Los potenciales pacientes acechan, con algo de ansiedad y preocupaci\u00f3n, escuchar su nombre en <strong>megafon\u00eda<\/strong>. Est\u00e1n con las miradas perdidas, ensimismados en sus pensamientos, casi todos te\u00f1idos de inquietante pesimismo. Los nombres suenan a lo largo y ancho de la sala y tras ellos se levanta el mencionado para dirigirse a la otra sala, la de pruebas. <strong>Por fin el suyo<\/strong>, mira a su acompa\u00f1ante y se despiden. En una media hora supone que estar\u00e1 de vuelta. Arroja la botella casi vac\u00eda a la papelera y en la entrada se encuentra con una auxiliar. Respira profundamente, se cruzan las miradas y desaparece tras la puerta. Ahora nota la tensi\u00f3n en su cuerpo y en su esp\u00edritu, convencido de que ser\u00e1 una falsa alarma.<\/p>\n<p>Llega a un despacho en el que le reciben la <strong>doctora y un enfermero<\/strong>. Saludos protocolarios y las indicaciones para la prueba. En menos de lo que pensaba, sin ser capaz de precisar la duraci\u00f3n, ha terminado. Se viste y mira con agradecimiento a los dos profesionales. Estrecha sus manos y regresa a la sala. Le hace una se\u00f1al a su acompa\u00f1ante y se van. Pocas palabras dialogadas y <strong>muchos pensamientos ocultos<\/strong>. Ya ha terminado y ahora a <strong>esperar los resultados<\/strong>.<\/p>\n<p>La vida pende de un inconsistente hilo, de peque\u00f1os bultos que pueden hablarnos de quistes inofensivos o del temible c\u00e1ncer. Dejan el hospital a sus espaldas, lo miran de reojo con una sonrisa de optimismo en las caras, convertidos en otras personas. La <strong>fragilidad de la vida<\/strong> nos invita a ser m\u00e1s agradecido, mejor pensado, menos preocupado por cuestiones intrascendentes, m\u00e1s atentos con los que tenemos a nuestro alrededor. Se compromete, para sus adentros, a decir <strong>m\u00e1s veces te quiero, a dudar menos de la palabra de los dem\u00e1s, a ser mejor<\/strong>. Las salas de los hospitales nos invitan a encontrar el <strong>sentido de la vida<\/strong> y \u00e9ste es estar en paz con uno mismo, con los dem\u00e1s y el entorno y con Dios.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Son las 10 de la ma\u00f1ana de un d\u00eda marcado por la cita hospitalaria. Lleva varias semanas aguardando y so\u00f1ando con ella, aunque el miedo le invade por momentos. Estas son las \u00fanicas citas en las que se combina apetencia y rechazo. 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