{"id":284,"date":"2017-05-15T12:44:29","date_gmt":"2017-05-15T10:44:29","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.hoy.es\/psicologia-y-vida\/?p=284"},"modified":"2017-05-15T12:44:29","modified_gmt":"2017-05-15T10:44:29","slug":"salas-de-esperas-de-hospitales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.hoy.es\/psicologia-y-vida\/2017\/05\/15\/salas-de-esperas-de-hospitales\/","title":{"rendered":"Salas de esperas de hospitales"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left;\" align=\"center\"><a href=\"\/psicologia-y-vida\/wp-content\/uploads\/sites\/121\/2017\/05\/Salas-de-espera1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-286\" title=\"Salas de espera\" src=\"\/psicologia-y-vida\/wp-content\/uploads\/sites\/121\/2017\/05\/Salas-de-espera1.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"157\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.hoy.es\/wp-content\/uploads\/sites\/121\/2017\/05\/Salas-de-espera1.jpg 800w, https:\/\/static-blogs.hoy.es\/wp-content\/uploads\/sites\/121\/2017\/05\/Salas-de-espera1-300x158.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.hoy.es\/wp-content\/uploads\/sites\/121\/2017\/05\/Salas-de-espera1-768x404.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\" align=\"center\">Son las 10 de la ma\u00f1ana de un <strong>d\u00eda marcado<\/strong> por la cita hospitalaria. Lleva varias semanas aguardando y so\u00f1ando con ella, aunque el miedo le invade por momentos. Estas son las \u00fanicas citas en las que se combina apetencia y rechazo. Por fin llegan al hospital, con unos minutos de adelanto, estacionan el coche y se dirigen a la entrada principal. Las puertas correderas se abren y sienten el bofet\u00f3n de un aire caliente y con un olor penetrante a medicinas. Caminan unos pasos hasta la <strong>sala de espera<\/strong>, ni grande ni peque\u00f1a, tan solo una simple sala de espera. Hay\u00a0 demasiadas personas, la mayor\u00eda est\u00e1n sentadas y mirando los m\u00f3viles, algunas ojean revistas y peri\u00f3dicos. Otras est\u00e1n en la cola de la ventanilla, con ganas de que les toque el turno para anunciarse y los menos dan peque\u00f1os paseos.<\/p>\n<p>Los segundos parecen minutos y el <strong>tiempo va haciendo mella<\/strong> en el \u00e1nimo de los presentes. Los acompa\u00f1antes comienzan a entablar conversaciones intrascendentes con los vecinos de asientos y los que vienen de lejos dan peque\u00f1as cabezadas que muestran cierto cansancio y aburrimiento. Los potenciales pacientes acechan, con algo de ansiedad y preocupaci\u00f3n, escuchar su nombre en <strong>megafon\u00eda<\/strong>. Est\u00e1n con las miradas perdidas, ensimismados en sus pensamientos, casi todos te\u00f1idos de inquietante pesimismo. Los nombres suenan a lo largo y ancho de la sala y tras ellos se levanta el mencionado para dirigirse a la otra sala, la de pruebas. <strong>Por fin el suyo<\/strong>, mira a su acompa\u00f1ante y se despiden. En una media hora supone que estar\u00e1 de vuelta. Arroja la botella casi vac\u00eda a la papelera y en la entrada se encuentra con una auxiliar. Respira profundamente, se cruzan las miradas y desaparece tras la puerta. Ahora nota la tensi\u00f3n en su cuerpo y en su esp\u00edritu, convencido de que ser\u00e1 una falsa alarma.<\/p>\n<p>Llega a un despacho en el que le reciben la <strong>doctora y un enfermero<\/strong>. Saludos protocolarios y las indicaciones para la prueba. En menos de lo que pensaba, sin ser capaz de precisar la duraci\u00f3n, ha terminado. Se reviste, segunda vez en las pocas horas que lleva levantado, y mira con agradecimiento a los dos profesionales. Estrecha sus manos y regresa a la sala. Le hace una se\u00f1al a su acompa\u00f1ante y se van. Pocas palabras dialogadas y <strong>muchos pensamientos ocultos<\/strong>. Ya ha terminado y ahora a <strong>esperar los resultados<\/strong>, pero la impresi\u00f3n ha sido muy buena y se descartan los primeros temores. Se da cuenta de que la vida pende de un inconsistente hilo, de peque\u00f1os bultos que pueden hablarnos de quistes inofensivos o del temible c\u00e1ncer. Dejan el hospital a sus espaldas, lo miran de reojo con una sonrisa de optimismo en las caras, convertidos en otras personas. La <strong>fragilidad de la vida<\/strong> nos invita a ser m\u00e1s agradecido, mejor pensado, menos preocupado por cuestiones intrascendentes, m\u00e1s atentos con los que tenemos a nuestro alrededor. Se compromete, para sus adentros, a decir <strong>m\u00e1s veces te quiero, <a href=\"https:\/\/blogs.hoy.es\/psicologia-y-vida\/2017\/03\/13\/tu-confianza-me-hace-mejor\/\">a dudar menos de la palabra de los dem\u00e1s<\/a>, a <a href=\"https:\/\/blogs.hoy.es\/psicologia-y-vida\/2017\/02\/09\/ser-mejor-persona\/\">ser mejor<\/a><\/strong>. Las salas de los hospitales nos invitan a encontrar el <strong><a href=\"https:\/\/blogs.hoy.es\/psicologia-y-vida\/2017\/04\/17\/el-sentido-de-mi-vida\/\">sentido de la vida<\/a><\/strong> y \u00e9ste es estar en paz con uno mismo, con los dem\u00e1s y el entorno y con Dios.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Son las 10 de la ma\u00f1ana de un d\u00eda marcado por la cita hospitalaria. Lleva varias semanas aguardando y so\u00f1ando con ella, aunque el miedo le invade por momentos. Estas son las \u00fanicas citas en las que se combina apetencia y rechazo. 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