{"id":75,"date":"2016-11-15T10:17:11","date_gmt":"2016-11-15T09:17:11","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.hoy.es\/psicologia-y-vida\/?p=75"},"modified":"2018-01-20T11:36:06","modified_gmt":"2018-01-20T10:36:06","slug":"hijos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.hoy.es\/psicologia-y-vida\/2016\/11\/15\/hijos\/","title":{"rendered":"Los hijos"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.hoy.es\/wp-content\/uploads\/sites\/121\/2016\/11\/IMG_20180119_220259_105.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-839\" src=\"https:\/\/static-blogs.hoy.es\/wp-content\/uploads\/sites\/121\/2016\/11\/IMG_20180119_220259_105-292x300.jpg\" alt=\"img_20180119_220259_105\" width=\"292\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.hoy.es\/wp-content\/uploads\/sites\/121\/2016\/11\/IMG_20180119_220259_105-292x300.jpg 292w, https:\/\/static-blogs.hoy.es\/wp-content\/uploads\/sites\/121\/2016\/11\/IMG_20180119_220259_105-768x788.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.hoy.es\/wp-content\/uploads\/sites\/121\/2016\/11\/IMG_20180119_220259_105-998x1024.jpg 998w, https:\/\/static-blogs.hoy.es\/wp-content\/uploads\/sites\/121\/2016\/11\/IMG_20180119_220259_105.jpg 1753w\" sizes=\"(max-width: 292px) 100vw, 292px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Recuerdo las <strong>palabras de dolor y desesperanza de una madre antes de <a href=\"https:\/\/blogs.hoy.es\/psicologia-y-vida\/2016\/11\/01\/aprendemos-de-nuestros-difuntos\/\">fallecer <\/a>su hija<\/strong>, ped\u00eda a Dios y a la vida morir antes que ella, pero hay ocasiones en las que la naturaleza humana tiene sus caprichos diab\u00f3licos. Tambi\u00e9n se me viene a la memoria la <strong>expresi\u00f3n de rabia de un padre<\/strong>, cuando el m\u00e9dico que oper\u00f3 a su hijo le dijo que el c\u00e1ncer estaba bastante extendido y que el pron\u00f3stico era malo. Ambos sucesos marcaron profundamente sus vidas y abrieron dolorosas heridas en sus psicolog\u00edas y en sus almas que no han cicatrizado despu\u00e9s de varios a\u00f1os. Ya nada volvi\u00f3 a ser como antes en estas personas y en sus familias, las celebraciones y los encuentros familiares pasaron a tener expresiones de recuerdos que atra\u00edan l\u00e1grimas a los ojos de los padres.<\/p>\n<p>Estos dos ejemplos suelen ser frecuentes <strong>cuando es un hijo el que muere<\/strong> y no lo es tanto cuando muere el padre o un hermano, aunque tambi\u00e9n se producen desgarros en lo m\u00e1s \u00edntimo del ser. La aparente l\u00f3gica de la vida se vuelve il\u00f3gica y nuestras inteligencias no son capaces de explicarlo y aceptarlo.<\/p>\n<p><strong>Un hijo es mucho m\u00e1s<\/strong> de lo que imaginamos y fantaseamos durante los nueve largos meses de embarazo, es el que desde su llegada organiza los horarios de la familia, dice cu\u00e1ndo se puede dormir y cuando hay que comer, no respeta los momentos de nadie y hace sus necesidades evacuatorias cuando le viene en gana y, por supuesto, que no pide permiso para hacer lo que le apetece. Decimos que esto es durante los primeros tres a\u00f1os y creemos que a partir de los 4 \u00f3 5 cambiar\u00e1n, y s\u00ed es verdad que comienzan a hacerse m\u00e1s independientes, pero empiezan las tareas de los colegios, las actividades extraescolares, las fiestas de cumplea\u00f1os y los continuos cambios de ropas.<\/p>\n<p><strong>Los a\u00f1os pasan r\u00e1pidos<\/strong> y vienen las preocupaciones por los estudios, por los amigos, y sobre todo por las salidas y entradas en las largas noches de los fines de semana. Llegar\u00e1n los primeros amores y los consiguientes fracasos, la preparaci\u00f3n profesional y las entrevistas de trabajo y el primer contrato, despu\u00e9s nos contar\u00e1n sus experiencias con los jefes y compa\u00f1eros y sus precarias n\u00f3minas. Y a todo esto hay que a\u00f1adir los quebraderos de cabeza con sus dolores f\u00edsicos y espirituales, con sus frustraciones por lo que no son capaces de conseguir. <strong>Viviremos con intensidad sus penas y compartiremos sus alegr\u00edas.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Por nuestros hijo<\/strong>s nos quitamos los pocos caprichos que nos quedaban y, si es preciso, tambi\u00e9n lo necesario para vivir, en sus vidas nos gustar\u00eda proyectarnos y con ellos lloramos y re\u00edmos. Nos preocupa el <strong>hijo d\u00e9bil<\/strong> por su presente e intentamos suavizarle el futuro, nos obsesiona el que hace de la apat\u00eda y la vagancia el sentido de su vida, nos enorgullece el que est\u00e1 encauzado y se va haciendo adulto y nos quita el sue\u00f1o el <strong>enfermo<\/strong> o el que est\u00e1 descontrolado por culpa del <strong>alcohol o de la droga<\/strong>.<\/p>\n<p>Siempre est\u00e1n en nuestras mentes y corazones, en nuestras conversaciones y tambi\u00e9n en los bolsillos, por ellos hay padres que perdieron durante minutos la raz\u00f3n y llegaron a matar y por supuesto estamos <strong><a href=\"https:\/\/blogs.hoy.es\/psicologia-y-vida\/2016\/11\/01\/aprendemos-de-nuestros-difuntos\/\">dispuestos a darles nuestra vida<\/a><\/strong>, ellos dan sentido a la existencia y tambi\u00e9n lo quitan y gracias a ellos <strong>la humanidad camina sin poderse detener<\/strong>.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Recuerdo las palabras de dolor y desesperanza de una madre antes de fallecer su hija, ped\u00eda a Dios y a la vida morir antes que ella, pero hay ocasiones en las que la naturaleza humana tiene sus caprichos diab\u00f3licos. 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