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	<title>Perdone, señor Millás | Solita en Cáceres - Blogs hoy.es</title>
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	<description>Carolina Díaz tiene 19 años, vive en Arroyo de la Luz y estudia Filología. Cada amanecer coge el autobús a Cáceres. Por la mañana va a la universidad, por la tarde graba vídeos y por la noche vuelve a casa en bus. Solita en Cáceres es la cara oculta de sus grabaciones para las secciones Cáceres Insólita y Mira Quién Habla.</description>
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		<title>Perdone, señor Millás | Solita en Cáceres - Blogs hoy.es</title>
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		<pubDate>Sat, 13 Apr 2013 08:35:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Díaz Rodríguez</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p style="text-align: center;"><a href="/solitaencaceres/wp-content/uploads/sites/41/2013/04/Mill%C3%A1s.png"><img loading="lazy" class="aligncenter  wp-image-555" title="Millás" src="/solitaencaceres/wp-content/uploads/sites/41/2013/04/Mill%C3%A1s.png" alt="" width="523" height="185" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2013/04/Millás.png 645w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2013/04/Millás-300x106.png 300w" sizes="(max-width: 523px) 100vw, 523px"></a></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p><strong>Salir de una conferencia en la que estás sentada en la cuarta fila</strong>, justo en los asientos del medio, con diez personas aproximadamente a cada lado y varias decenas detrás, <strong>y pasar desapercibida, es prácticamente imposible.</strong></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>El otro día fui a ver <strong>la inauguración que hizo Juan José Millás de la Escuela de Letras de Extremadura en el Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Cáceres</strong> y, a pesar de sus interesantes reflexiones sobre literatura y periodismo y sus divertidas historias, no era capaz de atender a lo que el escritor decía, <strong>tenía un debate interior que no me permitía concentrarme en asimilar sus palabras.</strong></p>
<p>Ir a un acto que dura más de una hora en el que tienes que estar sentada, tras haber estado<strong> haciendo deporte y bebiendo abundante agua, y que no te entren ganas de orinar, o simplemente que puedas controlarlo, es tan difícil como ver Los Simpsons y que no te sepas de memoria los capítulos.</strong></p>
<p>El jueves, <strong>mientras Millás hablaba a escasos metros de mí, en línea recta,</strong> yo me debatía, desde el minuto cinco de su charla, entre <strong>saltar por encima de la fila de asientos que tenía delante</strong>, de los que colgaba el cartel de reservado y estaban vacíos,<strong> o levantar a las diez personas que estaban a mi izquierda, a las que no me apetecía molestar.</strong></p>
<p>Tras veinte minutos, con la vejiga a punto de reventarme,<strong> temiendo distraer a Millás si saltaba ante sus ojos para salir de la sala</strong>, o que pensase que no me estaba interesando lo que comentaba, opté por hacer<strong> el efecto dominó y una decena de personas tuvieron que levantarse de sus asientos como si hiciesen una ola al escritor</strong> para que yo pudiese abandonar la sala.</p>
<p><strong>   Me dio tanto corte, que no me atreví a volver a entrar.</strong></p>
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