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	<title>Solita en Cácereswhatsapp &#8211; Solita en Cáceres</title>
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	<description>Carolina Díaz tiene 19 años, vive en Arroyo de la Luz y estudia Filología. Cada amanecer coge el autobús a Cáceres. Por la mañana va a la universidad, por la tarde graba vídeos y por la noche vuelve a casa en bus. Solita en Cáceres es la cara oculta de sus grabaciones para las secciones Cáceres Insólita y Mira Quién Habla.</description>
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		<title>Conocer a tu suegra por Skype</title>
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		<pubDate>Sat, 06 Dec 2014 09:00:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Díaz Rodríguez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hasta ahora no me he atrevido a contar las verdaderas historias curiosas que estoy viviendo, tal vez por eso de “Cuando siento no escribo” que decía Bécquer o tal vez porque desde que mi madre tiene Facebook me da vergüenza que pueda leerme e incluso preocuparse con mis hazañas. Pero lo cierto es que no [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="/solitaencaceres/wp-content/uploads/sites/41/2014/12/que_viva_full1.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter  wp-image-1018" title="Suegra" src="/solitaencaceres/wp-content/uploads/sites/41/2014/12/que_viva_full1.jpg" alt="" width="350" height="350" /></a></p>
<p>Hasta ahora no me he atrevido a contar las verdaderas historias curiosas que estoy viviendo, tal vez por eso de <strong>“Cuando siento no escribo” que decía Bécquer</strong> o tal vez porque <strong>desde que mi madre tiene Facebook me da vergüenza que pueda leerme</strong> e incluso preocuparse con mis hazañas. Pero lo cierto es que no me apetece contar chorradas de viajes, ni lo baratos que son algunos destinos ni lo bello que es pasear por los canales de Venecia, quiero disfrutar describiendo mis peripecias como disfruto viviéndolas.</p>
<p>Estas semanas me han pasado cosas muy raras, y empezaré por la más cachonda de todas: <strong>saludar a mi primera suegra.</strong> Para quienes me conocen bien, saben que <strong>Carol y el concepto de libertad son sinónimos.</strong> De ahí que ya de por sí lo de tener suegra suene un poco raro, pero me explico a continuación.</p>
<p>Digamos que hace cosa de un mes conocí a<strong> un chico tunecino, de 26 años,</strong> a las puertas de un Mcdonalds. Me pareció ‘salao’, con <strong>su cresta a lo Cristiano Ronaldo, sus pantalones caídos, sus calzoncillos al aire, su cara de niño bueno…</strong> vamos, muy lejos de mi prototipo masculino. Quedamos un par de veces para dar un paseo, tomar unas cervezas, cenar unas pizzas… <strong>Al tercer día tenía puesta la foto de perfil de mi whatsapp en la pantalla principal de su móvil</strong>, me hacía cosquillas como intentando juguetear, me gritaba frases amorosas de una punta a la otra del metro cuando ambos teníamos que tomar direcciones opuestas, me mandaba corazoncitos por la noche…</p>
<p>Era un chico normal, había estudiado cuatro años de medicina en Túnez, pero aquí no se los convalidaban y<strong> trabajaba como terapeuta ocupacional.</strong> La felicidad para él consistía en la tranquilidad, en trabajar los días de entre semana, salir a dar un paseo y a tomar una caña y <strong>esperar a que llegase el sábado para ir a bailar reggaetón a algún pub de la zona de Testacio.</strong> Para cualquier otra chica imagino que hubiera sido una joyita.</p>
<p>A la semana ya había pasado de mandarme corazoncitos por el Whatsapp a <strong>enviarme anillos</strong>, había pasado de invitarme a tomar una cerveza en un bar, <strong>a cenar en su casa;</strong> y lo más preocupante, había comenzado a controlar mi vida, a marcarme horarios, a preguntarme si me había hablado por la calle algún chico <strong>e incluso a intentar darme dinero para que comiese en la universidad.</strong> Lo que me hizo petar fue que una noche, mientras cenábamos en su casa, <strong>me presentó a su madre por skype,</strong> diciéndole que yo era su chica. Imaginaos por un momento mi cara cuando, tras decirle a su madre que yo era su novia, toda su familia se acercó a la cámara y<strong> de repente vi a unos 10 moros mirándome con cara de estupefacción, como si fuera un caramelito.</strong></p>
<p>La semana siguiente estuve escapando de él,<strong> inventándome un horario universitario exagerado</strong>, argumentando excesivo cansancio. No quería hacerle daño porque se había portado genial conmigo y me parecía un chaval que necesitaba mucho cariño, pero <strong>cada vez que recordaba que su madre al despedirse me había invitado a pasar las navidades en Túnez, me ponía mala, aunque a la vez me descojonaba.</strong> Era todo tan surrealista en poco más de dos semanas. Determiné dejarlo a la antigua usanza: no eres tú, soy yo, te mereces una chica mejor…</p>
<p>Pero nada, a día de hoy todavía sigue escribiéndome diciendo que me ama. <strong>Yo, sintiéndolo mucho, no contesto, no creo que uno pueda enamorarse en tan poco tiempo.</strong></p>
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		<title>Pedir el Whatsapp como quien pide la hora</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Jun 2014 10:32:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Díaz Rodríguez</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="/solitaencaceres/wp-content/uploads/sites/41/2014/06/whatsapp-silencio.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter  wp-image-944" title="whatsapp-silencio" src="/solitaencaceres/wp-content/uploads/sites/41/2014/06/whatsapp-silencio.jpg" alt="" width="420" height="280" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2014/06/whatsapp-silencio.jpg 600w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2014/06/whatsapp-silencio-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 420px) 100vw, 420px" /></a></p>
<p>Hace tiempo que ya <strong>no me piden la hora por la calle,</strong> desde que todo el mundo puede consultarla en sus teléfonos móviles. Se ha vuelto raro también <strong>que me pregunten cómo llegar a tal plaza o a tal calle,</strong> desde que el GPS cobra cada vez más vida en nuestros teléfonos y nos indica bastante bien cómo llegar a nuestro destino. Sin embargo, hay algo que, en los últimos tiempos, sobre todo en el último mes, se ha vuelto tan común <strong>como que me entreguen panfletos publicitarios cuando voy por el centro: pedirme el Whatsapp.</strong></p>
<p>                Me resulta curioso e incómodo a la vez que haya hombres con la suficiente seguridad y confianza como para <strong>ponerse delante de ti</strong>, en medio de tu trayectoria cuando vas caminando, sin conocerte, y <strong>tras comerte la oreja casi literalmente,</strong> como si la acera fuera el centro de la pista de baile de una discoteca, <strong>se atrevan a pedirte el número de teléfono empleando el eufemismo &#8216;Whatsapp&#8217;, para según dicen, chatear, conocerte y quedar contigo.</strong></p>
<p>                Ayer por la tarde me volvió a pasar esto, pero fue un caso bastante más raro de lo normal. Iba a dar una vuelta con la cámara para despejarme, cuando <strong>un grupo de muchachinos, que no debían de tener más de 15 años, con sus mechinas rubias en el flequillo y sus pantalones caídos enseñando los calzoncillos,</strong> me abordó para preguntarme si estaba estudiando fotografía. Tras la típica pregunta de <strong>&#8220;¿Y eso qué es?</strong> cuando les dije que estaba terminando Filología, uno de ellos <strong>me pidió el Whatsapp para chatear.</strong> Vale que ya me han dicho como cuatro o cinco veces últimamente <strong>que aparento diecisiete años,</strong> pero en el momento en que el muchachino me pedía el Whatsapp, sentí una mezcla <strong>entre la felicidad por parecer tan jovencina y una angustia casi maternal,</strong> pues la figura que tenía ante mí era la de un niño que tenía <strong>pinta de no haber terminado la ESO.</strong></p>
<p>                Salí de la incómoda situación con <strong>mi nerviosa sonrisa habitual en estos casos,</strong> una palmadita en el hombro y una aceleración considerable del paso. Noté que <strong>sigo sin saber decir la palabra &#8216;no&#8217;</strong>, pero al igual que ahora, para ligar, a pedir el número de teléfono se le llama pedir el Whatsapp, <strong>yo también he empezado a encontrar maneras de expresar negación solo con gestos.</strong> Luego, pensándolo bien, se me pasó por la cabeza <strong>haberle dado el número por si necesitaba unas clases particulares más adelante de lenguaje, que no de lengua.</strong></p>
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		<title>El Castillo de Luna, &#039;la sala de los susurros&#039; y el retrete</title>
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		<pubDate>Sun, 22 Dec 2013 14:49:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Díaz Rodríguez</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="/solitaencaceres/wp-content/uploads/sites/41/2013/12/Albur3.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter  wp-image-837" title="Castillo de Luna" src="/solitaencaceres/wp-content/uploads/sites/41/2013/12/Albur3.jpg" alt="" width="499" height="332" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2013/12/Albur3.jpg 4272w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2013/12/Albur3-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2013/12/Albur3-768x512.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2013/12/Albur3-1024x683.jpg 1024w" sizes="(max-width: 499px) 100vw, 499px" /></a></p>
<p>Este año he ido tres veces a<strong> Alburquerque,</strong> un pueblo precioso que hasta no hace mucho pensaba que era de la provincia de Cáceres, por la cercanía con el mío (Arroyo). Un pueblo del que siempre me han llamado la atención <strong>sus naranjos tan bien situados, las macetas que adornan sus calles, lo empinadas que son estas, la cantidad de gatos que las habitan, las puertas de las casas de madera, y sobre todo, su castillo.</strong> Sin embargo, siempre me venía de las visitas culturales que hacía un poco triste, me faltaba algo.</p>
<p><a href="/solitaencaceres/wp-content/uploads/sites/41/2013/12/Albur5.jpg"><img loading="lazy" class="alignright  wp-image-838" title="Castillo de Luna" src="/solitaencaceres/wp-content/uploads/sites/41/2013/12/Albur5.jpg" alt="" width="404" height="269" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2013/12/Albur5.jpg 4272w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2013/12/Albur5-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2013/12/Albur5-768x512.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2013/12/Albur5-1024x683.jpg 1024w" sizes="(max-width: 404px) 100vw, 404px" /></a></p>
<p>Ver el <strong>Castillo de Luna</strong> desde fuera es bonito, fotografiarlo de noche, una pasada, pero <strong>poder visitarlo por dentro y justo a la hora en la que está cayendo el sol, al atardecer, es una delicia para los sentidos, un placer sobre todo, para los ojos.</strong> Ayer, por fin, tuve la suerte de poder deleitarme durante la hora que duró la visita guiada dándole caña al obturador, quedándome la última del grupo para poder tomar instantáneas <strong>mientras escuchaba la historia de Alburquerque, su desconocido origen y por la cantidad de manos que había pasado su castillo.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="/solitaencaceres/wp-content/uploads/sites/41/2013/12/Albur6.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft  wp-image-839" title="Castillo de Luna" src="/solitaencaceres/wp-content/uploads/sites/41/2013/12/Albur6.jpg" alt="" width="354" height="236" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2013/12/Albur6.jpg 4272w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2013/12/Albur6-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2013/12/Albur6-768x512.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2013/12/Albur6-1024x683.jpg 1024w" sizes="(max-width: 354px) 100vw, 354px" /></a></p>
<p>Desde dentro, impresiona mucho el <strong>grosor de los muros de la fortaleza, sus dimensiones y la profundidad de las mazmorras.</strong> Aunque hay dos cosas por encima de todo que a mí me llamaron la atención: una especie de<strong> retrete al aire libre en lo alto de la torre</strong>, desde el que los excrementos caían al vacío, no apto para cobardes ni para personas con miedo a las alturas; y una habitación denominada<strong> &#8216;La sala de los susurros&#8217;.</strong></p>
<p>Soy tan escéptica que si no lo hubiese comprobado, tal vez no me habría llamado la atención, no lo habría creído, me habría parecido <strong>un fenómeno típico de Iker Jiménez,</strong> pero el hecho de poder comunicarme <strong>de cara a una esquina de la habitación</strong> con un niño desconocido en la misma posición que yo, situado en diagonal en la esquina opuesta y sentirlo <strong>como si me estuviese hablando al oído,</strong> como si formase parte del muro, sobra para darle veracidad a &#8216;La sala de los susurros&#8217;, que podría venir a ser<strong> el Whatsapp de la época.</strong> Claro&#8230; ahora entiendo lo del retrete al aire libre&#8230; para llevarse el emoticono de la caca puesto.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="/solitaencaceres/wp-content/uploads/sites/41/2013/12/albu.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter  wp-image-840" title="Castillo de Luna" src="/solitaencaceres/wp-content/uploads/sites/41/2013/12/albu.jpg" alt="" width="287" height="431" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2013/12/albu.jpg 410w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2013/12/albu-200x300.jpg 200w" sizes="(max-width: 287px) 100vw, 287px" /></a></p>
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		<title>Madroños para emborracharse</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Dec 2013 13:44:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Díaz Rodríguez</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="/solitaencaceres/wp-content/uploads/sites/41/2013/12/madroños.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter  wp-image-832" title="madroños" src="/solitaencaceres/wp-content/uploads/sites/41/2013/12/madroños.jpg" alt="" width="491" height="327" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2013/12/madroños.jpg 910w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2013/12/madroños-300x199.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2013/12/madroños-768x511.jpg 768w" sizes="(max-width: 491px) 100vw, 491px" /></a></p>
<p>Toda la vida he escuchado que <strong>comer madroños en exceso produce borrachera.</strong> También toda mi vida (de estudiante) he escuchado que, para<strong> presentarse a una exposición o a un examen oral, no hay nada mejor un par de horas antes que liarse en la cafetería a chupitos o cervezas.</strong> Así que desde que he descubierto este año que <strong>tengo un madroño justo delante de mi facultad,</strong> no se me ha ido de la cabeza mezclar conceptos hasta que me ha llegado la oportunidad de poner en marcha lo que maquinaba mi cabeza. <strong>Sí, exacto, exponer ebria para intentar superar mi pánico escénico.</strong></p>
<p>Al igual que a la hora de la verdad nunca me he atrevido a emborracharme a cañas antes de exponer, con los madroños me ha pasado lo mismo: <strong>¿Y si me cojo una indigestión?, ¿y si me da por llorar, por mandar Whatsapp a exparejas, me quedo dormida&#8230; o cualquier cosa de esas que suceden un sábado noche cuando pasas del puntino guay a borracha pelma?</strong> Al final siempre me decanto por exponer con la cabeza gacha, mirando tímidamente al suelo, mientras tartamudeo y a la vez se me atropellan las palabras, <strong>pensando que hablar en público nunca será lo mío, que yo no he venido al mundo para conversar con el espejo mientras me maquillo.    </strong></p>
<p>Como fui la primera en exponer el otro día, el resto del tiempo me dediqué a investigar con el móvil en Internet sobre si verdaderamente podría emborracharme comiendo este tipo de frutos. Porque si la crisis sigue su curso, tal vez igual que un día pasamos <strong>de comprar Brugal o Barceló a comprar ron del barato, el Velero y el Almirante que ahora presiden los botellones,  </strong>tal vez en un futuro próximo nos veamos cargando con bolsas,<strong> recorriendo campo buscando madroños y haciendo de ellos nuestro condimento para las noches de juerga.</strong> Por lo pronto, el día de la<strong> Nochevieja universitaria</strong> ya tengo decidido que en vez de comerme <strong>doce gominolas</strong> voy a comerme <strong>doce madroños,</strong> que son del mismo tamaño que las uvas. A ver qué efectos provocan. <strong>Quitaré el Whatsapp de la pantalla de inicio de mi móvil, por si surten demasiado efecto.</strong></p>
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		<title>El lenguaje de los emoticonos</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Nov 2013 11:52:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Díaz Rodríguez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En la escuela, los primeros años de infantil nos enseñaban a leer con imágenes. Nos mezclaban dibujos y textos. A veces, resultaban un tanto incoherentes. Uno, que me llamaba especialmente la atención, te venía a decir que un niño se estaba comiendo (dibujo de un cuchillo y un tenedor cruzados) un bocadillo. Quien ideó semejante [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="/solitaencaceres/wp-content/uploads/sites/41/2013/11/Emoticonos1.jpg"><img loading="lazy" class=" wp-image-810 aligncenter" title="Emoticonos" src="/solitaencaceres/wp-content/uploads/sites/41/2013/11/Emoticonos1.jpg" alt="" width="384" height="310" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2013/11/Emoticonos1.jpg 640w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2013/11/Emoticonos1-300x242.jpg 300w" sizes="(max-width: 384px) 100vw, 384px" /></a></p>
<p>En la escuela, los primeros años de infantil nos enseñaban a<strong> leer con imágenes</strong>. Nos mezclaban dibujos y textos. A veces, resultaban un tanto incoherentes. Uno, que me llamaba especialmente la atención, te venía a decir que<strong> un niño se estaba comiendo (dibujo de un cuchillo y un tenedor cruzados) un bocadillo.</strong> Quien ideó semejante &#8216;mensaje&#8217; seguro que también <strong>cortaba con cubiertos el jamón.</strong> También recuerdo otro en el que te dibujaban <strong>un símbolo de beber y un cartón de leche</strong>&#8230; con la de veces que me habrá llamado la atención mi madre<strong> por chupar directamente del envase.</strong></p>
<p>Sin embargo, lo más socorrido en estos temas, eran los<strong> animales.</strong> Te dibujaban toda la granja: los patitos en el estanque, las gallinas poniendo huevos, los conejos comiendo hierba&#8230; Pero por muy ameno y atractivo que fuese para la vista, querías que a ti te mandasen <strong>leer libros con solo texto</strong> o, como mucho, con una imagen grande cada pocas páginas. <strong>Eso significaba progreso, que eras de &#8216;los mayores&#8217; de la clase.</strong></p>
<p>Ahora, en cambio, parece que <strong>nos estamos volviendo todos tontos con los emoticonos de Whatsapp.</strong> Si estamos enamorados, abusamos de frases con <strong>muñequitos con corazones y con animalitos tiernos.</strong> Si estamos tristes o cabreados, también tenemos <strong>muecas detestables de sufrimiento y dolor</strong> para añadir a nuestro texto. Y para cuando no sabemos qué cara poner, tenemos la de <strong>“El grito” de Munch,</strong> que resulta más cómica que siniestra, o la de <strong>La Gioconda</strong>, para mostrarnos enigmáticos.<strong> Sustituimos adjetivos y sustantivos por muecas expresivas.</strong></p>
<p>Pero esto va más allá. Cuando vamos a tomar un café, ponemos <strong>el emoticono de una taza</strong>, y cuando queremos decir que estamos viendo la televisión,<strong> la pantalla de un televisor destaca en el mensaje de nuestro Whatsapp</strong>. Ya ni siquiera poner un <strong>OK</strong> <strong>puede considerarse economía del lenguaje</strong>, ahora un <strong>pulgar levantado</strong> es más corto y explícito. Decir un &#8216;me aburroooo&#8217;, dándole mucho énfasis a la &#8216;o&#8217; final, antes podía funcionar, pero ahora, si no pones <strong>la caquita con los dos ojos</strong> para añadir lo típico de ¡vaya asco de vida! o ¡la vida es una mierda!, estás fuera de onda.</p>
<p>Para rematar, la semana pasada me mandaron al Whatsapp un <strong>juego de emoticonos de averiguar películas.</strong> Los tres primeros, tenían su gracia, luego deja de ser sorprendente por la cantidad de combinaciones posibles que hay. Aunque, a decir verdad, prefiero cadenas de mensajes cómicas de este tipo a las típicas de<strong> &#8216;si no pasas esto a diez contactos en menos de veinte minutos, el amor de tu vida morirá&#8217;.</strong> Mucho mejor los juegos de palabras con imágenes que nos llevan acompañando desde que aprendimos a leer en nuestra infancia que el rollo médium y místico.</p>
<p>El lenguaje de los &#8216;sms&#8217; ya ha decaído. Podría decirse que ahora estamos adentrándonos en <strong>el lenguaje de los emoticonos.</strong> Empiezan a ser una pieza comunicativa importante en nuestro día a día, <strong>una manera más amena y efectiva de captar la atención de nuestro destinatario en Whatsapp.</strong></p>
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		<title>¿Tener frigorífico o tener wifi?</title>
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		<pubDate>Mon, 07 Oct 2013 08:38:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Díaz Rodríguez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[  ¿Qué es mejor, tener frigorífico o tener wifi? Tal y como estamos de enganchados a la tecnología en pleno siglo XXI, muchos preferimos poder conectarnos a Facebook, Whatsapp o Twitter que beber leche fría. Estoy en Montemor o Novo, un pueblo del Alentejo portugués donde estamos participando 16 jóvenes  en un curso trasfronterizo, Agita, promovido [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">
<a href="/solitaencaceres/wp-content/uploads/sites/41/2013/10/Montemor3.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter  wp-image-765" title="Montemor" src="/solitaencaceres/wp-content/uploads/sites/41/2013/10/Montemor3.jpg" alt="" width="499" height="332" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2013/10/Montemor3.jpg 4272w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2013/10/Montemor3-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2013/10/Montemor3-768x512.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2013/10/Montemor3-1024x683.jpg 1024w" sizes="(max-width: 499px) 100vw, 499px" /></a></p>
<p> <strong> ¿Qué es mejor, tener frigorífico o tener wifi?</strong> Tal y como estamos de enganchados a la tecnología en pleno<strong> siglo XXI</strong>, muchos preferimos poder<strong> conectarnos a Facebook, Whatsapp o Twitter que beber leche fría.</strong></p>
<p>Estoy en <strong>Montemor o Novo</strong>, un pueblo del <strong>Alentejo portugués</strong> donde estamos participando 16 jóvenes  en <strong>un curso trasfronterizo, Agita, promovido por Casa de Harina, que se va a lleva a cabo durante 15 días</strong>, la mitad aquí, la otra mitad en <strong>Los Santos de Maimona</strong> por parte extremeña. Nos han dividido en dos casas. En una se encuentran las personas a las que les gustan los <strong>números impares</strong>, y en la otra, en la que yo me encuentro, estamos los que nos gustan los<strong> números pares.</strong></p>
<p>He tenido la buena suerte de que la casa &#8216;par&#8217; es la que tiene <strong>router wifi</strong> para conectarse a internet porque aquí las tarifas de datos de los móviles las tenemos desactivadas para que <strong>no nos peguen las compañías telefónicas el sablazo,</strong> aunque la parte negativa es que<strong> estoy rodeada de fumadores.</strong> Pero vamos, que yo por poder quitarme el mono de estar un ratito en las redes sociales viendo o subiendo fotos, asumo el hecho de <strong>convertirme en fumadora pasiva por unos días.  </strong></p>
<p>La experiencia está siendo muy positiva. He de reconocer que yo venía con un poco de miedo, entre otras razones, por <strong>no saber defenderme con el idioma y porque nunca me he considerado buena en habilidades sociales.</strong> Sin embargo, somos un grupo de jóvenes muy singulares, con diferentes estudios, aficiones, e incluso gustos por la comida, y eso, a la hora de la verdad, hace que nos aportemos más unos a otros, que, a fin de cuentas, es en lo que consiste esto, en agitar ideas.</p>
<p>Yo, como buena estudiante de<strong> Filología Hispánica</strong>, me he propuesto aprender a diferenciar esos sonidos consonánticos portugueses que tanto se parecen y que nunca he sabido diferenciar, como el caso de las eses. Empiezo a tener <strong>complejo de serpiente</strong> en Portugal. Por otra parte, yo a ellos les estoy enseñando a distinguir el acento en las palabras españolas, explicándoles la <strong>diferencia entre aguda, llama y esdrújula,</strong> pero todo esto no os imaginéis que lo hacemos en plan formal ,e incluso con pizarras, sino <strong>tirados en el suelo del salón</strong> en unas mantas que hemos echado y en las que nos reunimos a la hora de la siesta o por las noches a conversar.</p>
<p>Ya he aprendido bastante para llevar solo dos días. Empiezo a soltarme en <strong>portuñol</strong>, y eso para lo mal que se me dan los idiomas y para lo vergonzosa que soy, es un gran avance. Tal vez se deba a que el <strong>café portugués</strong> sea tan bueno que gracias a él haya perdido la timidez. Desde luego, me tomo mínimo tres al día. De aquí, <strong>o salgo empachada, o salgo cafeinómana perdida. </strong></p>
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		<title>Silenciando los grupos de Whatsapp</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Sep 2013 09:00:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Díaz Rodríguez</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="/solitaencaceres/wp-content/uploads/sites/41/2013/09/Whatsapp1.jpg"><img loading="lazy" class="size-full wp-image-730 aligncenter" title="Whatsapp" src="/solitaencaceres/wp-content/uploads/sites/41/2013/09/Whatsapp1.jpg" alt="" width="345" height="180" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2013/09/Whatsapp1.jpg 345w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2013/09/Whatsapp1-300x157.jpg 300w" sizes="(max-width: 345px) 100vw, 345px" /></a></p>
<p><strong>Whatsapp</strong> tiene muchas cosas buenas, entre ellas que <strong>puedes mandar todos los mensajes que quieras con fotos, vídeos o mensajes de voz por solo 0.89€ al año</strong>, pero hay una parte de esta aplicación, que al principio me parecía curiosa por el hecho de <strong>poder conversar con varias personas a la vez</strong>, pero que últimamente, sobre todo este verano, <strong>me tiene saturada.</strong> Cómo no, hablo de <strong>los grupos de Whatsapp.</strong></p>
<p>Raro es el día que no enciendo el móvil y hay una conversación que <strong>ya lleva 200 mensajes y va en aumento.</strong> Si no los abro, al rato,<strong> se multiplican por cinco.</strong> Pero lo peor no es no poder intervenir en la conversación por sentirte fuera de juego, ni el hecho de tener que leer todos los mensajes (yo siempre pido que alguien me haga un resumen si el tema me interesa), lo peor de todo es que <strong>el móvil no deja de sonar, iluminarse y notificarte que a alguien le ha dado por aportar nueva información</strong>, y cómo no, muchas veces<strong> te jode la siesta.</strong></p>
<p>En ciertas ocasiones me planteo abandonar algún que otro grupo, principalmente esos en los que se nota que <strong>la gente está aburrida y habla por hablar</strong>. Este verano en ese sentido ha sido criminal, se ha notado mucho el paro juvenil, el no saber qué hacer.  Pero <strong>abandonar un grupo de Whatsapp no es fácil,</strong> principalmente porque le aparece al resto de usuarios <strong>la notificación de que lo has dejado</strong> y a nadie nos gusta quedar mal con nuestros amigos.</p>
<p>Hasta ahora, normalmente lo que solía hacer era <strong>tener el móvil en silencio</strong>, pero ya he optado directamente por silenciar el <strong>Whatsapp</strong> por miedo a no coger alguna llamada importante. No me entero cuando alguien me escribe, pero entre las cuatro y las seis de la tarde,<strong> mi móvil se estampa menos contra el suelo.</strong> Los mensajes que me llegan,<strong> se habrán multiplicado hasta por diez</strong> cuando me levante de siesta, pero sin escuchar el pitido de la notificación y muy <strong>al estilo Bart Simpsons, por mí como si se multiplican por cero. </strong></p>
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		<title>Triviados lo sigue petando</title>
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		<pubDate>Wed, 08 May 2013 10:36:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Díaz Rodríguez</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="/solitaencaceres/wp-content/uploads/sites/41/2013/05/triviados.png"><img loading="lazy" class="aligncenter  wp-image-595" title="triviados" src="/solitaencaceres/wp-content/uploads/sites/41/2013/05/triviados.png" alt="" width="474" height="257" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2013/05/triviados.png 592w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2013/05/triviados-300x163.png 300w" sizes="(max-width: 474px) 100vw, 474px" /></a></p>
<p>Imaginemos una tarde tranquila, con un grupo de amigos, tomando un café o, simplemente, sentados en un banco. Como es normal hoy en día, uno saca el móvil porque le llega un<strong> Whatsapp</strong>, otro, porque va a hacer <strong>una fotografía para subirla a Instagram,</strong> un tercero va a ver el <strong>Trending Topic</strong> por si ha ocurrido alguna noticia importante de última hora&#8230; y hay otro, móvil en mano también, que salta: &#8220;<strong>¿A qué país corresponde el código internacional PL? ¿A Palestina, a Papúa Nueva Guinea, a Polonia o a Palaos?&#8221; Y aunque parezca surrealista, hay alguien que dice: &#8220;¡A la tercera, a la tercera!&#8221;.</strong></p>
<p>Claramente, <strong>Triviados</strong> parece hecho para personas que no tenemos otro lugar <strong>donde demostrar nuestros conocimientos, o la suerte que tenemos en el juego</strong> y, por desgracia, no en el amor. Para quien no lo sepa ni haya jugado, es<strong> el clásico Trivial Pursuit de toda la vida, el del tablero, preguntas y quesitos de colores con diferentes temáticas, pero en versión aplicación móvil.</strong></p>
<p>Hace ya mucho que me dijeron que me lo descargase, casi el mismo tiempo que tardé en borrarlo. Digamos que <strong>llega un punto en que responder las preguntas es memorizar el puesto en que están colocadas.</strong> Sin embargo, no hay día que no escuche hablar de esta aplicación y que alguien no me diga: &#8220;A ver si tú sabes esta, que se te dan mejor los deportes<strong>: ¿De qué es el suelo de la salida y la llegada de un maratón? ¿De grava, de arena, de césped o de tierra?</strong>&#8221; Claro, grava y césped los descartas, pero entre arena y tierra&#8230; Dices convencida: &#8220;¡La segunda!&#8221; y por dentro piensas:<strong> &#8220;A ver si suena la flauta y no parece que tengo una cultura general de pena&#8221;.</strong></p>
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		<title>Me ha caducado el Whatsapp</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Mar 2013 10:22:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Díaz Rodríguez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[He probado a desinstalarlo e instalarlo de nuevo, a hacer una copia de seguridad, a apagar el móvil un rato y volver a entrar en la aplicación, pero nada, ninguno de los trucos que me han recomendado para que me den un tiempo más de servicio gratuito ha servido. Al final, tras mucho enredo sin [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/solitaencaceres/wp-content/uploads/sites/41/2013/03/whatsapp-caducado.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-525" title="whatsapp caducado" src="/solitaencaceres/wp-content/uploads/sites/41/2013/03/whatsapp-caducado.jpg" alt="" width="225" height="250" /></a></p>
<p>He probado a desinstalarlo e instalarlo de nuevo, a hacer una copia de seguridad, a apagar el móvil un rato y volver a entrar en la aplicación, pero nada, ninguno de <strong>los trucos que me han recomendado</strong> para que me den un tiempo más de <strong>servicio gratuito</strong> ha servido. Al final, tras mucho enredo sin buen resultado, <strong>he tenido que pagar los 0.89 céntimos que vale Whatsapp.</strong></p>
<p>En el fondo, ese precio no es nada comparado con lo que <strong>nos gastábamos antes al mes en sms</strong>, pero estaba esperando por si a mis contactos les daba<strong> por sumarse a Line tras la campaña publicitaría que están haciendo en televisión con Michelle Jenner y Hugo Silva</strong>, y podía quitarme una de las dos aplicaciones del medio, porque ya no sé ni a quién tengo que escribir por una ni a quién por la otra.</p>
<p>Tras un día<strong> sin Whatsapp activo</strong> y sin la mayoría de <strong>mis contactos en Line,</strong> aunque confieso que poquito a poco van siendo más, me he sentido desconectada del mundo. Al entrar por la noche, tras abonar su precio, me he encontrado con <strong>más de cien mensajes</strong>. En cambio, en <strong>Line</strong> en todo el día activo,<strong> no he tenido más de cinco.</strong> Tal vez nos hayamos acostumbrado a <strong>“wasapear”</strong> o a “<strong>mandarnos wasap</strong>”. Reconozco que a mí <strong>eso de &#8220;linear&#8221; me suena a cosa de arquitectos.</strong></p>
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		<title>Line y los romances: de boca en boca</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Dec 2012 09:25:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Díaz Rodríguez</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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		<description><![CDATA[Hacia finales del siglo XV empiezan a recogerse por escrito los primeros romances, que hasta entonces habían sido transmitidos oralmente. Eran poemas narrativos que se interpretaban declamando o cantando. Los romances más viejos procedían de fragmentos de antiguos Cantares de gesta, que el pueblo utilizaba a modo de noticiero: los aprendían, los retenían en la [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="/solitaencaceres/wp-content/uploads/sites/41/2012/12/line.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter  wp-image-300" title="Line" src="/solitaencaceres/wp-content/uploads/sites/41/2012/12/line.jpg" alt="" width="336" height="221" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2012/12/line.jpg 600w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/41/2012/12/line-300x197.jpg 300w" sizes="(max-width: 336px) 100vw, 336px" /></a></p>
<p><strong>Hacia finales del siglo XV empiezan a recogerse por escrito los primeros romances</strong>, que hasta entonces habían sido <strong>transmitidos oralmente</strong>. Eran poemas narrativos que se interpretaban declamando o cantando. Los romances más viejos procedían de fragmentos de antiguos <strong><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cantar_de_gesta" target="_blank">Cantares de gesta</a></strong>, que el pueblo utilizaba a modo de noticiero: los aprendían, los retenían en la memoria y <strong>al cantarlos ellos, los popularizaban, dando a conocer un suceso</strong>.</p>
<p>Hoy en día, <strong><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cantar_de_mio_Cid" target="_blank">El Cantar de Mío Cid</a></strong>,<strong> <a href="http://ific.uv.es/rei/Rincon_de_autor/Romance_Infantes_de_Lara.htm" target="_blank">Los infantes de Lara</a></strong> o <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cantar_de_Rold%C3%A1n" target="_blank">L<strong>a Chanson de Roland</strong></a> han llegado hasta nosotros gracias a que la transmisión oral hizo posible que f<strong>ueran recogidos en el Romancero viejo</strong>. Otros cantares probablemente no tuvieron la misma suerte, <strong>cayeron en desuso y se perdieron.</strong></p>
<p>Esto mismo sucede ahora con la tecnología: <strong>la transmisión oral, el boca a boca, es capaz de conseguir que <a href="http://line.naver.jp/en/" target="_blank">Line</a> desbanque a<a href="http://www.whatsapp.com/" target="_blank"> Whatsapp</a> en la primera posición de descargas gratuitas y que esta caiga en el olvido.</strong> Ya pasó con el cassete, que llegaba alguien, te enseñaba el walkman y pasabas de rebobinar la cinta con el dedo, aunque a veces fuera divertido. Después han aparecido <strong>el mp3, el ipod</strong> y ahora yo le hablo a mi hermano, de 8 años, del cassete y del walkman y<strong> le suena a pasado remoto, como a mí me sucede con la gramola o el vinilo.</strong></p>
<p>A mi Whatsapp le quedan <strong>dos meses de uso gratuito</strong>, y a pesar de que sea poco lo que hay que pagar al año, <strong>0,89€</strong>, creo que no voy a renovarlo. Hace un mes me hablaron de<strong> Line</strong>, lo descargué, y a medida que empieza a entrar más gente de mi agenda en él, menos utilizo Whatsapp.</p>
<p>Line nació tras el tsunami que arrasó la costa norte de Japón en 2011, para cubrir la necesidad de comunicarse, ya que las conexiones por sms fallaban. <strong>Ahora Line arrasa como un tsunami, se ha convertido en un monstruo de las comunicaciones</strong> y es que a diferencia de Whatsapp, puede utilizarse en varios dispositivos a la vez, incluso en PC, permite hacer llamadas telefónicas gratis y tiene un estilo muy similar al de las  redes sociales, con su muro, sus fotos… y unos emoticonos diferentes. <strong>Podríamos considerar Line un todo en uno. A ver si Whatsapp consigue sobrevivir y perdurar en el tiempo como lo hizo El Cid. </strong></p>
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